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ASIA FRAGMENTADA

Un atlas del poder en Asia. Historia política, económica y geopolítica de raíces largas. Asia no es un bloque. Es un continente inmenso definido por sus fracturas: imperios y posimperios, revoluciones y restauraciones, monarquías que se adaptan, partidos-Estado que se endurecen, elecciones sin alternancia y aparatos que gobiernan desde la sombra. Asia Fragmentada existe para mirar el poder de frente, donde más le gusta esconderse.

Historia política, económica y geopolítica de Asia
ASIA FRAGMENTADA

Un atlas del poder en Asia: imperios, revoluciones, autocracias, guerras frías, propaganda, fronteras y fracturas geopolíticas.

Lon Nol: el general que salvando Camboya, la empujó al abismo

 


I. Antes de Lon Nol: la Camboya de Sihanouk como equilibrio personal

Hasta 1970, Camboya estaba gobernada por el príncipe Norodom Sihanouk. Sihanouk era un hipócrita y un dictadorzuelo teatral, pero entendía el negocio de la supervivencia jugando a dos bandas: le sonreía a Estados Unidos y a la vez miraba hacia otro lado cuando los comunistas vietnamitas usaban sus selvas. Sihanouk no era un presidente moderno de traje y corbata, era un cacique inmensamente astuto. Entendió que en un país agrícola y pobre, la política no va de leyes escritas o debates en el parlamento, va de teatro y devoción. Para la inmensa mayoría de los campesinos analfabetos, él no era un político, era un semidiós, el padre mágico e intocable de la nación cuya divinidad se remontaba a la antigua civilización de Angkor.

Para labrarse esa imagen ante el pueblo camboyano, Iba a los pueblos rurales aislados a dar regalos, inaugurar cosas y abrazar a la gente (el "populismo"), haciéndoles creer que los protegía personalmente. Y mientras tanto, en la capital, su policía secreta encarcelaba, silenciaba o ahogaba económicamente a cualquier estudiante u opositor demócrata que le hiciera sombra ejerciendo así una "represión selectiva".

Sihanouk, sin querer queriendo, montó una dictadura disfrazada de paternalismo bonachón, pero funcionaba porque él era el único pegamento que unía a la élite rica de la ciudad con los pobres de la selva, tenía algo que otros personajes políticos camboyanos no tenían, sangre real, enlazando así su persona con el destino de las masas rurales camboyanas. 

Sihanouk tenía la peor posición geográfica del mundo: su país estaba pegado a la brutal Guerra de Vietnam. Como no tenía un gran ejército, ejecutó un montaje brillante para sobrevivir. Vendió al mundo que Camboya era un país "neutral" y pacífico, pero en la sombra alquilaba secretamente el país. Hacía la vista gorda dejando que los comunistas vietnamitas usaran sus selvas fronterizas para esconder tropas y armas. A cambio de dejarlos acampar, los comunistas no le montaban una revolución en su propia casa.

Al mismo tiempo, le guiñaba el ojo a Estados Unidos, sacándoles dinero de ayuda militar y fingiendo que él no sabía nada de los vietnamitas escondidos. Era un juego cínico y súper hipócrita, pero era el único escudo de mentiras que evitaba que a Camboya se la tragara la Guerra Fría.  A la élite rica camboyana y a los altos mandos del ejército (como Lon Nol) este "doble juego" de Sihanouk les daba vergüenza. Sentían que permitir que ejércitos extranjeros usaran su país como si fuera una base militar de alquiler, era una cobardía inaceptable y una humillación a su orgullo nacional.

Frente al complejo "ajedrez mental" y los engaños de Sihanouk, Lon Nol pensaba como un militar. Este general creyó equivocadamente que un problema internacional gigante se arreglaba de forma fácil: dando un puñetazo en la mesa, echando al Rey, imponiendo el orden militar y mandando a las tropas a echar a los comunistas a tiros.

II. 1970: el golpe que rompió la última ficción de unidad

Pese a todo, el gobierno equilibrista de Sihanouk mantenía a Camboya fuera de la carnicería militarLon Nol aprovechó que Sihanouk estaba fuera para echarlo, fundar una "República" y alinear el país con los anticomunistas para crear un "Estado moderno". Fue una traición política y una chapuza absoluta de diseño de Estado. Lon Nol y los suyos (la élite rica de la capital y los militares de alto rango) odiaban el circo político de Sihanouk, así que cuando el Príncipe se fue de viaje por Europa, aprovecharon y se quedaron con el poder instaurando una República. 

