Ir al contenido principal

ASIA FRAGMENTADA

Un atlas del poder en Asia. Historia política, económica y geopolítica de raíces largas. Asia no es un bloque. Es un continente inmenso definido por sus fracturas: imperios y posimperios, revoluciones y restauraciones, monarquías que se adaptan, partidos-Estado que se endurecen, elecciones sin alternancia y aparatos que gobiernan desde la sombra. Asia Fragmentada existe para mirar el poder de frente, donde más le gusta esconderse.

Historia política, económica y geopolítica de Asia
ASIA FRAGMENTADA

Un atlas del poder en Asia: imperios, revoluciones, autocracias, guerras frías, propaganda, fronteras y fracturas geopolíticas.

Corea del Norte, la paradoja de ser potencia nuclear

De cómo Corea del Norte descubrió que la bomba atómica es el único seguro de vida del régimen Kim, y por qué el Derecho Internacional es caprichoso a veces.

Cualquier ciudadano educado en Occidente se lleva las manos a la cabeza al ver las imágenes de Corea del Norte: desfiles militares ordenados milimétricamente, una población famélica mostrando devoción absoluta a su líder y un régimen dinástico totalitario que parece sacado de una película. Nos preguntamos constantemente cómo es posible que, en pleno siglo XXI, una estructura institucional semejante no solo exista, sino que desafíe impunemente a las mayores superpotencias.

La respuesta no está en la locura ni en el fanatismo ciego. La respuesta está en la física termonuclear y en la anatomía del sistema internacional donde tener una pistola nuclear ayuda a respetar.

El debate sobre la conversión de países en potencias atómicas suele estar secuestrado por la moral parcial y subjetiva de las potencias que ya poseen el monopolio de la destrucción. Se nos vende que hay naciones "responsables" y naciones "peligrosas". Pero si abandonamos los discursos de la ONU y entramos en la  realpolitik, descubrimos una verdad aterradora: construir un arsenal nuclear a costa del hambre de tu pueblo no es un acto de vandalismo irracional; es la decisión económica de supervivencia más fría y exitosa que puede tomar un Estado acorralado.

EL EFECTO STALIN, LA ECONOMÍA DEL TERROR 

Para entender la psique norcoreana frente a la bomba nuclear, hay que mirar el modelo a seguir de la dinastía Kim, la Unión Soviética de Iósif Stalin.

Naciones asiáticas como China o Corea del Norte no simpatizaron históricamente con el brutal modelo estalinista por mero romanticismo marxista. Vieron en él una tecnología de supervivencia de extrema urgencia. Stalin demostró que, a costa de océanos de sangre, purgas y millones de víctimas mortales provocadas por la industrialización forzosa, un Estado agrario atrasado podía convertirse en una superpotencia mundial intocable.

Para los líderes asiáticos, traumatizados por un siglo de cañoneras y colonialismo occidental, el cálculo de rentabilidad de este modelo estaba clara, los millones de muertos eran el "precio a pagar" para comprar la soberanía territorial. Descubrieron que tener un arma nuclear frenaba en seco la valentía occidental para poder así inmiscuirse en sus asuntos internos. La bomba no era una herramienta de conquista, era el repelente definitivo contra el imperialismo. Comprender esta lógica no victimiza ni justifica la total falta de humanidad de estos regímenes, pero explica matemáticamente su viabilidad para mantener su dinastía.

LA DINASTÍA 'JUCHE', EL HOLOCAUSTO COMO PRESUPUESTO DE DEFENSA

Corea del Norte asimiló este modelo estalinista y la mutó hacia la ideología Juche (autosuficiencia extrema impregnada de un feroz nacionalismo étnico coreano y la promesa mesiánica de la reunificación de Corea bajo la dinastía Kim).

Sabiendo que se enfrentaban a un comercio internacional vetado, bloqueos comerciales y a sanciones asfixiantes, la dinastía Kim tomó una decisión letal, destinar la inmensa mayoría de su anémico presupuesto nacional a la investigación de armas de destrucción masiva. Exigen lealtad absoluta y obediencia ciega a su población porque han privatizado el Estado para convertirlo en un inmenso cuartel.

Han calculado fríamente que sacrificar al 10% de su población a través de la hambruna y el terror de los gulags es un precio aceptable si, a cambio, consiguen el misil balístico. Subcontrataron la miseria absoluta de su pueblo para pagar la póliza de seguros del régimen, la bomba nuclear.

 COREA DEL NORTE, EL "EJE DEL MAL" Y EL TEOREMA DE GADAFI

La hipocresía de las democracias occidentales, a cuya cabeza está Estados Unidos, el autoproclamado paladín de la libertad, el individualismo y el capitalismo.

Washington y sus aliados luchan internacionalmente para que países asediados no puedan acceder a este escudo atómico en la arena internacional, bajo el pretexto de que son "naciones peligrosas" (bautizadas por George W. Bush como el Eje del Mal). Pero Pyongyang tiene televisión por satélite, ha observado detenidamente la morgue de la geopolítica mundial y ha extraído la única conclusión lógica:

  • Sadam Husein (Irak): No poseía armas de destrucción masiva reales y permitió inspecciones. ¿El resultado? Precisamente por no tenerlas, Estados Unidos inventó pruebas, lo invadió, destruyó el Estado y Sadam acabó ahorcado en televisión global.

  • Muamar el Gadafi (Libia): Se creyó el cuento del Derecho Internacional. Negoció con Occidente y renunció voluntariamente a su programa nuclear a cambio de promesas de integración. Años después, cuando estalló una rebelión interna, la OTAN bombardeó sus defensas, permitiendo que Gadafi fuera sodomizado con una bayoneta y asesinado en una cuneta.

Para Kim Jong-un, la lección es indiscutible: firmar tratados de desarme occidentales es firmar tu propia sentencia de muerte; y la única garantía real de que la 82ª División Aerotransportada de EE. UU. no asalte tu palacio es tener un misil nuclear apuntando a Los Ángeles o Seúl.

EL APARTHEID NUCLEAR, LA ANOMALÍA ISRAELÍ 

La prueba definitiva de este doble rasero radiactivo es Israel. Israel está situado en pleno corazón del Próximo Oriente, el epicentro geopolítico más caliente y peligroso del planeta. Posee un inmenso arsenal de armas atómicas construido fuera de la legalidad internacional, sin haber firmado jamás el Tratado de No Proliferación (TNP) y sin permitir inspecciones oficiales. A lo largo de las décadas, diversos altos cargos israelíes han emitido declaraciones y ejecutado acciones bélicas regionales (anexiones, bombardeos masivos) infinitamente más agresivas materialmente que la retórica teatral de la televisión estatal norcoreana.

Sin embargo, Israel no sufre bloqueos comerciales asfixiantes de la ONU, no pertenece al "Eje del Mal" y cuenta con el blindaje diplomático, el veto en el Consejo de Seguridad y la financiación militar incondicional de Washington.

