¿Por qué el Comunismo triunfó en muchos países asiáticos?

Karl Marx diseñó su ideología para los obreros industriales, educados y urbanos de Londres o Berlín. Sin embargo, el comunismo no triunfó allí; triunfó de forma aplastante en imperios asiáticos agrarios, analfabetos y anclados en el absolutismo teológico milenarioEl comunismo no triunfó en Asia porque los campesinos quisieran igualdad utópica al leer el Capital de Karl Marx, triunfó porque el Estalinismo era la respuesta militarizada que un continente entero decidió elegir para sobrevivir al poder del imperialismo occidental.

EL PAPEL DEL IMPERIALISMO OCCIDENTAL


Para entender por qué Asia se volcaba o tendía al comunismo, hay que conocer primero a los que la empujaron. En el siglo XIX, el Imperialismo europeo (Gran Bretaña, Francia) no visitó Asia para civilizarla como decían, la utilizó como una mina a cielo abierto para engrosar sus finanzas. Gran Bretaña, para frenar su déficit comercial de plata, obligó a China a consumir opio a punta de artillería naval (Guerras del Opio). Francia invadió Indochina para convertir Vietnam en una gigantesca fábrica de extracción de caucho con mano de obra casi esclava.

Luego llegó el Imperio Japonés (1931-1945). Buscando la pura supervivencia (petróleo y hierro), ejecutó una invasión supremacista violenta. Japón fue el "acelerador" al barrer a los ejércitos coloniales europeos, destruyendo para siempre el aura de invencibilidad del hombre blanco. Cuando Japón colapsó por las bombas atómicas en la II Guerra Mundial, dejó un inmenso vacío de poder en Asia. Las únicas organizaciones con disciplina militarizada para tomar el control de las ruinas de aquellos países fueron las guerrillas comunistas clandestinas.

En China, la epidemia forzada de opio británico zombificó a decenas de millones de padres, obligándolos a vender a sus hijas a los burdeles para pagar la droga. En Vietnam, si un campesino no cumplía la cuota de extracción para corporaciones como Michelin, los franceses lo despellejaban a latigazos, si se sindicalizaba, le cortaban la cabeza en la guillotina de Hanói. Durante la invasión japonesa, el terror se industrializó en la Masacre de Nankín, los civiles fueron usados como dianas de bayoneta. El siniestro Escuadrón 731 congeló vivos y diseccionó sin anestesia a miles de civiles para probar armas bacteriológicas, y cientos de miles de niñas fueron secuestradas como esclavas sexuales ("Mujeres de Consuelo"). El imperialismo extranjero torturó a Asia hasta tal punto, que el stalinismo les pareció la opción menos mala para tener un ejército propio que cerrara herméticamente las fronteras y frenara la explotación extranjera.

LA MUERTE DEL CONTRATO DIVINO (1905-1917)

El comunismo necesitaba un espacio donde instalarse. Durante milenios, el campesino asiático y ruso operaba bajo un contrato sagrado, el Emperador o el Zar no era un simple rey, era una deidad, el centro cósmico del universo (el "Padrecito", el "Hijo del Cielo"). La sociedad soportaba la servidumbre feudal porque creía ciegamente en este orden teológico.

Pero la élite tradicional cometió un suicidio en Rusia: cuando el Zar Nicolás II masacró a su pueblo desarmado en el Domingo Sangriento por "interrumpirle el té" y cuando envió a millones de jóvenes descalzos a ser triturados por las ametralladoras alemanas en 1916, rompió ese contrato divino entre el autócrata y su pueblo. Lo mismo ocurrió cuando los emperadores chinos huyeron cobardemente ante los europeos. Las monarquías demostraron ser inútiles e incapaces de proteger a la nación frente al acero industrial. Su caída dejó un vacío psicológico, político y social, un inmenso molde de orfandad diseñado exactamente a la medida de un nuevo método de organización.

