BAKUMATSU O LA DEMOLICIÓN DEL SHOGUNATO TOKUGAWA. JAPÓN 1853-1868
Cómo el libre comercio occidental provocó una hiperinflación, cómo Londres y París armaron a los bandos de la guerra civil japonesa, y cómo los rebeldes utilizaron al Emperador como arma para derrocar al shogunato.
HIPERINFLACIÓN Y REVUELTA (1853-1860)
La historiografía dice que la llegada de los occidentales ofendió el orgullo nacional japonés, desatando la crisis, más bien fue el hambre provocado
En el Tratado Harris (1858), la apertura forzosa de los puertos permitió a los especuladores occidentales saquear las reservas de oro del Shogunato. Para frenar la fuga masiva de capitales, el gobierno de Edo (Tokio) degradó la moneda. El resultado fue una hiperinflación, donde el precio del arroz (la base de la economía y la moneda de cambio real) se triplicó en pocos meses.
El shogunato creó su propia trampa mortal, los casi dos millones de samuráis cobraban su salario en estipendios fijos de arroz. De la noche a la mañana, la orgullosa casta militar cayó en la miseria absoluta, ahogada por las deudas crónicas con los prestamistas, mientras veían a los comerciantes occidentales hacerse ricos en los nuevos puertos.
Arruinados y humillados, miles de jóvenes guerreros de los feudos periféricos del sur (como Satsuma y Chōshū) se convirtieron en Rōnin (guerreros sin amo) y se radicalizaron bajo el lema Sonnō Jōi ("Reverenciar al Emperador, Expulsar a los Bárbaros"). En términos de contrainteligencia, no eran "nobles idealistas"; operaron como células de terrorismo urbano. Los Shishi (hombres de alto propósito) ejecutaron una campaña de asesinatos selectivos, decapitando a machetazos en los callejones de Kioto a ministros colaboracionistas y extranjeros para reventar los tratados. El Shogunato perdió el monopolio del ejército, el libre comercio occidental había fabricado a sus propios verdugos.
REPRESALIA OCCIDENTAL Y REACCIÓN JAPONESA (1863-1864)
Pero el plan de "expulsar a los bárbaros" con espadas era primitivo y suicida. Las potencias occidentales les aplicaron rápidamente una terapia de choque, la diplomacia de las cañoneras.
En 1863 y 1864, como represalia por el asesinato de europeos, flotas de Gran Bretaña, EE. UU., Francia y Holanda arrasaron la ciudad de Kagoshima con cañones Armstrong incendiarios y destruyeron por completo las baterías costeras de Shimonoseki.
Cualquier otra nación asiática se habría rendido y convertido en colonia. Pero la élite samurái rebelde del sur extrajo una conclusión: "El fanatismo xenófobo no detiene a la artillería. El aislamiento es un suicidio. Si queremos sobrevivir y tomar el poder, tenemos que tirar nuestro lema a la basura, aliarnos en secreto con nuestros verdugos (los británicos) y comprar su tecnología de aniquilación industrial para usarla contra el Shogunato".
LA GUERRA SUBSIDIARIA. París contra la City de Londres
Una revolución no se gana con katanas en época del imperialismo se gana con líneas de crédito. A partir de 1865, el conflicto civil japonés dejó de ser un asunto interno. Se convirtió en el tablero de ajedrez donde el capital financiero europeo ejecutó una guerra a gran escala por el monopolio del Pacífico Norte.
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| Thomas Blake Glover |
Napoleón III y su embajador Léon Roches apostaron todo a la supervivencia de la dictadura Tokugawa. Francia inyectó millones de francos, ingenieros para construir el inmenso arsenal naval de Yokosuka y envió oficiales de élite (como el capitán Jules Brunet) para entrenar, vestir y armar a las tropas del Shogun con tácticas europeas. En cambio, la City de Londres, oliendo el colapso financiero de Tokio, apostó por la insurgencia del sur. Aquí entra la figura de Thomas Blake Glover, un despiadado traficante de armas escocés asociado al cártel de Jardine Matheson (los arquitectos del contrabando de opio en China). Actuando como testaferro británico desde Nagasaki, Glover inundó ilegalmente a los rebeldes terroristas con miles de modernos fusiles estriados Minié y barcos de guerra acorazados. ¿Cómo pagaban los samuráis del sur? Con plata de contrabando, té y extorsión fiscal en sus dominios.
Tener cañones británicos no bastaba para los rebeldes japoneses, para dar un golpe de Estado militar a un gobierno que llevaba 250 años en el poder, necesitaban un respaldo legal para no parecer unos traidores. Los rebeldes ejecutaron una maniobra de marketing político brillante: el secuestro del emperador.
El objetivo fue la Corte Imperial de Kioto. Durante siglos, el Emperador había sido una reliquia ceremonial ignorada pero necesaria para el shogunato. En 1867, el emperador Kōmei (que paradójicamente odiaba a los occidentales pero apoyaba al Shogunato) murió súbitamente a los 36 años. (La toxicología apunta a un asesinato por envenenamiento a manos de radicales infiltrados).