Esta comparación no blanquea históricamente a la sanguinaria tiranía de la Dinastía Kim, una dictadura que cuesta la miseria absoluta de su población. Pero sirve para destapar la farsa del sistema global: las armas nucleares no se juzgan por lo destructivas que son, sino por quién tiene el dedo en el botón y si ese dedo obedece, o no, a la hegemonía occidental.

CONCLUSIÓN, LA ECUACIÓN DEL TERROR

El debate sobre las potencias nucleares está viciado desde su origen porque se asume ingenuamente que el sistema internacional se basa en una justicia y una ética pero no es así. El Derecho Internacional es simplemente el lenguaje jurídico que utilizan las superpotencias para legalizar su oligopolio de la violencia.

Occidente no odia a Corea del Norte porque oprima a su pueblo (EE. UU. y Europa hacen negocios multimillonarios todos los días con teocracias absolutistas del Golfo Pérsico que decapitan disidentes). Occidente odia a Corea del Norte porque ha hackeado el sistema operativo del imperialismo moderno con su programa nuclear.

La tiranía de los Kim ha demostrado que en la geopolítica del siglo XXI, el respeto diplomático no se gana con derechos humanos o sometimiento a la ONU. Han demostrado que puedes ser un país quebrado, aislado y con una economía del tamaño de una ciudad provincial, y aun así, obligar a la mayor superpotencia de la historia a sentarse a negociar contigo sin atreverse a dispararte un solo tiro.

El arsenal atómico no solo es el escudo de Corea del Norte, es el candado de una prisión de 25 millones de celdas. Para que la Dinastía Kim mantenga su monopolio de la violencia frente a Washington, ha tenido que declararle una guerra cotidiana a su propia población.

Cada vez que Kim Jong-un lanza un misil al mar para obligar al mundo a prestarle atención, la estela de humo de ese cohete está financiada por las medicinas que no llegaron a los hospitales rurales, por el frío que pasan los ciudadanos sin electricidad, y por el terror paralizante de los millones de esclavos atrapados en el sistema de castas.

La tragedia de Corea del Norte no es que un país pobre tenga bombas atómicas. La tragedia es que, en la fría matemática de la geopolítica, el régimen de los Kim descubrió que el sufrimiento absoluto, burocratizado y sin fisuras de 25 millones de seres humanos es el material de blindaje más impenetrable del mundo. Y mientras el mundo civilizado debate sobre desarme en despachos climatizados, la gente en las calles heladas de Chongjin sigue pagando esa póliza de seguros atómica con su propia vida.

BIBLIOGRAFÍA

BRADLEY,M Under the Loving Care of the Fatherly Leader: North Korea and the Kim Dynasty . St Martin´s Press. 2006 -CADEN, Cinthya.Corea del Norte: el fuerte del miedo.

CASTILLO, Santiago. La unificación de Corea: el epílogo de la guerra fría. Los libros de la catarata.2002 -CHA, Victor D. Nuclear North Korea: a debate of engagement strategies. Columbia University Press. 2005.

DEMICK, Bárbara.Querido líder: Vivir en Corea del Norte. Turner. 2010

DURÁN-COUSIN, Eduardo. Comunismo. Historia de un sistema. Abya Yala -EUNSOOK Yang. Corea: historia de un proceso de reunificación. Los libros de la catarata. 2007

FRENCH,Paul.North Korea, the paranoid peninsula: a modern history. Zed Books. 2007

PYKE, Francis. Empires at war: A short History of Asia since II World War. I.B. Tauris. 2011.

SALTER, Christopher L. North Korea. Chelsea House. 2007 -SEPÚLVEDA, Isidro y AVILÉS, Juan. Historia mundo actual: de la caída del mundo a la gran recesión. Síntesis. 2010.

SETH, Michael J.A concise history of modern Korea. Rowman &Littlefield. 2010

SETH, Michael J.A history of Korea: From antiquity to the present. Rowman & Littlefield. 2010

¿Por qué el Comunismo triunfó en muchos países asiáticos?

Karl Marx diseñó su ideología para los obreros industriales, educados y urbanos de Londres o Berlín. Sin embargo, el comunismo no triunfó allí; triunfó de forma aplastante en imperios asiáticos agrarios, analfabetos y anclados en el absolutismo teológico milenarioEl comunismo no triunfó en Asia porque los campesinos quisieran igualdad utópica al leer el Capital de Karl Marx, triunfó porque el Estalinismo era la respuesta militarizada que un continente entero decidió elegir para sobrevivir al poder del imperialismo occidental.

EL PAPEL DEL IMPERIALISMO OCCIDENTAL


Para entender por qué Asia se volcaba o tendía al comunismo, hay que conocer primero a los que la empujaron. En el siglo XIX, el Imperialismo europeo (Gran Bretaña, Francia) no visitó Asia para civilizarla como decían, la utilizó como una mina a cielo abierto para engrosar sus finanzas. Gran Bretaña, para frenar su déficit comercial de plata, obligó a China a consumir opio a punta de artillería naval (Guerras del Opio). Francia invadió Indochina para convertir Vietnam en una gigantesca fábrica de extracción de caucho con mano de obra casi esclava.

Luego llegó el Imperio Japonés (1931-1945). Buscando la pura supervivencia (petróleo y hierro), ejecutó una invasión supremacista violenta. Japón fue el "acelerador" al barrer a los ejércitos coloniales europeos, destruyendo para siempre el aura de invencibilidad del hombre blanco. Cuando Japón colapsó por las bombas atómicas en la II Guerra Mundial, dejó un inmenso vacío de poder en Asia. Las únicas organizaciones con disciplina militarizada para tomar el control de las ruinas de aquellos países fueron las guerrillas comunistas clandestinas.

En China, la epidemia forzada de opio británico zombificó a decenas de millones de padres, obligándolos a vender a sus hijas a los burdeles para pagar la droga. En Vietnam, si un campesino no cumplía la cuota de extracción para corporaciones como Michelin, los franceses lo despellejaban a latigazos, si se sindicalizaba, le cortaban la cabeza en la guillotina de Hanói. Durante la invasión japonesa, el terror se industrializó en la Masacre de Nankín, los civiles fueron usados como dianas de bayoneta. El siniestro Escuadrón 731 congeló vivos y diseccionó sin anestesia a miles de civiles para probar armas bacteriológicas, y cientos de miles de niñas fueron secuestradas como esclavas sexuales ("Mujeres de Consuelo"). El imperialismo extranjero torturó a Asia hasta tal punto, que el stalinismo les pareció la opción menos mala para tener un ejército propio que cerrara herméticamente las fronteras y frenara la explotación extranjera.

LA MUERTE DEL CONTRATO DIVINO (1905-1917)

El comunismo necesitaba un espacio donde instalarse. Durante milenios, el campesino asiático y ruso operaba bajo un contrato sagrado, el Emperador o el Zar no era un simple rey, era una deidad, el centro cósmico del universo (el "Padrecito", el "Hijo del Cielo"). La sociedad soportaba la servidumbre feudal porque creía ciegamente en este orden teológico.

