jueves, 12 de febrero de 2026

La Esfera de Coprosperidad de Asia y el Pacífico: el imperialismo japonés



 “Asia para los asiáticos”. Pocas consignas suenan tan liberadoras… y pocas fueron tan útiles para disfrazar un proyecto imperial. Podríamos decir que es una emulación de la Doctrina Monroe americana en el continente asiático protagonizada e ideada por Japón.

La llamada Gran Esfera de Coprosperidad de Asia Oriental (Dai Tōa Kyōeiken) fue el gran “marco” ideológico con el que el Japón imperial intentó legitimar su expansión por Asia y el Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial: una promesa de cooperación regional y prosperidad compartida que, en la práctica, funcionó como imperio de guerra, extracción y control.

La idea: un “bloque asiático”… con Japón como centro

Yōsuke Matsuoka

En agosto de 1940, el ministro de Exteriores Yōsuke Matsuoka anunció formalmente el proyecto al público, vendiéndolo como “Asia para los asiáticos”: unidad económica, política y militar para “cerrar el paso” al colonialismo occidental.

El detalle importante es el subtexto: no era una federación de iguales. Era un plan de liderazgo japonés —y, por tanto, de jerarquía— en un contexto de guerra total. 

La Esfera no apareció de la nada. Venía precedida por el discurso del “nuevo orden” en el marco de la guerra en China. En diciembre de 1938, por ejemplo, una declaración del primer ministro Fumimaro Konoe hablaba de “establecer un nuevo orden en Asia Oriental” uniendo a Japón, China y Manchukuo en un esquema de “vecindad”, “defensa contra el comunismo” y “cooperación económica”.

Esa es la línea continua: primero Manchuria y el norte de China como laboratorio
imperial
, después llegaría el salto a la “Gran Asia” con un envoltorio panasiático. (Para entender el “imperialismo de guerra” japonés desde Manchukuo, la obra de Louise Young es clave).

El momento más “foto de familia” fue la Greater East Asia Conference en Tokio (noviembre de 1943). Japón reunió a líderes de gobiernos aliados, ocupados o patrocinados (Filipinas, Birmania, el régimen chino colaboracionista, Manchukuo, Tailandia, y el gobierno provisional de la India de Bose) y difundió una declaración con palabras muy calculadas: “coexistencia y coprosperidad”, “respeto a la independencia” y “exaltación cultural”.

El problema es que el decorado no cambiaba la estructura: Japón seguía mandando.

La realidad administrativa: cultura impuesta y soberanía ficticia.


Una de las formas más claras de ver la distancia entre el discurso y su puesta en práctica es observar qué hacía Japón “en el día a día” dentro de la Esfera: control político, imposición cultural y movilización social al servicio del esfuerzo bélico. Hay ejemplos de ello muy concretos: promoción obligatoria del japonés como lengua, envío de docentes, inculcación de respeto al emperador y prácticas vinculadas al sintoísmo en territorios bajo control japonés.

Y cuando Japón “declaraba” independencia en algunos lugares (por ejemplo, Birmania y Filipinas en 1943), el propio balance historiográfico subraya que esos estados funcionaron como regímenes títeres, sostenidos por la presencia militar japonesa. 

El motor oculto: economía de guerra, autarquía y extracción

(Generado con IA) Puerto filipino en 1943.
La Esfera también fue un proyecto económico: un intento de construir un bloque autosuficiente en recursos estratégicos (petróleo, caucho, minerales, alimentos) en plena guerra.

En la investigación económica sobre la ocupación japonesa en el Sudeste Asiático, Gregg Huff subraya que al inicio Japón planificó el Sudeste Asiático como parte de la construcción de su proyecto imperial y de su acceso a suministros esenciales; y que, durante la ocupación, impuso autarquía, obligó a la región a financiar su propia ocupación y envió muy pocos bienes de consumo.

Dicho sin eufemismos: la “coprosperidad” fue, muchas veces, economía de requisa.

¿Cómo se financiaba la ocupación? Dinero forzado y absorción de recursos

Un trabajo de Gregg Huff y Shinobu Majima (Universidad de Oxford) explica cómo Japón financió la ocupación mediante mecanismos como scrip militar (papel moneda de ocupación), costes de ocupación y acuerdos de clearing que daban a Japón poder de compra enorme; el estudio llega a señalar que en Indochina esas fórmulas permitieron transferencias a Japón de hasta un tercio del PIB anual.

No es solo “robo” en sentido clásico: es convertir la economía del país ocupado en un cajero de dinero para Japón.

Cuando un imperio necesita infraestructura, transporte, fortificaciones y producción en guerra total, la tentación es inmediata: mano de obra coercitiva.

(Generado con IA) Construcción de línea de ferrocarril en Sudeste Asiático.

Un estudio en International Review of Social History (Cambridge) analiza el reclutamiento de rōmusha (trabajadores forzados locales) en el Sudeste Asiático ocupado. En el caso del ferrocarril Birmania–Siam, documenta contingentes enormes: por ejemplo, 92.000 rōmusha birmanos y 78.204 desde Malasia; además, indica que de unos 70.000 malayos enviados entre abril y septiembre de 1943, aprox.  un 41% murió por las malas condiciones laborales.

Esto es esencial para desmontar el mito: no existe “liberación anticolonial” compatible con sistemas masivos de trabajo forzado.

Imperio con ministerio propio: administrar Asia como “cartera” de guerra

Para 1942, Japón incluso creó estructuras específicas para gestionar la expansión: el propio archivo histórico japonés (JACAR) recuerda que el gobierno estableció el Ministerio de la Gran Asia (noviembre de 1942) para hacerse cargo de asuntos ligados a la administración de territorios ocupados (con excepciones como Corea y Taiwán, que tenían un estatus colonial distinto).

Cuando un proyecto necesita un ministerio para “la Gran Asia”, deja de ser retórica: es imperio institucionalizado.

La Esfera de Coprosperidad de Asia y el Pacífico, país por país


Cabe destacar que la Gran Esfera de Coprosperidad de Asia Oriental fue el gran eslogan geopolítico del Japón imperial en la Segunda Guerra Mundial: “Asia para los asiáticos”, cooperación regional, prosperidad compartida. Suena liberador… hasta que miras el “cómo” y el “para quién”. La historiografía más sólida la describe como un proyecto de imperio total en tiempos de guerra total, con propaganda panasiática por fuera y dominación, extracción y coerción por dentro.

