LAS SOMBRAS DE LA MASACRE DE LA FAMILIA REAL NEPALÍ. NEPAL (2001)
Cómo el asesinato del Rey Birendra y su familia pudo no ser un crimen por amor, sino una ejecución táctica encubierta para liquidar el pacifismo del monarca, aniquilar el giro diplomático hacia China y entregar las llaves del Himalaya al Pentágono.
LOS 15 MINUTOS QUE ELIMINARON UNA MONARQUÍA, 1 DE JUNIO DE 2001
La versión oficial despacha el evento como un simple "arrebato de locura" provocado por el rechazo de la Reina a la novia elegida por el príncipe.
Viernes, 1 de junio de 2001. Palacio de Narayanhiti, Katmandú. La familia real hindú celebra su cena mensual privada en la sala de billar del edificio Tribhuvan Sadan. Alrededor de las 20:00, el Príncipe Heredero Dipendra, tras beber whisky Famous Grouse compulsivamente y fumar hachís (supuestamente mezclado con una sustancia negra no identificada), finge estar tan ebrio que se desploma. Su hermano Nirajan y su primo Paras (el hijo de Gyanendra) lo llevan en volandas a su dormitorio.
A solas en su cuarto, la supuesta "ebriedad paralizante" desaparece de golpe. Dipendra realiza tres llamadas a su amante india, Devyani Rana. Al colgar, ejecuta una metamorfosis fría y metódica. Se viste con un uniforme de combate de camuflaje militar, guantes y botas tácticas. Se cuelga al cuerpo un arsenal que requiere preparación logística previa: un fusil de asalto M16A2 (calibre 5.56 OTAN), un subfusil Heckler & Koch MP5K (calibre 9mm), una escopeta de combate Franchi SPAS-12 y una pistola Glock 19.
A las 21:04, Dipendra desciende las escaleras. Pasa por delante de sus escoltas sin que nadie dé la voz de alarma y entra en la sala de billar. No hay gritos, ni lloros, ni quejas de amor. Levanta el subfusil MP5K, dispara una ráfaga de advertencia al techo y, con frialdad mecánica, apunta a su padre, el Rey Birendra. Le dispara a quemarropa en el cuello y el estómago. El Rey cae fulminantemente al suelo.
Dipendra sale de la sala al pasillo, desecha el subfusil encasquillado, empuña el letal y pesado M16A2 y regresa. Su tío, el príncipe Dhirendra, intenta detenerlo saltando sobre él gritando "¡Basta, ya has hecho suficiente daño!". Dipendra le dispara a bocajarro en el pecho. A partir de ahí, ejecuta un barrido táctico sistemático, acribillando la sala con ráfagas letales. Asesina a sus tías (las princesas Shanti y Sharada) y a su cuñado (Kumar Khadga). Cuando su propia hermana, la princesa Shruti, corre a abrazar el cuerpo ensangrentado de su padre, Dipendra le dispara por la espalda. Curiosamente, su primo Paras, el príncipe más odiado del país, que está en el centro de la matanza, sale caminando de la sala de billar sin un solo rasguño, alegando milagrosamente haber escondido a algunas mujeres detrás de un sofá.
La cacería sale a la oscuridad de los jardines. Su madre, la Reina Aishwarya, y su hermano menor, Nirajan, intentan huir hacia un templo interior. En las escaleras exteriores, Dipendra los alcanza, se gira y ejecuta a su hermano Nirajan por la espalda. La Reina se detiene y lo confronta gritando, Dipendra levanta el M16A2 y le dispara directamente en el rostro, destrozándole la cabeza hasta el punto de dejarla irreconocible (su cara tuvo que ser reconstruida con una máscara de porcelana para el funeral).
Finalmente, a las 21:15, tras acribillar a 9 miembros de su familia y herir a otros 5, Dipendra camina hacia un pequeño puente sobre un arroyo del jardín. Allí suena un último disparo. Es encontrado agonizando con una herida de bala en la cabeza. La anomalía forense quedó registrada: Dipendra era diestro cerrado, pero la trayectoria de la bala suicida entró por su sien izquierda.
Durante esos eternos 15 minutos de fuego de infantería ininterrumpido en el corazón del palacio más vigilado del país, ni un solo comando de la Guardia Real de élite, ni un solo francotirador, ni un solo oficial forzó la puerta para abatirlo o proteger al monarca. El asesino tuvo el tiempo, el silencio y la impunidad de un escuadrón de asalto trabajando en zona despejada.
EL MOVIL GEOPOLÍTICO. BIRENDRA, EL REY PACIFISTA
Para entender por qué se produce un "apagón de seguridad" de 15 minutos, hay que cuestionarse, ¿Quién se beneficia? La pregunta no es por quién lloraba supuestamente el príncipe en su cuarto, sino a quién le resultaba inmensamente rentable que el Rey Birendra fuera un cadáver.
Birendra había cometido un pecado capital, el pacifismo. Desde 1996, Nepal sufría una feroz insurrección rural maoísta. Birendra se negaba en rotundo a desplegar a los 90.000 soldados del Real Ejército Nepalés (RNA) para aplastar a la guerrilla. El rey argumentaba que era un conflicto político interno y que el ejército no debía masacrar a sus propios ciudadanos. Esta testarudez del rey había enfurecido a tres titanes:
La facción reaccionaria de palacio, liderada por el hermano del rey, Gyanendra, un oligarca implacable dueño de monopolios de té, tabaco, hoteles de lujo y casinos. La guerra arruinaba sus negocios agrarios, y Gyanendra exigía bañar el país en sangre para asegurar sus márgenes de beneficio.