Pero la élite tradicional cometió un suicidio en Rusia: cuando el Zar Nicolás II masacró a su pueblo desarmado en el Domingo Sangriento por "interrumpirle el té" y cuando envió a millones de jóvenes descalzos a ser triturados por las ametralladoras alemanas en 1916, rompió ese contrato divino entre el autócrata y su pueblo. Lo mismo ocurrió cuando los emperadores chinos huyeron cobardemente ante los europeos. Las monarquías demostraron ser inútiles e incapaces de proteger a la nación frente al acero industrial. Su caída dejó un vacío psicológico, político y social, un inmenso molde de orfandad diseñado exactamente a la medida de un nuevo método de organización.

Para el ciudadano llano, la caída del "Padrecito" fue una amputación sin anestesia. Imagine al campesino analfabeto congelándose a -20 grados en el barro, esperando a que su compañero muriera para quitarle el fusil. Cuando ese joven entendió que su Sagrado Emperador lo usaba como abono, su mente colapsó. El trauma de la guerra y la miseria eliminó la piedad del pueblo. El asiático de a pie ya no quería a un padre celestial que lo bendijera con poesías, quería un capataz implacable que le diera un rifle de repetición, pan y venganza.

EL "ZAR ROJO" Y LA FRANQUICIA ESTALINISTA 


¿Por qué estas sociedades agrarias eligieron el modelo de la URSS de Stalin en lugar de la democracia liberal? Porque las élites revolucionarias (Mao, Ho Chi Minh o Kim Il-sung) comprendieron una genialidad sociológica, el respeto ciego a la autoridad y jerarquía ya estaba grabado a fuego en el ADN asiático.

Por lo tanto, los comunistas no destruyeron el trono absolutista, simplemente le cambiaron la ideología y le perfeccionaron la red de espionaje. Exterminaron a la vieja nobleza mediante pelotones de fusilamiento para ser sustituidos por las élites comunistas, sustituyendo así el "Mandato del Cielo" por el "Materialismo Histórico". El Estalinismo era el manual perfecto, mezclaba la imagen reverencial del autócrata tradicional con un discurso marxista de modernización rápida. La Nomenklatura del Partido Comunista pasó a ocupar los palacios, exigiendo la misma adoración que los antiguos reyes y emperadores, pero ahora armados con tanques y burocracia.

Para la gente de las calles, este cambio de amo trajo la ingeniería del terror. Bajo el antiguo Emperador, el campesino era miserable, pero el Estado era ineficiente pero no vigilaba, o no podía, lo que pensaba en su cama. El Estado comunista se metió en el ámbito privado. A través de las Sesiones de Lucha Pública y los comisarios políticos, el sistema obligó a los hijos a delatar a sus propios padres, y a los vecinos a golpear públicamente a los "burgueses" en las plazas para demostrar su pureza ideológica. Se crearon inmensos campos de exterminio por trabajo (Gulag, Laogai, Kwanliso). El pueblo no solo perdió la libertad física, perdió la capacidad de confiar en otros seres humanos. Fueron obligados a aplaudir histéricamente a sus líderes, viviendo en un totalitarismo donde un mal gesto ante el Partido podía enviarte al paredón.

EL PRECIO DEL COMUNISMO ASIÁTICO

El mayor problema del comunismo asiático era cómo industrializarse rápido (construir altos hornos, ferrocarriles y misiles) para que Occidente no volviera a esclavizarlos, pero sin pedir un solo préstamo a los banqueros de Londres o Wall Street. La respuesta del "Zar Rojo" fue la acumulación del patrimonio socialista mediante el exterminio del propietario agrario.

El Estado abolió la propiedad privada no para liberar al campesino, sino para operar como un monopolio perfecto, ejecutando así la Colectivización Forzosa. El Partido Comunista requisó a punta de fusil el 100% de la cosecha, la exportó al extranjero para comprar acero y maquinaria soviética, y dejó a los productores sin un solo gramo de arroz. Fue la decisión económica de masacrar a la agricultura para subsidiar la industria pesada, el pueblo pagaba ese canje.

Esta decisión de despacho provocó los mayores holocaustos por inanición de la historia de la humanidad. Durante el Gran Salto Adelante de Mao en China, murieron entre 30 y 45 millones de personas de hambre en apenas cuatro años. En las aldeas, el Estado robó hasta las ollas de metal para fundirlas. Si una madre se comía su propio grano escondido para salvar a su bebé, era fusilada por "robar propiedad del Estado". La hambruna fue tan atroz que la locura se apoderó del campo: se documentó masivamente cómo los padres intercambiaban a sus hijos muertos con los vecinos para poder hervirlos y comérselos sin el trauma de devorar a su propia sangre. Decenas de millones fueron asesinados de hambre institucionalmente, sus cadáveres fueron la moneda de cambio utilizada para cuadrar el balance de pagos de la modernidad.

LA MASACRE DE LAS MASAS



Tras 1945, Asia se convirtió en el tablero donde EE. UU., la URSS y China libraron la Tercera Guerra Mundial de forma subcontratada. Washington, obsesionado con la Teoría del Dominó y con proteger las rutas comerciales del capitalismo, financió a las dictaduras militares fascistas más corruptas del continente, otorgándoles licencia para exterminar a la izquierda obrera. Moscú y Pekín, por su parte, entregaban los fusiles AK-47 a las guerrillas. Desde la óptica de la realpolitik, las guerrillas asiáticas se aferraron al comunismo porque era un escudo geopolítico. Les proporcionaba la disciplina necesaria para resistir las ráfagas de bombas sin rendirse jamás, garantizando la expulsión del invasor a cualquier precio.

El modelo estalinista sufrió una necrosis final. En Camboya, respaldado por China (que quería un aliado contra el Vietnam pro-soviético), Pol Pot y los Jemeres Rojos (1975-1979) decretaron el "Año Cero". Dictaminaron que el problema no era solo el capitalismo, era la civilización, las ciudades, el intelecto y la tecnología. Decidieron devolver a su nación a la prehistoria agraria en un solo fin de semana.

El campesino camboyano vio cómo la Fuerza Aérea estadounidense destruía sus tierras arrojando Napalm (fuego líquido que quema hasta el hueso) y Agente Naranja, alterando el ADN de generaciones enteras con malformaciones genéticas. Al mismo tiempo, en Camboya, se ejecutó el exterminio de la inteligencia. El ejército vació las ciudades a punta de fusil y abolió el dinero, la medicina y la familia. Soldados adolescentes asesinaban a golpes de azada (para ahorrar balas) a médicos, ingenieros, o a cualquier civil que llevara gafas, porque la miopía implicaba que sabías leer y eras un "parásito burgués". Casi 2 millones de camboyanos fueron exterminados por su propio gobierno. La traición final llegó en 1979, cuando China (comunista) invadió Vietnam (comunista). Tras un siglo derramando sangre para expulsar al hombre blanco, el pueblo asiático descubrió que el imperialismo rojo era igual de rapaz que las dictaduras procapitalistas: cientos de miles de jóvenes fueron forzados a despedazarse a bayonetazos en la frontera, pura y exclusivamente para resolver un problema de egos y poder entre las élites de Pekín y Hanói.

