MOSSADEGH, EL ARISTÓCRATA EN PIJAMA QUE NACIONALIZÓ EL ORGULLO DE IRÁN.

 


La historia de Irán en el siglo XX representa un buble trágico de ambición, lucha por la soberanía  y un choque a todos los niveles entre lo islámico y lo occidental. Para entender por qué el Irán de hoy viste de negro y mira con recelo a Occidente, hay que desenterrar a Mohammad Mossadegh, el hombre que intentó resolver la ecuación más peligrosa del siglo XX: cómo transformar un protectorado británico petrolero en una democracia soberana sin ser devorado por la maquinaria de la Guerra Fría. Su caída no fue una simple operación de espionaje y sabotaje; fue el fracaso de la política iraní de resistirse frente a un sistema financiero global diseñado para la obediencia a las dos grandes potencias: EE.UU y la URSS. Finalmente Mossadegh murió en 1967 en arresto domiciliario en un Teherán que se modernizaba bajo la autocracia del zar y la extracción de petróleo por parte de potencias extranjeras. Su tumba, bajo el suelo de su propia casa, sigue siendo un recordatorio silencioso de que el petróleo puede ser la riqueza de una nación, pero también su maldición.

IRÁN, 1941: UN PAÍS TRATADO COMO GASOLINERA



En agosto de 1941, el mundo estaba en llamas. Pese a que Irán se había declarado neutral, su posición era demasiado valiosa. La URSS estaba siendo despedazada por la invasión nazi (Operación Barbarroja) y necesitaba desesperadamente suministros de los Aliados. El ferrocarril transiraní a través del "Corredor Persa" era la ruta más segura para abastecer a la maquinaria industrial y bélica soviética. Además, Gran Bretaña no podía arriesgarse a que la refinería de Abadán cayera en manos alemanas. 

En medio de toda esta situación, el Sha de Irán, Reza Shah, sentía una gran admiración por la eficiencia alemana y había llenado el país de técnicos y asesores alemanes. Para Londres y Moscú, esto era una situación inaceptable. La acción no tardaría en suceder, el 25 de agosto de 1941, fuerzas británicas (desde el sur) y soviéticas (desde el norte) invadieron Irán. El ejército iraní, que el viejo Shah había construido con tanto orgullo, colapsó en menos de una semana. Los británicos, que despreciaban la terquedad de Reza Shah, le dieron un ultimátum: o abdicaba en su hijo o la monarquía Pahlavi sería borrada y sustituida por un consejo o incluso por la antigua dinastía Qajar. El viejo monarca, de orden militar, tuvo que firmar su renuncia el 16 de septiembre de 1941. Los británicos lo enviaron al exilio en un barco, primero a la Isla Mauricio y luego a Sudáfrica, donde moriría pocos años después.

Surgía de este modo un nuevo Shah para Irán, Mohammad Reza Pahlavi tenía solo 21 años cuando juró el cargo ante el Parlamento (Majlis). A diferencia de su padre, que siempre vestía uniformes militares toscos y tenía un aire amenazante, el joven Mohammad Reza era un joven educado en Suiza, de modales refinados, que vestía trajes europeos de corte impecable. Para los Aliados, parecía un líder mucho más "moldeable". El joven Sha ascendió a un trono que no controlaba, Teherán estaba ocupada por tropas extranjeras: los británicos controlaban el sur y el petróleo, mientras que los soviéticos controlaban el norte y fomentaban movimientos separatistas.
En este momento, el poder real en Irán no estaba en el Palacio de Mármol, sino en las embajadas de Gran Bretaña y la URSS. El Sha pasó su primera década en el poder tratando de sobrevivir entre estas dos potencias, mientras en el Parlamento empezaba a surgir una figura que años después le daría su mayor dolor de cabeza: Mohammad Mossadegh.

