MOSSADEGH, EL ARISTÓCRATA EN PIJAMA QUE NACIONALIZÓ EL ORGULLO DE IRÁN.
IRÁN, 1941: UN PAÍS TRATADO COMO GASOLINERA
En agosto de 1941, el mundo estaba en llamas. Pese a que Irán se había declarado neutral, su posición era demasiado valiosa. La URSS estaba siendo despedazada por la invasión nazi (Operación Barbarroja) y necesitaba desesperadamente suministros de los Aliados. El ferrocarril transiraní a través del "Corredor Persa" era la ruta más segura para abastecer a la maquinaria industrial y bélica soviética. Además, Gran Bretaña no podía arriesgarse a que la refinería de Abadán cayera en manos alemanas.
En medio de toda esta situación, el Sha de Irán, Reza Shah, sentía una gran admiración por la eficiencia alemana y había llenado el país de técnicos y asesores alemanes. Para Londres y Moscú, esto era una situación inaceptable. La acción no tardaría en suceder, el 25 de agosto de 1941, fuerzas británicas (desde el sur) y soviéticas (desde el norte) invadieron Irán. El ejército iraní, que el viejo Shah había construido con tanto orgullo, colapsó en menos de una semana. Los británicos, que despreciaban la terquedad de Reza Shah, le dieron un ultimátum: o abdicaba en su hijo o la monarquía Pahlavi sería borrada y sustituida por un consejo o incluso por la antigua dinastía Qajar. El viejo monarca, de orden militar, tuvo que firmar su renuncia el 16 de septiembre de 1941. Los británicos lo enviaron al exilio en un barco, primero a la Isla Mauricio y luego a Sudáfrica, donde moriría pocos años después.
Surgía de este modo un nuevo Shah para Irán, Mohammad Reza Pahlavi tenía solo 21 años cuando juró el cargo ante el Parlamento (Majlis). A diferencia de su padre, que siempre vestía uniformes militares toscos y tenía un aire amenazante, el joven Mohammad Reza era un joven educado en Suiza, de modales refinados, que vestía trajes europeos de corte impecable. Para los Aliados, parecía un líder mucho más "moldeable". El joven Sha ascendió a un trono que no controlaba, Teherán estaba ocupada por tropas extranjeras: los británicos controlaban el sur y el petróleo, mientras que los soviéticos controlaban el norte y fomentaban movimientos separatistas.
En este momento, el poder real en Irán no estaba en el Palacio de Mármol, sino en las embajadas de Gran Bretaña y la URSS. El Sha pasó su primera década en el poder tratando de sobrevivir entre estas dos potencias, mientras en el Parlamento empezaba a surgir una figura que años después le daría su mayor dolor de cabeza: Mohammad Mossadegh.
MOSSADEGH, EL QAJAR EN PIJAMA
Su carácter personal es a menudo calificado como "difícil" o directamente manipulador. Mossadegh padecía de una salud frágil (reducida capacidad pulmonar y frecuentes ataques de nervios), pero aprendió a usar su debilidad como arma política. Recibía a embajadores y mandatarios en su dormitorio, vestido con su famoso pijama de seda o lana. Esta "debilidad" era, en parte, una táctica para desarmar a sus interlocutores y evitar compromisos inmediatos. Era propenso a estallidos de llanto público y desmayos en el Parlamento. Mientras sus seguidores lo veían como una muestra de su "alma sensible" y amor por Irán, sus detractores (y los diplomáticos británicos) lo consideraban un "actor" que usaba las emociones para eludir la lógica y debate políticos.
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| Abgoosht |
Fuera de su habitual cama, Mossadegh era un "dandy" de la vieja escuela. Sus trajes eran de corte europeo impecable, pero siempre con una sobriedad absoluta. No usaba joyas ni condecoraciones ostentosas; su única distinción era su linaje, los Qajar, y su dialéctica. Mohammad Mossadegh fue, en resumen, un hombre que habitó dos mundos: el de los palacios Qajar y el de la democracia moderna.