Esa "élite" no era un grupo anónimo en la sombra. Era una coalición muy concreta de gente rica, armada e influyente que vivía encerrada en la burbuja de asfalto de la capital (Phnom Penh). Se odiaban bastante entre ellos, pero se unieron por un motivo puramente práctico: el teatro del Príncipe Sihanouk les estaba arruinando el negocio, la carrera o el orgullo. Aunque Lon Nol puso los tanques, el verdadero estratega y cerebro político del golpe fue un príncipe de sangre azul llamado Sisowath Sirik Matak. Esto es Juego de Tronos puro. En la familia real camboyana había dos ramas rivales. Años atrás, los franceses habían elegido a Sihanouk para ser rey, dejando a la familia de Sirik Matak humillada y apartada del trono. Sirik era un hombre elitista, muy inteligente, proestadounidense y odiaba con toda su alma el "circo" populista de su primo Sihanouk. Fue él quien calentó la cabeza a los militares, maquinó los apoyos legales en el Parlamento y diseñó la caída del Rey. Para él, el golpe fue un frío ajuste de cuentas familiar.

El alto mando del ejército camboyano (los compañeros de Lon Nol) estaba furioso con Sihanouk por dos motivos muy terrenales (y ninguno era el idealismo democrático). Años antes, Sihanouk había rechazado de golpe la gigantesca ayuda militar y económica de Estados Unidos para hacerse el "neutral". Para los generales, esto fue una tragedia financiera. Veían cómo sus vecinos de Tailandia se hacían de oro con armamento y comisiones del Pentágono, mientras ellos perdían dinero. Dar el golpe y declararse "anticomunistas" era el trámite obligatorio para que Washington volviera a bañarlos en millones de dólares. Además, veían cómo los comunistas vietnamitas usaban la selva camboyana a sus anchas, y Sihanouk les tenía prohibido dispararles. Los militares sentían que eran el hazmerreír de la región, unos oficinistas con uniforme que no mandaban ni en su propia frontera.

Por si fuera poco el descontento, en los años 60, a Sihanouk se le ocurrió la brillante idea de inventar un sistema económico llamado "Socialismo Budista". Lo que hizo fue nacionalizar (quedarse para el Estado) todos los bancos, las fábricas, las importaciones y las exportaciones. El resultado fue catastrófico. La clase alta de la capital (los grandes comerciantes, la burguesía adinerada y los importadores) se arruinaron. Sus negocios fueron asfixiados por la incompetencia del Estado. Apoyaron el golpe militar de derechas con los ojos cerrados porque querían un simple rescate corporativo: privatizar la economía, volver al libre mercado puro y duro y hacer negocios rápidos con Occidente.

La ironía de este golpe es que también tuvo el apoyo entusiasta de los jóvenes universitarios, profesores, abogados y políticos del Parlamento. Estaban asfixiados políticamente. Habían estudiado en el extranjero y estaban hartos de vivir en un país sometido a la censura brutal de Sihanouk que los trataba como a siervos feudales. Para esta clase media educada, quitar al Rey y fundar una "República" significaba traer la modernidad de verdad: tener libertad de prensa, elecciones y ser tratados como ciudadanos europeos o americanos, no como súbditos de un semidiós.

III. La República Jemer: un Estado demasiado débil para una guerra demasiado grande

Lon Nol y sus amigotes montaron el equivalente a una Start-up falsa. Imprimieron banderas nuevas, se colgaron medallas y dieron grandes discursos en la capital anunciando que Camboya por fin era un país soberano y moderno. Pero era todo un teatro. En cuanto salías del asfalto de Phnom Penh, su gobierno no mandaba sobre nadie. No tenían dinero, no recaudaban impuestos en las provincias y no fabricaban sus propias armas. ¿Cómo sobrevivía entonces este Estado republicano camboyano? Pasándole la factura mensual al Pentágono. El gobierno de Lon Nol le entregó la verdadera soberanía del país a Estados Unidos: "Vosotros ponéis los dólares, la artillería pesada y los bombardeos, y nosotros ponemos la firma en el papel". La República Jemer nunca fue un país real, fue, a efectos prácticos, una simple subcontrata militar, un campamento base barato para que el ejército estadounidense le hiciera la guerra a los comunistas vietnamitas.