MOSSADEGH, EL QAJAR EN PIJAMA



Hijo de una princesa Qajar y un tesorero real, Mossadegh no era un revolucionario procedente de las barriadas de clase baja de Teherán, sino un constitucionalista educado en París y Neuchâtel. Su origen y educación lo transmitía en su estética, la de la élite ilustrada: modales refinados, francés fluido y un profundo respeto por el sistema parlamentario (Majlis). La vida privada de Mohammad Mossadegh es tan fascinante como su carrera política, marcada por una contradicción constante: era un aristócrata de sangre real, descendiente de la dinastía Qajar, que vivía con la austeridad de un asceta y la brillantez de un visionario. Mossadegh anhelaba los tiempos en que su familia los Qajar, gobernaban Irán.

Mossadegh no solo hablaba de patriotismo, lo vivía con una coherencia que descolocaba a sus enemigos. A pesar de ser uno de los mayores terratenientes de Irán, renunció a su salario como Primer Ministro. Incluso pagaba de su propio bolsillo los viajes oficiales y los gastos de representación. Para él, servir al Estado era un deber de nobleza, no un empleo. Su matrimonio con Zahra Khanum (Zia al-Saltaneh), nieta del Shah Nasser al-Din, fue una unión de respeto mutuo y devoción. ¿La prueba de ello?, a diferencia de muchos hombres de su estatus en el Teherán de los años 50, Mossadegh nunca tomó segundas esposas ni buscó concubinas, mostrando su apuesta por la modernidad basada en la occidentalización. Fue el primer iraní en obtener un Doctorado en Derecho en una universidad europea (Neuchâtel, Suiza). Su rutina privada estaba rodeada de libros de jurisprudencia y filosofía, manteniendo siempre una dieta intelectual.

Su carácter personal es a menudo calificado como "difícil" o directamente manipulador. Mossadegh padecía de una salud frágil (reducida capacidad pulmonar y frecuentes ataques de nervios), pero aprendió a usar su debilidad como arma política. Recibía a embajadores y mandatarios en su dormitorio, vestido con su famoso pijama de seda o lana. Esta "debilidad" era, en parte, una táctica para desarmar a sus interlocutores y evitar compromisos inmediatos. Era propenso a estallidos de llanto público y desmayos en el Parlamento. Mientras sus seguidores lo veían como una muestra de su "alma sensible" y amor por Irán, sus detractores (y los diplomáticos británicos) lo consideraban un "actor" que usaba las emociones para eludir la lógica y debate políticos.

Abgoosht 
Su negativa absoluta a ceder en las negociaciones del petróleo, incluso cuando su familia y amigos le advertían del peligro de un golpe, muestra su creencia que él podía salvar a Irán. Para entender su intimidad, hay que mirar su entorno, A pesar de su riqueza, prefería la comida sencilla. En su casa de la calle Kakh, se servían platos tradicionales como el Abgoosht (un guiso humilde de cordero y garbanzos) o arroz con azafrán, evitando los banquetes afrancesados que tanto gustaban en la corte del Sha. 

Fuera de su habitual cama, Mossadegh era un "dandy" de la vieja escuela. Sus trajes eran de corte europeo impecable, pero siempre con una sobriedad absoluta. No usaba joyas ni condecoraciones ostentosas; su única distinción era su linaje, los Qajar, y su dialéctica. Mohammad Mossadegh fue, en resumen, un hombre que habitó dos mundos: el de los palacios Qajar y el de la democracia moderna.

MOSSADEGH, EL ASCENSO

El ascenso al poder de Mohammad Mossadegh fue un proceso democrático y parlamentario impulsado por un creciente sentimiento nacionalista en el Irán de la posguerra. Tras un periodo de exilio interno y arresto domiciliario durante el reinado de Reza Shah, Mossadegh regresó a la política activa tras la abdicación de este y la ocupación aliada de Irán. Fue elegido para el 14.º Majlis (Parlamento) como el diputado con más votos de Teherán. Desde su escaño, se convirtió en el principal defensor de la soberanía iraní frente a las concesiones de petróleo a potencias extranjeras. En 1949, fundó el Frente Nacional (Jebhe Melli), una coalición heterogénea que incluía a intelectuales liberales, partidos de centro-izquierda, bazares (comerciantes tradicionales) y algunos clérigos nacionalistas. Su objetivo era doble:
  • Garantizar elecciones libres y honestas.