CONCLUSIONES, EL PRECIO DE LA UTOPÍA

El Comunismo no triunfó en el este de Asia por un debate intelectual sobre la plusvalía de Karl Marx. Triunfó porque, cuando les acorralaron cinco imperios globales, le robaron la tierra milenaria, zombificaron a su pueblo con opio, les bombardean con armas químicas y le tratan como a ganado industrial, no iban a invitar a un filósofo liberal para redactar una constitución, compraron el comunismo para devolver el golpe y sobrevivir.

El Estalinismo (y sus variantes) fue para Asia la herramienta de ingeniería social corporativa perfecta capaz de fusionar la milenaria autocracia asiática con la urgente industrialización del siglo XX. Un traje de Kevlar que repelió a las superpotencias occidentales y convirtió a reinos agrarios humillados en potencias nucleares temidas por el planeta entero en una sola generación. El precio de la factura está escrito con sangre en el subsuelo del continente.

Escena norcoreana

Al cambiar al Emperador por el Secretario General, estas naciones firmaron el Pacto más gigantesco y atroz de la historia humana: Para conseguir soberanía, trenes de alta velocidad, acero y misiles balísticos, la élite revolucionaria decidió que debía pagar un alto costo demográfico, es decir, la muerte de parte de sus pueblos.

El pueblo asiático derramó océanos de sangre creyendo que estaba tomando las armas para guillotinar a sus explotadores tradicionales y construir el paraíso en la tierra, sin saber jamás que solo estaban prestando sus propios cráneos y sus vértebras para pavimentar los cimientos de dictaduras comunistas.



La trágica saga de la dinastía Gandhi

La historia y destino del subcontinente indio, sobretodo de la colosal India, están marcados por una
Feroze Gandhi
dinastía política, los Gandhi, que abarcó de forma intermitente el poder en la India durante la segunda mitad del Siglo XX. Hemos de decir que la dinastía Gandhi, no es descendiente del héroe nacional indio Mahatma Gandhi, sino de Jawaharlal Nehru, otro padre de la independencia india y amigo íntimo de Mahatma Gandhi. El apellido Gandhi, que titula a esta dinastía casi monárquica, se debe al marido de Indira, hija de Nehru, el periodista Feroze Gandhi.

Esta dinastía, por tanto, ha sido, la arquitecta de la democracia constitucional India, secular y con un sistema económico de corte socialdemócrata, con una política exterior basada en la neutralidad durante la Guerra Fría, aunque con tendencia más hacia la comunista Unión Soviética debido a su carácter asiático más que al capitalista y occidentalista Estados Unidos.

Nehru
El primero de la dinastía, sería el héroe nacionalista indio, Jawaharlal Nehru. Nehru como líder nacionalista indio en tiempos de control británico, sufrió la represión política, la cual no podía acabar con su ilusión y esfuerzo por ver una India independiente. Nehru era un brahmán indio, es decir, dentro del sistema de castas indio, pertenecía a la casta sacerdotal, en definitiva, era un noble de Cachemira. Como muchos líderes anticolonialistas, Nehru se formó en tierras de la metrópoli, es decir en Inglaterra, donde aprendió bien la ideología y mecanismos de poder occidentales.  Mahatma Gandhi, Nehru participó en la Campaña de Resistencia Pacífica propuesta por Gandhi. Tras el asesinato de Gandhi, Nehru se pondrá a la cabeza del Partido del Congreso Indio, siendo el primer presidente de la India independiente, teniendo que lidiar con los problemas que supuso el enfrentamiento con la Liga Musulmana de Jinnah y la creación del Estado de Pakistán, dividiendo así el subcontinente indio y dejando de esta forma los ingleses una herida constante en los dos países independientes.

Nehru, fue uno de los fundadores del Movimiento de Países No Alineados, aunque estudiando su política económica así como su pensamiento, Nehru tendía más a la Unión Soviética que a Estados Unidos.  Su gobierno duró desde 1947 con la independencia de la India hasta su muerte en 1964.

La siguiente en la Dinastía Gandhi, era, pese a los perjuicios que suoponía nacer mujer en la India,
Indira Gandhi
Indira Gandhi, la hija de Nehru que al igual que su padre recibió una educación occidental, ella será la que realmente funde la dinastía casándose con el periodista Feroe Gandhi. Indira seguirá la política de su padre pero con más mano de hierro, además ella será la que aupará a su familia como dinastía política en el país indio debido a la patrimonialización e importancia que le daba a su familia, Indira quería que sus descendientes siguiesen su tradición política.

Indira desde niña, vio cómo a su padre lo encarcelaban, y más tarde bajo la sombra de Nehru se curtió en podio político. En 1964, tras fallecer su padre, Shastri, fue nombrado primer ministro de la India mientras Indira se convirtió en ministra de Información y Radiodifusión, pero la muerte de Shastri en 1966 hizo a Indira primera ministra de la India. Durante su gobierno, siguió la política de su padre y se destaca el apoyo a Bangladesh en su independencia respecto a Pakistán. Pero en 1975 declaró al país en estado de emergencia, censuró las críticas en los medios, suspendió el derecho a la defensa en cortes de justicia en el país, ordenó la esterilización obligatoria y gobernó por decreto hasta 1977, momento en el que llamó a nuevas elecciones, las cuales perdió en contra del Partido Popular Indio. En estos momentos en los que Indira estuvo en la oposición, se la acusó de corrupción y de intentar encarcelar a sus opositores, parecía que Indira no estaba atravesando su mejor momento.

Sanjay Gandhi
Con esta mala experiencia presente, Indira vuelve como primera ministra de la India tras las elecciones de 1980, durante este segundo mandato. En estas fechas, Indira estaba preparando a su hijo, Sanjay Gandhi, que parecía escandalizar a la India debido a una vida demasiado convulsa. La tragedia vino a la familia, Sanjay, murió en un accidente de avión en 1980. Indira se centró mucho en la patrimonialización de sus hijos como sucesores, no olvidemos que desde los 50´s fue viuda e hizo de cabeza de familia. Como bien comenta Pablo Díez en su artículo, la viuda de Sanjay, Maneka, y su hijo, por tanto, nieto de Indira, Varun, "acabaron tan mal con Indira Gandhi que terminaron militando en las filas del partido opositor, el BJP (Bharatiya Janata)". Este era un partido extremadamente religioso, siendo aún más extremista Varun, el nieto de Indira. Parecía que la muerte de Sanjay hizo que el Congreso Nacional de la India no iba a ser el lazo de unión de los Gandhi.


Maneka y Varun Gandhi
Indira, furiosa con el mal karma y afectada emocionalmente por la muerte de su favorito a sucederle, se centró en la represión de los intentos secesionistas por parte del nacionalismo sij en el Punjab. Los sij eran fervientes religiosos que querían separarse de la laica India. Ello no cuadraba con el pensamiento de Indira que tuvo la mala decisión de ordenar la ejecución de la Operación Estrella Azul que consistió en una masacre de cientos de civiles sij en Harimandir Sahib, un templo sagrado, por parte del Ejército de la India. Esta masacre puso como enemigos de Indira a los sij, pero en el resto de India, pareció popular la medida al ser reelegida en las elecciones de 1984. Tres meses después mientras Indira daba un paseo, su propia guardia personal, compuesta por sijs, la asesinó.