Para el ciudadano llano, la caída del "Padrecito" fue una amputación sin anestesia. Imagine al campesino analfabeto congelándose a -20 grados en el barro, esperando a que su compañero muriera para quitarle el fusil. Cuando ese joven entendió que su Sagrado Emperador lo usaba como abono, su mente colapsó. El trauma de la guerra y la miseria eliminó la piedad del pueblo. El asiático de a pie ya no quería a un padre celestial que lo bendijera con poesías, quería un capataz implacable que le diera un rifle de repetición, pan y venganza.

EL "ZAR ROJO" Y LA FRANQUICIA ESTALINISTA 


¿Por qué estas sociedades agrarias eligieron el modelo de la URSS de Stalin en lugar de la democracia liberal? Porque las élites revolucionarias (Mao, Ho Chi Minh o Kim Il-sung) comprendieron una genialidad sociológica, el respeto ciego a la autoridad y jerarquía ya estaba grabado a fuego en el ADN asiático.

Por lo tanto, los comunistas no destruyeron el trono absolutista, simplemente le cambiaron la ideología y le perfeccionaron la red de espionaje. Exterminaron a la vieja nobleza mediante pelotones de fusilamiento para ser sustituidos por las élites comunistas, sustituyendo así el "Mandato del Cielo" por el "Materialismo Histórico". El Estalinismo era el manual perfecto, mezclaba la imagen reverencial del autócrata tradicional con un discurso marxista de modernización rápida. La Nomenklatura del Partido Comunista pasó a ocupar los palacios, exigiendo la misma adoración que los antiguos reyes y emperadores, pero ahora armados con tanques y burocracia.

Para la gente de las calles, este cambio de amo trajo la ingeniería del terror. Bajo el antiguo Emperador, el campesino era miserable, pero el Estado era ineficiente pero no vigilaba, o no podía, lo que pensaba en su cama. El Estado comunista se metió en el ámbito privado. A través de las Sesiones de Lucha Pública y los comisarios políticos, el sistema obligó a los hijos a delatar a sus propios padres, y a los vecinos a golpear públicamente a los "burgueses" en las plazas para demostrar su pureza ideológica. Se crearon inmensos campos de exterminio por trabajo (Gulag, Laogai, Kwanliso). El pueblo no solo perdió la libertad física, perdió la capacidad de confiar en otros seres humanos. Fueron obligados a aplaudir histéricamente a sus líderes, viviendo en un totalitarismo donde un mal gesto ante el Partido podía enviarte al paredón.

EL PRECIO DEL COMUNISMO ASIÁTICO

El mayor problema del comunismo asiático era cómo industrializarse rápido (construir altos hornos, ferrocarriles y misiles) para que Occidente no volviera a esclavizarlos, pero sin pedir un solo préstamo a los banqueros de Londres o Wall Street. La respuesta del "Zar Rojo" fue la acumulación del patrimonio socialista mediante el exterminio del propietario agrario.

El Estado abolió la propiedad privada no para liberar al campesino, sino para operar como un monopolio perfecto, ejecutando así la Colectivización Forzosa. El Partido Comunista requisó a punta de fusil el 100% de la cosecha, la exportó al extranjero para comprar acero y maquinaria soviética, y dejó a los productores sin un solo gramo de arroz. Fue la decisión económica de masacrar a la agricultura para subsidiar la industria pesada, el pueblo pagaba ese canje.

Esta decisión de despacho provocó los mayores holocaustos por inanición de la historia de la humanidad. Durante el Gran Salto Adelante de Mao en China, murieron entre 30 y 45 millones de personas de hambre en apenas cuatro años. En las aldeas, el Estado robó hasta las ollas de metal para fundirlas. Si una madre se comía su propio grano escondido para salvar a su bebé, era fusilada por "robar propiedad del Estado". La hambruna fue tan atroz que la locura se apoderó del campo: se documentó masivamente cómo los padres intercambiaban a sus hijos muertos con los vecinos para poder hervirlos y comérselos sin el trauma de devorar a su propia sangre. Decenas de millones fueron asesinados de hambre institucionalmente, sus cadáveres fueron la moneda de cambio utilizada para cuadrar el balance de pagos de la modernidad.