  • Poner fin al control británico sobre los recursos naturales de Irán.

Última foto del general Razmara
El descontento popular contra la Anglo-Iranian Oil Company (AIOC) llegó a un punto crítico en 1950. Los iraníes veían cómo los británicos obtenían más beneficios del petróleo persa que el propio Estado iraní. Mossadegh, como presidente de la Comisión del Petróleo del Parlamento, lideró la propuesta para nacionalizar la industria, convirtiéndose en el símbolo de la dignidad nacional. El entonces primer ministro, el general Haj Ali Razmara, se oponía a la nacionalización argumentando que Irán no tenía la capacidad técnica para gestionar la industria. El 7 de marzo de 1951, Razmara fue asesinado por un miembro de los Fedayines del Islam, un grupo fundamentalista islámico. Su muerte eliminó el principal obstáculo político para la nacionalización y generó un clima de fervor revolucionario en las calles.

Tras el asesinato de Razmara y bajo una inmensa presión popular, el Parlamento aprobó la Ley de Nacionalización del Petróleo. El 28 de abril de 1951, el Majlis votó abrumadoramente (79 a 12) a favor de nombrar a Mossadegh como nuevo primer ministro. El joven Sha, Mohammad Reza Pahlavi, aunque desconfiaba profundamente de Mossadegh y temía la reacción británica, se vio obligado a firmar el decreto real (firman) al día siguiente, debido a que Mossadegh contaba con el apoyo unánime de la opinión pública y de las facciones políticas dominantes. Así, Mossadegh ascendió al poder no mediante las armas, sino a través del constitucionalismo y el apoyo de las masas, marcando el inicio de un breve pero intenso experimento democrático en Irán. 


MOSSADEGH, LA NACIONALIZACIÓN

En 1951, Mossadegh nacionalizó la Anglo-Iranian Oil Company (AIOC). Los británicos, que dependían totalmente de ese petróleo para su marina y su economía, respondieron con un bloqueo naval (la Crisis de Abadán).La consecuencia fue que Irán dejó de exportar petróleo, su economía se hundió, la moneda se devaluó y el país entró en una crisis de desabastecimiento. Esto agotó la paciencia de la clase media y de los comerciantes del Bazar, que inicialmente lo apoyaban.

Mossadegh sospechaba que el Shah estaba confabulado con los británicos, por lo que buscaba reducir el papel del Sha Mohammad Reza Pahlavi al de un monarca ceremonial y simbólico, siguiendo el modelo europeo. Para afrontar esta crisis nacional, Mossadegh exigió el derecho de nombrar al Ministro de Guerra y controlar las fuerzas armadas, algo que el Sha consideraba una amenaza existencial para la monarquía, institución que tenía poder sobre el ejército. Esta lucha de poder fracturó al ejército, haciendo que los altos mandos se pusieran del lado del Sha y de las potencias extranjeras.

El bloqueo estaba dificultando el gobierno de Mossadegh, su coalición, el Frente Nacional, era muy diversa y empezó a romperse bajo la presión que ejercía la crisis económica sobre la sociedad y la política iraníes. El influyente Ayatolá Kashani, que había sido su gran aliado y movilizador de masas, se distanció de él por su laicismo y por el caos económico. Además, los sectores más conservadores de Irán temían que las reformas agrarias de Mossadegh quitaran las tierras a las élites tradicionales.

Aunque Mossadegh no era comunista, permitió que el partido pro-soviético Tudeh operara legalmente para usarlo como contrapeso frente a los británicos. Esto le dio a la CIA y al MI6 el argumento perfecto para convencer al presidente estadounidense Eisenhower de que Irán estaba a punto de caer bajo el comunismo. Estados Unidos pasó de ser un mediador neutral a ser arquitecto de un golpe de Estado para "contener" el comunismo en Irán. 

