EL DUOPOLIO DE DIOS Y EL PETRÓLEO. Autopsia de la Guerra Fría Saudí-Iraní, lucha por la hegemonía regional.

 

Cómo Riad y Teherán privatizaron el islam para sobrevivir a 1979, por qué usan a Yemen y Siria como mataderos subcontratados, y el cinismo de la "paz" china frente a Gaza.

Antes de 1979, el cisma suní-chií era una simple diferencia litúrgica. De hecho, en la década de 1970, la monarquía de Arabia Saudí y el Imperio de Irán (bajo el Sha) eran los "Pilares Gemelos" regionales subcontratados por Estados Unidos para bombear petróleo y frenar a los soviéticos en la región. Se despreciaban en privado, pero negociaban en público. Esta dinámica se dinamitó con la Revolución Islámica de 1979.

CAPÍTULO I. El éxito de Jomeini y el pánico Saudí.

Cuando el Ayatolá Ruhollah Jomeini tomó el poder en Teherán en 1979, no instauró simplemente una teocracia chií, inauguró un nuevo modelo de Estado: La República Exportadora de Revoluciones Islámicas. Jomeini lanzó un pulso diplomático contra todas las monarquías del Golfo declarando que los reyes y emires árabes eran "títeres corruptos de Occidente" incompatibles con el verdadero islam. La recién creada Guardia Revolucionaria Iraní (IRGC) comenzó a emitir el mensaje de que las masas debían derrocar a sus amos.

En Riad, la inmensa y multimillonaria Casa de Saúd entró en pánico, su legitimidad dependía exclusivamente de ser los "Custodios de las Dos Mezquitas Santas" (La Meca y Medina). Si Jomeini les robaba el monopolio moral del islam, la familia real acabaría colgada de las farolas. Ese miedo Saudí se hizo realidad ese mismo año, cuando extremistas suníes asaltaron la Gran Mezquita de La Meca.

Para blindar su trono contra el movimiento revolucionario de Irán y sus propios radicales, la monarquía saudí ejecutó un contragolpe financiero inyectando miles de millones de petrodólares en actualizar y exportar su propio sistema operativo extremista, el Wahabismo. Riad financió decenas de miles de madrasas (escuelas coránicas) hiperconservadoras desde Pakistán hasta el norte de África. La Guerra Fría había comenzado, el islam fue secuestrado y convertido en el uniforme oficial de dos países enfrentados por su propia supervivencia.

CAPÍTULO II. El Choque de Modelos.

La guerra directa entre dos superpotencias petroleras, armadas con misiles, era un suicidio financiero. Si un misil iraní caía en Riad, o un caza saudí bombardeaba Teherán, sus refinerías arderían y sus regímenes colapsarían en semanas, el enfrentamiento directo supondría una destrucción mutua. Debido a esta situación, patentaron la estrategia de la guerra indirecta, utilizando la población de sus vecinos. En esta guerra, desarrollaron dos doctrinas radicalmente opuestas:

El Modelo Saudí. La doctrina saudí era mantener el statu quo. Riad, militarmente perezosa y dependiente del paraguas del Pentágono, creía que todo se solucionaba firmando cheques. Compraron las flotas de cazas F-15 y radares más caros de Occidente, pero sus tropas carecían de voluntad de combate. Su táctica era inyectar dinero a facciones políticas afines e intentar comprar la lealtad regional.

El Modelo Iraní. Irán, asfixiado por sanciones económicas y embargos de armas, no podía comprar tecnología occidental. Así que la letal Fuerza Quds (liderada por Qasem Soleimani) ejecutó una genialidad: la doctrina de la Defensa Avanzada. Buscaban milicias chiíes marginadas en países fallidos, les inyectaban capital, armamento barato (drones, cohetes) y disciplina. Irán aplastó el poder económico saudí, con poco dinero, lograron ejércitos suicidas dispuestos a morir por los intereses de Teherán a miles de kilómetros de distancia.

CAPÍTULO III. Las Zonas de Sacrificio.

A partir de la Primavera Árabe de 2011, el choque de estos dos modelos convirtió a cuatro naciones soberanas en el tablero de ajedrez geopolítico del Golfo:

LÍBANO. Irán fundó Hezbolá en los años 80. Hoy, Hezbolá no es una guerrilla, es un Estado dentro del Estado, con poder de veto sobre el gobierno libanés y decenas de miles de misiles apuntando a Israel para proteger a Teherán. Arabia Saudí intentó contrarrestarlo financiando a los políticos suníes en Beirut, pero el cheque saudí fue inútil frente a los sicarios y el poder de fuego iraní.

IRAK. Durante 1980-1988, Irán e Irak se desangraron (un millón de muertos) porque Saddam Hussein era el muro de contención suní financiado por Riad y Occidente. Pero en 2003, EE.UU. invadió Irak y destruyó el Estado. Washington le entregó el país a Irán en bandeja de plata. Teherán colonizó Bagdad mediante las Fuerzas de Movilización Popular (PMF, milicias chiíes), perdiendo Riad a su vecino del norte para siempre.

SIRIA. Cuando estalló la guerra civil, Riad inyectó armas a los rebeldes suníes para derrocar a Bashar al-Ásad y cortarle a Irán su "puente terrestre" logístico hacia Hezbolá. Teherán entró en pánico. Envió a Hezbolá, a mercenarios afganos y convenció a Rusia para que bombardeara a la oposición. Irán salvó a Ásad bañando el país en sangre dejando medio millón de sirios muertos para que la influencia iraní no disminuyera.

