NURSULTAN NAZARBAYEV O LA PATRIMONIALIZACIÓN DE UN PAÍS. KAZAJISTÁN (1991-2022)
Nursultan Nazarbayev o cómo el último burócrata soviético kazajo canjeó bombas atómicas por petrodólares, privatizó un país del tamaño de Europa Occidental para su propia familia y diseñó una sucesión que terminó en una guerra civil.
INTRODUCCIÓN
La historia, redactada por agencias en Washington y Londres, venera a Nursultán Nazarbáyev como el visionario que luchó por la independencia y construyó una nación moderna desde las cenizas de la URSS. La Realpolitik destruye este cuento de hadas.
Nazarbáyev jamás fue un disidente ni un nacionalista romántico. Fue, ante todo, el producto más perfecto de la nomenclatura comunista. Forjado en los altos hornos metalúrgicos de Karaganda, ascendió hasta ser el jefe del Partido Comunista kazajo. Él detestaba la idea de que la URSS colapsara, de hecho, Kazajistán fue la última república en declarar su independencia de la URSS, en diciembre de 1991, días después de la propia Rusia. Nazarbáyev no conquistó la soberanía, simplemente se encontró, por accidente, con las llaves de un imperio en ruinas.
Aplicando una fría inteligencia de Estado, comprendió que la ideología marxista estaba muerta, pero el subsuelo kazajo estaba intacto. Tenía bajo sus pies el 3% de las reservas mundiales de petróleo, el 40% del uranio global y una tabla periódica entera de metales inexplorados. Su misión no fue fundar una república democrática, fue crear una estructura diseñada exclusivamente para extraer esos recursos, venderlos al mercado global y concentrar la renta en su camarilla, utilizando las nuevas fronteras nacionales como el perímetro de seguridad de su empresa privada.
El mundo miraba a Nursultán Nazarbáyev y veía a un caudillo postsoviético más. Error. Nazarbáyev no gobernó con el terror paranoico de Pionyang, fue el arquitecto del autoritarismo perfecto. Descubrió el Santo Grial de las dictaduras modernas, anestesió a su población ahogándola en petrodólares y fondos soberanos. Diseñó un Estado donde las elecciones son un trámite irrelevante porque Nursultan ya tenía compradas todas las lealtades antes de abrir las urnas.
EL CHANTAJE ATÓMICO: VENDER ARSENAL NUCLEAR A CAMBIO DE IMPUNIDAD
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| Semipalatinsk |
Nazarbáyev no entregó los misiles por amor a la paz mundial, los entregó porque no tenía los códigos de lanzamiento (controlados celosamente por Moscú) y su naciente Estado no podía costear su mantenimiento. Eran chatarra radiactiva inútil para él, pero los usó como rehenes para extorsionar a Estados Unidos.
Ofreció a Washington el desarme a cambio de tres concesiones irrenunciables: inversiones masivas de corporaciones petroleras (como Chevron y ExxonMobil), reconocimiento diplomático absoluto que impidiera que Rusia se anexionara el norte del país, y —lo más importante— que Occidente hiciera la vista gorda ante su dictadura. La tan aplaudida política exterior "multivectorial" (balancear a Rusia, China y EE. UU.) no era alta diplomacia, era asegurar el régimen. Al convertir a las tres superpotencias en accionistas de su régimen, se aseguró de que nadie se atreviera a derrocarlo para no alterar el flujo de hidrocarburos.
ASTANA COMO INGENIERÍA DEMOGRÁFICA
En 1997, Nazarbáyev ejecutó una de las obras más megalómanas del siglo XX: trasladar la capital desde la cálida, histórica y cosmopolita Almaty (en el extremo sur) a la remota Aqmola (hoy Astana), en las estepas del norte, donde las temperaturas caen a -40ºC.
La historia lo justifica como "desarrollo territorial", pero hay más motivos detrás, la supervivencia étnica y el lavado de capitales. En los años 90, el inmenso norte de Kazajistán estaba poblado abrumadoramente por rusos étnicos. Nazarbáyev vivía aterrorizado por la posibilidad de que el Kremlin fomentara un movimiento separatista (un temor premonitorio exacto de lo que Putin haría en Crimea y el Donbás). Al trasladar la capital allí, inundó la región de burócratas, militares y policías leales de etnia kazaja. Fue un acto de cirugía demográfica para diluir a la minoría eslava e inyectar al Estado kazajo en un foco de posible separatismo prorruso.
