LOS RAJAPAKSA. Supremacismo budista y crisis económica. Sri Lanka.

Cómo una sola familia utilizó el exterminio militar para coronarse reyes, hackeó la Constitución para privatizar el PIB, hipotecó la isla a Pekín y provocó el colapso termodinámico perfecto.

CAPÍTULO I. Nacionalismo, la rentabilidad de la sangre.

Durante casi tres décadas, Sri Lanka estuvo desangrándose en una guerra civil atroz contra los Tigres de Liberación del Eelam Tamil (LTTE), una guerrilla separatista ultraviolenta (inventores de los chalecos suicidas modernos) que defendía los intereses de la minoría tamil.

En 2005, el patriarca de la familia, Mahinda Rajapaksa, ganó la presidencia. Colocó inmediatamente a su hermano Gotabaya Rajapaksa (un exmilitar de carácter frío y calculador que vivía cómodamente en EE.UU.) como Secretario de Defensa, su orden fue simple: Liquidad a la competencia. Sin testigos, sin prisioneros, sin Naciones Unidas y sin convenciones de Ginebra.

En la primavera de 2009, los Rajapaksa ejecutaron la "Solución Final", el ejército acorraló a los restos de la guerrilla y a cientos de miles de civiles tamiles en una minúscula franja de playa y la bombardeó sistemáticamente con artillería pesada. 

La ONU estimó que hasta 40.000 civiles tamiles fueron masacrados, a esto se llama crímenes de guerra, pero para los Rajapaksa, esto fue su triunfo.

MaMahinda regresó a Colombo no como un político, sino transformado en la mente de la mayoría cincingalesa-budista (el 75% del país) en la reencarnación de los antiguos reyes guerreros. El régimen descubrió la fórmula del poder: el etnonacionalismo es una herramienta de control social.

De este modo, los Rajapaksa monopolizaron el patriotismo. Vendieron la narrativa de que solo ellos podían proteger a la raza cingalesa y a la religión budista. Convirtieron el nacionalismo en un escudo legal: a partir de 2009, cualquier periodista, juez o auditor que denunciara la inmensa corrupción de la familia era automáticamente encarcelado, secuestrado o asesinado bajo la acusación de ser un "traidor a la patria" o un "simpatizante terrorista".

CAPÍTULO II. La dinastía Rajapaksa.

Una vez que el nacionalismo les otorgó inmunidad, los Rajapaksa procedieron a conquistar el poder del Estado. Sri Lanka dejó de operar bajo una Constitución republicana y pasó a operar como un Fideicomiso Familiar . En su apogeo de poder (especialmente tras su apabullante retorno electoral en 2019), el organigrama de la República se resumía en un árbol genealógico. Cuatro hermanos y un hijo se repartieron los órganos vitales del país:

Mahinda Rajapaksa. Presidente (y luego Primer Ministro). La cara afable, el líder populista que besaba bebés, abrazaba monjes y mantenía hipnotizadas a las masas rurales con su aura de "Padre de la Patria".

Gotabaya Rajapaksa. Secretario de Defensa (y más tarde Presidente). El maestro del terror, fue el arquitecto de las "Furgonetas Blancas", escuadrones de la muerte paramilitares que secuestraban a los periodistas disidentes a plena luz del día y los hacían desaparecer para siempre.

Basil Rajapaksa. Ministro de Finanzas y estratega electoral. El ingeniero de la corrupción. Los cables diplomáticos filtrados de EE. UU. lo apodaron Mr. 10% porque era un secreto a voces en Colombo que esa era la mordida (comisión) mínima que Basil exigía para aprobar cualquier gran contrato de infraestructura extranjera.

Chamal Rajapaksa. Presidente del Parlamento. Su única función era asegurar que el poder legislativo fuera un inservible y mudo ante los crímenes contables de sus hermanos.

Namal Rajapaksa. Hijo de Mahinda. Preparado para suceder a su padre, manejaba el Ministerio de Deportes y Juventud para lavar la imagen de la dinastía ante las nuevas generaciones.

En el pico de su megalomanía, los despachos controlados por el ADN directo de la familia Rajapaksa gestionaban más del 70% del presupuesto total de la nación. El Estado no les pagaba un sueldo; ellos usaban al Estado como su tarjeta de crédito empresarial ilimitada.

CAPÍTULO III. La reforma Constitucional y la Centralización Absoluta.

Un régimen no sobrevive si existen jueces independientes, fiscales anticorrupción o límites de mandato. Para perpetuarse y asegurar que nadie pudiera auditar sus cuentas, los Rajapaksa tuvieron que reescribir la constitución del país. Ejecutaron dos golpes al constitucionalismo: la 18ª Enmienda (2010) y, tras su retorno al poder impulsado por la histeria islamófoba de los atentados de Pascua, la letal 20ª Enmienda (2020).

