Đổi Mới, Vietnam (1986): reforma económica y continuidad política

 


En 1986, Vietnam no estaba buscando transformarse. Estaba intentando evitar el colapso.

Una década después de la reunificación, el modelo económico centralizado había agotado sus márgenes. La colectivización agrícola producía escasez. Las empresas estatales operaban sin incentivos ni disciplina presupuestaria. La inflación devoraba salarios. El país permanecía aislado internacionalmente tras la intervención en Camboya y el conflicto con China. La ayuda soviética sostenía el sistema, pero esa dependencia ya era un síntoma de debilidad estructural.

El VI Congreso del Partido Comunista no proclamó una revolución. Proclamó una corrección.

Đổi Mới —“Renovación”— fue un acto de supervivencia política ante el colapso del comunismo mundial.


Reformar para conservar

A diferencia de otras experiencias socialistas tardías, la dirigencia vietnamita entendió que el problema no era el monopolio político, sino el rendimiento económico. El Partido no estaba dispuesto a negociar su papel dirigente. Lo que estaba dispuesto a reconsiderar era la forma en que organizaba la producción.

La agricultura fue el primer terreno de experimentación. Las cooperativas dejaron paso gradualmente a contratos familiares de largo plazo. Los campesinos recuperaron incentivos directos. La producción de arroz se disparó. En pocos años, Vietnam pasó de importar grano a convertirse en uno de los mayores exportadores mundiales.

El sector estatal no fue desmantelado, pero sí disciplinado. Se introdujo autonomía financiera y responsabilidad sobre resultados. Se toleró —y luego se reconoció legalmente— la iniciativa privada en pequeña y mediana escala. La inversión extranjera comenzó a ser vista no como penetración ideológica, sino como instrumento de modernización. El mercado dejó de ser anatema. Pasó a ser herramienta.

Nada de esto implicó pluralismo político. La estructura del poder permaneció intacta. El Partido siguió controlando las fuerzas armadas, la seguridad, la administración y el espacio público. La reforma fue económica, no institucional.


La lección soviética

El calendario histórico fue decisivo. Mientras Vietnam implementaba Đổi Mới, la Unión Soviética entraba en la fase final de la perestroika. Moscú intentó reformar economía y sistema político simultáneamente. El resultado fue la erosión del control central y la implosión del Estado. Hanoi observó con atención.

La caída soviética reforzó una convicción estratégica: abrir la economía podía ser compatible con el control partidista; abrir la política era un riesgo sistémico.

Vietnam no repitió la experiencia soviética. Tampoco copió mecánicamente a China. Adaptó una fórmula similar a la de Deng Xiaoping, pero en una escala menor y con mayor exposición externa.


Crecimiento y legitimidad

Durante los años noventa y dos mil, Vietnam experimentó tasas de crecimiento sostenidas, reducción significativa de la pobreza e integración acelerada en el comercio global. La normalización de relaciones con Estados Unidos en 1995 y la adhesión a la OMC en 2007 simbolizaron esa transformación.

El régimen encontró una nueva fuente de legitimidad. Si durante décadas la autoridad del Partido se había apoyado en la victoria revolucionaria y la reunificación nacional, ahora podía apoyarse también en el rendimiento económico. El contrato implícito cambió: prosperidad a cambio de continuidad política.

No fue una transición democrática. Fue una reconfiguración del equilibrio entre Estado y sociedad.


Las tensiones del modelo

La estabilidad vietnamita no es ausencia de contradicciones.

La apertura generó desigualdades regionales y sociales. La corrupción se convirtió en problema estructural. La dependencia de inversión extranjera expuso al país a ciclos globales. La urbanización y el crecimiento de una clase media introdujeron nuevas expectativas.

Pero hasta ahora esas tensiones no han derivado en crisis sistémica. El Partido ha demostrado capacidad de adaptación, alternando liberalización económica con disciplina política y campañas anticorrupción selectivas.

El núcleo del sistema —monopolio partidista, centralización estratégica, control institucional— no ha sido cuestionado.


Un caso atípico en el mundo post-socialista

Comparado con Europa del Este, Vietnam representa una anomalía. Allí, la liberalización económica fue acompañada —o precedida— por apertura política y, en muchos casos, ruptura del sistema anterior. En Vietnam, el sistema no colapsó. Se transformó desde dentro.

