Cixi: gobernar un imperio moribundo desde detrás del biombo
La emperatriz viuda que supo salvar la corte, pero no transformar el Estado En noviembre de 1908, Cixi hizo su última jugada. El emperador Guangxu murió el 14 de noviembre; ella murió al día siguiente. Antes de desaparecer, la anciana emperatriz viuda dejó designado como heredero a Puyi, un niño de apenas dos años. Era un gesto perfectamente Qing: controlar la sucesión, preservar la continuidad dinástica, colocar a un menor en el trono y mantener viva la ceremonia imperial aunque el poder real estuviera agotado. Pero también era una señal de derrumbe. China necesitaba instituciones capaces de sobrevivir a sus gobernantes; Cixi seguía pensando en términos de corte, regencia, linaje y control palaciego. Tres años después, la dinastía Qing cayó. El último acto de Cixi había prolongado la forma, no salvado el Estado. Cixi no fue simplemente la mujer que bloqueó la modernización china. Tampoco fue la gran reformadora incomprendida que lanzó China hacia el siglo XX. Fue algo más int...


