Independencia en Bangladesh (1971-1972)

La independencia de Bangladesh en 1971 no fue solo el nacimiento de un nuevo Estado en Asia del Sur. Fue, sobre todo, la prueba de que Pakistán había sido construido sobre una fractura estructural que la religión por sí sola no podía resolver. Desde 1947, el país existía en dos alas separadas por unos 1.600 kilómetros de territorio indio, con lenguas, memorias políticas, élites administrativas y prioridades económicas cada vez más divergentes. Cuando el centro político de Islamabad negó al Este su mayoría electoral, el conflicto dejó de ser constitucional para convertirse en guerra.

La crisis de 1971 también fue algo más que una guerra civil. Fue una guerra de secesión, una intervención regional india y un episodio de la Guerra Fría en el que Washington y Pekín prefirieron la continuidad de Pakistán, mientras Nueva Delhi y Moscú vieron en la ruptura una oportunidad estratégica. Por eso Bangladesh nació en la intersección entre nacionalismo, violencia de Estado y cálculo geopolítico.

Su relevancia actual sigue intacta. La memoria de 1971 continúa organizando la legitimidad política bangladesí, condiciona la relación con Pakistán y consolidó a India como potencia decisiva del sistema surasiático. No fue solo una independencia: fue una redistribución del poder regional.

CONTEXTO HISTÓRICO

Desde una perspectiva de relaciones internacionales, Pakistán era un estado bicéfalo condenado al colapso. La teoría de las "Dos Naciones" de Jinnah, postulaba que el Islam era el único pegamento nacional, ignoró la geopolítica, la geografía y la cultura en aras de la fe en la construcción de un Estado-nación moderno.


La separación de 1.600 km no era solo física; era un abismo de intereses. Mientras Occidente miraba hacia el Asia Central y el Medio Oriente, Pakistán estaba integrado en el ecosistema del Sudeste Asiático. Islamabad utilizaba las divisas generadas por las exportaciones de yute bengalí para financiar la industrialización del Punjab y un aparato militar hipertrofiado, creando un modelo extractivo donde la región bengala salía perdiendo.

Estragos del Ciclón Bhola de 1970
Además, para los generales en Islamabad, los bengalíes no eran "verdaderos musulmanes", sino una población "contaminada" por la cultura hindú. Esta deshumanización fue el caldo de cultivo para lo que vendría después. De este modo, cuando el Ciclón Bhola arrasó Bengala en noviembre de 1970, dejando medio millón de muertos, el gobierno de Yahya Khan mostró indiferencia mal vista a los ojos de Bengala. No fue solo ineficiencia; fue una decisión política de dejar que esa población problemática se desangrara. Esa negligencia fue el réquiem de la unidad nacional pakistaní. Las elecciones de diciembre de 1970, donde la Liga Awami de Mujib arrasó, no fue un proceso democrático para la junta militar, sino un golpe de estado electoral que debían anular a toda costa.

La imposibilidad técnica de mantener el control. Pakistán Occidental hacía sostener una ocupación militar en un territorio donde la población le era hostil y el terreno —un delta fluvial infinito— era una pesadilla para un ejército convencional. Este conflicto no era solo el ejército contra civiles; eran los Razakars (milicias locales pro-pakistaníes) contra los Mukti Bahini. La represión pakistaní se apoyó en grupos extremistas religiosos locales para realizar el "trabajo sucio" de represión en las aldeas. Para reforzar sus tropas, Pakistán tenía que volar rodeando la India (vía Sri Lanka) debido al bloqueo del espacio aéreo indio. Cada soldado, cada bala y cada ración de comida tenían un alto costo, si entraban en conflicto con esa región, la guerra la tenían perdida.

EL PROCESO DE INDEPENDENCIA, LA DEFENSA DEL VOTO


El proceso de independencia no comenzó con disparos, sino con un voto. En diciembre de 1970, Pakistán celebró sus primeras elecciones generales libres. La Liga Awami, liderada por Sheikh Mujibur Rahman, obtuvo una victoria absoluta (160 de 162 escaños en el Este), lo que le daba el derecho legítimo a gobernar todo Pakistán. Zulfikar Ali Bhutto, el líder del Oeste, quien se negó a sentarse en la oposición proclamando "O el poder se comparte, o se rompe". Bhutto y el general Yahya Khan conspiraron para aplazar la Asamblea Nacional, lo que los bengalíes interpretaron correctamente como el robo de su democracia y el silencio de sus votos. 