Para entenderla de verdad, hay que bajarla del mapa y llevarla al terreno: ¿qué forma tomó en cada lugar?


Manchukuo (Manchuria): el laboratorio del “imperio total”

Emperatriz de Manchukuo en una procesión de recibimiento de oficiales japoneses
Si quieres ver el ADN de la Esfera, mira Manchuria. Manchukuo fue el prototipo de estado
“moderno” bajo tutela japonesa: administración, economía planificada para el esfuerzo imperial y cultura política de movilización.

Louise Young lo plantea como el núcleo de una cultura de imperialismo de guerra: no fue solo “ocupación militar”, fue un proyecto social, económico y simbólico que Japón usó para imaginar (y justificar) su expansión. Manchukuo fue el ensayo general. La Esfera, el estreno.


China ocupada: “colaboración” como herramienta, guerra como realidad

En China, la Esfera no significó “prosperidad” sino guerra prolongada y regímenes colaboracionistas usados como interfaz política. Japón necesitaba administración “local” para gobernar… sin dejar de mandar.

La propia puesta en escena de 1943 incluyó al régimen de Nankín (Wang Jingwei) como parte del elenco “asiático” presentado en Tokio.

Birmania (Myanmar): independencia prometida, soberanía en alquiler

Birmania es un caso clave porque Japón la exhibió como ejemplo de “liberación”: en 1943 aparece como estado “independiente” con Ba Maw y se sienta en la foto de Tokio.

Pero la mejor bibliografía subraya el punto incómodo: esa independencia fue instrumental, diseñada para sostener el esfuerzo bélico japonés y gestionar apoyo local. Jeremy Yellen, por ejemplo, analiza cómo la Esfera se construyó también a través de colaboradores patrióticos y “independencias” condicionadas.

Filipinas: “Estado liberado” bajo vigilancia militar

El guion se repite: Filipinas tuvo su “momento” de soberanía simbólica (con Laurel como figura), y Japón la utilizó como vitrina panasiática (otra vez, Tokio 1943).

En la lectura de Yellen, Filipinas es central para entender la Esfera como diplomacia performativa: independencia “en transición”, pero dentro de un marco donde el control real seguía siendo japonés.

Indonesia (Indias Orientales Neerlandesas / Java): petróleo, movilización y romusha

Indonesia (especialmente Java) fue vital por recursos y por posición estratégica. Y aquí se ve la Esfera en modo “economía de guerra”:

  • Movilización social y política: Shigeru Satō muestra que la ocupación japonesa en Java no se entiende solo como “nacionalismo vs. invasor”, sino como una reconfiguración completa de la vida cotidiana, la política y el mundo rural bajo un régimen de guerra.

  • Trabajo forzado: la literatura académica sobre el reclutamiento de rōmusha (mano de obra local coercionada) documenta cómo Japón pasó de estrategias de “voluntariado” a coerción creciente en el Sudeste Asiático ocupado.

Gregg Huff resume el impacto regional con una frase demoledora: Japón impuso autarquía, obligó a la región a financiar su propia ocupación y el resultado fue devastador (colapso del PIB, hambre y mortalidad civil masiva).

Malaya y Singapur: explotación, escasez y control por hambre

Romusha malayos
Si la Esfera fuera un manual, Malaya y Singapur serían el capítulo de “cómo gobernar usando la escasez”.

  • Malaya: Paul H. Kratoska reconstruye una sociedad atrapada entre escasez, inflación, mercado negro y corrupción: una ocupación donde sobrevivir se volvió una economía paralela.

  • Singapur: Gregg y Gillian Huff argumentan que la explotación fue extrema y coherente con objetivos japoneses: Singapur como puerto y nodo logístico (por ejemplo, para mover petróleo indonesio), con malnutrición, mercado negro y descomposición social como paisaje cotidiano.

Aquí se entiende algo esencial: el control no fue solo “policial”; fue económico. La escasez se volvió palanca de poder.

Indochina (Vietnam–Laos–Camboya): el imperio con calculadora

Indochina es el caso perfecto para ver la ocupación como ingeniería financiera.

Huff y Majima explican cómo Japón usó costes de ocupación y acuerdos de clearing para obtener poder de compra casi ilimitado; en Indochina, esas fórmulas permitieron transferencias hacia Japón de hasta un tercio del PIB anual (según su estimación).

Esto no es solo “saqueo”: es convertir el Estado ocupado en una máquina que paga al ocupante.

Tailandia (Siam): aliado formal, presiones reales


Tailandia fue distinta: no “ocupada” como colonia clásica, sino aliada en el entramado regional. Aun así, el marco general de guerra y exigencias económicas existió, y los estudios comparativos sobre la economía ocupada muestran que Tailandia fue la excepción en un Sudeste Asiático donde el PIB “cayó a la mitad” en casi todas partes. 

Conclusión

Si tuviéramos que resumir la Esfera “país por país” en tres patrones, serían estos:

No fue un club de iguales. Japón dominó la estructura y practicó un colonialismo extractivo.

La “independencia” fue una tecnología de guerra. Estados títeres y soberanía condicionada para reclutar apoyo, administrar territorios y sostener logística.

La “prosperidad” se tradujo en autarquía, escasez y muerte civil. El balance económico-social en el Sudeste Asiático ocupado fue catastrófico.

Sustitución del dominio occidental en Asia por el dominio japonés.

Bibliografía 

    • Jeremy A. Yellen, The Greater East Asia Co-Prosperity Sphere: When Total Empire Met Total War (Cornell University Press).

    • Gregg Huff, World War II and Southeast Asia: Economy and Society under Japanese Occupation (Cambridge University Press).

    • Takuma Melber, “The Labour Recruitment of Local Inhabitants as Rōmusha…” (Cambridge / International Review of Social History).

    • Gregg Huff & Shinobu Majima, “Financing Japan’s World War II occupation of Southeast Asia” (working paper / versión en PDF).

