Reagan en Asia: libertad, bases y doble rasero
Cómo el presidente del anticomunismo sostuvo dictaduras, pactó con China y convirtió el Pacífico en el centro del nuevo capitalismo El 25 de febrero de 1986, Ferdinand Marcos dejó de ser aliado y se convirtió en carga. Durante años, Washington lo había tolerado como pieza útil de la Guerra Fría: un dictador corrupto, autoritario y cada vez más impopular, pero anticomunista, favorable a las bases estadounidenses y situado en un archipiélago esencial para controlar el Pacífico occidental. Cuando la calle filipina lo derrotó, Estados Unidos no lo defendió hasta el final. Lo evacuó. La escena fue brutalmente clara. Mientras cientos de miles de filipinos celebraban la Revolución del Poder Popular, los Marcos abandonaron el palacio de Malacañang escoltados por helicópteros estadounidenses rumbo a Clark Air Base, la gran instalación militar norteamericana al norte de Manila. Vernadette Vicuña González recuerda ese momento como una de las imágenes decisivas de la revolución: los Marcos, saca...


