“Asia para los asiáticos”. Pocas consignas suenan tan liberadoras… y pocas fueron tan útiles para disfrazar un proyecto imperial. Podríamos decir que es una emulación de la Doctrina Monroe americana en el continente asiático protagonizada e ideada por Japón.
La llamada Gran Esfera de Coprosperidad de Asia Oriental (Dai Tōa Kyōeiken) fue el gran “marco” ideológico con el que el Japón imperial intentó legitimar su expansión por Asia y el Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial: una promesa de cooperación regional y prosperidad compartida que, en la práctica, funcionó como imperio de guerra, extracción y control.
La idea: un “bloque asiático”… con Japón como centro

Yōsuke Matsuoka
En agosto de 1940, el ministro de Exteriores Yōsuke Matsuoka anunció formalmente el proyecto al público, vendiéndolo como “Asia para los asiáticos”: unidad económica, política y militar para “cerrar el paso” al colonialismo occidental.
El detalle importante es el subtexto: no era una federación de iguales. Era un plan de liderazgo japonés —y, por tanto, de jerarquía— en un contexto de guerra total.
La Esfera no apareció de la nada. Venía precedida por el discurso del “nuevo orden” en el marco de la guerra en China. En diciembre de 1938, por ejemplo, una declaración del primer ministro Fumimaro Konoe hablaba de “establecer un nuevo orden en Asia Oriental” uniendo a Japón, China y Manchukuo en un esquema de “vecindad”, “defensa contra el comunismo” y “cooperación económica”.
Esa es la línea continua: primero Manchuria y el norte de China como laboratorio
imperial, después llegaría el salto a la “Gran Asia” con un envoltorio panasiático. (Para entender el “imperialismo de guerra” japonés desde Manchukuo, la obra de Louise Young es clave).
El momento más “foto de familia” fue la Greater East Asia Conference en Tokio (noviembre de 1943). Japón reunió a líderes de gobiernos aliados, ocupados o patrocinados (Filipinas, Birmania, el régimen chino colaboracionista, Manchukuo, Tailandia, y el gobierno provisional de la India de Bose) y difundió una declaración con palabras muy calculadas: “coexistencia y coprosperidad”, “respeto a la independencia” y “exaltación cultural”.
El problema es que el decorado no cambiaba la estructura: Japón seguía mandando.
La realidad administrativa: cultura impuesta y soberanía ficticia.
Una de las formas más claras de ver la distancia entre el discurso y su puesta en práctica es observar qué hacía Japón “en el día a día” dentro de la Esfera: control político, imposición cultural y movilización social al servicio del esfuerzo bélico. Hay ejemplos de ello muy concretos: promoción obligatoria del japonés como lengua, envío de docentes, inculcación de respeto al emperador y prácticas vinculadas al sintoísmo en territorios bajo control japonés.
Y cuando Japón “declaraba” independencia en algunos lugares (por ejemplo, Birmania y Filipinas en 1943), el propio balance historiográfico subraya que esos estados funcionaron como regímenes títeres, sostenidos por la presencia militar japonesa.
El motor oculto: economía de guerra, autarquía y extracción
![]() |
| (Generado con IA) Puerto filipino en 1943. |
En la investigación económica sobre la ocupación japonesa en el Sudeste Asiático, Gregg Huff subraya que al inicio Japón planificó el Sudeste Asiático como parte de la construcción de su proyecto imperial y de su acceso a suministros esenciales; y que, durante la ocupación, impuso autarquía, obligó a la región a financiar su propia ocupación y envió muy pocos bienes de consumo.
Dicho sin eufemismos: la “coprosperidad” fue, muchas veces, economía de requisa.
¿Cómo se financiaba la ocupación? Dinero forzado y absorción de recursos
Un trabajo de Gregg Huff y Shinobu Majima (Universidad de Oxford) explica cómo Japón financió la ocupación mediante mecanismos como scrip militar (papel moneda de ocupación), costes de ocupación y acuerdos de clearing que daban a Japón poder de compra enorme; el estudio llega a señalar que en Indochina esas fórmulas permitieron transferencias a Japón de hasta un tercio del PIB anual.