Si hay un rostro que define este proceso de independencia es el de Sheikh Mujibur Rahman. No era un guerrillero, era un constitucionalista. Su imagen en el famoso discurso del 7 de marzo de 1971 es icónica. Apareció ante un millón de personas en el hipódromo de Daca vistiendo su característico Mujib negro sobre una túnica blanca (panjabi). No llevaba armas, solo sus gafas de montura gruesa y un dedo índice apuntando al cielo. Aquel día pronunció las palabras que marcaron un punto de no retorno: "Esta lucha es nuestra lucha por la emancipación. Esta lucha es nuestra lucha por la independencia". No declaró la independencia formalmente para evitar una masacre inmediata, pero dejó el país en estado de desobediencia civil total.

El proceso independentista comenzó cuando las palabras se agotaron y los tanques de la Operación Searchlight empezaron a disparar. Mujib fue arrestado en su casa la noche del 25 de marzo. Antes de ser llevado al Oeste, dictó un mensaje declarando a Bangladesh independiente. Al dejarse capturar, Mujib se convirtió en un mártir por la causa, lo que internacionalizó el conflicto. Mientras tanto, la verdadera gestión de la guerra recayó en Tajuddin Ahmad, el primer ministro en el exilio, quien tuvo que navegar entre las facciones de los Mukti Bahini y las exigencias de la inteligencia india (RAW). Sin la estructura organizativa de la Liga Awami, la resistencia habría sido aplastada por la maquinaria profesional del general Tikka Khan en menos de un mes.

Ziaur Rahman
Al día siguiente, el mayor Ziaur Rahman (quien más tarde sería presidente y rival de Mujib) leyó la declaración de independencia por radio en nombre de Mujib. Este fue un punto de fricción histórico: los nacionalistas piensan que Zia empezó la independencia, en cambio, los seguidores de Mujib dicen que Zia solo fue el locutor de Mujib. El 17 de abril de 1971 se formó el gobierno provisional en un bosquecillo de mangos en Meherpur (cerca de la frontera india), bautizado como Mujibnagar

LA RESPUESTA PAKISTANÍ, LA OPERACIÓN SEARCHLIGHT

La respuesta de Islamabad no fue una operación militar convencional; fue la Operación Searchlight, una carnicería planificada. El general Yahya Khan, tras fingir negociaciones diplomáticas en Daca, abandonó la ciudad en secreto poco antes de que comenzaran los disparos. El mando quedó en manos del sanguinario Tikka Khan —el "Carnicero de Bengala"— y del general Khadim Hussain Raja, quienes ejecutaron un plan de "pacificación" basado en el exterminio.

No fueron masacres espontáneas. Fue un intento de descabezar la nación bengalí. El objetivo principal fue la Universidad de Daca, específicamente los colegios mayores Jagannath Hall e Iqbal Hall. Bajo el amparo de la noche, los tanques M24 Chaffee de fabricación estadounidense abrieron fuego contra dormitorios llenos de estudiantes. El ejército pakistaní portaba listas negras elaboradas meticulosamente por la inteligencia militar (ISI) y colaboradores locales, señalando a profesores como el Dr. G.C. Dev o el Dr. Jyotirmoy Guhathakurta para una ejecución sumaria.

Mientras el campus ardía, un comando del ejército pakistaní asaltaba la residencia de Sheikh Mujibur Rahman en Dhanmondi 32. Mujib, con su icónico Mujib (un chaleco negro de seda pesada que se convertiría en el uniforme de la resistencia), se negó a huir para evitar que el ejército arrasara el barrio buscándolo. Su captura fue el pistoletazo de salida para una campaña de terror que, en palabras del propio Tikka Khan, buscaba "la tierra, no a la gente". La detención de Mujib, lejos de apagar el fuego, como hemos dicho anteriormente, fue el catalizador del mensaje de radio que incendió la conciencia de 75 millones de bengalíes.

No solo participó el ejército, también los Razakars, milicias paramilitares formadas por extremistas islámicos locales del partido Jamaat-e-Islami, que actuaron como guías y verdugos en las zonas rurales, proporcionando la inteligencia necesaria para localizar a intelectuales y minorías hindúes. Como mensaje a los pakistaníes, el Mujib Coat, en 1971 se convirtió en una declaración política de nacionalismo secular frente a los uniformes de campaña de color caqui del ejército ocupante.