Comparado con China, el paralelismo es evidente, aunque con diferencias de escala y vulnerabilidad. Vietnam no posee el tamaño continental ni la profundidad financiera de Pekín. Su estabilidad depende más intensamente de su inserción en cadenas globales de producción y de un entorno geopolítico relativamente estable.

Đổi Mới no fue una concesión ideológica. Fue una apuesta pragmática.


Reforma sin transición

La experiencia vietnamita desafía una hipótesis extendida en la literatura política de finales del siglo XX: que la liberalización económica conduce inevitablemente a la liberalización política.

En Vietnam, la secuencia fue distinta. El mercado se expandió, pero el pluralismo no. La economía se diversificó, pero el poder permaneció concentrado.

La clave estuvo en el orden de las reformas. Primero estabilidad económica, luego consolidación institucional. Nunca desmantelamiento del centro político.


El significado histórico

Đổi Mới no puede entenderse como un simple programa económico. Fue una redefinición del socialismo vietnamita como proyecto adaptable.

El Partido no abandonó el poder; lo rearticuló.
No renunció al control; lo hizo compatible con el mercado.
No liberalizó el sistema; lo modernizó.

Treinta años después, Vietnam no es un vestigio del mundo bipolar ni una transición inconclusa. Es un régimen que logró sobrevivir al derrumbe del socialismo soviético sin abandonar su arquitectura política fundamental. En eso reside su singularidad. Y también su interrogante futuro.

Conclusión: el éxito incómodo de Đổi Mới

Đổi Mới no fue una concesión ideológica. Fue una operación de control.

Vietnam reformó su economía no porque abandonara el socialismo, sino porque entendió que la rigidez económica amenazaba la supervivencia del régimen. La apertura fue instrumental, no doctrinal. El mercado fue incorporado como herramienta de fortalecimiento estatal, no como preludio de democratización.

Treinta años después, el resultado es inequívoco: el Partido Comunista no solo sobrevivió al colapso del bloque soviético, sino que salió reforzado. Ha demostrado que la liberalización económica puede coexistir con una estructura política cerrada. Ha desmontado la tesis —tan repetida en los años noventa— de que el crecimiento inevitablemente produce pluralismo. Pero ese éxito tiene un coste.

Un sistema que basa su legitimidad en el rendimiento económico queda atado a él. Cuando la legitimidad ya no descansa en la revolución, sino en el crecimiento, cada desaceleración se convierte en riesgo político. Cada escándalo de corrupción erosiona no solo reputaciones individuales, sino la promesa implícita de competencia tecnocrática.

Vietnam ha gestionado con habilidad el equilibrio entre mercado y monopolio político. Pero ese equilibrio no es un punto de llegada: es una tensión permanente.

La paradoja vietnamita es esta: cuanto más se integra en el capitalismo global, más necesita demostrar que puede controlar sus efectos políticos internos.

Đổi Mới salvó al régimen. La cuestión es si el modelo que lo salvó puede adaptarse una vez más cuando cambien las condiciones. Porque en Vietnam, la reforma nunca fue un destino. Siempre fue un instrumento. 

Bibliografía

  • Benedict J. Tria Kerkvliet, “Doi Moi in Review: The Challenges of Building Market Socialism in Vietnam” (artículo académico; síntesis muy útil sobre reformas y tensiones del “socialismo de mercado”).

  • B. Van Arkadie & Raymond Mallon, Viet Nam: A Transition Tiger? (2004). Obra de referencia: contexto, secuencia de reformas, integración internacional y límites del modelo.

  • Adam Fforde (ed.), Doi Moi: Ten Years after the 1986 Party Congress (1997; ANU). Excelente para entender el “cómo” político de la reforma y su evolución en la primera década.

  • Gerald A. Irvin, “Some Macroeconomic Dimensions of Doi Moi” (1994). Útil para el apartado de estabilización, inflación y fases macroeconómicas iniciales de la reforma.

  • John Riedel, The Politics and Economics of Transition to an Open Market Economy in Viet Nam (OECD, 1999). Muy “Foreign Affairs”: tesis clara sobre secuenciación (reforma económica con continuidad política) y sus implicaciones. 

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