Rajiv Gandhi
A la muerte de Indira en 1984, su hijo Rajiv Gandhi, accedió como Primer Ministro del país, siendo el primer ministro más joven indio. Rajiv, se había mantenido al margen de la vida política, era piloto, pero la muerte de su hermano y la presión de su madre hicieron que Rajiv se metiera en la tradición familiar, la política india. Rajiv, como su abuelo y madre, fue educado en un ambiente occidental, estudió en Cambridge, donde conocería a su mujer, Sonia, Sonia Gandhi, una mujer italiana. Rajiv transmitía una imagen de innovación, juventud y modernidad, su mujer, italiana, no usaba velo, algo que curiosamente fue bien asimilado ante el público indio. Además comenzó a modernizar el país, comenzó a implantar el liberalismo de forma más fuerte que sus antepasados y daba la imagen de un gobierno sin corrupción, pero marcó su destino al enviar tropas a Sri Lanka para ayudar al gobierno cingalés a luchar contra los Tigres Tamil. Esta decisión se debió a causa de que Rajiv temía que si los tamiles se independizaban en Sri Lanka, ello haría un efecto dominó en la región sur, Tamil Nadu, habitada por tamiles. A raiz de esta decisión, a Rajiv parecía irle todo mal, esta entrada de tropas indias, abrió una guerra con los Tigres Tamil, además, su imagen de incorruptibilidad estalló a raíz del caso Bofors, llevándolo a perder las elecciones en 1989. Durante la campaña electoral de 1991, en pleno mitin, una militante suicida de los Tigres Tamil, asesinó a Rajiv.

Sonia y Rahul Gandhi
Su viuda, la italiana Sonia Gandhi, comenzó a defender los escritos e ideas de los Gandhi, llegando a
tener tan buena imagen pública que el Partido del Congreso Indio, pidió que lo liderase, a lo que Sonia accedió en 1998. A partir de ahí y para competir con sus tradicionales cuñada y sobrino, Sonia cambió las minifaldas y comenzó a llevar el "sari", a hablar hindi, todo para ganarse la confianza del electorado. Su hijo, Rahul Gandhi, actualmente es el presidente del Partido del Congreso Indio. Rahul sigue la tradición educativa tanto de su bisabuelo Nehru como de su abuela Indira, se educó en Occidente.

Como vemos, los Gandhi, una dinastía política que han influido en los destinos de la colosal India, pero que tienen que pagar un precio, la tragedia.

BIBLIOGRAFÍA:
-AA.VV. The Cambridge History of Souteast Asia. Volume two. Cambridge University Press. 2008
-Metcalf, Daly. Historia de la India. Ediciones AKAL, 2003.
-Rawding, F.W. La rebelión de la India en 1857. Ediciones AKAL, 1991.
-Smith, V.A. The Oxford History of India, Oxford UP, 1994.
https://www.abc.es/internacional/abci-nehru-gandhi-kennedy-india-200904190300-92262930992_noticia.html

BAKUMATSU O LA DEMOLICIÓN DEL SHOGUNATO TOKUGAWA. JAPÓN 1853-1868


Cómo el libre comercio occidental provocó una hiperinflación, cómo Londres y París armaron a los bandos de la guerra civil japonesa, y cómo los rebeldes utilizaron al Emperador como arma para derrocar al shogunato.

HIPERINFLACIÓN Y REVUELTA (1853-1860)

La historiografía dice que la llegada de los occidentales ofendió el orgullo nacional japonés, desatando la crisis, más bien fue el hambre provocado

En el Tratado Harris (1858), la apertura forzosa de los puertos permitió a los especuladores occidentales saquear las reservas de oro del Shogunato. Para frenar la fuga masiva de capitales, el gobierno de Edo (Tokio) degradó la moneda. El resultado fue una hiperinflación, donde el precio del arroz (la base de la economía y la moneda de cambio real) se triplicó en pocos meses.

El shogunato creó su propia trampa mortal, los casi dos millones de samuráis cobraban su salario en estipendios fijos de arroz. De la noche a la mañana, la orgullosa casta militar cayó en la miseria absoluta, ahogada por las deudas crónicas con los prestamistas, mientras veían a los comerciantes occidentales hacerse ricos en los nuevos puertos.

Arruinados y humillados, miles de jóvenes guerreros de los feudos periféricos del sur (como Satsuma y Chōshū) se convirtieron en Rōnin (guerreros sin amo) y se radicalizaron bajo el lema Sonnō Jōi ("Reverenciar al Emperador, Expulsar a los Bárbaros"). En términos de contrainteligencia, no eran "nobles idealistas"; operaron como células de terrorismo urbano. Los Shishi (hombres de alto propósito) ejecutaron una campaña de asesinatos selectivos, decapitando a machetazos en los callejones de Kioto a ministros colaboracionistas y extranjeros para reventar los tratados. El Shogunato perdió el monopolio del ejército, el libre comercio occidental había fabricado a sus propios verdugos.

REPRESALIA OCCIDENTAL Y REACCIÓN JAPONESA (1863-1864)

Pero el plan de "expulsar a los bárbaros" con espadas era primitivo y suicida. Las potencias occidentales les aplicaron rápidamente una terapia de choque, la diplomacia de las cañoneras.

En 1863 y 1864, como represalia por el asesinato de europeos, flotas de Gran Bretaña, EE. UU., Francia y Holanda arrasaron la ciudad de Kagoshima con cañones Armstrong incendiarios y destruyeron por completo las baterías costeras de Shimonoseki.

Cualquier otra nación asiática se habría rendido y convertido en colonia. Pero la élite samurái rebelde del sur extrajo una conclusión: "El fanatismo xenófobo no detiene a la artillería. El aislamiento es un suicidio. Si queremos sobrevivir y tomar el poder, tenemos que tirar nuestro lema a la basura, aliarnos en secreto con nuestros verdugos (los británicos) y comprar su tecnología de aniquilación industrial para usarla contra el Shogunato".

LA GUERRA SUBSIDIARIA. París contra la City de Londres

Una revolución no se gana con katanas en época del imperialismo se gana con líneas de crédito. A partir de 1865, el conflicto civil japonés dejó de ser un asunto interno. Se convirtió en el tablero de ajedrez donde el capital financiero europeo ejecutó una guerra a gran escala por el monopolio del Pacífico Norte.

Thomas Blake Glover

Napoleón III y su embajador Léon Roches apostaron todo a la supervivencia de la dictadura Tokugawa. Francia inyectó millones de francos, ingenieros para construir el inmenso arsenal naval de Yokosuka y envió oficiales de élite (como el capitán Jules Brunet) para entrenar, vestir y armar a las tropas del Shogun con tácticas europeas. En cambio, la City de Londres, oliendo el colapso financiero de Tokio, apostó por la insurgencia del sur. Aquí entra la figura de Thomas Blake Glover, un despiadado traficante de armas escocés asociado al cártel de Jardine Matheson (los arquitectos del contrabando de opio en China). Actuando como testaferro británico desde Nagasaki, Glover inundó ilegalmente a los rebeldes terroristas con miles de modernos fusiles estriados Minié y barcos de guerra acorazados. ¿Cómo pagaban los samuráis del sur? Con plata de contrabando, té y extorsión fiscal en sus dominios.