Estas enmiendas fueron la muerte de la separación de poderes. Eliminaron los límites de mandato (para que Mahinda pudiera gobernar hasta la muerte) y aniquilaron la independencia de las comisiones judiciales, policiales y electorales. Todo el poder de nombramientos del Estado se concentró de forma faraónica en la Presidencia .

La centralización no era una filosofía política, era un requisito logístico. Al centralizar todo el poder, los Rajapaksa se aseguraron de que ellos mismos fueran el Estado, la auditoría, la policía y el tribunal de apelaciones al mismo tiempo. Era la inmunidad institucional perfecta para robar a gran escala sin dejar rastro burocrático.

CAPÍTULO IV. Represión y furgonetas blancas.

Gotabaya Rajapaksa eligió la furgoneta Toyota HiAce blanca (y modelos de Nissan similares). Era el vehículo comercial, de transporte escolar y furgón de reparto más abundante de Sri Lanka. Había decenas de miles de ellas operando en Colombo. Se fundían en el entorno. Su puerta corredera lateral permitía a un comando paramilitar de cuatro a seis hombres saltar a la acera, agarrar a un objetivo, arrastrarlo al interior y cerrar la puerta en menos de 10 segundos. Las furgonetas del escuadrón operaban sistemáticamente sin matrícula (o con placas falsas rotativas) y con los cristales tintados de negro opaco al 100%. Una vez que la puerta se cerraba, la víctima entraba en un búnker insonorizado en medio de la avenida principal.

La inteligencia militar no quería un vehículo exótico y llamativo, quería un depredador que se camuflara. El éxito fue tal que, durante una década, el simple sonido mecánico de una puerta corredera abriéndose a tus espaldas provocaba taquicardias y ataques de pánico masivos. Patentar un modelo de coche utilitario como sinónimo de muerte fue su gran logro político. El régimen Rajapaksa siempre negó ante la ONU cualquier relación con estos escuadrones de la muerte, culpando a "elementos criminales mafiosos independientes". Entre 2006 y 2014, Colombo era una de las capitales más militarizadas del planeta Tierra. Había puestos de control militar con sacos terreros y ametralladoras cada 500 metros. Ningún ciudadano normal cruzaba dos calles sin que le registraran el maletero.

Y sin embargo, las "Furgonetas Blancas" operaban bajo una impunidad absoluta. Secuestraban a un hombre, aceleraban y cruzaban todos y cada uno de los checkpoints militares de la ciudad sin ser detenidas jamás. Los soldados, al ver los cristales tintados y recibir una ráfaga de faros o un código por radio, simplemente levantaban la barrera y apartaban la mirada.

Un vehículo sin matrícula, lleno de hombres armados con fusiles T-56 y con un civil secuestrado gritando en la parte trasera, no cruza un puesto de control militar a menos que el vehículo sea el Estado. Esta logística es la prueba forense definitiva de que el secuestro era una política corporativa, orquestada por la Inteligencia Militar (como el pelotón con base en el "Tripoli Market", un campamento que respondía directamente a Gotabaya). ¿Por qué tomarse la molestia de secuestrarlos a plena luz del día en furgonetas y hacerlos desaparecer, en lugar de simplemente pegarles un tiro en la cabeza en un callejón?

 Si hay un cadáver en la acera, hay evidencia balística, la obligación legal de investigar, un funeral masivo y el nacimiento de un mártir. Si un hombre es metido en una furgoneta blanca y nunca vuelve a aparecer, el Estado sonríe ante las cámaras de la BBC y dice: "No hay registro de arresto. No sabemos nada. Quizás huyó del país por problemas de deudas". Para la familia del desaparecido, el duelo nunca empieza. La incertidumbre biológica congela el tiempo. Las esposas (las famosas "Madres de los Desaparecidos") pasan décadas hipotecando sus casas para pagar a abogados y estafadores, buscando fantasmas en prisiones secretas.

Una vez que las puertas se cerraban, eran trasladados a centros clandestinos de tortura, como el complejo subterráneo en la inmensa base naval de Trincomalee (conocido extraoficialmente como "Gota’s Camp").

