GYANENDRA, EL OCASO DE LA MONARQUÍA NEPALÍ. NEPAL (2001-2006)
Gyanendra o cómo el último monarca nepalí rentabilizó el asesinato de su familia, monetizó la "Guerra contra el Terrorismo" para armar a su guardia pretoriana, y vendió el trono a cambio de un inmenso paraguas internacional de oro.
2001, LA MASACRE REAL
Gyanendra llegó al trono en junio de 2001 por una tragedia familiar: el príncipe heredero Dipendra, borracho, drogado y enfurecido por un amor prohibido, masacró a tiros a toda su familia (incluyendo a su padre, el Rey Birendra) con un fusil M-16 antes de suicidarse. Aún quedan preguntas y dudas sobre esa masacre.
El difunto rey Birendra era un monarca constitucional pacífico que se negaba en rotundo a desplegar al Real Ejército Nepalés (RNA) contra la feroz guerrilla maoísta, prefiriendo la negociación.
La noche de la masacre, Gyanendra estaba "casualmente" fuera de la ciudad.
Independientemente de quién apretara el gatillo (Gyanendra ordenó derruir el edificio de la masacre para destruir la escena del crimen), el baño de sangre fue una reestructuración del gobierno nepalí a punta de subfusil. Eliminó a la facción pacifista y entregó el trono intacto a la facción ultraliberal y militarista.
Pero el coste para la monarquía fue letal, al demostrar que un "dios" podía ser acribillado en su comedor, la monarquía perdió su escudo teológico (Vishnú). Gyanendra heredó la corona, pero su institución pasó a ser percibida como una monarquía manchada de sangre, algunos sectores de la población sospechaban que tras el regicidio de Birendra se encontraba Gyanendra.
EL PARAGUAS ECONÓMICO DEL PENTÁGONO
Gyanendra argumentaba que el Estado civil era incapaz de garantizar la seguridad ante la guerrilla maoísta (que controlaba de facto el 80% de la población rural y montañosa del país).
Gyanendra tuvo un golpe de suerte, apenas tres meses después de usurpar el trono, ocurrieron los atentados del 11 de Septiembre. Aprovechando la oportunidad de recibir ayuda internacional, el rey se subió a la ola de la "Guerra Global contra el Terrorismo" de George W. Bush. Etiquetó a los guerrilleros campesinos maoístas como terroristas (cuyo combate bélico real era por la reforma agraria y contra el sistema de castas) y se lo vendió así a Washington y Londres.
De este modo, Estados Unidos, el Reino Unido y la India inundaron a Gyanendra con decenas de millones de dólares, le enviaron miles de fusiles M-16, helicópteros artillados y fuerzas especiales de contrainsurgencia. Gyanendra no quería ganar la guerra rápidamente, quería usar el conflicto como una fuente de ingresos internacional para transformar al ejército en su letal guardia pretoriana privada y prepararlo para su asalto final al poder.
El APAGÓN DE 2005 Y EL AUTOGOLPE
El 1 de febrero de 2005, Gyanendra ejecutó un autogolpe de Estado.
Gyanendra apareció en la televisión estatal con un tono grave y paternalista. Su excusa oficial fue que el Primer Ministro civil, Sher Bahadur Deuba, y los partidos políticos eran unos "incompetentes y corruptos" que habían fracasado en dos misiones vitales: no habían logrado organizar elecciones y eran incapaces de exterminar a la guerrilla maoísta. El rey afirmó que, como patriota, se veía "obligado" a asumir el poder absoluto temporalmente para "salvar la democracia multipartidista y restaurar la paz frente al terrorismo".
Tras los atentados del 11-S, Nepal estaba recibiendo cientos de millones de dólares en ayuda militar de Estados Unidos, el Reino Unido y la India. Gyanendra empaquetó hábilmente su ambición absolutista dentro de la franquicia geopolítica más lucrativa de la época: la "Guerra Global contra el Terrorismo" de George W. Bush.
En un sistema democrático, ese inmenso flujo de dinero debía pasar por el Parlamento y los ministerios civiles, donde los políticos exigían su comisión y auditaban los gastos. Al eliminar al gobierno y suspender la Constitución, el rey y sus generales de confianza monopolizaron directa y exclusivamente el 100% de los fondos militares extranjeros y la recaudación de aduanas, sin ningún comité civil que pudiera rastrear los desvíos hacia las cuentas de la familia real. La excusa fue "salvar a la nación", el objetivo real fue secuestrar los ingresos del Estado.