EL SECUESTRO DEL EMPERADOR COMO ARMA PROPAGANDÍSTICA (1867)

Tener cañones británicos no bastaba para los rebeldes japoneses, para dar un golpe de Estado militar a un gobierno que llevaba 250 años en el poder, necesitaban un respaldo legal para no parecer unos traidores. Los rebeldes ejecutaron una maniobra de marketing político brillante: el secuestro del emperador.

El objetivo fue la Corte Imperial de Kioto. Durante siglos, el Emperador había sido una reliquia ceremonial ignorada pero necesaria para el shogunato. En 1867, el emperador Kōmei (que paradójicamente odiaba a los occidentales pero apoyaba al Shogunato) murió súbitamente a los 36 años. (La toxicología apunta a un asesinato por envenenamiento a manos de radicales infiltrados).

El trono pasó a su hijo de 15 años, el Emperador Mutsuhito (futuro Meiji). Los líderes rebeldes rodearon la corte, aislaron al adolescente asustado y lo convirtieron en su escudo intocable. Emitieron edictos imperiales falsificados o coaccionados declarando al Shogunato como Chōteki (enemigo del trono). Al apropiarse del estandarte imperial, los golpistas del sur dejaron de ser "insurgentes" para convertirse mágicamente en el "Ejército Imperial oficial". Quien disparara contra ellos, estaba disparando contra la encarnación viva de la Diosa del Sol, el shogunato ante ello se desintegró por terror a la herejía.

LA GUERRA BOSHIN (1868)

En enero de 1868 estalló la Guerra Boshin, una masacre. En batallas clave como Toba-Fushimi, el inmenso ejército del Shogunato fue barrido, triturado y masacrado por el muro de fuego rápido de la infantería rebelde que avanzaba disparando con artillería de retrocarga británica e incluso ametralladoras Gatling estadounidenses.

El Shogunato colapsó. Pero el giro definitivo, la prueba de que todo fue una gigantesca extorsión de las élites, ocurrió el día después de la victoria.

En cuanto los líderes samuráis rebeldes tomaron el poder absoluto en Edo (renombrada Tokio) y proclamaron la Restauración Meiji, traicionaron absolutamente todo lo que habían jurado defender. Ejecutaron un acto de autoliquidación de clase sin precedentes en la historia mundial.

Para construir un Estado hiperindustrial a imagen y semejanza de Occidente, la oligarquía necesitaba erradicar su mayor gasto estructural: los propios samuráis. Los mismos líderes rebeldes que usaron a la casta guerrera como carne de cañón para dar el golpe contra el shogunato, procedieron a masacrarla mediante decretos burocráticos. Abolieron los feudos, cancelaron los sueldos en arroz, se pusieron trajes de levita ingleses, les prohibieron llevar espada en público y crearon un Ejército Nacional de reclutas campesinos prusianizados.

Cuando los samuráis tradicionalistas se dieron cuenta de la inmensa estafa y se levantaron en armas para reclamar lo que se les había prometido (la Rebelión de Satsuma de 1877), el nuevo Estado Imperial no tuvo piedad. Los exterminó a sangre fría utilizando artillería pesada occidental. La clase guerrera milenaria de Japón fue desmantelada financieramente y acribillada a ráfagas de 200 balas por minuto por sus propios antiguos comandantes, ya no eran útiles para los nuevos tiempos que se avecinaban.

CONCLUSIONES, EL SACRIFICIO JAPONÉS

El periodo Bakumatsu y la caída del Shogunato Tokugawa (1853-1868) es una lección de darwinismo geopolítico acelerado. No hubo romanticismo ni hubo nobles propósitos de preservación de la cultura y tradiones japonesas. Los 15 años de crisis fueron una trituradora de carne, encendida por la hiperinflación inducida por Washington, financiada por el tráfico de armas de Londres y París, y ejecutada por una oligarquía periférica despiadada que secuestró a un Emperador adolescente para legalizar su matanza.

El genio aterrador de la facción ganadora (los arquitectos de la era Meiji) fue su ausencia total de escrúpulos. La élite que derrocó al Shogun bajo el juramento sagrado de "expulsar a los occidentales" se puso inmediatamente sombreros de copa, construyó fábricas de vapor, fundó corporaciones monopólicas masivas (Zaibatsu) e instauró un Imperio capitalista letal.

Aprendieron la lección de Occidente a la perfección: En el nuevo orden mundial de libre mercado, si no eres el verdugo con cañones , automáticamente serás la víctima colonizada en la mesa de negociaciones.

Occidente inyectó el imperialismo en la bahía de Edo creyendo que estaba domesticando un nuevo y dócil mercado. En realidad, la casta guerrera nipona asimiló la realidad geopolítica mundial, masacró su propio pasado feudal a  disparos de ametralladora y se preparó para convertirse en el Imperio más sangriento, industrializado y letal de la historia de Asia. El monstruo corporativo que bombardearía Pearl Harbor acababa de nacer en 1868.

BIBLIOGRAFÍA

  • Beasley, W. G. (1995). La Restauración Meiji. Madrid, España: Ediciones Sílex. (Obra fundamental para entender el proceso político y las facciones que derrocaron al Shogunato).

  • Gordon, A. (2014). Historia contemporánea de Japón: del fin del shogunato a la actualidad. Madrid, España: Akal.

  • Hane, M. (2003). Breve historia de Japón. Madrid, España: Alianza Editorial.

  • Walker, B. L. (2017). Historia del Japón. Madrid, España: Akal. (Destaca por su rigor en los cambios ambientales, sociales y materiales de la época).

  • Whitney Hall, J. (1973). El imperio japonés. Madrid, España: Siglo XXI de España Editores.

  • La "lágrima de la India": Sri Lanka entre cingaleses y tamiles

    Sri Lanka, o la isla de los mil nombres, es una isla con olor a canela ambientada en un paraíso natural hasta hoy día poco explotado, pero dentro de ese paraíso se vivió un infierno, el enfrentamiento étnico entre cingaleses y tamiles.

    El 74% de la población del país pertenece a la etnica cingalesa mientras que el 20 % son tamiles, descendientes de migraciones drávidas históricas procedentes de la región Sur de la India, donde actualmente habitan tamiles. Los tamiles de Sri Lanka, disfrutaron de un Reino histórico llamado Candy, que cuando desapareció hizo que la parte Este y Norte de la isla esté habitada por esta etnia minoritaria.