Mientras los Jemeres Rojos reclutaban a fanáticos campesinos dispuestos a morir de hambre por su causa, la cúpula militar de Lon Nol usó la guerra como su cajero automático personal.
Los generales urbanos descubrieron un negocio brillante para lavar dinero: le decían a Estados Unidos que tenían batallones de, por ejemplo, 1.000 hombres luchando en la selva, y exigían que Washington enviara armamento, comida y sueldos para esos 1.000 soldados. La trampa era que en ese batallón solo había 300 reclutas vivos y desnutridos. Los otros 700 eran "Soldados Fantasma" (chicos que ya habían muerto en combate o directamente nombres inventados en un despacho).


¿Qué pasaba con los miles de dólares y las raciones de esos cientos de tipos que no existían? Que los altos mandos militares se los guardaban en el bolsillo, se hacían asquerosamente ricos y se dedicaban a comprar chalets, oro y coches de lujo en la capital. Imagínese el desastre bélico: a los pocos adolescentes reales que reclutaban a la fuerza los mandaban al frente descalzos, sin medicinas y sin balas (porque los oficiales corruptos también vendían la munición republicana en el mercado negro... ¡muchas veces vendiéndosela a la propia guerrilla enemiga!). De este modo la República "no logró convencer a la nación", ningún soldado va a dar su vida por una bandera cuando ve que sus propios generales lo envían al matadero solo para robarle el sueldo.


En la República no existían las "instituciones", solo existían los favores. La política camboyana era una red de clanes y caciques. Si querías un puesto político, seguridad o un contrato del gobierno, tenías que tener un "padrino" (un general, un alcalde o un ministro) y jurarle lealtad personal ciega (el famoso "patronazgo"). A cambio, él te protegía con sus matones y te dejaba beneficiarte de las arcas del estado.
El depuesto Rey Sihanouk fue un maestro en ello. Pero Lon Nol, en su inmensa ceguera, se puso la banda presidencial e intentó que toda esa red de corrupción obedeciera de repente a una Constitución de papel escrita en la capital. Nadie le hizo el menor caso. Él creía gobernar un país sólido, pero estaba sentado sobre un estado anárquico roto por la guerra donde cada coronel tenía su propio mini-ejército leal a su propia cartera, no a la nación.

IV. Nacionalismo jemer y violencia antivietnamita

Como vimos en el apartado anterior, el ejército republicano de Lon Nol era una estafa llena de "soldados fantasma". Cada vez que sus tropas mal pagadas entraban en la selva, los duros y veteranos guerrilleros comunistas del Viet Cong los hacían pedazos. Para los generales en la capital, esto era una humillación insoportable frente a su pueblo y frente a los americanos que les pagaban la fiesta. ¿Cómo ocultar dicha incompetencia? Desviando la furia de la masa hacia un blanco que no pueda defenderse.

Lon Nol no tenía el coraje ni la capacidad militar para matar a los curtidos soldados norvietnamitas en el frente. Así que apuntó con el dedo, desde su despacho, a la enorme minoría de civiles vietnamitas que llevaban generaciones viviendo pacíficamente en Camboya. Herreros, carpinteros, comerciantes, tenderos, pescadores... familias enteras que no tenían nada de comunistas. A través de la radio, el gobierno empezó a bombardear a la población con el mensaje de que su país no perdía por culpa de generales corruptos, sino porque esos vecinos vietnamitas eran, en secreto, espías, saboteadores y parásitos. Fue una mentira venenosa diseñada para que el ejército y la turba se desahogaran linchando a inocentes en lugar de rebelarse contra la incompetencia del gobierno.

Lon Nol realmente no tenía un proyecto de país que ofrecer a los camboyanos (había destrozado el símbolo del Rey y dependía humillantemente del dinero de Washington). Así que, para mantener a la población unida bajo su mando, usó el pegamento más barato y letal de la historia de la humanidad: el odio racial. Aprovechó el profundo complejo de inferioridad y el terror histórico que Camboya siempre le tuvo al gigante de al lado (Vietnam). Al etiquetar oficialmente a todos los vietnamitas como "alimañas", el Estado le dio licencia a su propia policía, a su ejército y a los ciudadanos para robar, violar y asesinar con total impunidad. Hubo masacres públicas terribles donde los cadáveres de familias civiles enteras eran arrojados al río Mekong para aterrorizar al resto. Lon Nol le enseñó a su pueblo una lección: que matar al vecino desarmado estaba justificado si era para "proteger" la pureza genética de la nación jemer.