    • Louise Young, Japan’s Total Empire: Manchuria and the Culture of Wartime Imperialism (University of California Press).

    • Fuentes primarias/archivo: FRUS (declaración de Konoe, 22/12/1938).

    • Archivo japonés: JACAR (Conferencia de la Gran Asia Oriental y declaración conjunta, 1943; y contexto institucional).

    • Britannica, entrada sobre la GEACPS (síntesis y efectos del orden colonial japonés). 

miércoles, 11 de febrero de 2026

Tsedenbal: los años del Khrushev mongol (1952-1984)






Cuando nos mencionan “Mongolia” quizá pensemos en Gengis Kan, estepas infinitas y caballos. Pero en el siglo XX, el nombre que más tiempo sostuvo el timón del país no fue un conquistador medieval: fue Yumjaagiin Tsedenbal (1916–1991), el dirigente que gobernó Mongolia —de facto— desde 1952 hasta 1984 en pleno tablero de la Guerra Fría. Su historia es puro thriller político: ascenso meteórico, alianza total con la URSS, modernización con guion soviético, purgas, culto al líder… y un final con sabor a exilio.

¿Quién fue Tsedenbal y cómo ascendió al poder?

Tsedenbal nació en una familia de pastores nómadas en el noroeste del país y se formó en la Unión Soviética (estudios en Irkutsk), algo que no es un detalle: es un GPS ideológico.

Su salto decisivo llegó tras la muerte del líder Khorloogiin Choibalsan: en 1952 se convirtió en primer ministro (presidente del Consejo de Ministros) y desde ahí empezó el largo reinado. Más tarde, en 1974, pasó a ser jefe de Estado (presidiendo el Presidium del Gran Jural del Pueblo), mientras seguía controlando el partido.

Tras los sangrientos años de Choylbalsan, siguió el corto gobierno de Sambuu quién fue sucedido tras su muerte en mayo de 1972 por un hijo de pastores maestro de escuela, Tsedenbal. 

Tsedenbal combinaba su función de líder del estado con la líder del Partido Comunista Mongol, asemejándose así a otros líderes de la talla de Tito, Kim Il Sung o Enver Hoxha.

Tsedenbal se convirtió en una figura clave en la historia de Mongolia durante la era comunista, ocupando el cargo de Primer Ministro desde 1952 y luego, de hecho, el líder del país desde 1961 hasta los años 80. Su liderazgo marcó un período de creciente autonomía en la política mongola, aunque bajo la sombra de la influencia soviética. 

¿Cuál fue el gran desafío de Tsedenbal?

La importancia histórica de Tsedenbal radica en su capacidad para equilibrar las demandas del Kremlin con los intereses nacionales de Mongolia. Su estrategia llevó a un mayor reconocimiento internacional de Mongolia y su posicionamiento como un aliado estratégico de la URSS en Asia Central.

Comparar las estrategias políticas de Tsedenbal y Khrushchev revela puntos en común, así como diferencias notables. Ambos líderes enfrentaron la necesidad de modernizar sus economías y de implementar reformas populares que pudieran asegurar el apoyo del pueblo. Sin embargo, Tsedenbal tuvo que lidiar con un entorno geopolítico diferente, donde la influencia china era también una consideración importante. 

La represión de la disidencia y la gestión de las expectativas de una población en crecimiento fueron denominadores comunes, pero Tsedenbal tuvo que ser más cauteloso en su relación con China, sobre todo ante la inestable política de la región.

Su norte político: Tsedenbal apuesta fuerte por el eje soviético. Tan fuerte que, según relatos recogidos en fuentes históricas, llegó a plantear la idea de acercar Mongolia aún más a la URSS en los años iniciales (una señal de hasta dónde llegaba su “brújula”).

No es solo “un líder nuevo”, es el comienzo de una Mongolia cada vez más “satélite” en el sentido literal: economía, seguridad y prestigio internacional orbitando alrededor de Moscú. 

Dicho en lenguaje de calle: si la URSS era el guion, Tsedenbal fue el director de escena en Ulán Bator.

Su “gran obra”: una Mongolia soviética, industrial y colectivizada

Durante su mandato, Tsedenbal adoptó una serie de políticas económicas y sociales que
reflejaron las reformas de Nikita Khrushchev en la Unión Soviética. Al igual que Khrushchev, Tsedenbal promovió la descentralización de la economía y buscó aumentar la producción agrícola mediante la implementación de planes quinquenales. Esto incluyó la expansión de la agricultura colectiva y una mayor inversión en la industria pesada. 

Sin embargo, a pesar de estas similitudes, las condiciones geográficas y económicas de Mongolia presentaron desafíos únicos que hicieron que algunos de los resultados de las políticas de Tsedenbal diferieran de los de su homólogo soviético.

Tras la muerte del líder Khorloogiin Choibalsan, Tsedenbal asciende y se consolida como primer ministro en 1952, abriendo un ciclo que lo mantendrá en la cima durante décadas.

Si hay un cambio estructural que te explica el siglo XX mongol, es este: la colectivización del mundo pastoral.

  • Investigaciones sobre la economía ganadera y las cooperativas (los negdel) señalan que la colectivización quedó esencialmente completada en 1959.

  • Un estudio sobre tenencia de la tierra indica que para 1959, el 99% de los hogares ya se había incorporado a colectividades.

En resumen, la Mongolia de pastores nómadas entra en una lógica donde el Estado organiza producción, movilidad, veterinaria, cuotas y “modernización” según manual socialista. El país se volvió más administrable… pero también más dependiente de la maquinaria estatal y del apoyo soviético para sostener ese modelo.

La ruptura chino-soviética: Mongolia se convierte en frontera caliente

En los 60, el mundo comunista se parte en dos: Pekín vs. Moscú. Y Mongolia, literalmente, queda en medio.

La literatura académica sobre la disputa sino-soviética deja claro el dilema: para Ulán Bator, el margen de maniobra era mínimo.

Según un análisis publicado en The Mongolian Journal of International Affairs, el quiebre empuja a Mongolia a alinearse con la URSS y a concluir un tratado bilateral en 1966 que, junto con acuerdos de defensa, abrió la puerta a un gran despliegue soviético en el país.