MOSSADEGH, EL ASCENSO
Garantizar elecciones libres y honestas.
Poner fin al control británico sobre los recursos naturales de Irán.
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| Última foto del general Razmara |
Tras el asesinato de Razmara y bajo una inmensa presión popular, el Parlamento aprobó la Ley de Nacionalización del Petróleo. El 28 de abril de 1951, el Majlis votó abrumadoramente (79 a 12) a favor de nombrar a Mossadegh como nuevo primer ministro. El joven Sha, Mohammad Reza Pahlavi, aunque desconfiaba profundamente de Mossadegh y temía la reacción británica, se vio obligado a firmar el decreto real (firman) al día siguiente, debido a que Mossadegh contaba con el apoyo unánime de la opinión pública y de las facciones políticas dominantes. Así, Mossadegh ascendió al poder no mediante las armas, sino a través del constitucionalismo y el apoyo de las masas, marcando el inicio de un breve pero intenso experimento democrático en Irán.
MOSSADEGH, LA NACIONALIZACIÓN
Mossadegh sospechaba que el Shah estaba confabulado con los británicos, por lo que buscaba reducir el papel del Sha Mohammad Reza Pahlavi al de un monarca ceremonial y simbólico, siguiendo el modelo europeo. Para afrontar esta crisis nacional, Mossadegh exigió el derecho de nombrar al Ministro de Guerra y controlar las fuerzas armadas, algo que el Sha consideraba una amenaza existencial para la monarquía, institución que tenía poder sobre el ejército. Esta lucha de poder fracturó al ejército, haciendo que los altos mandos se pusieran del lado del Sha y de las potencias extranjeras.
El bloqueo estaba dificultando el gobierno de Mossadegh, su coalición, el Frente Nacional, era muy diversa y empezó a romperse bajo la presión que ejercía la crisis económica sobre la sociedad y la política iraníes. El influyente Ayatolá Kashani, que había sido su gran aliado y movilizador de masas, se distanció de él por su laicismo y por el caos económico. Además, los sectores más conservadores de Irán temían que las reformas agrarias de Mossadegh quitaran las tierras a las élites tradicionales.
Aunque Mossadegh no era comunista, permitió que el partido pro-soviético Tudeh operara legalmente para usarlo como contrapeso frente a los británicos. Esto le dio a la CIA y al MI6 el argumento perfecto para convencer al presidente estadounidense Eisenhower de que Irán estaba a punto de caer bajo el comunismo. Estados Unidos pasó de ser un mediador neutral a ser arquitecto de un golpe de Estado para "contener" el comunismo en Irán.
Todo ello empeoró aún más la situación política de Mossadegh. Ante un Parlamento (Majlis) que estaba bloqueado y lleno de opositores sobornados por agentes extranjeros, Mossadegh tomó una decisión polémica: disolvió el Parlamento tras un referéndum popular muy cuestionado (donde se votaba en urnas separadas para el "Sí" y el "No", rompiendo el derecho al voto secreto). El referendum alienó a muchos intelectuales constitucionalistas que lo veían ya no como un defensor de la democracia, sino como un dictador en potencia.
MOSSADEGH, DENTRO DE LA GUERRA FRÍA
El contexto geopolítico de la época de Mossadegh (aproximadamente entre 1951 y 1953) estuvo definido por una tormenta perfecta de tres fuerzas globales: la Guerra Fría, el ocaso del colonialismo británico y el surgimiento del nacionalismo en el Tercer Mundo.Tras la Segunda Guerra Mundial, el mundo se dividió en dos bloques. Irán era una pieza crítica debido a su frontera compartida con la Unión Soviética. La administración estadounidense de Harry S. Truman, y más tarde la de Dwight D. Eisenhower, temían que la inestabilidad económica en Irán —provocada por el embargo británico— empujara al país a los brazos de la URSS. Dentro de Irán, el partido comunista (Tudeh) era una fuerza organizada. Aunque Mossadegh no era comunista, su disposición a permitirles operar políticamente para presionar a Occidente aterrorizó a Washington.