    La época de dominio británico sobre la isla, influyó en la relación entre las dos etnias, ya que los tamiles colaboraron con el gobierno colonial británico, algo visto con malos ojos por parte de la mayoría cingalesa. Con la concesión de independencia en 1948, se implantó un gobierno cingalés que a pesar de realizar políticas socialistas, dejó a los tamiles como ciudadanos de segunda, ya que se les privó el derecho a votar, quedando así, sin votar 800.000 tamiles. Esta tensión entre etnias estalló en la década de los 50´s con levantamientos secesionistas por parte de tamiles, además en 1959, el presidente Salomón Bandaranaike, murió asesinado. A Salomón, le sucederá su viuda, la primera mujer presidenta del gobierno, Sirimavo Bandaranaike.

    Durante la década de los 60´s, Sirimavo gobernará la isla en coalición de su Partido Libertad junto al Partido Comunista y Trotskistas. Sirimavo llevó a cabo una política socialista y probudista que chocaba con la cultura hindú o cristiana de los tamiles. Además implantó el cingalés como única


    lengua oficial de la isla, parecía que se quería acabar con la identidad tamil. Estas políticas tuvieron como resultado el estallido de huelgas protagonizadas por los tamiles en el año 1961, declarando el gobierno de Sirimavo el Estado de Emergencia, declarándose ilegales las huelgas así como el Frente Unido  de Liberación Tamil, que defendía una política federal en la isla que permitiese un Congreso Tamil. Esta política implantó un bipartidismo donde se alternaban dos partidos cingaleses: el Partido Libertad de Sirimavo Bandaranaike, socialdemócrata y el Partido Nacional Unido, liberal conservador cuyo líder era Jayewardene. En 1972, con el país en calma, la presidenta, retoma su política procomunista llevando a cabo la nacionalización de las plantaciones, pero esta reforma dejó a los tamiles en las condiciones anteriores a la reforma, es decir, no les afectó.

    En 1979, los conservadores liberales con Jayewardene a la cabeza gobernarían el país hasta 1989, durante esta época se liberalizará la economía afectando negativamente al nivel de vida tamil.
    Velupillai Prabharakan, líder de los Tigres Tamil
    Viendo los tamiles que la política del país sólo estaba servida para los intereses de cingaleses que se centraban entre socialismo y liberalismo, dejando de lado el tema de convivencia étnica, fundaron un partido,  Ante la negativa de los partidos cingaleses y la ineficacia de la palabra en la política étnica, se creó un grupo guerrillero que iba a defender los intereses tamil a través de la violencia, los conocidos Tigres Tamil de Eelam, que se estrenaron en la sociedad a raíz de un atentado en 1983 donde volaron un coche patrulla dejando víctimas mortales. A este atentado, siguieron dos días de disturbios donde civiles cingaleses se vengaron de los tamiles, resultando en esta trifulca miles de víctimas mortales. Los Tigres Tamil no se achantaron y siguieron cometiendo atentados hasta llegar a realizar magnicidios, como el asesinato del famoso Rajiv Gandhi. El líder de los Tigres Tamil, Velupillai Prabharakan, un hombre con vida desconocida, y que usó el método de usar civiles como escudo defensor, parecía que la relación entre tamiles y cingaleses se estaba convirtiendo en una guerra abierta.

    Ante la violencia, Jayewardene, no cedió a la propuesta tamil de unificar el Norte y Este de la isla bajo un gobierno Tamil pero dio más poder autonómicos a estas regiones con la condición de que fuesen grupos moderados y sin vínculos con el grupo terrorista de los Tigres Tamil. No pareció esta la solución ya que los conflictos entre tamiles y cingaleses perduraron hasta 2009, cuando su líder, Prabharakan murió en un tiroteo contra fuerzas gubernamentales, dejando así, actualmente en el país, una duda, la violación de los derechos humanos por parte de la mayoría cingalesa hacia una minoría tamil, una herida que desangra el país, que es aprovechada por su gigante vecina, India.



    Era Taisho: el Imperio Japonés durante el reinado de Yoshihito (1912-1926)


    La Era Taisho no fue un oasis liberal arruinado por un accidente histórico, fue la incubadora paramilitar, corporativa y legal del totalitarismo nipón de los años 30 y 40. Fue una cleptocracia donde el oligopolio devoró el país nipón aprovechando el vacío de poder que dejaba un emperador con daño cerebral. Al son del jazz que sonaba en los clubes, el Estado fusilaba a obreros hambrientos, orquestaba limpiezas étnicas bajo la excusa de desastres naturales y fundaba la Policía del Pensamiento.

    YOSHIHITO Y LA RENTABILIDAD DE SU MENINGITIS

    Pasaría a la Historia japonesa el momento de la apertura de la Dieta (Parlamento) en 1913, cuando el Emperador Yoshihito (Taisho) enrolló su discurso oficial para usarlo como un "telescopio de papel" y observar con mirada vacía a los ministros. La historia lo cuenta como una excentricidad vergonzosa fruto de una meningitis infantil, pero fue mucho más que eso, fue el germén de lo que sería el Japón del General Tojo.

    En la Constitución Meiji, el Emperador era un "dios viviente" (arahitogami) con poderes absolutos sobre las Fuerzas Armadas y el Estado. Al heredar el trono Yohihito, un hombre con graves daños neurológicos, incapaz de hilar frases o tomar decisiones, el centro de gravedad del imperio quedó vacío. ¿Quién llenó ese vacío? Una hidra de tres cabezas: los Genro (los ancianos estadistas no electos en la sombra), la cúpula del Ejército Imperial y los Zaibatsu (los colosales monopolios corporativos como Mitsubishi, Mitsui y Sumitomo).

    Para esta oligarquía, la locura del emperador fue el escudo humano perfecto. Ocultaron a Yoshihito en sus palacios no por respeto, sino para gobernar en su nombre sin rendir cuentas a nadie. Los militares y las corporaciones podían saquear el presupuesto y dictar la política exterior, sabiendo que cualquier crítica ciudadana al gobierno sería castigada como "alta traición contra la figura divina". En la Realpolitik, un monarca incapacitado no es una triste anécdota médica, es un vacío de poder aprovechado por las élites industriales y militares niponas.

    EL BUITRE DEL PACÍFICO Y LA ESTAFA DE LA I GUERRA MUNDIAL (1914-1918)

    Mapa de Japón en 1930

    Japón entró en la Gran Guerra para obtener "insignificantes islas alemanas", pero ello era parte de un plan superior. Mientras las potencias europeas perdían a 20 millones de jóvenes desangrados en las trincheras europeas, Japón operó como un buitre en el Pacífico, tuvo pocas bajas en la Gran Guerra. Ocuparon la Micronesia alemana (las islas Carolinas, Marianas y Marshall). No querían esas islas por prestigio, las querían como "portaaviones" para expandirse por la rivera asiática del Pacífico, fortificándolas en secreto durante dos décadas para convertirlas en la barrera balística oceánica que desangraría a los Marines de Estados Unidos veinticinco años después.

