1893 Durand: la cicatriz del Gran Juego

 


Las fronteras coloniales no son todas iguales. Algunas, con el tiempo, se consolidaron como líneas aceptadas por las sociedades que dividieron. Otras, en cambio, nunca lograron transformarse en consensos políticos. La Línea Durand —trazada en 1893 entre la India británica y el Emirato de Afganistán— pertenece a esta segunda categoría.

Más de un siglo después de su firma, sigue siendo una de las fronteras más problemáticas de Asia. No porque carezca de reconocimiento internacional, sino porque nunca consiguió convertirse en una frontera interiorizada por las comunidades que atraviesa.

Su persistencia no es un accidente histórico. Es el resultado directo de la lógica estratégica que la produjo.

Una frontera diseñada para contener, no para integrar

Generado IA. Acuerdo entre Mortimer y el emir Rahman Khan

El acuerdo firmado en noviembre de 1893 entre Sir Mortimer Durand y el emir Abdur Rahman Khan no pretendía crear un Estado moderno. Su objetivo era más limitado y más imperial: delimitar esferas de influencia en el contexto del “Gran Juego”, la rivalidad entre el Imperio británico y la Rusia zarista.

Tras dos guerras anglo-afganas, Londres había aprendido que ocupar Afganistán era costoso e ineficaz. La alternativa fue estabilizarlo como Estado tapón. Para ello era necesario fijar un límite operativo entre el Raj británico y la autoridad de Kabul.

La Línea Durand fue, ante todo, una solución estratégica a un problema estratégico.

El error estructural no fue técnico. Fue asumir que una delimitación pensada para la gestión imperial podría evolucionar sin fricciones hacia una frontera nacional legítima.


El dilema pastún

La línea dividió el espacio pastún, una región organizada históricamente en torno a redes tribales, movilidad estacional y lealtades segmentarias. Las comunidades locales no se estructuraban según una lógica territorial rígida, sino mediante equilibrios internos de poder.

En 1893 esto no generó un colapso inmediato porque ni el Imperio británico ni el Emirato afgano
ejercían un control total sobre esas zonas. La frontera existía en el plano diplomático, pero en el terreno la administración era flexible y negociada. El verdadero punto de inflexión llegó en 1947.


1947: de línea imperial a frontera internacional


Con la partición de la India y el nacimiento de Pakistán, la Línea Durand cambió de naturaleza. De delimitación imperial pasó a convertirse en frontera soberana.

Islamabad la heredó conforme al principio de sucesión de Estados. Kabul nunca aceptó plenamente su carácter definitivo. Afganistán fue el único país que votó contra la admisión de Pakistán en Naciones Unidas.

El desacuerdo no derivó en guerra abierta, pero quedó incrustado en la relación bilateral. La frontera dejó de ser un instrumento imperial y se convirtió en un problema interestatal.

Y aquí radica su diferencia con otros casos coloniales.


Durand y Sykes-Picot

El acuerdo Sykes-Picot (1916), que reorganizó Oriente Medio bajo mandato británico y francés, también trazó líneas que ignoraron realidades sociales complejas. Sin embargo, con el tiempo, las fronteras resultantes —Irak, Siria, Jordania— fueron internalizadas por nuevas élites estatales que construyeron identidades nacionales en torno a ellas, aunque no sin violencia.

En el caso de la Durand, esa internalización ha sido incompleta. Afganistán nunca aceptó plenamente la frontera; Pakistán la convirtió en pilar de su seguridad nacional; las comunidades pastunes mantuvieron una identidad transfronteriza.

Mientras que en Oriente Medio la disputa gira hoy más en torno al control del Estado que a la legitimidad de la línea en sí, en la frontera afgano-pakistaní la línea continúa siendo el objeto de disputa.


Durand, África y el principio de intangibilidad

En África, tras la descolonización, la Organización para la Unidad Africana adoptó el principio de intangibilidad de las fronteras coloniales. La razón era pragmática: revisarlas habría generado conflictos ilimitados.

Muchas fronteras africanas también eran artificiales. Sin embargo, la mayoría fueron aceptadas como hechos consumados. Con el tiempo, las identidades estatales se consolidaron.

La Durand comparte el origen colonial, pero difiere en su evolución. Afganistán nunca asumió la intangibilidad como principio irreversible, y Pakistán convirtió la frontera en cuestión de supervivencia estratégica.

Es una frontera que nunca alcanzó el consenso tácito que permitió a otras consolidarse.


De la Guerra Fría al vallado contemporáneo

Durante la guerra soviética en Afganistán (1979-1989), la frontera fue funcionalmente porosa. Combatientes, armas y recursos cruzaban con relativa facilidad. Pakistán utilizó esa profundidad estratégica como instrumento de política regional.

Tras 2001, la dinámica se repitió con los talibanes.

En la última década, Pakistán ha intentado resolver el problema mediante la construcción de una valla física a lo largo de gran parte de la línea. Es un intento de transformar una frontera históricamente flexible en una frontera securitizada del siglo XXI. Pero la infraestructura no sustituye al consenso.


El legado estructural del siglo XIX

La Línea Durand ilustra una categoría particular de fronteras imperiales: aquellas concebidas para estabilizar equilibrios geopolíticos externos más que para organizar coherentemente sociedades internas.

Cuando el equilibrio imperial desaparece, la frontera queda sin el marco que la legitimaba.

A diferencia de muchas fronteras coloniales africanas —que sobrevivieron por acuerdo colectivo— o de las de Oriente Medio —que se consolidaron mediante construcción nacional—, la Durand permanece en un estado intermedio: legalmente reconocida, políticamente discutida y socialmente ambigua.


Una frontera que no termina de convertirse en normalidad

No es la más sangrienta del mundo. No es la menos definida jurídicamente. Pero sí es una de las que mejor ejemplifica cómo el orden imperial del siglo XIX continúa estructurando conflictos contemporáneos. La cuestión ya no es si la línea existe. Existe. La cuestión es si alguna vez podrá convertirse en una frontera incuestionada en la imaginación política de ambos Estados.

Hasta ahora, la respuesta ha sido negativa.

Y mientras esa transformación no ocurra, la Línea Durand seguirá siendo menos una frontera resuelta que un recordatorio de cómo las soluciones estratégicas imperiales pueden sobrevivir a los imperios que las diseñaron.

Bibliografía

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  • Brad L. Brasseur, Recognizing the Durand Line: A Way Forward for Afghanistan and Pakistan, EastWest Institute Report (2011).

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  • S. K. Aryal, “The Role of the McMahon, Radcliffe and Durand Lines…” (2024) — marco comparado de líneas coloniales en Asia. 

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