Esta es la ironía más macabra del desastre. El dictador militar pro-americano (Lon Nol) y el dictador guerrillero ultraizquierdista (Pol Pot) se odiaban a muerte y se destrozaron a cañonazos, pero sus cerebros operaban exactamente con el mismo pensamiento paranoico, fanático y racista. Lon Nol fue el telonero del Apocalipsis. Fue él quien instaló la cañería del odio en Camboya. Al aplaudir y ordenar la masacre de civiles vietnamitas, Lon Nol rompió el gran límite moral de la sociedad: normalizó la idea de que para que el país sobreviviera, había que "purificarlo" amputando los miembros infectados.

Pol Pot simplemente agarró la misma idea de "raza pura y purificación" que Lon Nol había sembrado y la industrializó a una escala demencial. Pol Pot amplió la lista de la limpieza: ya no solo mataron a los extranjeros vietnamitas, sino que metieron en la trituradora a los camboyanos con gafas (por parecer intelectuales), a los que sabían hablar francés, a los monjes, a los comerciantes de ciudad y a cualquiera que no encajara en su fantasía psicópata de una utopía agraria primitiva.

V. Estados Unidos: ayuda, bombardeos y dependencia

Para la Casa Blanca (especialmente para el presidente Richard Nixon y su frío estratega Henry Kissinger), Camboya, su cultura y su gente literalmente no existían. Les daba exactamente igual si el país era una república democrática, una monarquía o si se hundía en el mar.

Para el Pentágono, Camboya era un simple problema logístico. Una molestia en el mapa; el "patio trasero" por donde los comunistas vietnamitas contrabandeaban armas para matar a soldados estadounidenses. Por eso en Washington aplaudieron el golpe de Lon Nol: porque este general, al estar arruinado y desesperado, les firmó un cheque en blanco. Al aceptar el dinero y las armas americanas, Lon Nol operó como el dueño de un hotel que le entrega las llaves maestras al Sheriff para que entre pegando tiros en todas las habitaciones sin que la ONU proteste por "invasión".

Al vender así la soberanía de su país, Lon Nol le hizo el trabajo sucio a la propaganda enemiga. Los Jemeres Rojos ya no tenían que inventarse complejos discursos marxistas; solo tenían que señalar al palacio de la capital y decirle al pueblo la pura verdad: "Ese tipo no es un presidente camboyano, es el empleado del mes de un imperio extranjero que está destrozando nuestra tierra".

Bajo la orden directa de Washington, y con el permiso de Lon Nol en la capital, Estados Unidos ejecutó sobre la pequeña y agrícola Camboya la campaña de bombardeos secretos más bestial de la historia. Para cazar a un puñado de guerrilleros escondidos en la selva, los enormes bombarderos B-52 arrojaron más toneladas de explosivos de las que cayeron sobre todo Japón durante la Segunda Guerra Mundial.

El resultado fue, en términos militares, un tiro en el pie monumental. Estados Unidos y Lon Nol operaron, sin saberlo, como la mejor agencia de recursos humanos que Pol Pot podría haber soñado jamás. Póngase en la piel de un campesino camboyano pacífico. Eres analfabeto, te da igual la política y no tienes ni idea de qué significa la palabra "comunismo". De repente, el cielo ruge, tu aldea vuela por los aires, tu familia muere quemada y tu campo de arroz se convierte en un cráter ardiente. Al día siguiente, cuando estás llorando sobre los escombros de tu vida, un extremista de los Jemeres Rojos sale de la selva y te dice: "Los extranjeros y su perro faldero de la capital (Lon Nol) acaban de masacrar a tus hijos. Toma este rifle. Vamos a matarlos a todos."

El fanatismo extremo no nace de leer libros de teoría económica en la selva; nace del trauma absoluto y la sed de venganza. Por cada comunista que mataba una bomba americana, nacían veinte nuevos radicales camboyanos llenos de odio. Lon Nol creía que las bombas de EE.UU. eran su escudo protector, sin darse cuenta de que eran la incubadora que estaba criando al ejército de monstruos que acabaría con él. Como su gobierno no tenía el apoyo popular y su propio ejército era una farsa corrupta, lo único que mantenía vivo a Lon Nol eran los cargamentos de dólares y las oleadas de bombarderos americanos.