Durante la ocupación, el ejército pakistaní intentó imponer una "purificación" cultural. Se prohibieron las canciones de Rabindranath Tagore (consideradas demasiado "hindúes") y se intentó forzar un cambio en la dieta bengalí, despreciando el consumo de pescado de agua dulce en favor del trigo y la carne al estilo punjabí. La resistencia también se libró en la cocina: compartir un plato de Hilsa (pescado) con arroz se convirtió en un acto de identidad frente al opresor que intentaba uniformar hasta el paladar.

La Operación Searchlight fue el mayor error de cálculo estratégico de la historia de Pakistán. Al elegir la "solución militar" sobre la transición democrática, Islamabad perdió la poca legitimidad que le quedaba en Bengala y, lo más importante, le dio a la India el pretexto moral perfecto para intervenir. Desde Washington, el cónsul Archer Blood envió el famoso "Telegrama de Blood", denunciando un genocidio selectivo, lo que provocó una fractura interna en la diplomacia estadounidense: el Departamento de Estado contra la Casa Blanca de Nixon/Kissinger.

Para silenciar el horror, el mando militar expulsó a la prensa extranjera y confiscó carretes, pero no pudieron frenar la verdad de periodistas como Anthony Mascarenhas, cuyo reporte en The Sunday Times reveló al mundo que el "millón de muertos" (cifra que escalaría según diversas fuentes hasta los tres millones) no era una baja colateral, sino un objetivo. Lo que Islamabad vendía como una "insurrección controlada" era, en realidad, un genocidio en curso.

EL DESASTRE DEMOGRÁFICO, LA CRISIS DE LOS REFUGIADOS Y LA INDIA

Mientras tanto, para evitar los efectos de la guerra, 10 millones de almas cruzaron la frontera sobre el lodo del monzón. En Washington se fraguaba una de las mayores traiciones éticas del siglo XX. El cónsul estadounidense en Dacca, Archer Blood, envió lo que hoy conocemos como el Blood Telegram, denunciando un "genocidio selectivo". ¿La respuesta de Nixon y Kissinger? Ignorarlo.

Para la Casa Blanca, los bengalíes eran piezas prescindibles en el tablero donde se negociaba la apertura de relaciones con China a través de Pakistán. Mientras los niños morían de cólera en los campos de Bengala Occidental, Kissinger bromeaba sobre la "astucia" de los generales pakistaníes. EE.UU miraba hacia otro lado mientras se suministraba el armamento que causaba ese éxodo hacia la India. 

Indira Gandhi, la dama de hierro india, no veía en los 10 millones de refugiados bengalíes una crisis humanitaria que drenaba el presupuesto de la India, veía un "Casus Belli" perfecto para atacar Pakistán. Mientras Occidente pedía "moderación", Indira entendió que la única forma de detener el flujo migratorio era ayudar en la Independencia de la parte oriental de Pakistán.

Para evitar que China o EE. UU. intervinieran si India atacaba, Indira rompió con la tradición del "No Alineamiento" y firmó el Tratado de Amistad y Cooperación Indo-Soviético (agosto de 1971). El Artículo IX del tratado era la clave: en caso de ataque, ambas naciones iniciarían "consultas mutuas" para eliminar la amenaza. Esto neutralizó a la Séptima Flota de Nixon y su capacidad de actuación en este lío geopolítico. En la Casa Blanca revelaba poca simpatía hacia Indira. Nixon la llamaba "la vieja bruja", no por cuestiones morales, sino porque Pakistán era el puente secreto que Kissinger usaba para abrir relaciones con la China de Mao. Bangladesh era un peón sacrificable en el Gran Juego contra la URSS. 

El desplazamiento de 10 millones de personas hacia la India (un país que ya luchaba por alimentar a su propia población) fue un desafío logístico sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial. El campo de Salt Lake en Calcuta se convirtió en una ciudad de lona y bambú para más de 200.000 personas. El suelo, saturado de lodo a causa de un monzón particularmente violento, transformó los refugios en trampas de lodo donde el cólera se cobró miles de vidas en cuestión de semanas.

Indira Gandhi 
El gobierno indio, al límite de sus reservas, distribuía raciones mínimas de arroz, lentejas (dal) y sal. No había lujos; el pescado, base de la dieta bengalí, desapareció, siendo sustituido por una desnutrición crónica que debilitó a toda una generación de futuros ciudadanos de Bangladesh. Los refugiados llegaban con lo puesto: los hombres con lungis desgarrados y las mujeres con saris de algodón burdo que apenas ocultaban la humillación de la huida. Muchos solo portaban un gamcha (toalla tradicional de algodón) alrededor del cuello, que servía para todo: desde filtrar agua sucia hasta envolver a los bebés que no sobrevivían al camino.