Todo ello empeoró aún más la situación política de Mossadegh. Ante un Parlamento (Majlis) que estaba bloqueado y lleno de opositores sobornados por agentes extranjeros, Mossadegh tomó una decisión polémica: disolvió el Parlamento tras un referéndum popular muy cuestionado (donde se votaba en urnas separadas para el "Sí" y el "No", rompiendo el derecho al voto secreto). El referendum alienó a muchos intelectuales constitucionalistas que lo veían ya no como un defensor de la democracia, sino como un dictador en potencia.

MOSSADEGH, DENTRO DE LA GUERRA FRÍA

El contexto geopolítico de la época de Mossadegh (aproximadamente entre 1951 y 1953) estuvo definido por una tormenta perfecta de tres fuerzas globales: la Guerra Fría, el ocaso del colonialismo británico y el surgimiento del nacionalismo en el Tercer Mundo.

Tras la Segunda Guerra Mundial, el mundo se dividió en dos bloques. Irán era una pieza crítica debido a su frontera compartida con la Unión Soviética. La administración estadounidense de Harry S. Truman, y más tarde la de Dwight D. Eisenhower, temían que la inestabilidad económica en Irán —provocada por el embargo británico— empujara al país a los brazos de la URSS. Dentro de Irán, el partido comunista (Tudeh) era una fuerza organizada. Aunque Mossadegh no era comunista, su disposición a permitirles operar políticamente para presionar a Occidente aterrorizó a Washington.

Para el Reino Unido, la nacionalización del petróleo iraní no era solo una pérdida financiera; era una humillación imperial. La refinería de Abadán era la más grande del mundo y un símbolo del poder británico en el extranjero. Por eso, Londres tras el embargo,  respondió a la nacionalización retirando a sus técnicos y bloqueando las exportaciones de petróleo iraní con su armada. Esto estranguló la economía de Irán, buscando que el pueblo se rebelara contra Mossadegh.

Al inicio, EE. UU. actuó como mediador, simpatizando en parte con las aspiraciones nacionalistas de Irán. Sin embargo, dos factores cambiaron el panorama:

  • La Guerra de Corea: El conflicto en Asia intensificó el miedo al avance global del comunismo.

  • Cambio de Gobierno en Washington: En 1953, con la llegada de Eisenhower y los hermanos Dulles (CIA y Estado), la política exterior pasó de la diplomacia a la acción encubierta. Priorizaron la estabilidad y el acceso al petróleo sobre la naciente democracia iraní.

La era de Mossadegh fue contemporánea al ascenso de figuras como Gamal Abdel Nasser en Egipto y el movimiento de los países no alineados. Mossadegh fue el primer líder en el Medio Oriente que desafió con éxito (temporalmente) a una potencia europea. Su lucha inspiró movimientos de descolonización en África y Asia, lo que hizo que las potencias occidentales temieran un "efecto dominó" que pusiera fin a sus concesiones de recursos naturales en todo el mundo.

Internamente, la geopolítica se reflejaba en la lucha de poder entre:

  • El Sha Mohammad Reza Pahlavi: Apoyado por las fuerzas armadas y los intereses occidentales, quien veía en Mossadegh una amenaza a la monarquía.

  • El Frente Nacional: Una coalición de la clase media urbana y sectores tradicionales que buscaban la independencia económica total.

Este contexto culminó en agosto de 1953 con la Operación Ajax, el primer golpe de Estado orquestado por la CIA en suelo extranjero, que alteró el destino de Irán y su relación con el mundo occidental para siempre.

GUERRA FRÍA EN IRÁN, OPERACIÓN AJAX

El primer intento de golpe de Estado, que tuvo lugar la noche del 15 al 16 de agosto de 1953, fue un fracaso absoluto que casi termina con la monarquía Pahlavi antes de tiempo. Fue una operación diseñada para ser "legal" en apariencia, pero ejecutada con una torpeza que Mossadegh supo esquivar.
La CIA (Kermit Roosevelt) y el MI6 convencieron al Sha, que estaba refugiado en su palacio de verano en Ramsar (frente al Mar Caspio), de firmar dos decretos reales (firmans):
  1. Uno que destituía oficialmente a Mossadegh como Primer Ministro.

