El Imperio de J.D. Rockefeller en Asia

 

J. D. Rockefeller

Cómo la Standard Oil influyó en la política exterior de Washington, ejecutó el bloqueo petrolífero que detonó Pearl Harbor, y por qué el Imperio Japonés convirtió a su población en munición .

Para entender por qué Japón decidió suicidarse atacando a Estados Unidos, un gigante industrial diez veces más grande en 1941, primero tenemos que entender quién era el dueño real del Océano Pacífico a principios del siglo XX. El Estado estadounidense no operaba en Asia para promover la democracia, operaba como el brazo armado de sus propios monopolios.

CAPÍTULO I. Queroseno para las Lámparas de China.

Desde finales del siglo XIX, el diseño de la política exterior de Washington en Asia tenía una estrategia: la doctrina de las "Puertas Abiertas". La diplomacia decía que ningún país imperial podía colonizar o monopolizar el inmenso mercado chino, debía estar "abierto" a todos. China era el mercado exclusivo de los oligarcas estadounidenses, gracias a la Standard Oil de John Davison Rockefeller.

Rockefeller ejecutó una de las campañas de marketing más brillantes de la historia asiática. Su filial vendió a un precio casi regalado, o regaló directamente, millones de pequeñas lámparas de queroseno de hojalata a los campesinos chinos (las famosas "Mei-Foo"). El truco comercial era la adicción, esas lámparas estaban diseñadas para funcionar de manera óptima solo con el queroseno refinado que importaba la Standard Oil. Rockefeller logró que cientos de millones de chinos se volvieran dependientes de sus pozos petroleros para iluminar la noche. El lema en las juntas de accionistas era: "Petróleo para las lámparas de China".

El Cártel Rockefeller, el Chase Bank y el establishment de Washington tejieron una red donde cualquier amenaza a su cuota de mercado en Asia era tratada como una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos. El Departamento de Estado operaba, en la práctica, como la agencia de seguridad privada de Wall Street.

CAPÍTULO II. Los Rockefeller y el Imperio Japonés.


Mientras el monopolio estadounidense reinaba, el archipiélago japonés protagonizaba un milagro económico, industrializándose a gran velocidad y construyendo la mayor flota de Asia, pero tenía un problema, padecía de carencia de recursos, su industrialización necesitaba de importaciones. No tenía hierro, no tenía caucho y, lo peor, tenía que importar el 80% de su petróleo desde los Estados Unidos.

En la década de 1930, los inmensos conglomerados corporativos japoneses (los Zaibatsu como Mitsubishi o Mitsui) se fusionaron con el Ejército Imperial. Japón invadió China en 1937 para crear su propia red de extracción exclusiva: la "Esfera de Coprosperidad de la Gran Asia Oriental".

Para Rockefeller y la Casa Blanca de Franklin D. Roosevelt, esto era inaceptable. Japón no solo estaba masacrando a civiles chinos, Japón estaba cerrando la "Puerta Abierta", expulsando a las corporaciones estadounidenses y amenazando con expandirse hacia el sur, hacia las inmensas reservas petroleras de las Indias Orientales Neerlandesas (hoy Indonesia). El choque de intereses del Imperio Rockefeller y el japonés era inevitable.

CAPÍTULO III. La Asfixia energética al Imperio Japonés (1941)

En julio de 1941, Roosevelt ejecutó la asfixia financiera más letal de la historia: dictó el Embargo Total de Petróleo y de hierro contra Japón, congelando además todos sus activos en bancos estadounidenses. La diplomacia lo llamó "sanciones por la agresión militar" con la intención de provocar la quiebra del Imperio Japonés.

El Alto Mando en Tokio observando como  los medidores de reserva nacional iban bajando hasta agotarse, entró en pánico. El cálculo era aterrador: sin el petróleo de Texas y California, la Flota Imperial y la maquinaria industrial japonesa se quedarían completamente paralizadas en 12 meses. Sin petróleo, Japón dejaría de ser una superpotencia y volvería a la Edad Media, Japón entraba así en una contrarreloj económica letal.

CAPÍTULO IV. Hideki Tojo (1941-1944): La Guerra Total.

Acorralado por este bloqueo económico, el Estado Mayor del Imperio necesitaba a un líder despiadado que asumiera el mando absoluto. En octubre de 1941, el Emperador nombró Primer Ministro al General Hideki Tojo. La historia pinta a Tojo como un dictador carismático estilo Hitler, pero la anatomía del poder japonés era muy distinta. Tojo no era un líder de masas; era el máximo mando de una burocracia militar. Le apodaban "Kamisori" (La Navaja de Afeitar) por su frialdad, su atención a los detalles burocráticos y su total carencia de empatía.

Bajo el mandato de Tojo, Japón ejecutó la transformación política más extrema del siglo XX: El Estado civil dejó de existir y se militarizó absolutamente (Kokubo Kokka - Estado de Defensa Nacional).