Pero aquí estaba el bucle destructivo que estaba ahorcando el régimen de Lon Nol:

  1. Cuanta más ayuda y bombardeos americanos suplicaba Lon Nol para no perder la guerra...

  2. ...Más aldeas inocentes quedaban arrasadas y más obvio era para todos que él era un traidor.

  3. Al arrasar más aldeas, miles de campesinos furiosos se unían cada semana a los extremistas para echarlo.

  4. Como el ejército rebelde se hacía cada vez más gigante, Lon Nol perdía más batallas.

  5. Y como perdía más batallas, entraba en pánico y tenía que rogar por TODAVÍA MÁS bombas y dinero a Estados Unidos, volviendo a empezar el ciclo de destrucción a una escala aún peor.

VI. Lon Nol como dirigente: misticismo, enfermedad y aislamiento

 Al carecer del carisma del antiguo Rey para que el pueblo lo quisiera, se autoproclamó como el "Elegido" por los astros para salvar a la civilización. Padeció una megalomanía de manual. Si él era el elegido de Buda, significaba que las derrotas militares no eran culpa de su incompetencia, sino "pruebas divinas". La locura mística es el analgésico perfecto para la mediocridad: te evita tener que mirarte al espejo y admitir que eres un inútil.

Hay un dato médico que la historia oficial a veces suaviza por decoro: a principios de 1971 (apenas unos meses después de dar su golpe de Estado), Lon Nol sufrió un derrame cerebral.

Sobrevivió, pero quedó destrozado. La mitad de su cuerpo se paralizó, arrastraba las palabras al hablar y, lo más grave, sus capacidades cognitivas quedaron severamente dañadas. En cualquier país normal, a un presidente o general que sufre un ictus de ese nivel se le destituye en cinco minutos por incapacidad médica.

¿Por qué en Camboya no lo quitaron? Por pura avaricia. A los generales corruptos que le rodeaban les venía de maravilla tener a un jefe medio paralizado que no se enteraba de nada. Mientras Lon Nol deliraba en su habitación balbuceando cosas incomprensibles, sus generales tenían carta blanca para seguir inventando "soldados fantasma" y robando a manos llenas los millones de dólares que mandaba Estados Unidos. Mantuvieron al "zombi" sentado en la silla presidencial porque era la única firma que los americanos reconocían para seguir soltando los cheques.

Cuando un general pierde batallas, cambia de táctica o compra mejores armas. Lon Nol eligió una tercera vía: la hechicería militar. Sustituyó a los consejeros militares por astrólogos, monjes extremistas y adivinos. Lon Nol aprobaba presupuestos y movimientos de tropas basándose en las fases de la luna y en el horóscopo. Y lo que es peor: su alto mando militar empezó a repartir a los reclutas (esos niños campesinos que servían de carne de cañón) amuletos sagrados, camisas con conjuros y pequeños sacos de arena. Los oficiales convencieron a estos adolescentes de que, si se tatuaban mantras religiosos en el pecho, se volverían mágicamente impermeables a las balas enemigas. Incluso ordenaron esparcir "arena bendita" desde los helicópteros para crear una supuesta "barrera invisible" alrededor de la capital.

¿El resultado? Miles de chavales marcharon hacia el frente de pie, sin cubrirse, con una fe ciega en la magia de su presidente. Fueron masacrados en segundos por la artillería soviética de los Jemeres Rojos. Los comunistas no creían en fantasmas; creían en el plomo. Fue un homicidio masivo por estupidez institucional. Mientras Lon Nol jugaba a los magos en su palacio protegido, Phnom Penh se había convertido en el infierno en la Tierra. La capital colapsó bajo el peso de casi dos millones de refugiados que huían aterrados de las bombas americanas y de la guerrilla comunista. Las calles estaban llenas de cadáveres y basura. Los hospitales operaban amputaciones sin anestesia. La inflación destrozó la economía y la gente comía ratas y corteza de árbol, mientras los cohetes de Pol Pot empezaban a caer a diario sobre los mercados.

