LOS HUTÍES, SEÑORES DEL ESTRECHO. LA RESURECCIÓN DEL IMANATO ZAIDÍ Y EL SECUESTRO DEL ORDEN GLOBAL
INTRODUCCIÓN
Ansar Alá (el movimiento hutí) no puede leerse como una contrainsurgencia clásica. Reducirlos a una simple "milicia yemení" o despacharlos como insurgencia títere de Irán es un error de diagnóstico estratégico que las cancillerías occidentales cometen o quieren cometer. Los hutíes son el producto de una fractura milenaria, los sepultureros del Estado republicano y los arquitectos del actual estrangulamiento comercial en Eurasia.
Su irrupción desmontó la gran ilusión liberal sobre Oriente Próximo, la fantasía de que los actores no estatales ocupan solo "vacíos de poder" de forma transitoria a la espera de que las instituciones se recompongan. En Yemen, una insurgencia periférica no llenó un vacío; devoró un estado . Aprendió a administrar el territorio, monopolizar la coerción, extorsionar rentas y sustituir al Estado exactamente donde las élites republicanas demostraron su debilidad. Obligan a verlos no como peones de Teherán, sino como una bestia híbrida con agenda propia, memoria imperial y ambición global.
LA MONTAÑA, EL TRAUMA ZAIDÍ Y LA VENGANZA DE UNA ARISTOCRACIA MILENARIA
Para entender la ferocidad de los hutíes hay que aplicar la cruda realidad de la historia. No son una "minoría marginada" que se rebeló por accidente impulsada por la Primavera Árabe; son una ex-élite imperial. Pertenecen a la rama zaidí del islam chií, cuya teología exige que el imán gobierne empuñando la espada contra la tiranía.
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| Revolución de 1962 |
El nuevo Estado republicano castigó a su bastión, la accidentada provincia de Saada, con un apagón absoluto: sin carreteras, sin hospitales, sin presupuesto. El fuego hutí actual no es una simple rebelión de pobres contra ricos; es la guerra de sangre de una ex-élite para recuperar su derecho divino y demográfico a gobernar.
SALEH, EL QUE BAILABA SOBRE LAS CABEZAS DE LAS SERPIENTES
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| Ali Abdullah Saleh |
En los años noventa, Saleh financió secretamente a los hutíes con fondos reservados para usarlos como perros de presa contra sus rivales islamistas suníes (el partido Islah). Pero tras el 11-S, el dictador vio la oportunidad de exprimir la chequera antiterrorista de la CIA y el Pentágono. Traicionó a sus peones, los vendió a Washington como una amenaza terrorista global y, en 2004, usando armamento estadounidense, ordenó asesinar a su líder fundador, Hussein al-Houthi.
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| Abdul-Malik al-Houthi |
El suicidio definitivo del Estado ocurrió en 2014. Derrocado por la Primavera Árabe, un Saleh consumido por la venganza selló un pacto muy arriesgado, se alió con los hutíes y ordenó a sus generales leales que les abrieran las puertas de la capital, Saná. Los hutíes no "conquistaron" la ciudad, entraron invitados por un dictador despechado que les entregó las llaves de los arsenales de misiles balísticos (Scud) creyendo ingenuamente que, por ser "campesinos", podría usarlos como sicarios y luego desecharlos.
UN INICIO SANGRIENTO, EL MAGNICIDIO DE LA CUNETA
El monstruo no tardó en devorar a su creador. Para 2017, la inteligencia preventiva hutí (Amn al-Wiqai) se había infiltrado en todo el aparato militar de Saleh. Acorralado, el 2 de diciembre de 2017, el expresidente intentó su última traición: pactó un golpe de Estado con Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, repudió a los hutíes por televisión y llamó a un levantamiento popular contra ellos.El cálculo político de Saleh fue catastrófico, su red clientelar estaba acabada y Riad no lo apoyó a tiempo. El 4 de diciembre, mientras Saleh intentaba huir de Saná en un convoy de vehículos blindados, una unidad hutí lo emboscó. Fieles a su brutalidad táctica, detuvieron su vehículo disparándole un misil antitanque (RPG), lo sacaron a rastras y le descerrajaron un tiro en la cabeza con un fusil AK-47. Minutos después, exhibieron su cadáver con la masa encefálica destrozada, envuelto en una manta floral, en una caja.