  2. Otro que nombraba al General Fazlollah Zahedi como su sucesor.

Shah Pahlavi Reza con el presidente Eisenhower
El plan era simple: entregar el decreto de destitución a Mossadegh en su casa a medianoche, arrestarlo si se resistía y tomar los puntos clave de Teherán (radio, telégrafos y centros militares). El encargado de entregar el decreto fue el Coronel Nematollah Nassiri, jefe de la Guardia Imperial. Nassiri llegó a la residencia de Mossadegh en la calle Kakh en un convoy militar, vistiendo su uniforme de gala. Mossadegh, fiel a su estilo, estaba en su habitación esperando, ya que había sido alertado horas antes (posiblemente por oficiales leales o por infiltrados del partido comunista Tudeh). Cuando Nassiri llegó con el decreto, no se encontró con un primer ministro indefenso, sino con una casa rodeada de tanques y tropas leales al gobierno. En lugar de que Mossadegh fuera arrestado, Nassiri fue arrestado por la guardia de Mossadegh mientras que los otros oficiales que debían tomar los centros de comunicación se acobardaron al ver que el factor sorpresa se había perdido.

Al amanecer del 16 de agosto, las radios de Teherán anunciaron que se había frustrado un golpe de Estado "respaldado por extranjeros". El Sha, al enterarse del fracaso desde Ramsar, no esperó a ver qué pasaba, sabía que Mossadegh iría tras él. Subió a su avión privado con la Reina Soraya y voló primero a Bagdad y luego a Roma. En Teherán, las multitudes (especialmente los partidarios de Mossadegh y el Tudeh) salieron a las calles a derribar estatuas del Sha y de su padre, creyendo que la monarquía había terminado para siempre.

Mossadegh creyó que había ganado, ordenando así a sus seguidores que volvieran a sus casas para restaurar el orden, despejando las calles. Mientras Mossadegh celebraba su "victoria", Kermit Roosevelt seguía escondido en Teherán con cajas llenas de dólares listas para sobornar. La CIA no se rindió; simplemente cambiaron el plan de un "golpe militar" a un "caos callejero orquestado", que sería el que finalmente triunfaría tres días después, el 19 de agosto. 

Tras el estrepitoso fracaso del 16 de agosto y la huida del Sha a Roma, la CIA envió un telegrama a

Kermit Roosevelt
 Kermit Roosevelt ordenándole abandonar Irán inmediatamente. Sin embargo, Roosevelt, en un acto de rebeldía que cambiaría la historia, decidió ignorar a sus superiores. "No hemos terminado", dijo.

Para Roosevelt, su mayor baza era el miedo al comunismo. El 17 y 18 de agosto, la CIA pagó a agitadores para que se hicieran pasar por miembros del partido Tudeh (comunistas). Posteriormente, estos falsos comunistas recorrieron Teherán profanando símbolos religiosos, rompiendo escaparates y gritando consignas contra el Islam. El Objetivo de Roosevelt fue aterrorizar a los líderes religiosos (como el Ayatolá Kashani) y a los comerciantes del Bazar. El mensaje era claro: "Si Mossadegh sigue, los ateos comunistas tomarán el control". Funcionó. El clero, que antes apoyaba a Mossadegh, ahora temía por su supervivencia. 

Roosevelt sabía que necesitaba controlar y usar para sus fines la calle, y para ello recurrió a los Zurkhaneh (gimnasios tradicionales de lucha persa). Shaban Jafari, un forzudo de los bajos fondos de Teherán con una lealtad ciega al Sha. Roosevelt y sus agentes (los hermanos Rashidian) utilizaron maletas llenas de dólares para contratar a cientos de "matones" y luchadores. Más tarde, una turba orquestada por la CIA de cientos de hombres musculosos, armados con palos y cuchillos, liderando a una multitud que gritaba "¡Viva el Sha!" se dirigía al centro de la ciudad. Era esta una "revolución espontánea" creada y comprada con dinero estadounidense. Mientras la calle ardía, Roosevelt compró a directores de periódicos para que imprimieran ediciones especiales con el decreto de destitución de Mossadegh (el firman que el Sha había firmado antes de huir), Difundiéndose el rumor de que el Sha no había huido, sino que estaba "esperando el momento" para regresar, y que Mossadegh era ahora un gobernante ilegal.