El pueblo se estaba ahogando en su propia sangre, asfixiado por un cerco mortal, y a cambio, el único plan de emergencia que recibía del Estado eran los delirios de un loco paralítico hablando por la radio sobre cómo los "ángeles" estaban a punto de bajar a rescatarlos.

VII. Los Jemeres Rojos: el enemigo que Lon Nol ayudó a engrandecer

Hay que quitarle a Pol Pot el aura de genio militar invencible. En 1969, los Jemeres Rojos eran cuatro profesores resentidos y estudiantes paranoicos escondidos en la selva, muertos de hambre y enfermos de malaria. No tenían ejército militar y los campesinos los ignoraban por completo porque sus teorías marxistas les sonaban a chino. Estaban a cinco minutos de extinguirse por pura irrelevancia política.

Pero entonces llegó Lon Nol y, sin darse cuenta, se convirtió en su mejor jefe de recursos humanos. Al dar su golpe de Estado elitista (echando al Rey Sihanouk, al que el campo adoraba) y al suplicar los salvajes bombardeos estadounidenses (que arrasaron las granjas), Lon Nol le hizo el trabajo sucio a Pol Pot. Empujó directamente a los brazos de los radicales a cientos de miles de campesinos furiosos, huérfanos y traumatizados. Pol Pot no tuvo que convencer a nadie con aburridos libros de teoría comunista; Lon Nol le fabricó un ejército masivo de fanáticos sedientos de venganza y listos para apretar el gatillo contra la capital.

A los Jemeres Rojos les daba tanto asco el modelo de Lon Nol que su revolución no buscaba simplemente cambiar de presidente; buscaba "resetear" la civilización entera y volver a la Edad de Piedra (el infame Año Cero). Como la República de Lon Nol se basaba en el dinero, la ciudad y Occidente, los radicales decidieron que TODO lo moderno era una infección mortal que había que amputar.

Para convencer a un país de que se suicide y empiece a masacrar a sus propios vecinos, la maquinaria de propaganda necesita villanos de cómic. Pol Pot no tuvo que inventarlos, porque Lon Nol y su élite en la capital eran unas caricaturas andantes del mal absoluto. ¿Qué veía un campesino al que los bombarderos americanos le acababan de matar a la familia al mirar hacia la capital de Lon Nol? Veía a generales gordos robando el dinero de sus impuestos, veía a políticos bebiendo coñac mientras la nación ardía y veía a un líder supremo que era un vasallo arrodillado ante el Imperio extranjero.

Lon Nol construyó un sistema tan profundamente podrido que el discurso apocalíptico de Pol Pot empezó a sonar a "justicia". Cuando tu vida es un infierno de hambre y bombas por culpa de un gobierno corrupto, si un guerrillero radical te dice "Vamos a extirpar el mal de la ciudad, a matar a los traidores y a purificar la tierra con sangre", no te suena a locura paranoica, te suena a salvación. Lon Nol logró lo imposible: hizo que el exterminio pareciera la opción más lógica.

VIII. 1975: la caída de Phnom Penh

Durante cinco años, Lon Nol le exigió a cientos de miles de jóvenes camboyanos que murieran destrozados en la selva para proteger la patria, prometiéndoles que los astros y el todopoderoso ejército americano estaban de su lado. Pero en la primavera de 1975, cuando el Congreso de EE. UU. dio por perdida la Guerra de Vietnam y cerró de golpe la chequera, Washington retiró sus dólares. ¿Qué hizo el autoproclamado salvador de la nación cuando vio que el negocio quebraba y los comunistas rodeaban la capital?

Vació la caja fuerte, se subió a un avión estadounidense y huyó a un plácido y millonario exilio en Hawái y California. Dejó a sus soldados rasos sin munición y a dos millones de civiles atrapados en la capital para que afrontaran ellos solos la ira de los psicópatas que él mismo había ayudado a criar. Su Estado no cayó peleando heroicamente; simplemente cerró el chiringuito por impago y se dio a la fuga

Cuando las tropas de adolescentes de Pol Pot, vestidos de negro y armados con AK-47, entraron marchando en silencio por las avenidas de Phnom Penh el 17 de abril de 1975, ocurrió algo que hiela la sangre: miles de ciudadanos de clase media salieron a las calles a vitorearlos y a agitar banderas blancas. No lo hacían por ser comunistas. Simplemente estaban tan brutalmente exhaustos de la corrupción de Lon Nol, del hambre, de comer basura y de la lluvia de misiles. Creían que estaban saludando a la paz. No entendieron que los Jemeres Rojos no venían a gobernar la ciudad; venían a aniquilarla.