Ese disparo en la cuneta fue el verdadero comienzo del poder hutí actual. Ese día eliminaron a su única competencia interna, heredaron el monopolio absoluto de la violencia, absorbieron la totalidad de las fuerzas armadas y transformaron una insurgencia paramilitar a dictadura totalitaria de Estado.
EL MATADERO SAUDÍ Y LA COMPLICIDAD DE OBAMA
Aterrorizado por la pérdida de Saná, en 2015 el príncipe heredero saudí Mohamed bin Salmán (MBS) lanzó una invasión prometiendo aplastar a los hutíes en "tres semanas". Una década después, es el mayor fiasco militar de la historia árabe moderna.
MBS saturó el país de bombas desde 30.000 pies de altura, masacrando hospitales y bodas, y matando de hambre a la población con un bloqueo naval pero su ejército fue incapaz de combatir cuerpo a cuerpo en el basalto montañoso yemení.
El papel de Washington es igual de cínico. La administración de Barack Obama, desesperada por suavizar la paranoia saudí mientras firmaba en secreto el acuerdo nuclear con Irán, entregó Yemen a Riad como un cheque en blanco conociendo la sangre que costaría. Estados Unidos proporcionó la inteligencia de objetivos, las bombas guiadas (Raytheon) y el reabastecimiento en vuelo de los cazas saudíes. Al hacer esto, Washington cerró cualquier vía diplomática y empujó definitivamente a los hutíes a arrojarse a los brazos de Irán como única vía de supervivencia.LA RELACIÓN DE LOS HUTÍES CON IRÁN, LA FALACIA DE LA INSURGENCIA TÍTERE
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| Mapa logístico de la Fuerza Qud |
La Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria opera con ellos bajo un modelo de capital riesgo paramilitar. No envían misiles balísticos terminados, envían giroscopios, ingenieros, resina de fibra de vidrio camuflado en pesqueros de madera a través de Omán y las costas de Somalia.
Cuando llega este material, los hutíes ensamblan las armas en túneles subterráneos. La rentabilidad de esta inversión para Irán es bastante rentable, por apenas 100 millones de dólares al año, Irán quiebra la logística occidental.
Para cazar cargueros en el Mar Rojo, operan como depredadores, Irán mantiene buques espía encubiertos (como el MV Saviz y el MV Behshad) fondeados en aguas internacionales. Sus radares "marcan" los objetivos mercantes y envían las coordenadas cifradas a las baterías hutíes. Es decir, en el Mar Rojo, Irán pone los ojos y los hutíes aprietan el gatillo.
Actualmente, a los propios ayatolás les aterroriza que el mesianismo hutí provoque un holocausto regional. Los hutíes operan desde el caos absoluto, su país ya está destruido, no tienen bolsas de valores ni cristaleras que proteger. Irán no puede acabar con ellos aunque Washington se lo suplique.
LA CLEPTOCRACIA HUTÍ, SU FINANCIACIÓN
Los hutíes no sobreviven solo del contrabando iraní a través de su "Flota Fantasma" (buques petroleros ilícitos que operan en Asia y blanquean dinero vía el sistema hawala en Dubái), han saqueado su propia nación.
En 2020, institucionalizaron el Khums. Basándose en una interpretación teocrática medieval, decretaron por ley que el 20% de todas las riquezas naturales y comerciales del país debe entregarse obligatoriamente a los hashemitas (los descendientes del Profeta Mahoma, casta a la que pertenece la cúpula hutí). Es la legalización divina del saqueo feudal y un sistema de apartheid económico. Saquearon las reservas de divisas y se apoderaron de YemenNet, el monopolio de internet y telefonía. Cada vez que un ciudadano yemení hace una recarga telefónica, financia el ensamblaje de un dron suicida.