    Pero el verdadero atraco japonés fue contra China. Aprovechando que Occidente se estaba suicidando en Europa, el gobierno "liberal" de Taisho presentó en secreto las infames "Veintiuna Exigencias" (1915) a la frágil República de China. Fue un intento de extorsión a punta de cañón para convertir al inmenso país vecino en un protectorado vasallo, exigiendo el control total de sus ferrocarriles, aduanas, minas de Manchuria y la inserción de "asesores" japoneses en su policía. La creciente industria nipona necesitaba de mano de obra, materias primas y mercado para continuar su expansión. El Japón de la Sociedad de Naciones no era pacifista, el saqueo fascista de los años 30 se diseñó legal e impunemente en la década de los 10s del siglo pasado.

    LOS ZAIBATSU Y EL HOLOCAUSTO DEL ARROZ (1918)

    Chicas Moga en Tokio

    ¿Quién pagaba los martinis de las famosas chicas Moga en Tokio? El milagro económico de los años 20 fue un espejismo urbano levantado sobre la explotación atroz de la clase obrera y agraria.

    La maquinaria de exportaciones de la guerra forró a los cuatro grandes Zaibatsu, que monopolizaron la economía nacional y compraron a los partidos políticos civiles como si fueran sus filiales. Para maximizar sus beneficios, acapararon productos básicos y especularon salvajemente, provocando una inflación letal que cuadruplicó el precio del arroz (la base calórica de la población japonesa).

    Kome Sodo
    En el verano de 1918, el hambre hizo estallar el país. Estallaron los Disturbios del Arroz (Kome Sodo), la mayor revuelta popular de la historia de Japón. Dos millones de ciudadanos (mineros, estibadores, campesinas) se alzaron en llamas, saqueando bancos, comisarías y almacenes corporativos. ¿Cómo respondió la "Democracia" Taisho? Desplegando a 100.000 soldados regulares del Ejército Imperial con ametralladoras, artillería ligera y bayonetas para aplastar a su propio pueblo. Hubo cientos de muertos en las calles y 25.000 detenidos. El Estado demostró que la democracia terminaba exactamente donde empezaban los dividendos de Mitsubishi.

    EL PROGROMO DE KANTO (1923)

    El 1 de septiembre de 1923, el Gran Terremoto de Kanto arrasó Tokio y Yokohama, dejando más de 100.000 muertos, registrándolo la historia como una catástrofe sísmica. Para el Estado nipón fue la coartada perfecta para el terrorismo de Estado y la limpieza étnica.

    Aprovechando el caos, el Ministerio del Interior y la cúpula de la policía militar (Kempeitai) propagaron deliberadamente un bulo incendiario a través de los telégrafos oficiales: "Los inmigrantes coreanos (Corea era colonia esclava de Japón) están saqueando, iniciando incendios y envenenando los pozos de agua".

    El resultado fue un genocidio sancionado por el Estado. Se armaron milicias paramilitares de ciudadanos japoneses (Jikeidan). Durante días, armados con katanas, espadas de bambú y fusiles, estos escuadrones de la muerte patrullaron las ruinas. Obligaban a los transeúntes a pronunciar palabras difíciles para los extranjeros, si fallaban, los ejecutaban en el acto. Asesinaron a machetazos a entre 6.000 y 10.000 civiles coreanos y cientos de trabajadores chinos a plena luz del día.

    Simultáneamente, el Estado aprovechó la ley marcial para decapitar a la izquierda en el Incidente de Amakasu. La policía militar secuestró al líder del anarquismo japonés, Sakae Osugi, a su esposa feminista Noe Ito y a su sobrino de apenas 6 años. Los estrangularon a los tres con sus propias manos en las celdas y arrojaron los cadáveres a un pozo. El terremoto regaló a las élites la excusa para barrer a la disidencia que suponía un obstáculo a su poder.

    1925, LA CREACIÓN DE LA POLICÍA DEL PENSAMIENTO

    La historiografía occidental aplaude que el gobierno civil aprobó el Sufragio Universal Masculino. El mundo liberal celebró la madurez democrática de Japón, pero no era tan bonito en el fondo. Ese derecho al voto fue literalmente el soborno para aprobar, en esa misma sesión parlamentaria, una herramienta autoritaria, la Ley de Preservación de la Paz (Chian Iji Ho).

    Esta ley criminalizaba con 10 años de prisión (y posteriormente la pena de muerte) no los actos de rebelión, sino el mero delito cognitivo. Castigaba el simple "pensamiento" o la asociación para alterar el Kokutai (la esencia mística del Estado) o criticar la propiedad privada de los Zaibatsu. Para aplicarla, el Estado creó la Tokko (la Policía Superior Especial). Fue la Gestapo japonesa. Durante los Felices Años 20, la "Policía del Pensamiento" infiltró universidades, sindicatos y los mismos clubes de jazz de las Moga, secuestrando y torturando hasta la muerte (o forzando a la retractación ideológica, el Tenko) a decenas de miles de estudiantes y disidentes.

    CONCLUSIONES, LAS SOMBRAS DE LA ERA TAISHO

    Afirmar que la Era Taisho fue una época de "luces y libertades" que lamentablemente derivó en la tragedia de la Segunda Guerra Mundial por culpa de la Crisis del 29 es un craso error. El militarismo fascista de los años 30 no asesinó a la Democracia Taisho, fue su perfeccionamiento, su heredero legal.

    La imagen del Emperador Yoshihito mirando por su telescopio de papel en la Dieta es la radiografía exacta de la Era Taisho. Mientras Occidente se quedaba embelesado mirando a las chicas mogapasear por los bulevares iluminados de Ginza, en el subsuelo, los "demócratas" de traje y corbata ya habían creado a la Policía del Pensamiento, habían masacrado a balazos a sus propios ciudadanos por pedir arroz, habían legalizado el genocidio coreano bajo los escombros de un terremoto y habían extorsionado a China.

    Cuando el joven y gélido emperador Hirohito asumió la regencia (y luego el trono en 1926) y los militares ultranacionalistas tomaron el control formal años más tarde, no tuvieron que dar un golpe de Estado violento para abolir los derechos civiles. No les hizo falta, la "Democracia Taisho" ya les había entregado, perfectamente legalizada, la maquinaria del totalitarismo.

    La comedia del jazz y las libertades no dio lugar a la tragedia bélica, fue la cortina de humo diseñada por el Imperio nipón para ocultar el ruido ensordecedor de los astilleros imperiales afilando el acero que acabaría incendiando el Pacífico.

    BIBLIOGRAFÍA

    Gordon, Andrew (1991). Labor and Imperial Democracy in Prewar Japan. (Imprescindible para entender la explotación de los Zaibatsu y la brutalidad de los Disturbios del Arroz).

    Ryang, Sonia (2003). The Great Kanto Earthquake and the Massacre of Koreans in 1923. Anthropological Quarterly. (Autopsia detallada del pogromo civil y el terrorismo de Estado).

    Mitchell, Richard H. (1976). Thought Control in Prewar Japan. (El expediente desclasificado sobre el Tokko y la aniquilación cognitiva mediante la Ley de Preservación de la Paz).

    Dickinson, Frederick R. (1999). War and National Reinvention: Japan in the Great War, 1914-1919. (Análisis forense del buitrismo táctico japonés en la IGM y las 21 Exigencias a China).