Vietnam, la insurrección de Cần Vương, los últimos suspiros del monarquismo vietnamita.

La resistencia del  Cần Vương no era antimonárquica; era anticolonial en clave monárquica. No pretendía reemplazar el sistema imperial, pretendía salvarlo de un mundo que ya lo había devorado.

El nacimiento lealista del nacionalismo vietnamita

Para 1885, la soberanía de Vietnam era ya una mera ficción diplomática. Francia había consolidado su tenaza sobre Cochinchina, Annam y Tonkín, reduciendo a la milenaria corte imperial de Huế a una pieza de utilería dentro de su arquitectura colonial. La derrota frente a París no solo implicó una severa hemorragia territorial; supuso el colapso de una autoridad simbólica. El emperador pasó a ser un subalterno, y la profunda estructura confuciana del orden imperial —cimentada en la jerarquía, la lealtad y la armonía cósmica— quedó deslegitimada ante una maquinaria extranjera que ignoraba por completo su marco moral. En este abismo de humillación estalló el Cần Vương, una de las primeras resistencias organizadas contra el dominio francés. Su trascendencia, sin embargo, no radica en su destreza militar, sino en su profunda y paradójica ambigüedad política.

Cuando el joven emperador Hàm Nghi huyó a las montañas en julio de 1885 tras un levantamiento fallido organizado por el regente Tôn Thất Thuyết, emitió un edicto llamando a sus súbditos a "auxiliar al rey" (cần vương). La fórmula operativa era cristalina: la legitimidad para derramar sangre no emanaba del derecho de un pueblo a la autodeterminación, sino de la devoción inquebrantable al soberano. Movilizando a una vasta red descentralizada de notables confucianos, mandarines desplazados y milicias campesinas del centro y norte del país, la insurrección operó bajo una premisa que la separa radicalmente de cualquier movimiento de liberación posterior. El Cần Vương no era una rebelión republicana ni un proyecto moderno; era una insurgencia anticolonial articulada en clave estrictamente reaccionaria. No buscaba reemplazar el sistema imperial; pretendía rescatarlo.

A pesar de su alcance social, el movimiento nació con una falla estructural insalvable: la asimetría

Emperador Hàm Nghi

absoluta entre su software ideológico y la realidad geopolítica. Dependiente de liderazgos locales fragmentados, el Cần Vương carecía de la centralización necesaria para sostener una guerra prolongada. Cuando comandos franceses capturaron al emperador Hàm Nghi en 1888 y lo enviaron al exilio, el núcleo simbólico de la resistencia se evaporó. Sin la figura del "Hijo del Cielo" para unificar las voluntades, la red lealista se desmoronó frente a una Francia que combinaba superioridad tecnológica, capital financiero, racionalización administrativa y una represión selectiva que cooptaba eficazmente a las élites colaboracionistas.

El fracaso militar dictó una sentencia mucho más profunda: demostró empíricamente que la maquinaria confuciana del Estado, con su jerarquía mandarinal y su legitimidad basada en rituales, era estructuralmente impotente frente a un leviatán colonial industrializado. El Cần Vương fue, en esencia, el último intento de salvar Vietnam utilizando la obsoleta gramática del orden antiguo.

Pero en geopolítica, las derrotas totales suelen ser los catalizadores de las mutaciones ideológicas más profundas. Aunque tradicionalista en su retórica, el levantamiento politizó masivamente a los sectores rurales y sentó un precedente irreversible de movilización anticolonial. A partir de la década de 1890, la élite intelectual vietnamita asimiló la lección escrita con sangre: la monarquía, por sí sola, no podía expulsar a los europeos. La pregunta central del tablero político mutó radicalmente: el objetivo ya no era cómo restaurar la autoridad del trono, sino cómo reorganizar la resistencia fuera del asfixiante marco imperial.

De las cenizas del lealismo emergió una nueva vanguardia de pensadores, encabezada por figuras como Phan Bội Châu y Phan Châu Trinh. Inspirados por la Restauración Meiji en Japón o por las nacientes corrientes republicanas, entendieron que la supervivencia exigía una modernización draconiana: educación occidental, reforma social y una movilización que trascendiera las élites mandarinales. Gradualmente, el concepto de "nación" —un sujeto político vivo que debía organizarse y conspirar— comenzó a usurpar el altar simbólico que antes ocupaba en exclusiva el "emperador".

Este desplazamiento conceptual es el puente innegable entre el conservadurismo del Cần Vương y el
radicalismo revolucionario que, décadas más tarde, culminaría bajo el liderazgo de Hồ Chí Minh. La incapacidad del reformismo moderado para desplazar el dominio francés a principios del siglo XX terminaría transformando el lenguaje de la modernización cívica en el lenguaje de la insurrección marxista. Sin el colapso absoluto de la vía lealista, esa radicalización posterior resulta históricamente inexplicable.

Vietnam no fue el único territorio donde el primer choque anticolonial adoptó formas tradicionales —Birmania intentó defender el trono Konbaung y Filipinas combinó misticismo religioso con reivindicaciones locales antes de forjar un proyecto nacional—. Pero el caso vietnamita destaca por la forma en que el colapso de su ortodoxia confuciana forzó un reinicio total del sistema. El Cần Vương fue el último movimiento que luchó por el pasado y el primero que, sin pretenderlo, abonó el terreno para el futuro.

Su lugar en la historia no está definido por sus victorias, sino por su dolorosa función estructural: fue el momento exacto en que Vietnam descubrió que la legitimidad dinástica ya no bastaba frente a los cañones de Occidente. Y la historia del Estado moderno es implacable en este punto: cuando una sociedad descubre que su legitimidad tradicional es insuficiente para sobrevivir a la aniquilación, se ve obligada a inventar otra.

En Vietnam, esa invención tomó la forma irreversible de la nación.

Bibliografía

  1. David G. Marr, Vietnamese Anticolonialism, 1885–1925 (University of California Press, 1971).

  2. (Oxford Scholarship Online) capítulos sobre la “pacificación” y el contexto del Cần Vương en Tonkín/Annam (útil para ligar 1885 con la consolidación colonial).

  1. Alexander Woodside, Vietnam and the Chinese Model: A Comparative Study of Vietnamese and Chinese Government in the First Half of the Nineteenth Century (Harvard University Press, ed. reimpresa).

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