El mismo estudio llega a ofrecer una cifra que suena a escalofrío geopolítico: las fuerzas soviéticas en Mongolia habrían alcanzado un pico de 120.000 efectivos en 1979, en plena tensión con China.

Mongolia pasó de ser “aliado” a ser línea avanzada. Y cuando dejó de ser línea avanzada, su política interior deja de ser solo suya.

1974: Tsedenbal, jefe de Estado, el desgaste del sistema.

En 1974, Tsedenbal da el salto formal: se convierte en jefe de Estado (presidiendo el órgano equivalente a la jefatura estatal), dejando el puesto de primer ministro pero manteniendo el control del partido.

Aquí cambia el tono de la serie: menos épica de construcción y más fatiga de régimen. Britannica resume que sus últimos años estuvieron marcados por un creciente descontento, estancamiento económico y, especialmente después de 1980, un aumento del recurso de las purgas para acallar la voz del descontento.

Esta variable de mayor control y represión de la población, irónicamente, dejaba más claro que el modelo establecido no ofrecía el futuro deseado a la mayoría de población mongol… y lo que era peor, (para el gobierno) que el respaldo real sólo estaba fuera: en Moscú.

Anastasia Filatova: la primera dama que no era solo “esposa”


Anastasia Filatova fue la esposa rusa de Tsedenbal y primera dama de 1952 a 1984. En la Mongolia socialista eso importaba: en torno a ella se construyó una idea persistente (justa o injusta) de que era una especie de “supervisora soviética” con peso real en el ecosistema político.

Lo interesante es que no se queda en rumor: trabajos académicos señalan que su influencia creció especialmente en los años finales, cuando Tsedenbal ya estaba más desgastado.

Y además está su legado “social” (que también es política):

  • Se la asocia con proyectos juveniles tipo Palacio de Pioneros, campamentos y programas infantiles (financiación y contactos, incluida la relación con figuras soviéticas).

  • Aparece vinculada a infraestructuras y lugares emblemáticos de Ulán Bator (con una estatua en el centro infantil Nairamdal, según varias referencias).

En el tsedenbalismo, Filatova fue el “soft power” doméstico… con acento soviético.

La cara B: purgas, culto a la personalidad y la sospecha constante

Ahora, la parte menos “postal”: Britannica describe su estilo como autocrático, con construcción de culto a la personalidad y uso de purgas para neutralizar rivales o amenazas.

Y aquí está la clave histórica: el proyecto Tsedenbal ofrecía estabilidad y modernización… pero a cambio de un control político duro y una dependencia estructural del socio soviético.

Incluso la crítica económica aparece en estudios académicos sobre la política mongola de la Guerra Fría, que discuten las tensiones y límites del modelo aplicado bajo su liderazgo.

La caída: 1984, Moscú y un “adiós” sin regreso

El final es casi cinematográfico: en agosto de 1984 fue apartado del poder mientras estaba en Moscú con su familia, oficialmente por motivos de salud. Ya no volvería a gobernar; permaneció en la URSS y murió en Moscú en 1991Hay análisis que apuntan a que, desde el ángulo soviético, su “condición crítica” y su utilidad política estaban en cuestión, y eso empujó a quitarlo del poder.

La cara B de Tsedenbal, purgas y dependencia de la URSS

Yumjaagiin Tsedenbal, el hombre que gobernó Mongolia durante más de tres décadas (1952–1984), suele aparecer en el relato “clásico” como el arquitecto de la estabilidad socialista, el aliado fiel de la URSS, el rostro del período de Ulán Bator industrial y ordenado. Pero si levantamos la alfombra, sale el otro guion: culto al líder, purgas “administrativas”, vigilancia y una batalla frontal contra cualquier nacionalismo que oliera a independencia real.

Tsedenbal fue construyendo un culto a la personalidad y gobernó con un estilo autocrático. Y cuando alguien parecía cuestionar o amenazar al sistema se recurría a un clásico: purgar. No siempre con fusilamientos masivos (eso fue más propio del terror de los años 30), sino con un castigo igual de eficaz para domesticar a una élite: destitución, degradación, traslado al “fin del mundo” o expulsión del círculo de poder.

Generado con IA (Recreación de represión en Mongolia)
Uno de los rasgos más repetidos en los estudios sobre su época es que la represión podía ser “limpia” en apariencia y devastadora en la práctica: te quitan el cargo, te expulsan del Partido, te mandan al campo y te convierten en nadie.

La investigadora Yumiko Konagaya, al hablar de entrevistas y memorias de figuras del régimen, menciona explícitamente purgas de alto nivel: D. Tömör-Ochir y L. Tsend (1962–63), y luego T. Lookhuuz y B. Nyambuu (1964), apartados de sus posiciones en el gobierno y el Partido.

Hay datos que hablan de abuso y sufrimiento de al menos mil personasEse número no es un “conteo definitivo”.

 Veamos un caso concreto de este tipo de represión política, situémonos en 1964.

Basado en documentos del  Wilson Center. El documento nos describe cómo, en un plenum del Partido, Tsedenbal fue desafiado por lo que luego se llamó el “grupo anti-partido Lookhuuz–Nyambuu–Surmaajav”. Según el documento, aquellos críticos denunciaron corrupción e incompetencia; y uno de ellos llegó a cuestionar la dependencia de Moscú y propuso no meterse entre la URSS y China (“¿por qué deberíamos ponernos en peligro entre ellos dos?”).

¿La respuesta política? Tsedenbal, según ese mismo texto, los tachó de “espías chinos”. Y ahí se acabó el debate.

Este patrón (crítica interna = traición) es el ADN de muchas purgas: no se discute la política; se criminaliza al crítico.

El mismo documento del Wilson Center menciona controles de prensa extranjera, censura y

Generada con IA (Censura de prensa).

un ambiente donde la
seguridad del Estado se vuelve actor cotidiano: habla de un reporte de “control de prensa extranjera” y de estudiantes que llegaron a denunciar públicamente que el Ministerio de Seguridad del Estado usaba una habitación para vigilar actividades en la embajada china.

No necesitas imaginarte un “1984” literal: basta con entender que en esa Mongolia, la política exterior (China/URSS) se filtraba hacia adentro como paranoia… y se traducía en vigilancia.