Para el Reino Unido, la nacionalización del petróleo iraní no era solo una pérdida financiera; era una humillación imperial. La refinería de Abadán era la más grande del mundo y un símbolo del poder británico en el extranjero. Por eso, Londres tras el embargo, respondió a la nacionalización retirando a sus técnicos y bloqueando las exportaciones de petróleo iraní con su armada. Esto estranguló la economía de Irán, buscando que el pueblo se rebelara contra Mossadegh.
Al inicio, EE. UU. actuó como mediador, simpatizando en parte con las aspiraciones nacionalistas de Irán. Sin embargo, dos factores cambiaron el panorama:
La Guerra de Corea: El conflicto en Asia intensificó el miedo al avance global del comunismo.
Cambio de Gobierno en Washington: En 1953, con la llegada de Eisenhower y los hermanos Dulles (CIA y Estado), la política exterior pasó de la diplomacia a la acción encubierta. Priorizaron la estabilidad y el acceso al petróleo sobre la naciente democracia iraní.
La era de Mossadegh fue contemporánea al ascenso de figuras como Gamal Abdel Nasser en Egipto y el movimiento de los países no alineados. Mossadegh fue el primer líder en el Medio Oriente que desafió con éxito (temporalmente) a una potencia europea. Su lucha inspiró movimientos de descolonización en África y Asia, lo que hizo que las potencias occidentales temieran un "efecto dominó" que pusiera fin a sus concesiones de recursos naturales en todo el mundo.
Internamente, la geopolítica se reflejaba en la lucha de poder entre:
El Sha Mohammad Reza Pahlavi: Apoyado por las fuerzas armadas y los intereses occidentales, quien veía en Mossadegh una amenaza a la monarquía.
El Frente Nacional: Una coalición de la clase media urbana y sectores tradicionales que buscaban la independencia económica total.
Este contexto culminó en agosto de 1953 con la Operación Ajax, el primer golpe de Estado orquestado por la CIA en suelo extranjero, que alteró el destino de Irán y su relación con el mundo occidental para siempre.
GUERRA FRÍA EN IRÁN, OPERACIÓN AJAX
Uno que destituía oficialmente a Mossadegh como Primer Ministro.
Otro que nombraba al General Fazlollah Zahedi como su sucesor.
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| Shah Pahlavi Reza con el presidente Eisenhower |
Mossadegh creyó que había ganado, ordenando así a sus seguidores que volvieran a sus casas para restaurar el orden, despejando las calles. Mientras Mossadegh celebraba su "victoria", Kermit Roosevelt seguía escondido en Teherán con cajas llenas de dólares listas para sobornar. La CIA no se rindió; simplemente cambiaron el plan de un "golpe militar" a un "caos callejero orquestado", que sería el que finalmente triunfaría tres días después, el 19 de agosto.
Tras el estrepitoso fracaso del 16 de agosto y la huida del Sha a Roma, la CIA envió un telegrama a
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| Kermit Roosevelt |
Para Roosevelt, su mayor baza era el miedo al comunismo. El 17 y 18 de agosto, la CIA pagó a agitadores para que se hicieran pasar por miembros del partido Tudeh (comunistas). Posteriormente, estos falsos comunistas recorrieron Teherán profanando símbolos religiosos, rompiendo escaparates y gritando consignas contra el Islam. El Objetivo de Roosevelt fue aterrorizar a los líderes religiosos (como el Ayatolá Kashani) y a los comerciantes del Bazar. El mensaje era claro: "Si Mossadegh sigue, los ateos comunistas tomarán el control". Funcionó. El clero, que antes apoyaba a Mossadegh, ahora temía por su supervivencia.
