Aung San y el pecado fundacional birmano.

 

En julio de 1947, cuando Aung San fue asesinado en Rangún, Birmania perdió algo más que a su líder independentista. Perdió al único dirigente capaz de sostener, al menos de forma provisional, un equilibrio entre la mayoría bamar y las periferias étnicas.

La independencia que llegó en enero de 1948 no fue el desenlace natural de una transición consensuada. Fue la culminación abrupta de un proceso incompleto.

Y en esa incompletitud radica lo que muchos historiadores birmanos han llamado el “pecado original” del Estado moderno de Myanmar: nacer sin un pacto étnico sólido.


Un país que nunca se sintió unido


El territorio que heredó la Unión de Birmania no era una nación histórica homogénea. Era una construcción colonial.

El Imperio británico había administrado “Birmania propiamente dicha” —dominada por la etnia bamar y el budismo theravada— de forma separada de las “Frontier Areas”, donde habitaban pueblos como los shan, kachin y chin, muchos de ellos con estructuras políticas propias y, en algunos casos, con fuerte presencia cristiana.

La administración colonial reforzó esa separación.
Los bamars quedaron vinculados a la economía colonial de arroz en el delta del Irrawaddy.
Las minorías de montaña fueron gobernadas indirectamente, a través de jefaturas locales.

No se construyó una ciudadanía compartida.
Se consolidaron compartimentos.



Aung San y la promesa federal

Aung San entendió el problema. Su liderazgo durante la Segunda Guerra Mundial —primero aliado de

Japón, luego colaborando con los británicos— le dio autoridad nacional, pero también conciencia de la fragilidad del proyecto birmano.

En febrero de 1947 firmó el Acuerdo de Panglong con líderes shan, kachin y chin. El documento prometía autonomía sustancial dentro de una futura Unión y, en el caso shan, incluso el derecho a secesión tras diez años.

Panglong no fue un tratado menor. Fue un intento de fundar el Estado birmano sobre una base federal negociada.

Pero fue más promesa que arquitectura institucional concreta.

Y, sobre todo, dependía de Aung San.


El asesinato y el vacío

El 19 de julio de 1947, Aung San fue asesinado junto a varios miembros de su gabinete provisional. Su muerte dejó dos efectos inmediatos.

Primero, privó al nuevo Estado de un mediador capaz de generar confianza entre el centro bamar y las periferias étnicas.

Segundo, trasladó el liderazgo a figuras menos carismáticas y más centralistas.

Cuando Birmania se independizó en enero de 1948 bajo U Nu, el marco federal existía en el papel, pero la confianza política era frágil. La independencia se proclamó sin consenso consolidado.


La guerra que siguió


En menos de un año, el país entró en guerra civil.

El Partido Comunista Birmano se alzó en armas. Poco después lo hicieron grupos karen, y más tarde diversas organizaciones shan, kachin y otras.

Lo que había sido una promesa de Unión se convirtió en una disputa sobre soberanía territorial. Desde entonces, el conflicto étnico ha sido una constante estructural en Myanmar.

Ni la larga dictadura militar iniciada en 1962, ni las aperturas parciales posteriores, ni el gobierno civil liderado por Aung San Suu Kyi lograron resolver el problema de fondo: la falta de un pacto federal plenamente asumido por todas las partes.


El error estructural

El problema no fue simplemente que Panglong fuera incumplido. Fue que el nuevo Estado birmano heredó fronteras coloniales sin haber construido previamente una comunidad política compartida.

A diferencia de casos donde la independencia vino acompañada de un acuerdo constitucional robusto —como en la India, pese a sus tensiones—, en Birmania el proceso fue acelerado por la retirada británica y desestabilizado por el asesinato del único líder con legitimidad transversal.

El resultado fue un Estado formalmente unitario con periferias que nunca internalizaron plenamente su autoridad. La independencia llegó antes que la integración.


Comparación regional: cuando el federalismo no se consolida

El caso birmano contrasta con otros procesos en Asia.

En Indonesia, por ejemplo, la independencia también heredó una diversidad étnica profunda. Sin embargo, el nacionalismo anti-colonial logró crear una identidad política relativamente fuerte antes de consolidar la estructura estatal, aunque no sin conflictos posteriores.

En la India, la partición fue traumática, pero el liderazgo de Nehru y Patel logró integrar a la mayoría de los principados bajo un marco constitucional relativamente estable.

Birmania, en cambio, combinó tres factores explosivos:

  • Diversidad étnica territorialmente concentrada.

  • Administración colonial diferenciada.

  • Transición acelerada sin liderazgo integrador estable.

El resultado fue un Estado cuya legitimidad fue cuestionada desde su nacimiento.


El “pecado original” y sus consecuencias

Imagen del periódico el Mundo que recoge la tragedia del conflicto

Hablar de “pecado original” no es un juicio moral. Es una forma de describir un déficit fundacional.

Myanmar no fracasó porque careciera de recursos o identidad cultural. Fracasó —al menos en términos de estabilidad política— porque la arquitectura de su independencia no logró transformar un territorio colonial en una comunidad política consensuada.

Las décadas de militarización, la centralización forzada y la desconfianza crónica entre el centro y las regiones son, en buena medida, herederas de esa fundación incompleta.

Cada intento de transición —1988, 2011, 2015— ha tenido que enfrentarse a la misma pregunta no resuelta de 1947: ¿qué tipo de Unión es Myanmar?


Conclusión: independencia sin integración

Aung San entendió que la independencia sin acuerdo étnico era inestable. Su asesinato dejó ese acuerdo en estado embrionario. La historia posterior sugiere que no basta con proclamar soberanía para construir Estado. La legitimidad territorial requiere algo más profundo que una bandera y una constitución, requiere un pacto aceptado por la población y su diversidad étnica. En Myanmar, ese pacto nunca terminó de firmarse, y mientras no lo esté, la independencia seguirá siendo un logro formal sobre el papel con una base política frágil, creando así un estado fallido como es considerado Myanmar en la actualidad.

Bibliografía

  • Mary P. Callahan, Making Enemies: War and State Building in Burma (Cornell University Press, 2003).

  • Robert H. Taylor, The State in Myanmar (NUS Press, 2009) — referencia central sobre formación del Estado y trayectorias del poder.

  • Thant Myint-U, The River of Lost Footsteps: Histories of Burma (Farrar, Straus and Giroux, 2006) — excelente síntesis histórica con sensibilidad sobre 1947–48 y sus legados



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