India no vio a los refugiados como víctimas, sino como una "agresión demográfica" perpetrada por Pakistán. Indira Gandhi utilizó el costo económico de mantener a 10 millones de personas (que superaba el presupuesto anual de defensa de la India) para justificar ante el mundo que la situación era "insostenible". Al permitir que la prensa internacional documentara la miseria en los campos, India ganó la guerra de la opinión pública. El Concert for Bangladesh de George Harrison y Ravi Shankar fue el primer gran evento de "caridad global", pero políticamente sirvió para que el mundo entendiera que la existencia de Pakistán Oriental era ya un anacronismo sangriento. Los refugiados fueron el combustible moral que permitió a los tanques indios cruzar la frontera en diciembre con el beneplácito silencioso de la comunidad internacional (salvo Washington y Pekín).

EL COLAPSO DEL DOMINIO PAKISTANÍ Y LA INTERVENCIÓN INDIA

Pakistán veía como su contexto se dificultaba, debía cambiar de estrategia. El relevo en el mando pakistaní fue un movimiento de distracción. Sacar a Tikka Khan (el carnicero) y poner a A.A.K. Niazi no cambió su política represora, solo cambió la táctica defensiva. Niazi desplegó sus tropas en ciudades fronterizas, creyendo que la guerra sería una guerra de posiciones dejando el corazón de Bengala y el acceso a Daca desprotegidos. Las tropas pakistaníes estaban metidas en una contrarreloj de supervivencia, comían raciones insuficientes de dal y roti seco, mientras los Mukti Bahini dominaban los suministros de agua y los arrozales, envenenando el terreno para el ocupante. El nombramiento de Abdul Malik como gobernador civil fue un intento desesperado de Pakistán de controlar la situación.

Mukti Bahini

Malik intentaba proyectar una imagen de "civil" con sus trajes tradicionales bengalíes, pero no tenía mando sobre el ejército, las decisiones se seguían tomando en el búnker de Niazi. Los Mukti Bahini (luchadores por la libertad) respondieron intensificando los sabotajes a las líneas de yute y las estaciones eléctricas, dejando claro que el "maquillaje impuesto" de Islamabad no cubría los horrores de la Operación Searchlight. 

El 3 de diciembre de 1971, Pakistán cometió su último error estratégico: la Operación Chengiz Khan, un ataque aéreo preventivo contra bases indias que resultó ser un fiasco táctico. Para Indira Gandhi, fue el permiso que necesitaba para desatar una ofensiva total.

El general Sam Manekshaw, jefe del estado mayor indio, no buscaba ocupar terreno, buscaba la rendición total. El ejército indio evitó las "fortalezas" de Niazi, rodeándolas y avanzando directamente hacia Daca a través de los arrozales y ríos, utilizando puentes de pontones y el apoyo logístico de los Mukti Bahini, quienes conocían cada centímetro del delta. En 24 horas, la aviación india (IAF) destruyó la capacidad de respuesta de la aviación pakistaní en el Este, dejando a Niazi aislado y sin suministros.

Aquí es donde la historia se vuelve turbia. Richard Nixon y Henry Kissinger, enfurecidos por la audacia de Indira, ordenaron al Task Force 74, liderado por el portaaviones de propulsión nuclear USS Enterprise, entrar en el Golfo de Bengala. EE. UU. envió su flota nuclear para intimidar a India para proteger a una dictadura genocida, pero útil, Pakistán. Sin embargo, fue un elemento de disuasión que no funcionó. La URSS, cumpliendo su Tratado de Amistad, desplegó submarinos nucleares y una flota de destructores desde Vladivostok para interceptar a los estadounidenses. El "Gran Juego de la Guerra Fría" estuvo a un paso de la Tercera Guerra Mundial en las costas de Bengala.

El colapso del poder pakistaní sobre Bengala fue total. El general A.A.K. Niazi, que semanas antes alardeaba de que Daca caería "sobre su cadáver", firmó la rendición en el hipódromo de Ramna. Niazi, con el rostro desencajado y vistiendo su uniforme de faena caqui, entregó su revólver ante el General Aurora, quien lucía el impecable turbante de los regimientos sikh. Fue la mayor rendición de tropas (93,000 prisioneros) desde la Segunda Guerra Mundial. En las horas posteriores, la inteligencia india tuvo que proteger a los prisioneros pakistaníes y a sus colaboradores (Razakars) de la ira de los Mukti Bahini, que buscaban justicia por las matanzas de intelectuales en la Universidad de Daca.