LA MASACRE DE LAS MASAS



Tras 1945, Asia se convirtió en el tablero donde EE. UU., la URSS y China libraron la Tercera Guerra Mundial de forma subcontratada. Washington, obsesionado con la Teoría del Dominó y con proteger las rutas comerciales del capitalismo, financió a las dictaduras militares fascistas más corruptas del continente, otorgándoles licencia para exterminar a la izquierda obrera. Moscú y Pekín, por su parte, entregaban los fusiles AK-47 a las guerrillas. Desde la óptica de la realpolitik, las guerrillas asiáticas se aferraron al comunismo porque era un escudo geopolítico. Les proporcionaba la disciplina necesaria para resistir las ráfagas de bombas sin rendirse jamás, garantizando la expulsión del invasor a cualquier precio.

El modelo estalinista sufrió una necrosis final. En Camboya, respaldado por China (que quería un aliado contra el Vietnam pro-soviético), Pol Pot y los Jemeres Rojos (1975-1979) decretaron el "Año Cero". Dictaminaron que el problema no era solo el capitalismo, era la civilización, las ciudades, el intelecto y la tecnología. Decidieron devolver a su nación a la prehistoria agraria en un solo fin de semana.

El campesino camboyano vio cómo la Fuerza Aérea estadounidense destruía sus tierras arrojando Napalm (fuego líquido que quema hasta el hueso) y Agente Naranja, alterando el ADN de generaciones enteras con malformaciones genéticas. Al mismo tiempo, en Camboya, se ejecutó el exterminio de la inteligencia. El ejército vació las ciudades a punta de fusil y abolió el dinero, la medicina y la familia. Soldados adolescentes asesinaban a golpes de azada (para ahorrar balas) a médicos, ingenieros, o a cualquier civil que llevara gafas, porque la miopía implicaba que sabías leer y eras un "parásito burgués". Casi 2 millones de camboyanos fueron exterminados por su propio gobierno. La traición final llegó en 1979, cuando China (comunista) invadió Vietnam (comunista). Tras un siglo derramando sangre para expulsar al hombre blanco, el pueblo asiático descubrió que el imperialismo rojo era igual de rapaz que las dictaduras procapitalistas: cientos de miles de jóvenes fueron forzados a despedazarse a bayonetazos en la frontera, pura y exclusivamente para resolver un problema de egos y poder entre las élites de Pekín y Hanói.

CONCLUSIONES, EL PRECIO DE LA UTOPÍA

El Comunismo no triunfó en el este de Asia por un debate intelectual sobre la plusvalía de Karl Marx. Triunfó porque, cuando les acorralaron cinco imperios globales, le robaron la tierra milenaria, zombificaron a su pueblo con opio, les bombardean con armas químicas y le tratan como a ganado industrial, no iban a invitar a un filósofo liberal para redactar una constitución, compraron el comunismo para devolver el golpe y sobrevivir.

El Estalinismo (y sus variantes) fue para Asia la herramienta de ingeniería social corporativa perfecta capaz de fusionar la milenaria autocracia asiática con la urgente industrialización del siglo XX. Un traje de Kevlar que repelió a las superpotencias occidentales y convirtió a reinos agrarios humillados en potencias nucleares temidas por el planeta entero en una sola generación. El precio de la factura está escrito con sangre en el subsuelo del continente.

Escena norcoreana

Al cambiar al Emperador por el Secretario General, estas naciones firmaron el Pacto más gigantesco y atroz de la historia humana: Para conseguir soberanía, trenes de alta velocidad, acero y misiles balísticos, la élite revolucionaria decidió que debía pagar un alto costo demográfico, es decir, la muerte de parte de sus pueblos.

El pueblo asiático derramó océanos de sangre creyendo que estaba tomando las armas para guillotinar a sus explotadores tradicionales y construir el paraíso en la tierra, sin saber jamás que solo estaban prestando sus propios cráneos y sus vértebras para pavimentar los cimientos de dictaduras comunistas.



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