El trono pasó a su hijo de 15 años, el Emperador Mutsuhito (futuro Meiji). Los líderes rebeldes rodearon la corte, aislaron al adolescente asustado y lo convirtieron en su escudo intocable. Emitieron edictos imperiales falsificados o coaccionados declarando al Shogunato como Chōteki (enemigo del trono). Al apropiarse del estandarte imperial, los golpistas del sur dejaron de ser "insurgentes" para convertirse mágicamente en el "Ejército Imperial oficial". Quien disparara contra ellos, estaba disparando contra la encarnación viva de la Diosa del Sol, el shogunato ante ello se desintegró por terror a la herejía.
LA GUERRA BOSHIN (1868)
En enero de 1868 estalló la Guerra Boshin, una masacre. En batallas clave como Toba-Fushimi, el inmenso ejército del Shogunato fue barrido, triturado y masacrado por el muro de fuego rápido de la infantería rebelde que avanzaba disparando con artillería de retrocarga británica e incluso ametralladoras Gatling estadounidenses.
El Shogunato colapsó. Pero el giro definitivo, la prueba de que todo fue una gigantesca extorsión de las élites, ocurrió el día después de la victoria.
En cuanto los líderes samuráis rebeldes tomaron el poder absoluto en Edo (renombrada Tokio) y proclamaron la Restauración Meiji, traicionaron absolutamente todo lo que habían jurado defender. Ejecutaron un acto de autoliquidación de clase sin precedentes en la historia mundial.
Para construir un Estado hiperindustrial a imagen y semejanza de Occidente, la oligarquía necesitaba erradicar su mayor gasto estructural: los propios samuráis. Los mismos líderes rebeldes que usaron a la casta guerrera como carne de cañón para dar el golpe contra el shogunato, procedieron a masacrarla mediante decretos burocráticos. Abolieron los feudos, cancelaron los sueldos en arroz, se pusieron trajes de levita ingleses, les prohibieron llevar espada en público y crearon un Ejército Nacional de reclutas campesinos prusianizados.
Cuando los samuráis tradicionalistas se dieron cuenta de la inmensa estafa y se levantaron en armas para reclamar lo que se les había prometido (la Rebelión de Satsuma de 1877), el nuevo Estado Imperial no tuvo piedad. Los exterminó a sangre fría utilizando artillería pesada occidental. La clase guerrera milenaria de Japón fue desmantelada financieramente y acribillada a ráfagas de 200 balas por minuto por sus propios antiguos comandantes, ya no eran útiles para los nuevos tiempos que se avecinaban.
CONCLUSIONES, EL SACRIFICIO JAPONÉS
El periodo Bakumatsu y la caída del Shogunato Tokugawa (1853-1868) es una lección de darwinismo geopolítico acelerado. No hubo romanticismo ni hubo nobles propósitos de preservación de la cultura y tradiones japonesas. Los 15 años de crisis fueron una trituradora de carne, encendida por la hiperinflación inducida por Washington, financiada por el tráfico de armas de Londres y París, y ejecutada por una oligarquía periférica despiadada que secuestró a un Emperador adolescente para legalizar su matanza.
El genio aterrador de la facción ganadora (los arquitectos de la era Meiji) fue su ausencia total de escrúpulos. La élite que derrocó al Shogun bajo el juramento sagrado de "expulsar a los occidentales" se puso inmediatamente sombreros de copa, construyó fábricas de vapor, fundó corporaciones monopólicas masivas (Zaibatsu) e instauró un Imperio capitalista letal.
Aprendieron la lección de Occidente a la perfección: En el nuevo orden mundial de libre mercado, si no eres el verdugo con cañones , automáticamente serás la víctima colonizada en la mesa de negociaciones.
Occidente inyectó el imperialismo en la bahía de Edo creyendo que estaba domesticando un nuevo y dócil mercado. En realidad, la casta guerrera nipona asimiló la realidad geopolítica mundial, masacró su propio pasado feudal a disparos de ametralladora y se preparó para convertirse en el Imperio más sangriento, industrializado y letal de la historia de Asia. El monstruo corporativo que bombardearía Pearl Harbor acababa de nacer en 1868.
BIBLIOGRAFÍA
Beasley, W. G. (1995). La Restauración Meiji. Madrid, España: Ediciones Sílex. (Obra fundamental para entender el proceso político y las facciones que derrocaron al Shogunato).
Gordon, A. (2014). Historia contemporánea de Japón: del fin del shogunato a la actualidad. Madrid, España: Akal.
Hane, M. (2003). Breve historia de Japón. Madrid, España: Alianza Editorial.
Walker, B. L. (2017). Historia del Japón. Madrid, España: Akal. (Destaca por su rigor en los cambios ambientales, sociales y materiales de la época).
Whitney Hall, J. (1973). El imperio japonés. Madrid, España: Siglo XXI de España Editores.

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