Mientras en los cuarteles indios se celebraba con Bara Khana (grandes banquetes militares donde se servía carne de cabra y arroz pilaf), en las calles de Daca el pueblo lo celebraba con Payesh (pudin de arroz dulce). Para los bengalíes, el sabor de la libertad era el sabor de los productos locales que el ejército pakistaní les había prohibido o confiscado durante nueve meses de ocupación.

EL COMIENZO, BANGLADÉSH, LOS AÑOS DE MUJIB, EL PADRE DE LA NACIÓN

Mujib e Indira Gandhi

Mujib al regresar de la prisión de Pakistán se sentía todopoderoso. El gran error de Mujib fue creer que su carisma podía sustituir a la administración. Al alienar al ejército y entregarse a la órbita de la India, dejó de ser el "Padre de la Nación" para convertirse en un obstáculo. Su caída el 15 de agosto de 1975 no fue solo un golpe de estado; fue el cierre violento de un ciclo donde la épica de la independencia no pudo alimentar la realidad de un estado fallido.

En 1975, ante el caos económico y la insurgencia de extrema izquierda, Mujib cometió su mayor error: el BAKSAL. Suprimió todos los partidos políticos, clausuró periódicos y se autoproclamó presidente vitalicio con poderes absolutos. Esto fracturó al ejército. La "maldición política" del país se materializó el 15 de agosto de 1975, cuando un grupo de jóvenes oficiales asaltó su residencia y asesinó a casi toda su familia. Bangladesh entró en un ciclo de golpes y contragolpes que duraría décadas.

A pesar de la independencia, la estructura económica seguía siendo colonial. Una combinación de inundaciones, corrupción en la distribución de alimentos y el "embargo silencioso" de EE. UU. (por vender yute a Cuba) provocó una hambruna que mató a cientos de miles.

En las calles de Dacca, la gente vestía sacos de yute porque no había tela. Kissinger bautizó al país como un caso perdido internacional), una etiqueta que estigmatizó a la sociedad durante 40 años. La independencia convirtió a Bangladesh en un satélite geopolítico de la India en sus primeros años. Ante este giro geopolítico muchos bengalíes sintieron que habían cambiado el "amo" de Islamabad por el de Nueva Delhi. Esto creó una división interna profunda entre los "pro-indios" (laicos) y los "anti-indios" (islamistas/nacionalistas), una polarización que sigue siendo el eje del conflicto civil en el país. 

Los sectores que nunca aceptaron la separación de Pakistán (los antiguos colaboradores o Razakars) necesitaban eliminar a Mujib para que Bangladesh volviera a una órbita más islámica y menos "bengalí-laica". Además, el interés del ejército en la muerte de Mujib era una cuestión de supervivencia institucional. Mujib había creado su propia guardia pretoriana, la Jatiya Rakkhi Bahini, que recibía mejores raciones, uniformes de seda y equipo moderno, mientras el ejército regular —los que habían sangrado en 1971— vestía harapos y usaban armas viejas. Los oficiales que regresaron de Pakistán tras la guerra se sentían ciudadanos de segunda. Para ellos, Mujib era un civil que jugaba a ser general y que estaba destruyendo la profesionalidad del ejército para convertirlo en un ala del partido.

Su asesinato en 1975 no fue solo un crimen por la ambición de poder del ejército, fue el inicio de un péndulo sangriento entre la sociedad civil y el ejército que empeoraba la situación de un Estado fallido.  Los "Mayores" que ejecutaron el golpe no usaron uniformes de gala, usaron uniformes de combate caqui, parecidos a los pakistaníes.

Se eliminó al líder que personificaba la ruptura con el orden islámico-conservador para dar paso a un régimen militar (primero bajo Mostaq y luego bajo Ziaur Rahman) que restauraría los lazos con el mundo árabe y se alejaría de la dependencia total de Nueva Delhi. Para Islamabad, la muerte de Mujib fue la venganza servida en plato frío. Pakistán quería recuperar influencia en el Este y borrar la mancha de la rendición de 1971. El reconocimiento instantáneo del régimen golpista por parte de Bhutto no fue diplomacia, fue complicidad celebrada. Para el Departamento de Estado de EE.UU., Mujib era un "aliado molesto" de la URSS y la India. Kissinger, quien despreciaba personalmente a los líderes bengalíes tras la crisis de 1971, veía en el golpe la oportunidad de sacar a Bangladesh de la órbita de Moscú.