Tsedenbal estaba activo en otra cruzada, la memoria histórica mongola.

Konagaya resume el clima cultural soviético en Mongolia con una frase fuerte: hasta 1990, dominaban visiones negativas soviéticas sobre Chinggis (Gengis Kan) y sus descendientes, y a los niños “apenas se les enseñaba su historia”.

Y el caso de Daramyn Tömör-Ochir es el ejemplo que se repite: asociado con la organización de conmemoraciones del 800º aniversario del nacimiento de Gengis Kan y, tras críticas desde el ámbito soviético, terminó expulsado y acusado de inflamar “pasiones nacionalistas”.

El nacionalismo que oliera a autonomía política real respecto a la URSS era peligroso. La URSS era el sustento del régimen pero también el puño de hierro que golpeaba sin escrúpulos a los mongoles.

Britannica subraya que Tsedenbal se apoyó en políticas pro-soviéticas y que Mongolia dependía de su “vecino del norte” para seguridad militar y gran parte del comercio exterior.

Un memorando de la CIA (octubre de 1984) lo pinta con crudeza: describe que Tsedenbal gobernó con “mano de hierro” y que había purgado a elementos “nacionalistas” y supuestamente “pro-chinos” en los primeros años de los 60s.
Y en otro punto del mismo informe aparece un detalle cultural-político muy revelador: menciona que podían existir quejas por el requisito obligatorio de estudiar ruso a costa del mongol, pero que Moscú no permitiría un giro fuera del “campo soviético”.

Es decir: la dependencia no era solo económica o militar. También era lingüística, educativa y cultural.

Tsedenbal en la memoria de su pueblo: de “denunciado” a “rehabilitado”… y viceversa

Su historia no terminó en 1984.

  • En 1988, el gobierno mongol lo denunció formalmente; en 1995 fue rehabilitado oficialmente (ya fallecido).

  • Su legado, desde la Mongolia democrática, ha sido reconsiderado: hubo momentos en que se pidió incluso llevarlo a juicio, y luego, en paralelo, gestos de re-integración simbólica en la identidad nacional.

  • En la década de 2010, la figura vuelve a “aparecer” en el espacio público como objeto de homenaje y disputa (flores, ceremonias, lecturas cruzadas).

En conclusión, Tsedenbal en Mongolia no es solo un personaje histórico; es un test de identidad: ¿satélite necesario para sobrevivir entre gigantes, o dependencia dolorosa? ¿modernización real, o estancamiento con culto al líder? 

BIBLIOGRAFÍA

Encyclopaedia Britannica. (s. f.). Yumjaagiin Tsedenbal.
Central Intelligence Agency (CIA). (1984, 25 octubre). USSR–Mongolia–China: Implications of Tsedenbal’s Fall (CIA-RDP85T00287R001401040003-1).
The Christian Science Monitor. (1984, 24 agosto). News in Brief (nota sobre la destitución de Tsedenbal).
Radchenko, S. S. (2003, noviembre). The Soviets’ Best Friend in Asia: The Mongolian Dimension of the Sino-Soviet Split (CWIHP Working Paper No. 42). Woodrow Wilson International Center for Scholars.
Konagaya, Y. (2012). Three Twentieth-Century Mongolian Leaders (PDF). National Museum of Ethnology (Minpaku).
Batbayar, T. (1998). Open Mongolia and Mongol-Russian Relations (PDF). Mongolian Journal of International Affairs.
Rosenberg, D. (1981). The Collectivization of Mongolia’s Pastoral Production. Nomadic Peoples (JSTOR).
Rupen, R. A. (1963). Mongolia in the Sino-Soviet Dispute. The China Quarterly (JSTOR).
Radchenko, S. (2005). Power Struggle in Socialist Mongolia (reseña/artículo en JSTOR).
Fernandez-Gimenez, M. E. (2006). Land Use and Land Tenure in Mongolia: A Brief History and Current Issues (USDA Forest Service Proceedings RMRS-P-39, pp. 30–36).
Ginsburg, T. (1995). Between Russia and China: Political Reform in Mongolia.
United Nations in Mongolia. (2021, 27 octubre). Mongolia celebrates its 60th anniversary of its accession to the UN.
Permanent Mission of Mongolia to the United Nations. (s. f.). Mongolia and the United Nations.
Smith, M. J. (2025, 3 marzo). Russian-Mongolian Friendship and the Rehabilitation of Tsedenbal and Filatova. Mongolia Focus.
Mongolia Guide. (s. f.). Yumjaagiin Tsedenbal Statue.
Rossabi, M. (2005). Modern Mongolia: From Khans to Commissars to Capitalists. University of California Press. ISBN (impreso): 978-0520243996.
Batbayar, T. (2002). Modern Mongolia: A Concise History (2.ª ed.). Mongolian Center for Scientific and Technological Information (Offset Printing). ISBN: 978-9992956236. 
Wikipedia contributors. (s. f.). Yumjaagiin Tsedenbal; Anastasia Filatova; Daramyn Tömör-Ochir.

viernes, 20 de noviembre de 2020

Corea del Norte, las armas nucleares y la paradoja de ser potencia nuclear

 Toda persona se echa las manos a la cabeza cuando vemos que existen regímenes totalitarios e incluso dinásticos como puede ser Corea del Norte, y nos preguntamos cómo se dio lugar a esta situación. El tema de la conversión de países en potencias nucleares, es un tema poco conocido, pero muy mencionado y criticado, eso sí, criticado de forma parcial y subjetiva por las potencias mundiales actuales, ya que toca de lleno este tema en la política exterior actual de cualquier país existente.


China, Rusia, Corea del Norte, y un largo número de países bajo regímenes autoritarios, que simpatizaban con el modelo Stalinista soviético de gobernar interiormente, es decir, Stalin creó tendencia política en Asia, no olvidemos que la rápida industrialización de la URSS bajo Stalin costó muchos silencios y millones de víctimas mortales. Pero ante todo eso, la URSS surgió como una de las superpotencias mundiales, pudiendo aterrar a las temidas potencias coloniales que tantos problemas les estaban trayendo, bajo el punto de vista de muchos asiáticos. Tener un arma nuclear frenaba la valentía occidental para inmiscuirse en asuntos de sus países. No con ello quiero victimizar ni justificar los actos vandálicos, la falta de humanidad, de justicia y cuantas más fallas de los regímenes de los países anteriormente mencionados.