Shaban Jafari
El miércoles 19, Teherán estalló. La multitud pagada por la CIA se unió a unidades del ejército que habían sido sobornadas o convencidas de que Mossadegh era un traidor. Tanques leales al General Zahedi (el elegido por la CIA) rodearon la residencia de Mossadegh. Durante nueve horas, la casa fue el centro de una batalla feroz que dejó cientos de muertos. Mossadegh, escuchando cómo los tanques destruían sus muros, tuvo que saltar por la pared trasera de su jardín para salvar su vida, mientras una turba saqueaba todas sus pertenencias incluidos sus pijamas.

Apenas tres días después de haber huido como un fugitivo, el Sha recibió un telegrama en su hotel de Roma: "Mossadegh ha caído. Regrese a casa". El 22 de agosto, aterrizó en Teherán no como un rey que recuperaba su trono, sino como un monarca que le debía su corona a la CIA. El Shah necesitaba vengarse de Mossadegh, lo que lo llevó a juicio para humillarlo públicamente.

MOSSADEGH, EL JUICIO

En noviembre de 1953, Mossadegh fue llevado ante un tribunal militar en Teherán. Mossadegh apareció envuelto en su característica túnica de lana gris, a veces apoyado en un bastón o sentado con aspecto cansado. Frente a él, generales con uniformes rígidos y cargados de medallas lo acusaban de "rebelión contra el monarca". Mossadegh no se defendió de los cargos que le acusaban, atacó directamente la legitimidad del tribunal. Argumentó que, según la Constitución de 1906, un Primer Ministro solo podía ser juzgado por el Parlamento, no por militares. Sus discursos fueron maratonianos. En un momento famoso, gritó: 

“¡Sí, mi pecado es grande, muy grande! Mi pecado es haber nacionalizado la industria petrolera de Irán y haber expulsado del país al mayor imperio de la tierra!”.

El Sha quería la pena de muerte, pero temía que ejecutarlo lo convirtiera en un mártir eterno. Finalmente, fue condenado a tres años de prisión en solitario, seguidos de arresto domiciliario de por vida en su finca de Ahmadabad.

Mientras Mossadegh languidecía en prisión, el hombre que lideró a las turbas para derrocarlo se convirtió en una figura grotesca y poderosa en el nuevo Irán del Sha. Shaban Jafari fue recompensado generosamente. El régimen le financió un nuevo y lujoso Zurkhaneh (club de lucha tradicional) en el centro de Teherán. Durante los siguientes 25 años, Shaban fue el jefe extraoficial de la seguridad en las calles. Si había una protesta estudiantil o una huelga en el Bazar, Shaban y sus "muchachos" aparecían con palos para "restaurar el orden" en nombre del Sha. Shaban siempre vestía camisas de seda abiertas y se movía con la arrogancia de quien se sabe intocable. Representaba la alianza del trono con el lumpen-proletariado y el poder físico del Zurkhaneh. Irónicamente, Shaban Jafari murió en el exilio en Los Ángeles el mismo día que se cumplía el aniversario del golpe (19 de agosto de 2006).

Mossadegh pasó sus últimos 14 años confinado en su aldea. No se le permitía recibir visitas políticas ni hablar con la prensa. Se dedicó a la agricultura, a leer y a escribir cartas. Su mesa seguía siendo sencilla: arroz, yogur y fruta de sus propios árboles. Vestía ropa humilde de campesino, pero mantenía su dignidad de aristócrata. Murió a los 84 años. El Sha, todavía temeroso de su sombra, prohibió un funeral público, fue enterrado en una habitación de su propia casa, bajo las tablas del suelo, para evitar que su tumba se convirtiera en un lugar de peregrinación revolucionaria.