Su hija, Sheikh Hasina, gobernó durante décadas bajo el culto a la personalidad de su padre, utilizando todos los medios (desapariciones forzadas y tribunales de guerra) para vengar la dinastía. Este círculo sangriento de venganza se cerró en agosto de 2024, cuando una revuelta estudiantil la obligó a huir en helicóptero a la India, repitiendo el exilio y la caída de la dinastía. El país parece condenado a amar a sus libertadores hasta que estos se convierten en los autócratas de los que huyeron mientras el hambre y la pobreza van en aumento.

LA INDEPENDENCIA DE UN ESTADO FALLIDO

La independencia de Bangladesh no fue un brindis con champán en un salón de Versalles, fue un el nacimiento de una nación entre el lodo del monzón, millones de cadáveres y el olor a pólvora de los fusiles G3 y Lee-EnfieldBangladesh es una consecuencia lógica de su violento nacimiento. Es el ciclo eterno de un país que fue parido por un genocidio, amamantado por el autoritarismo y que, en pleno 2026, sigue intentando exorcizar los fantasmas de 1971.

El mayor karma histórico de Bangladesh es su incapacidad para separar la liberación de la tiranía. En este karma está la sombra de Mujib, el "Padre de la Nación" que liberó al pueblo por radio para luego encadenarlo al partido único (BAKSAL). Su asesinato en 1975 no fue solo un crimen por la ambición de poder del ejército, fue el inicio de un péndulo sangriento entre la sociedad civil y el ejército, ¿A quién le debe más Bangladesh por su nacimiento, a la sociedad civil o al ejército?

Geopolíticamente, Bangladesh vive el karma de su geografía.


India fue la partera en 1971, pero ese favor se convirtió en una hipoteca eterna. Bangladesh está rodeado por la India en tres de sus cuatro costados, lo que lo convierte en un estado vasallo o en un vecino resentido. Además está metido en e
l Gran Juego Asiático del Siglo XXI:  es el tablero donde China e India pelean por el control de las rutas comerciales del Índico. Bangladesh intenta jugar a dos bandas, pero su fragilidad institucional lo hace vulnerable a las deudas externas y a la influencia de las potencias, tal como lo fue en la Guerra Fría.

El país pasó de la hambruna de 1974 a ser el segundo exportador mundial de ropa. Pero este "milagro" se construyó sobre el sudor de millones de mujeres en talleres que trabajan contratadas o subcontratadas por corporaciones extranjeras donde tienen unas condiciones laborales poco dignas. Estos talleres a menudo son trampas mortales (Ver el colapso del Rana Plaza). 

En la geopolítica a veces, el clima es un factor influyente, Bangladesh, la nación que más ha sufrido por fronteras artificiales ahora se enfrenta a la desaparición física por el cambio climático. 

El delta que alimentó la civilización bengalí es ahora la amenaza que podría desplazar a 30 millones de personas para mediados de siglo.

Actualmente, el Hilsa, ese pez que simbolizó la resistencia cultural frente a los punjabíes, es un lujo que los trabajadores de las fábricas textiles apenas pueden costear. El karma histórico de Bangladesh es haber conseguido la soberanía política, pero continua luchando por la soberanía del individuo. La bandera verde con el círculo rojo (que representa el sol sobre la sangre derramada) sigue siendo un recordatorio diario de que en Bangladesh, el sol siempre sale sobre un suelo que aún no ha terminado de secar las heridas de su fundación.


BIBLI
OGRAFÍA

Jahan, R. (1972). Pakistan: Failure in national integration. Columbia University Press.

Raghavan, S. (2013). 1971: A global history of the creation of Bangladesh. Harvard University Press.

Sisson, R., & Rose, L. E. (1990). War and secession: Pakistan, India, and the creation of Bangladesh. University of California Press.

van Schendel, W. (2020). A history of Bangladesh (2nd ed.). Cambridge University Press.

Doré, Francis. Los regímenes políticos en Asia. Siglo veintiuno.1996.

Pyke, Francis. Empires at war: A Short History of Modern Asia since World War II. I.B Tauris. 2010

Comentarios

  1. Ziaur Rahman no cedió el poder, sino que fué assesinado durante un golpe de Estado ya que él no era un corrupto como otros.

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