Allí se ejecutaba la extracción de información (asfixia con bolsas impregnadas en gasolina, palizas, mutilaciones). Cuando ya no servían, se aplicaba la "Física de Eliminación". Los cuerpos eran quemados en piras de neumáticos de camión para destruir el ADN, o atados a bloques de cemento y arrojados vivos al fondo del Océano Índico o a lagunas infestadas de cocodrilos. Sin cuerpo, no hay crimen. El régimen ejecutaba esta estrategia contra cualquier periodista que hiciera demasiadas preguntas:

El caso Prageeth Eknaligoda. Prageeth era un brillante periodista y caricaturista político. Su "crimen imperdonable" fue dibujar viñetas exponiendo la inmensa corrupción financiera de la familia Rajapaksa e investigando el uso de armas químicas. El 24 de enero de 2010, dos días antes de las elecciones presidenciales, salió de su oficina. Una furgoneta blanca le cerró el paso. Nunca más se le volvió a ver. Fue disuelto en el ácido de la maquinaria del Estado por atreverse a empuñar un lápiz.

El caso Poddala Jayantha.  A veces, el régimen no te mataba, te usaba como un mensaje a tus compañeros. En 2009, el líder sindical de periodistas, Poddala Jayantha fue arrastrado a una furgoneta. Le vendaron los ojos, le arrancaron parte de la barba y le trituraron ambas piernas con pesadas barras de hierro. Lo arrojaron sangrando a una cuneta, vivo. El mensaje era claro: Podemos borrarte, o podemos dejarte en una silla de ruedas como un cartel publicitario permanente de lo que le pasa a los que escriben contra la Junta Directiva.

Una vez terminada la guerra en 2009, los comandos de las furgonetas blancas descubrieron que tenían un cheque en blanco de impunidad. Así que monetizaron el secuestro.

Comenzaron a secuestrar a jóvenes de familias ricas empresariales de Colombo (especialmente de la minoría tamil y musulmana) que no tenían ningún vínculo con la política. Interceptaban el coche del joven millonario, lo llevaban a la base naval y exigían rescates multimillonarios en efectivo, oro o transferencias a los padres aterrados. El caso de "Los 11 Jóvenes" secuestrados por altos mandos de la Armada. Se demostró que, incluso después de que las familias pagaran el inmenso rescate, los comandantes de inteligencia asesinaron a los rehenes de todos modos y los tiraron al mar para no dejar testigos y quedarse con el botín.


CAPÍTULO V. El Vasallaje a Pekín y la Trampa de los "Elefantes Blancos"


¿Cómo financias a un régimen, repartes subsidios para mantener a las masas contentas y te embolsas cientos de millones cuando tu país no produce suficiente riqueza exportadora? Vendiendo la soberanía a plazos. Occidente y la India pedían engorrosas auditorías de derechos humanos a cambio de préstamos. Así que el régimen (Basil) miró hacia el único banquero global que no hace preguntas morales: la China de Xi Jinping.

Los Rajapaksa pidieron miles de millones de dólares a Pekín en préstamos comerciales opacos (a altos intereses) para construir "Elefantes Blancos" megalómanos en su paupérrima provincia natal rural del sur (Hambantota):

  • Construyeron un inmenso puerto internacional de aguas profundas por el que apenas pasaban barcos.

  • Construyeron el Aeropuerto Internacional Mattala Rajapaksa, bautizado oficialmente por Forbes como "el aeropuerto más vacío de la Tierra" (donde las terminales gigantes se usaban literalmente para almacenar sacos de arroz del gobierno porque no aterrizaba ningún vuelo).

  • Levantaron inmensos estadios de críquet en medio de la selva despoblada.

Estos proyectos no fueron "errores de cálculo", fueron blanqueo de dinero. Garantizaban contratos masivos de infraestructura china de los cuales el régimen extraía comisiones gigantescas hacia paraísos fiscales. Cuando Sri Lanka quebró y no pudo pagar los intereses de estos proyectos, Pekín traiciónó a Sri lanka: en 2017, el Estado tuvo que ceder físicamente el control del Puerto de Hambantota y miles de hectáreas de tierra soberana a China mediante un humillante contrato por 99 años. Los "patriotas supremos" cingaleses, que gritaban proteger la patria del imperialismo extranjero, habían vendido el mapa físico de sus ancestros a plazos al Partido Comunista Chino.

CAPÍTULO VI. El Colapso de 2021.

Slum de Colombo

En 2019, Gotabaya Rajapaksa asumió la presidencia y ejecutó dos decisiones que firmaron la sentencia de muerte del país. Primero, aprobó el mayor recorte de impuestos de la historia para beneficiar a sus oligarcas aliados, desangrando los ingresos del Estado de la noche a la mañana, justo antes de que la pandemia del COVID-19 aniquilara el vital sector turístico, una de sus principales fuentes de ingresos.