YEMEN. En 2015, el joven Príncipe Heredero saudí, Mohammed bin Salman (MBS), lanzó una guerra militar directa para aplastar a los rebeldes hutíes (zaydíes afines a Irán). Pensó que duraría semanas, pero fracasó. Irán logró beneficiarse de manera asombrosa: gastando calderilla en contrabando de piezas de drones a los hutíes, logró que estos bombardearan y destrozaran la infraestructura de la gigantesca petrolera estatal saudí (Aramco) en 2019

CAPÍTULO IV.  Pekín, la Paz Interesada (2023)

La historiografía diplomática aplaudió en marzo de 2023 cuando, bajo el asombro de Washington, Arabia Saudí e Irán firmaron en Pekín un acuerdo para restablecer relaciones diplomáticas mientras el mundo comentaba este milagro de la paz, una paz forzada por agotamiento económico. Ambos regímenes estaban agotados termodinámicamente:

Para MBS (Arabia Saudí). El príncipe entendió que no puede construir su faraónica Visión 2030 (su imperio de ciudades futuristas como NEOM para diversificar la economía) si los drones hutíes financiados por Irán caen sobre sus aeropuertos, espantando a los inversores de Wall Street. MBS necesitaba apagar el incendio en Yemen a cualquier precio.

Para Alí Jamenei (Irán). La República Islámica estaba asfixiada, las sanciones occidentales pulverizaron su moneda, y las protestas internas masivas (la revolución de las mujeres en 2022) amenazaban con derrocar al régimen. Teherán necesitaba un parón económico urgente y aislar a su oposición interna.

¿Y por qué China? Porque Pekín es el mayor comprador de petróleo de ambos. Xi Jinping actuó como el regulador del monopolio: "Dejad de bombardear vuestras refinerías y aseguraos de que mis petroleros crucen el Estrecho de Ormuz sin explotar, o dejaré de compraros crudo". La "paz" de 2023 fue simplemente un alto el fuego dictado por el mercado del crudo.

CAPÍTULO V.  El Matadero de Gaza (2023-2026)

Si alguien creía que la paz había llegado a Oriente Medio, la guerra de Gaza a partir de octubre de 2023 (y la posterior aniquilación de la cúpula de Hezbolá en el Líbano por Israel) obligó a ambos colosos regionales a mostrar sus verdaderas cartas. Irán ejecutó la "Extorsión Controlada". Activó a toda su red de aliados o subcontratados. Los hutíes de Yemen paralizaron el comercio mundial en el Mar Rojo, Hezbolá atrajo el fuego masivo sobre Beirut, las milicias iraquíes atacaron bases de EE.UU. ¿Pero Irán? Irán calculó cada respuesta (incluso sus bombardeos coreografiados con misiles balísticos) para evitar una guerra total y directa con Estados Unidos e Israel que pudiera derrocar al régimen clerical en Teherán. La cúpula iraní demostró que está dispuesta a luchar hasta el último libanés, palestino o yemení, pero jamás arriesgaría su propio trono. El "Eje de la Resistencia" es, en realidad, el "Eje del Sacrificio de los Demás".

Arabia Saudí, en cambio, ejecutó el "Silencio de los Corderos". MBS emitió duros comunicados de condena oficial contra Israel (el marketing mínimo exigible para calmar la "calle árabe"). Pero en privado, en los despachos de inteligencia de este 2026, esperó pacientemente a que Israel exterminara a la cúpula militar de Hamás y atacase a Hezbolá. Para Riad, que el ejército israelí destruya gratis a los aliados armados de Irán es un regalo. MBS ignora la tragedia humana palestina mientras negocia un pacto de defensa mutua con Estados Unidos, a la espera de que la sangre de Gaza se seque para retomar su acuerdo de "normalización" comercial con Tel Aviv.

CONCLUSIONES. La Guerra Fría en Oriente Próximo.

Gracias a la amenaza del "enemigo hereje", la Casa de Saúd justificó ante su pueblo el despilfarro multimillonario en armas, silenció cualquier intento de reforma democrática y se mantuvo en el trono saudí. Gracias al tema del "imperialismo suní-sionista", la Guardia Revolucionaria Iraní ha extorsionado a su propia población, asesinado a la disidencia en Teherán y conservado el monopolio de la economía paralela.

En el proceso, destruyeron cuatro Estados soberanos (Siria, Yemen, Líbano e Irak) y sacrificaron a millones de hombres, mujeres y niños árabes que sirvieron como carne de cañón barata en su tablero de monopolio logístico.

La amarga ironía del siglo XXI es que, al final, ninguno de los dos ganó el control total. Se desangraron mutuamente durante cuatro décadas para que, al final, el Partido Comunista Chino —un Estado oficialmente ateo a 6.000 kilómetros de distancia— entrara en la región y se quedara con el petróleo.

BIBLIOGRAFÍA

Álvarez-Ossorio, I., & Gutiérrez de Terán, I. (2017). La lucha por la hegemonía en Oriente Medio: Siria, Irán y Arabia Saudí. Editorial Síntesis.

Segura, A. (2014). Geopolítica del mundo islámico. Alianza Editorial.

Zaccara, L. (2019). La política exterior de Irán: Objetivos, determinantes y mecanismos de ejecución. Ediciones Universidad de Salamanca.

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