La industrialización, y creación de armas nucleares para mantener no ya un régimen si no una dinastía comunista con la muletilla juché, dándole un toque nacionalista coreano, con intentos de promover la unificación de las dos Coreas bajo el poder de la Dinastía Juché. Otra la de defenderse contra cualquier tentativa exterior de atacar al país con un comercio internacional vetado con una población que obedecen lealtad absoluta al régimen que gasta la mayoría del presupuesto en la investigación de armas.

Pero claro, cualquiera que lea esto, pensará y ¿a qué viene tanta crítica del comunismo, levantándose el oscuro del Stalinismo? Este artículo es partidista, se podría pensar en un principio, pero no, porque ahora pasamos por los países occidentales, las democracias a cuya cabeza está EE.UU el paladín de la libertad, el individualismo y el capitalismo. Estados Unidos lucha internacionalmente para que regímenes como Corea del Norte o como Iraq en época de Hussein, no pudiesen acceder a ese escudo ante la jungla internacional, eran zonas peligrosas y además naciones peligrosas, tan peligrosas que formaban parte del "Eje del Mal" nombrado por George Bush hijo. 

Israel, es potencia nuclear, Israel, situado en pleno corazón del conflicto en Próximo Oriente, en definitiva, uno de los puntos calientes de la geopolítica actual, tiene armas nucleares, apoyado por Estados Unidos. Hay declaraciones de presidentes de Israel más agresivas internacionalmente a veces que las que ha lanzado a largo de décadas la Dinastía Kim. Aquí quiero reiterar que no con esta comparación blanqueo históricamente a la Dinastía Kim, una dictadura de ideología comunista que cuesta la miseria de la población del país al que gobierna además de víctimas morales.

lunes, 16 de noviembre de 2020

¿Por qué el Comunismo triunfó en muchos países asiáticos?

 Cuando alguien enterado en Historia suele leer, sobre Asia en tras la segunda guerra mundial, impacta mucho ver que sociedades más tradicionales en cultura y pensamiento y menos avanzados tecnológicamente, se esforzasen tanto por regímenes comunistas, que tantas vidas humanas costaron con sus proyectos de modernización y aumento de la economía, regímenes unipersonales como el de Mao Zedong, Pol Pot, Ho Chi Minh, ese tramo de dictadura del proletariado se alargó siguiendo el ejemplo del Estalinismo, por tanto, podemos decir que son regímenes que imitan la política de Stalin. 

¿Qué pueden tener en común Camboya, Corea del Norte, Rusia, China, Vietnam?. Estos países, en época de pleno imperialismo, es decir allá por 1870, eran reinos o imperios donde la monarquía era absoluta y la sociedad estaba basada en un régimen parecido a las monarquías autoritarias donde la nobleza europea tenía ciertos poderes del Estado. En esta época había esclavitud, es decir, familias enteras que vivían en los hogares de sus dueños, alimentados por los mismos. Esa costumbre, se liberalizó tras ser su nuevo dueño el Estado, pero claro, interponerse a los planes políticos y económicos de Stalin era perder la vida, La Revolución valía más. Una Revolución surgida en Octubre del año 1917, donde el ya denostado Zarismo estaba agonizando desde la escandalosa época de estancia de Rasputin en la Corte. El pueblo ruso aún confiaba en el zar, su vida era miserable, el clima, la seguridad, la poca protección legislativa, Rusia era el retraso de Europa, una Europa en guerra, que estaba costando vidas al pueblo ruso debido a esa impopular decisión del zar. Muchachos mal equipados, a veces sin botas, morían ante los tanques alemanes en un diciembre del año 1916 por culpa del Zar. Pero el pueblo ruso confiaba en el zar Nicolás II, a pesar de que reprimió con sangre una manifestación que lo trataba como padre en el famoso Domingo Sangriento, donde el zar Nicolás II, creo recordar que se disculpó justificando su acción alegando que se le interrumpió su momento del té.¿Cuántos rusos que se manifestaron aquel Domingo Sangriento habrían deseado comerse esas hojas de té, molestase quién molestase?

Ese pueblo ruso tenía la esperanza de que su padrecito, como solían llamarlo, cambiase con ellos e impartiese justicia y acabase con el hambre si con la pobreza no podía. Ese zar, emperador chino, vietnamita, camboyano, coreano, etc, representaba la esperanza de que la dura vida diaria cambiaría, ante perderla en el zar, pusieron todo su empeño en una Revolución que acabó en el Stalinismo, donde se consideraba a Stalin el Zar rojo, gobernaba como los zares pero era un revolucionario, había modernizado Rusia, ahora era esa potencia renombrada internacionalmente llamada URSS. Además canceló las deudas con las potencias capitalistas, era ésta la perfecta forma de gobernar para estas potencias asiáticas. Necesitaban modernizarse, no querían cambiar mucho la forma de gobierno y creían que cuanta menos dependencia de las potencias occidentales mejor.

Por ello creo que el Stalinismo influyó mucho en el porvenir de Asia, digamos que estableció una especie de marca política en la que se mezclaba la conservadora y tradicional imagen de los autócratas asiáticos con el revolucionario discurso marxista puesto en práctica para la mejora social. Proyecto que conllevó una dura represión política con víctimas mortales, contando a veces millones como en China.

En resumen, este último párrafo sintetiza una respuesta clara a esa pregunta. 

Japón, Era Meiji o la paradoja de la modernización

 Japón o el dragón miedoso.


Japón, el Imperio del Sol Naciente, se mejía en la cuna de sus islas aislándose de aquellas bestias y civilizaciones que vivían más allá del mar. Por ello, el aislacionismo era la tradición de la diplomacia japonesa a través de muchos siglos de shogunato, es decir, desde que la nobleza territorial japonesa obtuvo más poder sobre la sociedad que el emperador, quedando este último en último plano político, era una especie de Edad Media Japonesa. 