La India y su inteligencia exterior (el RAW). Nueva Delhi estaba aterrorizada porque los maoístas nepaleses estaban conectando con los letales guerrilleros comunistas (naxalitas) dentro de la India. El RAW indio exigía una respuesta militar.
La CIA y el Pentágono. Washington veía la insurrección en la frontera del Tíbet como un dominó estratégico inaceptable. Para colmo, Birendra estaba cometiendo algo peligroso, su política exterior estaba pivoteando en secreto hacia Pekín para comprar artillería antiaérea china y reducir su asfixiante dependencia de la India. Birendra era un obstáculo diplomático que bloqueaba la guerra. Salía rentable que fuera eliminado.
LA CASUALIDAD DINÁSTICA
Si la inacción de la guardia de seguridad de palacio durante la masacre es sospechosa, la "selección" de las víctimas lo fue aún más.
Toda la línea dinástica de sucesión pacifista fue borrada. En cambio, el hermano reaccionario del rey, Gyanendra, estaba "casualmente" de viaje fuera de la ciudad, en Pokhara. Su hijo Paras, como vimos en la masacre, sobrevivió milagrosamente en el epicentro de las balas. La "locura de amor" del tirador operó matando a todos los pacifistas y salvando ilesos a los reaccionarios, entregando la corona intacta a la rama militarista de la familia.
LA EXTRACCIÓN DE LA NOVIA DE DIPENDRA Y LA DEMOLICIÓN DEL PALACIO
Si el regicidio fue una operación tolerada, inducida o patrocinada por agencias extranjeras, no se puede confirmar, pero los movimientos de las 48 horas posteriores podrían parecer encubrimiento institucional perfecto.
Devyani Rana, la detonante pasional del crimen, no era una inocente plebeya. Pertenecía a la altísima aristocracia india (la dinastía Scindia) y su familia estaba profundamente conectada con el establishment de inteligencia de Nueva Delhi. Inmediatamente después de los disparos, antes de que la policía nepalesa pudiera interrogarla sobre su última llamada con el asesino, agentes secretos indios evacuaron a Devyani en un avión privado hacia Nueva Delhi bajo máxima protección. La pieza clave del detonante psicológico del regicidio fue extraditada por una potencia extranjera, la India, para silenciarla.
Si la situación se enrarece, apenas asumió el trono manchado de sangre, la primera orden del nuevo Rey Gyanendra fue una atrocidad forense inaudita: derruir por completo el edificio Tribhuvan Sadan (la sala de billar y los jardines de la masacre). Las paredes llenas de agujeros de bala, las trayectorias cruzadas, la sangre y el ADN fueron reducidos a escombros con excavadoras. El nuevo monarca destruyó la escena del crimen antes de que pudiera realizarse una auditoría forense internacional.
LA CAPITALIZACIÓN DEL CADÁVER
La masacre fue un "golpe de suerte" geopolíticamente perfecto. El monarca pacifista había sido exterminado y en el trono se sentaba ahora Gyanendra. Este hizo exactamente lo que Washington, Nueva Delhi y sus propios generales llevaban años suplicando: sacó al Real Ejército Nepalés de los cuarteles, declaró el Estado de Emergencia y lanzó una guerra contrainsurgente a gran escala.
Nadie en la "Comunidad Internacional" exigió sanciones o investigaciones en la ONU por la opacidad del magnicidio y la demolición de la escena del crimen, al revés, la premiaron. Acorazados por el inminente clima global de la "Guerra contra el Terror" (que estallaría tres meses después el 11-S), la recompensa extranjera a Gyanendra fue masiva.
El Secretario de Estado de EE. UU., Colin Powell, aterrizó en Katmandú para legitimar públicamente al nuevo rey. Washington inyectó miles de fusiles M-16 (irónicamente, el mismo modelo que masacró a la realeza), millones de dólares directamente a las arcas del régimen y asesores de Boinas Verdes , mientras la India abría sus arsenales y enviaba helicópteros de combate. El incipiente pivote de Birendra hacia China fue enterrado en el mismo ataúd de sándalo que su cadáver acribillado.
CONCLUSIONES, ¿UN CRIMEN SIN RESOLVER?
Reducir la masacre real de Nepal de 2001 a la historia de un príncipe demente y enamorado deja muchos interrogantes sin resolver.
Que un príncipe supuestamente incapacitado por el alcohol y las drogas ejecutara exactamente a la cúpula moderada de un Estado soberano, esquivando casualmente a los herederos militaristas en la misma habitación, desactivando mágicamente a una guardia real de élite durante 15 minutos de tiroteo, y colocando en el trono precisamente al único oligarca dispuesto a desatar la carnicería bélica que la CIA y el RAW indio llevaban un lustro exigiendo. Y que, para coronar su hazaña siendo diestro, se suicidara disparándose en la sien izquierda.
Si agentes encubiertos lavaron el cerebro a Dipendra y le suministraron la droga y las armas, o si simplemente el alto mando militar pactó el "apagón de seguridad" para dejar que la bomba humana estallara sola sin intervenir, el resultado material es el mismo, pero la respuesta seguirá sin saberse.
Este asesinato por motivos pasionales pudo ser el golpe de Estado perfecto, la ganzúa que le permitió al complejo militar-industrial estadounidense e indio entrar de lleno en la cordillera del Himalaya. Ejecutaron biológicamente al rey de la paz, coronaron al rey de la guerra, demolieron las pruebas con excavadoras y convirtieron a Nepal en una lucrativa sucursal paramilitar.
¿Qué llevó a la muerte a la familia real de Birendra, el amor de un príncipe o la fría geopolítica del Himalaya?


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