EL DILEMA GEOPOLÍTICO DE GYANENDRA, ENTRE CHINA Y LA INDIA
¿Por qué cayó realmente el rey Gyanendra en 2006? Las dictaduras pueden masacrar a sus ciudadanos durante décadas sin caer, siempre y cuando tengan respaldo internacional. Gyanendra cayó porque cometió un pecado imperdonable en la cordillera del Himalaya, traicionar a la India.
Cuando Gyanendra dio el golpe para implantar el absolutismo, Nueva Delhi, Washington y Londres se aterrorizaron, ya que el autoritarismo del rey empujó a la clase media a los brazos de la guerrilla comunista maoísta que controlaba los campos y montañas de Nepal. Ante tal situación, le cortaron de el suministro de armas y munición.
Acorralado logísticamente y sin balas indias para sus soldados, Gyanendra cometió su suicidio geopolítico, jugó la baza china. Envió emisarios a Pekín, intentó meter a China en las organizaciones regionales del sur de Asia e inició la compra de artillería antiaérea y armamento directamente al Ejército Popular de Liberación chino para sortear el embargo occidental.
Para Nueva Delhi y la RAW (el todopoderoso servicio de inteligencia exterior indio), que el rey de su "Estado Tapón" le abriera la puerta logística a Pekín en la vertiente sur del Himalaya era una declaración de guerra. La India dictó la sentencia de muerte a la monarquía de Gyanendra.
La India orquestó una obra maestra de demolición encubierta. En noviembre de 2005, el espionaje indio sentó en secreto en Nueva Delhi a los dos enemigos mortales de Nepal, los líderes de los partidos democráticos proscritos y la cúpula de la sanguinaria guerrilla maoísta (Prachanda). Bajo amenaza y patrocinio financiero indio, firmaron el Acuerdo de los 12 Puntos. India fusionó a la oposición civil y a la guerrilla en un solo bloque, garantizándoles protección diplomática a cambio de que aniquilaran al Rey.
La revolución ciudadana de abril de 2006 no fue un milagro espontáneo de las masas, fue una demolición controlada, subcontratada y pagada desde los despachos de inteligencia de Nueva Delhi. Gyanendra no se rindió ante las protestas de la calle, se rindió cuando miró a sus generales y comprendió que Nueva Delhi había armado a sus enemigos y no le iba a enviar ni un litro de gasolina para defenderse.
LA HUÍDA DEL REY Y LA TOMA DE PODER DE LA GUERRILLA MAOISTA (2008)
Gyanendra, demostrando que nunca fue un líder espiritual sino un oligarca calculador, pactó su rendición pacífica y abandonó el Palacio de Narayanhiti.
¿A cambio de qué? De la amnistía absoluta por crímenes de guerra para él y sus generales, y la conservación intacta de toda su inmensa fortuna. Entendió que la Corona era un imán que atraía misiles, así que vendió el trono para salvar su patrimonio. Hoy, Gyanendra es un civil multimillonario intocable que sigue jugando al golf en los clubes exclusivos de Katmandú.
La autopsia del Nepal pos-monárquico revela una cruda realidad, el régimen extractivo nunca cayó, solo cambió de vestuario. Los feroces líderes guerrilleros maoístas, que decían luchar por los pobres, bajaron de las montañas, se mudaron a las mansiones de la capital, se pusieron relojes Rolex, compraron flotas de SUV blindados y comenzaron a repartirse los ministerios en coalición con la misma élite corrupta contra la que habían luchado. Destruyeron al rey, pero se quedaron con su corona financiera.
CONCLUSIONES, EL DIFÍCIL EQUILIBRIO GEOPOLÍTICO
El reinado de Gyanendra de Nepal (2001-2008) es el ejemplo de cómo no gestionar una crisis estatal en un Estado-Tapón.
Gyanendra heredó una institución dinástica ensangrentada al borde de la quiebra. Trató de utilizar hábilmente la sangre de la guerra civil para extorsionar dólares del Pentágono, y usó a su ejército privado para aplastar a la competencia civil en el apagón de 2005. Pero su tragedia letal fue su analfabetismo geopolítico.
Olvidó la principal regla de la geopolítica del Himalaya, si es un país enclavado entre la India y China, no eres soberano, eres una herramienta geográfica. Creyó que el mandato místico de su trono absolutista era más fuerte que la chequera del Banco Mundial y la superioridad táctica de la Inteligencia de la India.
Gyanendra no cayó porque quisiera ser "demasiado fuerte" constitucionalmente, ni porque la historia hubiera superado al absolutismo.
.jpeg)

.jpg)




.jpg)
Comentarios
Publicar un comentario