En un país al borde de la hambruna, los hutíes crearon el SCMCHA (un consejo supremo de coordinación humanitaria). Es, en la práctica, una herramienta de extorsión diplomática. Obligan a las agencias de la ONU y a las ONG a pagar un "impuesto" del 2% sobre sus presupuestos operativos para dejarlos trabajar. El gobierno hutí desvía sistemáticamente el trigo y las medicinas humanitarias hacia el mercado negro, revendiéndolo a precios inflados. El Occidente pacifista lleva una década financiando pasivamente a sus propios verdugos geopolíticos.
RELACIONES EXTERIORES DE LOS HUTÍES CON SUS VECINOS
ARABIA SAUDÍ
La extensa frontera norte de Yemen es la zona más problemática de la Casa de los Saúd. Cuando el príncipe heredero Mohamed bin Salmán (MBS) lanzó su invasión en 2015, prometió aplastar a la milicia en tres semanas.
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| El príncipe heredero Ibn Salmán |
Con los devastadores ataques a las refinerías de Aramco (2019 y 2022), los hutíes le dictaron la sentencia a Riad: "Si nosotros no dormimos tranquilos en Saná, vuestros rascacielos arderán". En las negociaciones secretas actuales, Riad ya no exige la rendición hutí, Arabia Saudí ha aceptado pagar, con sus propios petrodólares, los salarios de la inmensa red de funcionarios civiles y militares del Estado hutí. La petromonarquía más rica del mundo árabe paga la nómina de los milicianos que la derrotaron, comprando su seguridad a golpe de transferencias para que un enjambre de drones no espante al capital extranjero. Los Saud se han convertido en el cajero automático de los hutíes.
EMIRATOS ÁRABES UNIDOS
EAU entró en la guerra como el gran aliado de Riad, pero la historia real es la de la traición perfecta.
Los estrategas emiratíes, infinitamente más calculadores que los saudíes, se dieron cuenta pronto de que enviar tropas a morir en Yemen era una trituradora demográfica inútil. Por ello, en 2019 retiraron el grueso de sus tropas de la línea del frente, abandonaron a Arabia Saudí a su suerte y firmaron una tregua tácita con los hutíes ("nosotros no bombardeamos Saná, vosotros no enviáis misiles a la Bolsa de Dubái").Mientras Riad fracasaba, EAU financió, armó y dirigió a su propio ejército separatista en el sur (el Consejo de Transición del Sur, STC). Su objetivo jamás fue restaurar el gobierno republicano yemení, sino balcanizar el país para apoderarse de sus joyas geoestratégicas: los puertos del Golfo de Adén, las instalaciones de gas de Balhaf, la crucial isla de Socotra en el Índico y la isla de Perim (Mayun) en Bab el-Mandeb. Hoy, la relación entre Saná y Abu Dabi es una Guerra Fría del Golfo Pérsico. Se desprecian, pero respetan la disuasión mutua. EAU ha colonizado las salidas marítimas del sur, los hutíes han blindado su dictadura en el norte, y ambos han canibalizado el cadáver de Yemen, con la intención de colapsar la influencia saudí.
OMÁN
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| Delegación Hutí en Omán |
¿Por qué Omán juega a este peligroso juego? Por terror al contagio y por puro cálculo de poder. Omán está aterrorizado por el expansionismo de Arabia Saudí y EAU, por lo que ve a los hutíes como el contrapeso perfecto para mantener a Riad ocupada y débil. Al convertirse en el único actor del planeta capaz de sentar a los hutíes en una mesa, Omán se hace diplomáticamente intocable para Washington. Por otro lado, la inmensa frontera desértica entre Omán y Yemen (la provincia de Al Mahrah) es el gran coladero. Es por esas arenas por donde durante años la Fuerza Quds iraní ha infiltrado los giroscopios, motores de drones y dinero en efectivo que sorteaban el bloqueo naval occidental, ante la pasividad calculada de los guardias fronterizos omaníes.