Apenas unas horas después de esos aplausos, el reloj se detuvo y comenzó el "Año Cero". A punta de fusil, los guerrilleros ordenaron a los dos millones de habitantes que abandonaran sus casas con lo puesto. Sacaron a los enfermos a rastras de los quirófanos y obligaron a todos a marchar a pie hacia la jungla para convertirse en esclavos agrícolas. La gente que aplaudía el fin de la guerra acababa de darle la bienvenida a sus propios verdugos.

Lon Nol creyó que para tener un Estado moderno bastaba con redactar una Constitución, diseñar uniformes elegantes y comprar armamento caro con el dinero de Estados Unidos. Pero construyó un decorado sin alma. Los Jemeres Rojos eran una secta de iluminados enloquecidos, sí, pero estaban dispuestos a caminar descalzos sobre campos de minas por su revolución. Frente a eso, Lon Nol oponía un ejército de "soldados fantasma" y generales a los que solo les importaba robar.

Cuando el proyector americano se apagó, el holograma de la República se desvaneció en el aire. No había un pueblo dispuesto a luchar calle por calle para defender a un gobierno de ladrones que ya se había fugado. El Estado colapsó sobre sí mismo creando un inmenso agujero negro. Y fue exactamente en ese vacío institucional y moral donde Pol Pot instaló cómodamente su matadero industrial.

IX. Conclusión: el general que rompió el dique

El "sistema" del Rey Sihanouk era un teatro de mentiras, corrupción y chantajes, es cierto, pero mantenía a la gente viva alejada del caos vietnamita.

Lon Nol, con una mentalidad rígida, no soportaba esa hipocresía. Creyó que los equilibrios sociológicos complejos se arreglan dando puñetazos en la mesa. Al dar su golpe de Estado, destrozó el único "sistema" que hacía funcionar a la sociedad camboyana. No entendió que un país agrícola no es un cuartel donde das una orden y todos obedecen. Al extirpar de cuajo al monarca, le arrancó el alma política y la contención a su propio país. Lon Nol ejecutó, punto por punto, exactamente lo contrario de lo que pretendía: Intentó apagar un incendio forestal usando napalm.

Prometió Independencia y echar a los extranjeros... pero convirtió a su país en el felpudo personal de la Casa Blanca, suplicando dólares y dejando que ejércitos foráneos arrasaran su territorio.

Prometió Unidad bajo una República... pero desató cacerías racistas contra civiles vietnamitas y marginó a los campesinos, pudriendo el alma de su pueblo.

Prometió Frenar al Comunismo... y logró que una secta de cuatro radicales marxistas perdidos en la selva (los Jemeres Rojos) se convirtieran en el ejército popular más furioso, masivo e imparable de Asia.

Lon Nol fue el arquitecto del matadero de Angkor Wat. Para que los jemeres rojos puedan secuestrar a todo un país, primero necesitaron a que alguien desactive las alarmas de seguridad, quite los candados institucionales y arruine la economía. Sin el golpe de Estado de Lon Nol, sin las lluvias de bombas americanas friéndole el cerebro a una generación entera bajo su mandato y sin la corrupción obscena de sus generales, el fanatismo de Pol Pot jamás habría encontrado mercado. Lon Nol le construyó a Pol Pot la autopista de seis carriles hacia el poder absoluto.

Bibliografía 

David P. Chandler, The Tragedy of Cambodian History: Politics, War, and Revolution since 1945.

David P. Chandler, Brother Number One: A Political Biography of Pol Pot.

Ben Kiernan, The Pol Pot Regime: Race, Power, and Genocide in Cambodia under the Khmer Rouge, 1975–79.

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Harish C. Mehta y Julie B. Mehta, Strongman: The Extraordinary Life of Hun Sen. Marshall Cavendish.

William Shawcross, Sideshow: Kissinger, Nixon, and the Destruction of Cambodia.

Milton Osborne, Sihanouk: Prince of Light, Prince of Darkness.

Elizabeth Becker, When the War Was Over: Cambodia and the Khmer Rouge Revolution.

Philip Short, Pol Pot: Anatomy of a Nightmare.

Craig Etcheson, The Rise and Demise of Democratic Kampuchea.

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