Roosevelt sabía que necesitaba controlar y usar para sus fines la calle, y para ello recurrió a los Zurkhaneh (gimnasios tradicionales de lucha persa). Shaban Jafari, un forzudo de los bajos fondos de Teherán con una lealtad ciega al Sha. Roosevelt y sus agentes (los hermanos Rashidian) utilizaron maletas llenas de dólares para contratar a cientos de "matones" y luchadores. Más tarde, una turba orquestada por la CIA de cientos de hombres musculosos, armados con palos y cuchillos, liderando a una multitud que gritaba "¡Viva el Sha!" se dirigía al centro de la ciudad. Era esta una "revolución espontánea" creada y comprada con dinero estadounidense. Mientras la calle ardía, Roosevelt compró a directores de periódicos para que imprimieran ediciones especiales con el decreto de destitución de Mossadegh (el firman que el Sha había firmado antes de huir), Difundiéndose el rumor de que el Sha no había huido, sino que estaba "esperando el momento" para regresar, y que Mossadegh era ahora un gobernante ilegal.
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| Shaban Jafari |
Apenas tres días después de haber huido como un fugitivo, el Sha recibió un telegrama en su hotel de Roma: "Mossadegh ha caído. Regrese a casa". El 22 de agosto, aterrizó en Teherán no como un rey que recuperaba su trono, sino como un monarca que le debía su corona a la CIA. El Shah necesitaba vengarse de Mossadegh, lo que lo llevó a juicio para humillarlo públicamente.
MOSSADEGH, EL JUICIO
En noviembre de 1953, Mossadegh fue llevado ante un tribunal militar en Teherán. Mossadegh apareció envuelto en su característica túnica de lana gris, a veces apoyado en un bastón o sentado con aspecto cansado. Frente a él, generales con uniformes rígidos y cargados de medallas lo acusaban de "rebelión contra el monarca". Mossadegh no se defendió de los cargos que le acusaban, atacó directamente la legitimidad del tribunal. Argumentó que, según la Constitución de 1906, un Primer Ministro solo podía ser juzgado por el Parlamento, no por militares. Sus discursos fueron maratonianos. En un momento famoso, gritó:
“¡Sí, mi pecado es grande, muy grande! Mi pecado es haber nacionalizado la industria petrolera de Irán y haber expulsado del país al mayor imperio de la tierra!”.
El Sha quería la pena de muerte, pero temía que ejecutarlo lo convirtiera en un mártir eterno. Finalmente, fue condenado a tres años de prisión en solitario, seguidos de arresto domiciliario de por vida en su finca de Ahmadabad.
Mientras Mossadegh languidecía en prisión, el hombre que lideró a las turbas para derrocarlo se convirtió en una figura grotesca y poderosa en el nuevo Irán del Sha. Shaban Jafari fue recompensado generosamente. El régimen le financió un nuevo y lujoso Zurkhaneh (club de lucha tradicional) en el centro de Teherán. Durante los siguientes 25 años, Shaban fue el jefe extraoficial de la seguridad en las calles. Si había una protesta estudiantil o una huelga en el Bazar, Shaban y sus "muchachos" aparecían con palos para "restaurar el orden" en nombre del Sha. Shaban siempre vestía camisas de seda abiertas y se movía con la arrogancia de quien se sabe intocable. Representaba la alianza del trono con el lumpen-proletariado y el poder físico del Zurkhaneh. Irónicamente, Shaban Jafari murió en el exilio en Los Ángeles el mismo día que se cumplía el aniversario del golpe (19 de agosto de 2006).
Mossadegh pasó sus últimos 14 años confinado en su aldea. No se le permitía recibir visitas políticas ni hablar con la prensa. Se dedicó a la agricultura, a leer y a escribir cartas. Su mesa seguía siendo sencilla: arroz, yogur y fruta de sus propios árboles. Vestía ropa humilde de campesino, pero mantenía su dignidad de aristócrata. Murió a los 84 años. El Sha, todavía temeroso de su sombra, prohibió un funeral público, fue enterrado en una habitación de su propia casa, bajo las tablas del suelo, para evitar que su tumba se convirtiera en un lugar de peregrinación revolucionaria.