No es solo “robo” en sentido clásico: es convertir la economía del país ocupado en un cajero de dinero para Japón.
Cuando un imperio necesita infraestructura, transporte, fortificaciones y producción en guerra total, la tentación es inmediata: mano de obra coercitiva.

Un estudio en International Review of Social History (Cambridge) analiza el reclutamiento de rōmusha (trabajadores forzados locales) en el Sudeste Asiático ocupado. En el caso del ferrocarril Birmania–Siam, documenta contingentes enormes: por ejemplo, 92.000 rōmusha birmanos y 78.204 desde Malasia; además, indica que de unos 70.000 malayos enviados entre abril y septiembre de 1943, aprox. un 41% murió por las malas condiciones laborales.
Esto es esencial para desmontar el mito: no existe “liberación anticolonial” compatible con sistemas masivos de trabajo forzado.
Imperio con ministerio propio: administrar Asia como “cartera” de guerra
Para 1942, Japón incluso creó estructuras específicas para gestionar la expansión: el propio archivo histórico japonés (JACAR) recuerda que el gobierno estableció el Ministerio de la Gran Asia (noviembre de 1942) para hacerse cargo de asuntos ligados a la administración de territorios ocupados (con excepciones como Corea y Taiwán, que tenían un estatus colonial distinto).
Cuando un proyecto necesita un ministerio para “la Gran Asia”, deja de ser retórica: es imperio institucionalizado.
La Esfera de Coprosperidad de Asia y el Pacífico, país por país
Cabe destacar que la Gran Esfera de Coprosperidad de Asia Oriental fue el gran eslogan geopolítico del Japón imperial en la Segunda Guerra Mundial: “Asia para los asiáticos”, cooperación regional, prosperidad compartida. Suena liberador… hasta que miras el “cómo” y el “para quién”. La historiografía más sólida la describe como un proyecto de imperio total en tiempos de guerra total, con propaganda panasiática por fuera y dominación, extracción y coerción por dentro.
Para entenderla de verdad, hay que bajarla del mapa y llevarla al terreno: ¿qué forma tomó en cada lugar?
Manchukuo (Manchuria): el laboratorio del “imperio total”
Si quieres ver el ADN de la Esfera, mira Manchuria. Manchukuo fue el prototipo de estado.jpg)
Emperatriz de Manchukuo en una procesión de recibimiento de oficiales japoneses
“moderno” bajo tutela japonesa: administración, economía planificada para el esfuerzo imperial y cultura política de movilización.
Louise Young lo plantea como el núcleo de una cultura de imperialismo de guerra: no fue solo “ocupación militar”, fue un proyecto social, económico y simbólico que Japón usó para imaginar (y justificar) su expansión. Manchukuo fue el ensayo general. La Esfera, el estreno.
China ocupada: “colaboración” como herramienta, guerra como realidad
En China, la Esfera no significó “prosperidad” sino guerra prolongada y regímenes colaboracionistas usados como interfaz política. Japón necesitaba administración “local” para gobernar… sin dejar de mandar.
La propia puesta en escena de 1943 incluyó al régimen de Nankín (Wang Jingwei) como parte del elenco “asiático” presentado en Tokio.
Birmania (Myanmar): independencia prometida, soberanía en alquiler
Birmania es un caso clave porque Japón la exhibió como ejemplo de “liberación”: en 1943 aparece como estado “independiente” con Ba Maw y se sienta en la foto de Tokio.
Pero la mejor bibliografía subraya el punto incómodo: esa independencia fue instrumental, diseñada para sostener el esfuerzo bélico japonés y gestionar apoyo local. Jeremy Yellen, por ejemplo, analiza cómo la Esfera se construyó también a través de colaboradores patrióticos y “independencias” condicionadas.
Filipinas: “Estado liberado” bajo vigilancia militar
El guion se repite: Filipinas tuvo su “momento” de soberanía simbólica (con Laurel como figura), y Japón la utilizó como vitrina panasiática (otra vez, Tokio 1943).
En la lectura de Yellen, Filipinas es central para entender la Esfera como diplomacia performativa: independencia “en transición”, pero dentro de un marco donde el control real seguía siendo japonés.