Comodoro Perry
Ese dominio de la nobleza japonesa, también llamado shogunato, donde el shogun ejercía todo el poder. Qué sucedió que la nobleza al ver Japón estancado comenzaron a tontear ni más ni menos que con el comercio norteamericano, el cual al ver tal maravilla histórica se quedó prendado pensando únicamente en sueños dorados para Japón. Japón, ante ello, reaccionó y parte de la nobleza vio peligrar su independencia, Japón podía convertirse en un Reino dependiente de los Estados Unidos de América. 
Para más inri, si ya existía esa tensión en el ambiente de la sociedad japonesa, el Comodoro de atractivo nombre, Matthew Perry, llega con unos acorazados a las costas de Japón. Matthew Perry, era un Comodoro de los Estados Unidos tan poderoso que hizo temblar Japón ya que llegó allí, montado en unas cañoneras, para exigir al shogunato ciertos tratados. 

¿Qué quería exigir este Comodoro estadounidense al Shogun japonés?

En el año 1854, Japón y Estados Unidos protagonizan un hito diplomático al establecer el Acuerdo de Kanagawa. Este acuerdo era un acuerdo comercial, hecho por Estados Unidos para el desarrollo de Japón, digamos que era un regalo envenenado de los Estados Unidos para los ojos y oídos de algunos japoneses de la época. Este acuerdo oficialmente consistió en lo siguiente, establecer buenas relaciones bilaterales entre Estados Unidos y Japón, siempre y cuando Japón estableciese el libre comercio, es decir, fronteras abiertas en las que las barcas medievales japonesas podían competir libremente contra el comercio, la rapidez y la tecnología de las cañoneras estadounidenses. Fred Perry, por bondad, dejó a Japón el plazo de un año para que pensase esa respuesta tan urgente para los Estados Unidos. Perry ya avisó a la diplomacía japonesa que volvería otra vez con cañoneras. El shogunato tras un tiempo de reflexiones y luchas internas, demasiadas dificultades juntas achantó al shogunato y cedió ante el Tratado de Konagawa de 1854 la apertura de fronteras comerciales a Estados Unidos. 

Esta decisión del shogunato de aceptar el tratado de 1854, hizo avivar la violencia entre los que vieron que el tratado fue un regalo envenenado de los Estados Unidos y que el shogunato impedía el buen gobierno del emperador, creían que ahora era el momento de actuar del emperador. El shogunato se tambaleaba mientras más barcos mercantes o militares estadounidenses llegaban a las costas japonesas.

Esos estadounidenses a veces ayudaron al shogunato a defenderse frente a la nobleza antishogunato. Esa clara alianza entre el nuevo mercante estadounidense y el shogun corrupto que impedía el buen gobierno del emperador, hizo que el apoyo popular se declinase ante la nobleza antishogunato. Ante esto el shogun se quedó sin fuerzas y en el año 1868 ocurrió de nuevo el sol poniente, el emperador había resurgido en Japón, tras siglos a la sombra de los shogunes, era la Restauración según unos, la Revolución según otros, Meiji. Este hito histórico marca el comienzo de la Edad Contemporánea en Japón, increíblemente, con el emperador Japón se europeizó más que nunca, quedando en duda aquel principio de defensa que sostuvo durante su época antishogunato, de proteger todo lo japonés, el emperador la figura más nacionalista de Japón de aquel momento, atacó con rabia todo lo relacionado con el shogunato, atacó su historia, la propia Historia de Japón, y con ello atacó la cultura japonesa, aquella que tanto decía defender. Díganme descartando el estilo del dibujo, ¿qué ven típico japonés en la imagen?. Una pista, a imagen ilustra el Ejército Japonés en la época Meiji. Ya hablaremos en profundidad de esa época, son muy interesantes sus contrariedades.






martes, 31 de marzo de 2020

La trágica saga de la dinastía Gandhi

La historia y destino del subcontinente indio, sobretodo de la colosal India, están marcados por una
Feroze Gandhi
dinastía política, los Gandhi, que abarcó de forma intermitente el poder en la India durante la segunda mitad del Siglo XX. Hemos de decir que la dinastía Gandhi, no es descendiente del héroe nacional indio Mahatma Gandhi, sino de Jawaharlal Nehru, otro padre de la independencia india y amigo íntimo de Mahatma Gandhi. El apellido Gandhi, que titula a esta dinastía casi monárquica, se debe al marido de Indira, hija de Nehru, el periodista Feroze Gandhi.

Esta dinastía, por tanto, ha sido, la arquitecta de la democracia constitucional India, secular y con un sistema económico de corte socialdemócrata, con una política exterior basada en la neutralidad durante la Guerra Fría, aunque con tendencia más hacia la comunista Unión Soviética debido a su carácter asiático más que al capitalista y occidentalista Estados Unidos.

Nehru
El primero de la dinastía, sería el héroe nacionalista indio, Jawaharlal Nehru. Nehru como líder nacionalista indio en tiempos de control británico, sufrió la represión política, la cual no podía acabar con su ilusión y esfuerzo por ver una India independiente. Nehru era un brahmán indio, es decir, dentro del sistema de castas indio, pertenecía a la casta sacerdotal, en definitiva, era un noble de Cachemira. Como muchos líderes anticolonialistas, Nehru se formó en tierras de la metrópoli, es decir en Inglaterra, donde aprendió bien la ideología y mecanismos de poder occidentales.  Mahatma Gandhi, Nehru participó en la Campaña de Resistencia Pacífica propuesta por Gandhi. Tras el asesinato de Gandhi, Nehru se pondrá a la cabeza del Partido del Congreso Indio, siendo el primer presidente de la India independiente, teniendo que lidiar con los problemas que supuso el enfrentamiento con la Liga Musulmana de Jinnah y la creación del Estado de Pakistán, dividiendo así el subcontinente indio y dejando de esta forma los ingleses una herida constante en los dos países independientes.

Nehru, fue uno de los fundadores del Movimiento de Países No Alineados, aunque estudiando su política económica así como su pensamiento, Nehru tendía más a la Unión Soviética que a Estados Unidos.  Su gobierno duró desde 1947 con la independencia de la India hasta su muerte en 1964.