LOS EFECTOS DE LA OPERACIÓN AJAX EN IRÁN
Tras el golpe de 1953, el petróleo iraní no volvió simplemente a manos británicas. El mapa del poder energético mundial cambió para siempre, marcando el inicio de la era de las "Siete Hermanas" y consolidando la influencia de Estados Unidos en el Golfo Pérsico. Aquí tienes el reparto del botín bajo los acuerdos de 1954:
| Empresa / País | Porcentaje | Significado Político |
| British Petroleum (BP) | 40% | El Reino Unido perdió su monopolio (antes era el 100%). Fue el fin de su hegemonía. |
| Cinco petroleras de EE. UU. | 40% | (Gulf, Texaco, Mobil, Standard Oil de NY y de NJ). El pago de EE. UU. por orquestar el golpe. |
| Royal Dutch Shell | 14% | Interés anglo-holandés para mantener el equilibrio europeo. |
| Compagnie Française des Pétroles | 6% | La cuota para Francia (hoy TotalEnergies). |
Aunque Mossadegh había nacionalizado la industria, el nuevo gobierno del General Zahedi (bajo la tutela del Sha) tuvo que aceptar una realidad: Irán no tenía los barcos ni los técnicos para vender su crudo. Se creó un Consorcio Internacional que gestionaría el petróleo durante los siguientes 25 años. Lo más trágico de la caída de Mossadegh fue el acuerdo financiero. El Consorcio aceptó dividir los beneficios al 50% con el Estado iraní. Esto es exactamente lo que los británicos se habían negado a darle a Mossadegh años antes, lo que habría evitado la crisis y el golpe. Al Sha se le concedió lo que a Mossadegh se le negó, simplemente porque el Sha garantizaba que el petróleo seguiría fluyendo hacia Occidente y que Irán no se volvería comunista.
Con el regreso del flujo de los petrodólares, el Teherán de finales de los 50 y los 60 comenzó una transformación radical. El dinero del petróleo trajo la importación masiva de productos de lujo. En las calles empezaron a verse los enormes Cadillacs y Buicks estadounidenses. Las boutiques de la calle Lalezar se llenaron de perfumes franceses y electrodomésticos que antes eran impensables. Surgieron restaurantes de alta cocina internacional donde el caviar del Caspio se servía con champán francés, alejándose de la sobriedad del Abgoosht que prefería Mossadegh. Mientras que la Refinería de Abadán, volvió a funcionar, pero esta vez con una jerarquía clara: los puestos directivos eran para expatriados estadounidenses y británicos que vivían en barrios segregados con aire acondicionado, clubes de golf y demás lujos, mientras los obreros iraníes vivían en condiciones mucho más precarias.
El petróleo se convirtió en la "maldición" del Sha. Al tener ingresos directos del crudo, el monarca ya no necesitaba cobrar impuestos a su pueblo para financiar el Estado. El Sha se volvió cada vez más autocrático y alejado de la realidad de la calle, confiando en que el dinero del petróleo compraría la lealtad de la población y las armas necesarias para su policía secreta (SAVAK). El petróleo que Mossadegh quiso usar para liberar a Irán terminó siendo la herramienta que financió la dictadura del Sha durante las siguientes dos décadas. El golpe de 1953 no solo terminó con Mossadegh, sino que transformó al Sha de un monarca inseguro en un autócrata convencido de que solo la fuerza y el apoyo extranjero podían mantener su trono... una convicción que le pasaría factura en 1979.
BIBLIOGRAFÍA
-Farzamnia, Nadereh. Irán. De la revolución islámica a la revolución nuclear, Síntesis, 2009.
-Keddie, Nikki R., Las raíces del Irán moderno, Belcqua, 2006.
-Merinero Martín, María Jesús, La República Islámica de Irán. Dinámicas socio-políticas y relevo de las élites, Los Libros de la Catarata, 2004.
DOCUMENTALES






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