Indonesia (Indias Orientales Neerlandesas / Java): petróleo, movilización y romusha
Indonesia (especialmente Java) fue vital por recursos y por posición estratégica. Y aquí se ve la Esfera en modo “economía de guerra”:
-
Movilización social y política: Shigeru Satō muestra que la ocupación japonesa en Java no se entiende solo como “nacionalismo vs. invasor”, sino como una reconfiguración completa de la vida cotidiana, la política y el mundo rural bajo un régimen de guerra.
-
Trabajo forzado: la literatura académica sobre el reclutamiento de rōmusha (mano de obra local coercionada) documenta cómo Japón pasó de estrategias de “voluntariado” a coerción creciente en el Sudeste Asiático ocupado.
Gregg Huff resume el impacto regional con una frase demoledora: Japón impuso autarquía, obligó a la región a financiar su propia ocupación y el resultado fue devastador (colapso del PIB, hambre y mortalidad civil masiva).
Malaya y Singapur: explotación, escasez y control por hambre
Si la Esfera fuera un manual, Malaya y Singapur serían el capítulo de “cómo gobernar usando la escasez”.
Romusha malayos
-
Malaya: Paul H. Kratoska reconstruye una sociedad atrapada entre escasez, inflación, mercado negro y corrupción: una ocupación donde sobrevivir se volvió una economía paralela.
-
Singapur: Gregg y Gillian Huff argumentan que la explotación fue extrema y coherente con objetivos japoneses: Singapur como puerto y nodo logístico (por ejemplo, para mover petróleo indonesio), con malnutrición, mercado negro y descomposición social como paisaje cotidiano.
Aquí se entiende algo esencial: el control no fue solo “policial”; fue económico. La escasez se volvió palanca de poder.
Indochina (Vietnam–Laos–Camboya): el imperio con calculadora
Indochina es el caso perfecto para ver la ocupación como ingeniería financiera.
Huff y Majima explican cómo Japón usó costes de ocupación y acuerdos de clearing para obtener poder de compra casi ilimitado; en Indochina, esas fórmulas permitieron transferencias hacia Japón de hasta un tercio del PIB anual (según su estimación).
Esto no es solo “saqueo”: es convertir el Estado ocupado en una máquina que paga al ocupante.
Tailandia (Siam): aliado formal, presiones reales
Tailandia fue distinta: no “ocupada” como colonia clásica, sino aliada en el entramado regional. Aun así, el marco general de guerra y exigencias económicas existió, y los estudios comparativos sobre la economía ocupada muestran que Tailandia fue la excepción en un Sudeste Asiático donde el PIB “cayó a la mitad” en casi todas partes.
Conclusión
Si tuviéramos que resumir la Esfera “país por país” en tres patrones, serían estos:
No fue un club de iguales. Japón dominó la estructura y practicó un colonialismo extractivo.
La “independencia” fue una tecnología de guerra. Estados títeres y soberanía condicionada para reclutar apoyo, administrar territorios y sostener logística.
La “prosperidad” se tradujo en autarquía, escasez y muerte civil. El balance económico-social en el Sudeste Asiático ocupado fue catastrófico.
Sustitución del dominio occidental en Asia por el dominio japonés.
Bibliografía
-
Jeremy A. Yellen, The Greater East Asia Co-Prosperity Sphere: When Total Empire Met Total War (Cornell University Press).
-
Gregg Huff, World War II and Southeast Asia: Economy and Society under Japanese Occupation (Cambridge University Press).
-
Takuma Melber, “The Labour Recruitment of Local Inhabitants as Rōmusha…” (Cambridge / International Review of Social History).
-
Gregg Huff & Shinobu Majima, “Financing Japan’s World War II occupation of Southeast Asia” (working paper / versión en PDF).
-
Louise Young, Japan’s Total Empire: Manchuria and the Culture of Wartime Imperialism (University of California Press).
-
Fuentes primarias/archivo: FRUS (declaración de Konoe, 22/12/1938).
-
Archivo japonés: JACAR (Conferencia de la Gran Asia Oriental y declaración conjunta, 1943; y contexto institucional).
-
Britannica, entrada sobre la GEACPS (síntesis y efectos del orden colonial japonés).
-






