La siguiente en la Dinastía Gandhi, era, pese a los perjuicios que suoponía nacer mujer en la India,
Indira Gandhi
Indira Gandhi, la hija de Nehru que al igual que su padre recibió una educación occidental, ella será la que realmente funde la dinastía casándose con el periodista Feroe Gandhi. Indira seguirá la política de su padre pero con más mano de hierro, además ella será la que aupará a su familia como dinastía política en el país indio debido a la patrimonialización e importancia que le daba a su familia, Indira quería que sus descendientes siguiesen su tradición política.

Indira desde niña, vio cómo a su padre lo encarcelaban, y más tarde bajo la sombra de Nehru se curtió en podio político. En 1964, tras fallecer su padre, Shastri, fue nombrado primer ministro de la India mientras Indira se convirtió en ministra de Información y Radiodifusión, pero la muerte de Shastri en 1966 hizo a Indira primera ministra de la India. Durante su gobierno, siguió la política de su padre y se destaca el apoyo a Bangladesh en su independencia respecto a Pakistán. Pero en 1975 declaró al país en estado de emergencia, censuró las críticas en los medios, suspendió el derecho a la defensa en cortes de justicia en el país, ordenó la esterilización obligatoria y gobernó por decreto hasta 1977, momento en el que llamó a nuevas elecciones, las cuales perdió en contra del Partido Popular Indio. En estos momentos en los que Indira estuvo en la oposición, se la acusó de corrupción y de intentar encarcelar a sus opositores, parecía que Indira no estaba atravesando su mejor momento.

Sanjay Gandhi
Con esta mala experiencia presente, Indira vuelve como primera ministra de la India tras las elecciones de 1980, durante este segundo mandato. En estas fechas, Indira estaba preparando a su hijo, Sanjay Gandhi, que parecía escandalizar a la India debido a una vida demasiado convulsa. La tragedia vino a la familia, Sanjay, murió en un accidente de avión en 1980. Indira se centró mucho en la patrimonialización de sus hijos como sucesores, no olvidemos que desde los 50´s fue viuda e hizo de cabeza de familia. Como bien comenta Pablo Díez en su artículo, la viuda de Sanjay, Maneka, y su hijo, por tanto, nieto de Indira, Varun, "acabaron tan mal con Indira Gandhi que terminaron militando en las filas del partido opositor, el BJP (Bharatiya Janata)". Este era un partido extremadamente religioso, siendo aún más extremista Varun, el nieto de Indira. Parecía que la muerte de Sanjay hizo que el Congreso Nacional de la India no iba a ser el lazo de unión de los Gandhi.


Maneka y Varun Gandhi
Indira, furiosa con el mal karma y afectada emocionalmente por la muerte de su favorito a sucederle, se centró en la represión de los intentos secesionistas por parte del nacionalismo sij en el Punjab. Los sij eran fervientes religiosos que querían separarse de la laica India. Ello no cuadraba con el pensamiento de Indira que tuvo la mala decisión de ordenar la ejecución de la Operación Estrella Azul que consistió en una masacre de cientos de civiles sij en Harimandir Sahib, un templo sagrado, por parte del Ejército de la India. Esta masacre puso como enemigos de Indira a los sij, pero en el resto de India, pareció popular la medida al ser reelegida en las elecciones de 1984. Tres meses después mientras Indira daba un paseo, su propia guardia personal, compuesta por sijs, la asesinó.

Rajiv Gandhi
A la muerte de Indira en 1984, su hijo Rajiv Gandhi, accedió como Primer Ministro del país, siendo el primer ministro más joven indio. Rajiv, se había mantenido al margen de la vida política, era piloto, pero la muerte de su hermano y la presión de su madre hicieron que Rajiv se metiera en la tradición familiar, la política india. Rajiv, como su abuelo y madre, fue educado en un ambiente occidental, estudió en Cambridge, donde conocería a su mujer, Sonia, Sonia Gandhi, una mujer italiana. Rajiv transmitía una imagen de innovación, juventud y modernidad, su mujer, italiana, no usaba velo, algo que curiosamente fue bien asimilado ante el público indio. Además comenzó a modernizar el país, comenzó a implantar el liberalismo de forma más fuerte que sus antepasados y daba la imagen de un gobierno sin corrupción, pero marcó su destino al enviar tropas a Sri Lanka para ayudar al gobierno cingalés a luchar contra los Tigres Tamil. Esta decisión se debió a causa de que Rajiv temía que si los tamiles se independizaban en Sri Lanka, ello haría un efecto dominó en la región sur, Tamil Nadu, habitada por tamiles. A raiz de esta decisión, a Rajiv parecía irle todo mal, esta entrada de tropas indias, abrió una guerra con los Tigres Tamil, además, su imagen de incorruptibilidad estalló a raíz del caso Bofors, llevándolo a perder las elecciones en 1989. Durante la campaña electoral de 1991, en pleno mitin, una militante suicida de los Tigres Tamil, asesinó a Rajiv.

Sonia y Rahul Gandhi
Su viuda, la italiana Sonia Gandhi, comenzó a defender los escritos e ideas de los Gandhi, llegando a
tener tan buena imagen pública que el Partido del Congreso Indio, pidió que lo liderase, a lo que Sonia accedió en 1998. A partir de ahí y para competir con sus tradicionales cuñada y sobrino, Sonia cambió las minifaldas y comenzó a llevar el "sari", a hablar hindi, todo para ganarse la confianza del electorado. Su hijo, Rahul Gandhi, actualmente es el presidente del Partido del Congreso Indio. Rahul sigue la tradición educativa tanto de su bisabuelo Nehru como de su abuela Indira, se educó en Occidente.

Como vemos, los Gandhi, una dinastía política que han influido en los destinos de la colosal India, pero que tienen que pagar un precio, la tragedia.

BIBLIOGRAFÍA:
-AA.VV. The Cambridge History of Souteast Asia. Volume two. Cambridge University Press. 2008
-Metcalf, Daly. Historia de la India. Ediciones AKAL, 2003.
-Rawding, F.W. La rebelión de la India en 1857. Ediciones AKAL, 1991.
-Smith, V.A. The Oxford History of India, Oxford UP, 1994.
https://www.abc.es/internacional/abci-nehru-gandhi-kennedy-india-200904190300-92262930992_noticia.html