LOS EFECTOS DE LA OPERACIÓN AJAX EN IRÁN



Tras el golpe de 1953, el petróleo iraní no volvió simplemente a manos británicas. El mapa del poder energético mundial cambió para siempre, marcando el inicio de la era de las "Siete Hermanas" y consolidando la influencia de Estados Unidos en el Golfo Pérsico. Aquí tienes el reparto del botín bajo los acuerdos de 1954:

Empresa / PaísPorcentajeSignificado Político
British Petroleum (BP)40%El Reino Unido perdió su monopolio (antes era el 100%). Fue el fin de su hegemonía.
Cinco petroleras de EE. UU.40%(Gulf, Texaco, Mobil, Standard Oil de NY y de NJ). El pago de EE. UU. por orquestar el golpe.
Royal Dutch Shell14%Interés anglo-holandés para mantener el equilibrio europeo.
Compagnie Française des Pétroles6%La cuota para Francia (hoy TotalEnergies).

Aunque Mossadegh había nacionalizado la industria, el nuevo gobierno del General Zahedi (bajo la tutela del Sha) tuvo que aceptar una realidad: Irán no tenía los barcos ni los técnicos para vender su crudo. Se creó un Consorcio Internacional que gestionaría el petróleo durante los siguientes 25 años. Lo más trágico de la caída de Mossadegh fue el acuerdo financiero. El Consorcio aceptó dividir los beneficios al 50% con el Estado iraníEsto es exactamente lo que los británicos se habían negado a darle a Mossadegh años antes, lo que habría evitado la crisis y el golpe. Al Sha se le concedió lo que a Mossadegh se le negó, simplemente porque el Sha garantizaba que el petróleo seguiría fluyendo hacia Occidente y que Irán no se volvería comunista.

Con el regreso del flujo de los petrodólares, el Teherán de finales de los 50 y los 60 comenzó una transformación radical. El dinero del petróleo trajo la importación masiva de productos de lujo. En las calles empezaron a verse los enormes Cadillacs y Buicks estadounidenses. Las boutiques de la calle Lalezar se llenaron de perfumes franceses y electrodomésticos que antes eran impensables. Surgieron restaurantes de alta cocina internacional donde el caviar del Caspio se servía con champán francés, alejándose de la sobriedad del Abgoosht que prefería Mossadegh. Mientras que la Refinería de Abadán, volvió a funcionar, pero esta vez con una jerarquía clara: los puestos directivos eran para expatriados estadounidenses y británicos que vivían en barrios segregados con aire acondicionado, clubes de golf y demás lujos, mientras los obreros iraníes vivían en condiciones mucho más precarias.

El petróleo se convirtió en la "maldición" del Sha. Al tener ingresos directos del crudo, el monarca ya no necesitaba cobrar impuestos a su pueblo para financiar el Estado. El Sha se volvió cada vez más autocrático y alejado de la realidad de la calle, confiando en que el dinero del petróleo compraría la lealtad de la población y las armas necesarias para su policía secreta (SAVAK). El petróleo que Mossadegh quiso usar para liberar a Irán terminó siendo la herramienta que financió la dictadura del Sha durante las siguientes dos décadas. El golpe de 1953 no solo terminó con Mossadegh, sino que transformó al Sha de un monarca inseguro en un autócrata convencido de que solo la fuerza y el apoyo extranjero podían mantener su trono... una convicción que le pasaría factura en 1979.

BIBLIOGRAFÍA

-Farzamnia, Nadereh. Irán. De la revolución islámica a la revolución nuclear, Síntesis, 2009.
-Keddie, Nikki R., Las raíces del Irán moderno, Belcqua, 2006.
-Merinero Martín, María Jesús, La República Islámica de Irán. Dinámicas socio-políticas y relevo de las élites, Los Libros de la Catarata, 2004.

DOCUMENTALES







Gemini ha dichoTras el estrepitoso fracaso del 16 de agosto y la huida del Sha a Roma, la CIA envió un telegrama a Kermit Roosevelt ordenándole abandonar Irán inmediatamente. Sin embargo, Roosevelt, en un acto de rebeldía que cambiaría la historia, decidió ignorar a sus superiores. "No hemos terminado", dijo.

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