Pero el mayor error ocurrió en abril de 2021. Sin dólares en la caja fuerte del Banco Central para importar bienes, Gotabaya prohibió por decreto militar la importación de todos los fertilizantes químicos y pesticidas, ordenando que Sri Lanka se convirtiera instantáneamente en el primer país de agricultura "100% orgánica" del mundo. No lo hizo por ecologismo, lo hizo para equilibrar la balanza de pagos nacional. 

En apenas seis meses, la producción de arroz (el alimento básico de supervivencia) bajó un 50%. La cosecha de té (la principal fuente de exportación para conseguir divisas) fue aniquilada. Un país fértil y autosuficiente empezó a pasar hambre real. A principios de 2022, la economía se vengó del nacionalismo. El país se quedó sin reservas de divisas, entrando en suspensión de pagos internacional. No había dinero para importar petróleo, medicinas de emergencia o gas para cocinar. La inflación llegó al 70%. La red eléctrica colapsó, provocando apagones de 13 horas diarias.

CAPÍTULO VII. El Motín de los Aragalaya y la fuga.

El estómago vacío de la población hizo lo que la oposición política, la ONU y las minorías nunca lograron, rompió la hipnosis social del supremacismo budista en 24 horas. La mayoría cingalesa descubrió que el odio étnico es una droga potente en tiempos de paz, pero el nacionalismo no hace funcionar los tractores, no enciende las cocinas y no genera electricidad.

Estalló el Aragalaya (La Lucha). Millones de ciudadanos de todas las etnias —unidos por el hambre y la furia— marcharon sobre Colombo en la mayor revolución de la historia del país. La barrera del terror se desintegró, las turbas rodearon e incendiaron las mansiones de la familia Rajapaksa en todas las provincias.

El 9 de julio de 2022, el mundo observó el desahucio definitivo de la dinastía Rajapaksa. Cientos de miles de personas rompieron los cordones militares y asaltaron el suntuoso Palacio Presidencial. Las familias pobres se zambulleron en la piscina de mármol del dictador, durmieron en sus camas de seda y se probaron su ropa.

Los "Reyes Guerreros" resultaron ser unos cobardes. Gotabaya Rajapaksa, el terrorífico arquitecto de los escuadrones de la muerte, huyó en pánico. Se subió a un avión militar en la madrugada, escapó a las Maldivas y luego a Singapur, enviando su vergonzosa dimisión por correo electrónico. Mahinda tuvo que ser evacuado por fuerzas especiales navales a una base militar para evitar ser linchado en la calle. El régimen había colapsado, huyendo por la puerta de atrás y dejándo el país en llamas y desolado.

CONCLUSIONES. La factura de los Rajapaksa.

La crisis de Sri Lanka según los panfletos del Fondo Monetario Internacional, te dirán que fue una crisis de la cadena de suministro global agravada por el COVID-19 y la trampa de la deuda china. Realmente El régimen Rajapaksa devoró la economía de su propio país.

Su modelo de negocio demostró que la mejor manera de robar un país no es dando un golpe de Estado con tanques, sino ganando una guerra civil, envolviéndote en la bandera de la religión mayoritaria y llamando "traidor a la patria" a cualquiera que pida revisar tus libros de contabilidad. Usaron la centralización constitucional para amputarle al Estado todos sus sistemas de alarma, y el poder familiar para asegurarse de que el botín estatal nunca saliera de la familia.

Pero la centralización absoluta tiene un defecto, cuando destruyes todas las instituciones independientes para que nadie te audite y asumes el poder total, también absorbes el 100% de la responsabilidad cuando el sistema quiebra. Sin ministerios independientes o jueces a los que culpar, la ira del hambre de 22 millones de personas se concentró sobre un solo apellido.

Los Rajapaksa huyeron de los palacios (y hoy negocian su inmunidad desde mansiones vigiladas en Colombo), pero la deuda impagable, la inflación galopante, el puerto bajo bandera china y las tumbas anónimas de las víctimas de las "furgonetas blancas" se quedaron en la isla para siempre.

Los Rajapaksa ganaron la guerra militar más brutal de su era para convertirse en los amos absolutos de la isla, solo para descubrir trece años después que no se puede alimentar a la población masticando banderas.

BIBLIOGRAFÍA

Bouzas, A. (2022). Sri Lanka: El colapso de un modelo de gestión familiar y dinástico. Real Instituto Elcano. [Análisis ARI].

Espinosa, Á. (2009). El fin de una guerra de 26 años en Sri Lanka. Reportajes especiales de El País / Anuario CIDOB.

López-Vera, J. (2020). Asia Meridional: Historia y conflictos contemporáneos. (Ensayos en revistas de historia asiática).

Méndez, I. (2021). La influencia china en Asia Meridional: El caso de Sri Lanka. Revista de Estudios Estratégicos.

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