LOS VECINOS AFRICANOS
Si cruzamos las aguas del Mar Rojo, los vecinos marítimos (Egipto, Yibuti, Eritrea, Somalia) son los espectadores impotentes cómplices forzosos del nuevo imperio hutí.Para Egipto, los hutíes son un arma de destrucción económica. El Cairo ha visto esfumarse miles de millones de dólares en ingresos anuales por el desplome de los peajes del Canal de Suez desde que los hutíes espantaron al tráfico naviero internacional. Sin embargo, el Estado egipcio, asfixiado por la deuda y la crisis interna, está paralizado, no se atreve a intervenir militarmente ni a unirse a la coalición de EE. UU. por terror a que los misiles hutíes incendien el Sinaí o provoquen revueltas incontrolables en las calles del Cairo.
Por su parte, las costas de Somalia y Eritrea no son vistas por los hutíes como Estados soberanos, sino como el patio trasero de su economía de asalto. La inteligencia naval rastrea cómo las mafias hutíes utilizan las inmensas flotas de dhows (barcos pesqueros de madera, prácticamente invisibles para los radares Aegis estadounidenses) para mover armas, blanquear dinero y gestionar un tráfico de seres humanos desde África hacia Yemen, integrando a los Estados fallidos del Cuerno en su cadena de suministro.
LOS HUTÍES Y LA TUMBA NAVAL DE BAB EL-MANDEB
Allí desplegaron una diplomacia de misil que expuso la inviabilidad financiera de la estrategia del Pentágono. La Armada estadounidense se ha visto arrastrada a una sangría económica y militar: disparar misiles interceptores antiaéreos de 2 a 4 millones de dólares para derribar enjambres de drones kamikazes armados con motores de cortacésped que cuestan 20.000 dólares. Es la quiebra táctica del complejo militar-industrial occidental y como trofeo de caza, derriban rutinariamente los drones MQ-9 Reaper de la CIA de 30 millones de dólares.
Washington está siendo humillado por los hutíes. Mientras en público lanza bombardeos Tomahawk junto a Gran Bretaña contra montañas vacías en Yemen (no se puede disuadir desde el aire a quien lleva 10 años durmiendo bajo bombas saudíes), en secreto suplica a los hutíes en Omán. Diplomáticos estadounidenses ofrecen a los hutíes levantar sanciones, descongelar activos y reconocer a su gobierno a cambio de que dejen de disparar.
A espaldas de la Casa Blanca, los hutíes forjaron pactos secretos de inmunidad con Rusia y China, a cambio de garantizar un salvoconducto a las flotas mercantes de Moscú y Pekín, a cambio, ambas superpotencias bloquean o diluyen cualquier resolución occidental de castigo en el Consejo de Seguridad de la ONU contra los hutíes. Una milicia nacida en las cuevas de las montañas yemeníes, hoy controlan y reparten salvoconductos en el Mar Rojo y se codean diplomáticamente en igualdad con las potencias nucleares.
LOS HUTÍES, EL IMPERIO DE LAS CENIZAS
Ansar Alá ha reescrito las reglas del poder en el siglo XXI. Han demostrado que la tecnología barata militarizada, combinada con una geografía inexpugnable, la audacia suicida de una aristocracia sedienta de venganza y el control de un "cuello de botella" geográfico, puede arrodillar a los imperios navales globales.Los hutíes ya no necesitan tomar un Estado funcional para proyectar hegemonía al mundo. Ha construido un imperio balístico sobre las cenizas de su propia nación, demostrando al mundo que la pobreza extrema fuertemente armada, sin infraestructuras civiles que perder, es un eficaz escudo disuasorio de la geopolítica global.
Estados Unidos financió a sus verdugos entregando armas al dictador Saleh, luego avaló el genocidio saudí que los arrojó a los brazos de Irán, después intentó apaciguarlos, y hoy se encuentra secuestrado por ellos. Occidente no está perdiendo la guerra en el Mar Rojo por falta de fuego, sino porque no comprendió a tiempo qué clase de monstruo histórico estaba ayudando a crear.
Hoy, los hutíes gobiernan el Estrecho, y el mundo entero paga el peaje.
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