Almaty era una ciudad viva, con focos de disidencia y propensa a las huelgas. Astana, en cambio, se diseñó como una fortaleza de cristal financiada por el crudo para aislar a la corte de su propio pueblo. Además, construir una metrópoli faraónica desde cero costó miles de millones de petrodólares, adjudicados a dedo a conglomerados de construcción controlados por testaferros del régimen. Fue la mayor lavado de dinero negro de Asia Central.
EL KAGANATO, LA JUNTA DIRECTIVA DE KAZAJISTÁN
Para 1995, Nazarbáyev ya había disuelto el parlamento rebelde, reescrito la Constitución y blindado sus poderes absolutos. A partir de ahí, fusionó el Estado con su árbol genealógico. Nazarbáyev no gobernó, delegó parcelas del PIB kazajo a sus yernos e hijas.
El clan presidencial monopolizó la nación: su yerno Timur Kulibayev controló el sector energético y bancario, amasando fortunas astronómicas. Su hija mayor, Dariga Nazarbayeva, estructuró un imperio mediático para lobotomizar al país. Familiares y oligarcas vaciaron el país a través del inmenso fondo soberano Samruk-Kazyna.
Mientras la OSCE emitía informes tibios lamentando la "falta de competencia electoral", la City de Londres y los bancos suizos operaban como el departamento de contabilidad del régimen, lavando miles de millones desviados del petróleo para que la élite kazaja comprara mansiones en Baker Street, castillos europeos y yates en el Mediterráneo. Occidente criticaba al dictador en público mientras le guardaba el botín en privado.
SANGRE POR PETRÓLEO, LA MASACRE DE ZHANAOZEN (2011)
El espejismo de la "estabilidad próspera" estalló en pedazos cuando chocó con la realidad material de la clase obrera. El contrato del régimen prometía riqueza a cambio de sumisión total. Pero en 2011, los trabajadores petroleros de Zhanaozen (en el empobrecido y árido oeste del país, de donde sale la riqueza que financia Astana) llevaban meses en huelga exigiendo un salario digno.
Para el régimen de Nazarbayeb, que la masa obrera exijiera una parte de los dividendos, era un acto de terrorismo que amenazaba la confianza de los inversores. El 16 de diciembre de 2011, Nazarbáyev ordenó solucionar el problema de raíz. La policía antidisturbios abrió fuego con munición letal y rifles de asalto contra los obreros desarmados que huían por la plaza. Oficialmente hubo 14 muertos; las organizaciones clandestinas documentan decenas.
Lo que siguió fue un terrorismo de Estado documentado por Human Rights Watch. Sobrevivientes y líderes sindicales como Maksat Dosmagambetov fueron arrastrados a los sótanos y torturados metódicamente, y otros como Bazarbai Kenzhebaev murieron a causa de las brutales palizas bajo custodia policial. En Zhanaozen el Estado masacró a su propio pueblo para mandar un mensaje a las multinacionales extranjeras: nuestras cuotas de extracción son sagradas; ningún sindicato detendrá el flujo de vuestro crudo. Dando así confianza a los inversores internacionales en la economía kazaja.
LA EMBOSCADA SUCESORIA Y EL ENERO SANGRIENTO (2019-2022)

Obsesionado con su legado, Nazarbáyev escenificó su abdicación el 19 de marzo de 2019. Nombró presidente al dócil, gris y leal exdiplomático Kassym-Jomart Tokáyev (quien, como prueba de sumisión, rebautizó Astana como "Nur-Sultan" su primer día en el cargo).