La doctrina de la Guerra Total se aplicó de la siguiente manera:

La Centralización. Tojo destruyó la separación de poderes y llevó a Japón al totalitarismo. En su apogeo, asumió los cargos de Primer Ministro, Ministro de Guerra, Ministro del Interior, Ministro de Educación, Ministro de Municiones y Jefe del Estado Mayor del Ejército.

La Aniquilación de la Política (Taisei Yokusankai). Disolvió todos los partidos políticos y sindicatos, fusionándolos en la "Asociación de Asistencia al Régimen Imperial". Todo el país fue clasificado logísticamente. El individuo desapareció; eras simplemente un "soldado de producción".

La represión (Tonarigumi). A través de la Kempeitai (la temida policía militar), Tojo extremó la vigilancia social y política. Instaló un régimen de terror (Tonarigumi), obligando a las familias, en grupos de diez, a espiarse mutuamente. Sugerir que la guerra económica contra EE. UU. era un suicidio era castigado con la tortura o la muerte.

CAPÍTULO V. Pearl Harbor y el Kamikaze.

Sabiendo que el cronómetro estaba en cuenta atrás, Tojo ejecutó la operación militar más desesperada y arriesgada de la historia japonesa. El ataque a Pearl Harbor (7 de diciembre de 1941) no fue un acto de maldad irracional, fue una maniobra táctica. El verdadero objetivo estratégico de Tojo era la invasión simultánea de las Indias Orientales Neerlandesas (Indonesia) y Malasia para robar los inmensos campos petrolíferos de Occidente.

La lógica de Tojo era estricta: Destruiremos la flota de EE. UU. en Hawái para ganar seis meses de margen logístico, conquistaremos el petróleo de Indonesia, construiremos un perímetro defensivo de acero, y obligaremos a Washington a firmar un acuerdo de paz.

Durante los primeros seis meses, funcionó. Pero Tojo subestimó el poder industrial ilimitado del coloso estadounidense y la profundidad de Wall Street. Las factorías de Detroit comenzaron a ensamblar portaaviones y bombarderos en cadena.

A partir de 1943, Estados Unidos ejecutó la contramedida: la Guerra Submarina. No buscaban acorazados, atacaron la cadena de suministro japonesa. Hundieron metódicamente el 90% de los petroleros y buques mercantes japoneses. El petróleo robado en Indonesia se hundía en el fondo del océano antes de llegar a Tokio. Japón se asfixiaba de nuevo.

Y aquí es donde el Estado-Cuartel de Tojo cruzó la última frontera moral, al quedarse sin acero para blindaje, sin radares y sin combustible de aviación, el Imperio Japonés inventó el Kamikaze. Occidente lo vende como un irracional misticismo samurái, pero fue pura reducción de costes.

Para julio de 1944, con la caída de la isla de Saipán, la élite corporativa (Zaibatsu) miró el balance de cuentas, el Imperio Japonés estaba en quiebra absoluta. Ante ello se necesitaba un responsable del fracaso, obligaron a Hideki Tojo a dimitir el 18 de julio de 1944, tirándolo por la borda para culparle del desastre inminente.

CONCLUSIONES. La ejecución de Tojo y la inmunidad de Rockefeller

En los Tribunales de Tokio de la posguerra, Hideki Tojo asumió toda la culpa para proteger la figura del Emperador Hirohito. El 23 de diciembre de 1948, Tojo fue ahorcado por crímenes de lesa humanidad, la "libertad" parecía triunfar en el Pacífico. La Guerra del Pacífico fue un duelo mutuo provocado por dos monopolios que se negaron a compartir el mercado de Asia, siendo Tojo simplemente el Chivo Expiatorio.

Hideki Tojo transformó al Estado japonés en un estado totalitario porque estaba acorralado por el bloqueo industrial, esta situación estalló cuando Washington decidió que el Imperio Japonés no podía amenazar los intereses corporativos occidentales y las "lámparas de China". El embargo petrolero de julio de 1941 no fue un castigo diplomático pacífico, fue el estrangulamiento que apretó el gatillo de Pearl Harbor. Tojo terminó en la horca, pero los verdaderos dueños del poder simplemente cambiaron de estrategia.

El Imperio heredero de John D. Rockefeller (Standard Oil, Exxon, Chevron) aseguró el Pacífico como un inmenso lago estadounidense privado, garantizando el flujo de energía ininterrumpido y los mercados de consumo que cimentarían la hegemonía mundial de Wall Street. ¿Y los inmensos Zaibatsu japoneses (Mitsubishi, Mitsui, Sumitomo) que fabricaron los cazas Zero con mano de obra esclava asiática? Washington detuvo su purga al empezar la Guerra Fría, los directivos se quitaron los uniformes militares, cambiándolos por trajes occidentales, y Estados Unidos invertió capital en ellos para usarlos como la gran fábrica anticomunista de Asia.

El 15 de agosto de 1945, el Imperio Japonés no se rindió ante los ideales de Thomas Jefferson, presentó su declaración de quiebra ante el Cártel del Petróleo. El Gobierno como Cuartel General fue desmantelado, pero los bancos y las petroleras siguieron contando los beneficios de los barriles de crudo sobre un océano Pacífico pacificado a sangre, fuego y plutonio radiactivo.

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