Nazarbáyev operó una transición trampa. Se atrincheró, mantuvo el título vitalicio de Elbasy (Líder de la Nación), la jefatura del partido único y la presidencia vitalicia del poderoso Consejo de Seguridad. Quería la gloria internacional del retiro sin soltar ejército y las arcas del estado. Tokáyev era un simple gerente, Nazarbáyev seguía siendo el dueño, pero esta bicefalia podía desembocar en conflicto
En enero de 2022 (Qandy Qantar o el "Enero Sangriento"), una protesta por el precio del gas mutó rápidamente en una rebelión nacional al grito de "¡Shal, ket!" (¡Viejo, fuera!). Bajo el clamor callejero legítimo, se ejecutó un golpe de Estado interno. La cúpula de seguridad leal a Nazarbáyev, liderada por el todopoderoso jefe del espionaje Karim Massimov, ordenó a la policía retirarse de Almaty. Permitieron deliberadamente que el caos, los matones y los saqueadores incendiaran la ciudad para forzar la caída del débil Tokáyev y devolver el control total y visible a la familia Nazarbáyev.
Pero el "dócil" diplomático Tokáyev demostró ser un político más maquiavélico, ejecutando un contragolpe. Dio la orden a sus tropas de "disparar a matar sin previo aviso" (dejando oficialmente 238 muertos en las calles y más de 10.000 detenidos). Para asegurar su trono, Tokáyev, cometió la máxima humillación de la independencia kazaja, llamó a los paracaidistas rusos de la OTSC (enviados por Vladímir Putin) para que blindaran el país y le permitieran aplastar a los leales a Nazarbáyev. Arrestó a Massimov por alta traición y despojó al clan Nazarbáyev de todos sus monopolios empresariales y cargos estatales.
LA SOMBRA DE NAZARBAYEB Y LA TIRANÍA HEREDADA
En un ritual de purga estalinista moderna, el Parlamento le ha arrancado su título de Elbasy y su inmunidad legal. La capital ha vuelto a llamarse Astana para borrar su nombre, y (como reportó Reuters recientemente) el actual gobierno kazajo ya litiga ante tribunales de arbitraje internacional contra las superpetroleras, denunciando formalmente que la era de su mentor fue un sumidero de sobornos masivos y cleptocracia.
Pero la farsa diplomática continúa. Tokáyev destruyó al hombre, pero no ha tocado el régimen. El "Nuevo Kazajistán" sigue siendo estructuralmente el mismo régimen. Los cientos de expedientes compilados por la abogada de derechos humanos Tatiana Chernobil documentan que los detenidos del Enero Sangriento de 2022 sufrieron exactamente las mismas torturas sistemáticas que los huelguistas de Zhanaozen en 2011, y sus casos han sido archivados por "falta de pruebas". La maquinaria de impunidad sigue intacta.
Tokáyev, que ha convocado un nuevo referéndum constitucional para este mismo 15 de marzo de 2026 (diseñado exclusivamente para consolidar su poder absoluto pos-Nazarbáyev), gobierna con el mismo hiperpresidencialismo asfixiante que diseñó su predecesor. Freedom House sigue clasificando al país como "no libre".
CONCLUSIONES
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| Tokayev jurando el cargo. |
El balance histórico de Nursultán Nazarbáyev no es un debate sobre claroscuros democráticos. Fue el arquitecto indispensable del Kazajistán moderno, sí. Logró que un mapa artificial dibujado por Stalin sobreviviera en la jungla de la globalización anclándose en la no proliferación nuclear y extorsionando pacíficamente al Kremlin, a Pekín y a Washington.
Pero su legado imperdonable fue vaciar las instituciones para convertirlas en un fideicomiso familiar. La lección asiática es implacable, los grandes constructores personalistas pueden estabilizar fronteras, atraer capital petrolero y construir metrópolis de cristal, pero si confunden el Tesoro Nacional con su cuenta corriente y exterminan el pluralismo, garantizan que su sucesión no sea una transición política, sino una guerra de facciones fratricida.
Nazarbáyev sobrevivió al colapso de la Unión Soviética y vendió su chatarra nuclear a precio de oro, pero hoy asiste a su propio funeral en vida. El "Nazarbayevismo" ha logrado el objetivo supremo de las tiranías, sobrevivir a su propio creador. La dictadura que hoy rige el país utiliza exactamente las mismas tácticas represivas que él inventó, aplicadas ahora por sus propios alumnos, quienes borran lentamente su nombre de los libros de historia.
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