El despertar de los nacionalismos en Asia
Cómo el colapso del orden colonial no fue obra de la mitología ni de un despertar espiritual, sino de la financiación de Wall Street, del Komintern y el cálculo de la supervivencia estatal.
LA ILUSIÓN DE LA DESCOLONIZACIÓN
La historiografía convencional narra la descolonización de Asia como el triunfo del espíritu humano sobre el yugo europeo, un proceso donde líderes iluminados devolvieron la dignidad a sus pueblos. En la mesa de autopsias de la geopolítica, esta narrativa es un espejismo. El hombre blanco no fue expulsado de Asia por la superioridad moral de sus habitantes, sino porque las élites asiáticas aprendieron a clonar la maquinaria de exterminio industrial de Occidente.
Para lograrlo, tuvieron que inyectar en sus sociedades agrarias un elemento ideológico totalmente ajeno a su ADN milenario, el nacionalismo. Esta es la disección de cómo se construyeron los nacionalismos en Asia, desde los acorazados de Tsushima hasta la demolición de la filosofía política de la Antigüedad.
LAS GUERRAS Y EL DESPERTAR DE LOS NACIONALISMOS ASIÁTICOS (1905-1945)
El primer gran mito sobre este tema es considerar la Guerra Ruso-Japonesa como el triunfo inmaterial del "hombre amarillo". Japón no venció a Rusia gracias al código de honor samurái, la venció porque calcó el Estado Mayor prusiano y porque fue financiado en secreto por Wall Street. El inmensamente rico banquero judío-estadounidense Jacob Schiff, enemigo del zarismo por sus sanguinarios pogromos antisemitas, prestó a Japón 200 millones de dólares para comprar los modernos acorazados británicos que diezmaron a los rusos. El mensaje para Asia fue que el hombre blanco no era invencible por su genética, sangra y muere exactamente igual si un asiático tiene la artillería pesada europea y una línea de crédito internacional que la pague.
Otro mito es el de Calificar a Sun Yat-sen de "Rousseau asiático", este es un eufemismo que oculta las sombras de la Revolución Xinhai. Sun Yat-sen era un pragmático implacable que financió su revolución republicana con el dinero negro de las Tríadas (las mafias chinas de ultramar) y con donaciones encubiertas de la inteligencia militar japonesa (cuyo único interés era desestabilizar al gigante continental).
Su nacionalismo original no era una democracia humanista, era puro chovinismo étnico Han. El objetivo primario no era instaurar una república cívica e igualitaria, sino ejecutar una limpieza institucional para exterminar del poder a la dinastía extranjera manchú (Qing). El nacionalismo chino nació como un instrumento de restitución racial y monopolio del Estado.
Tras el fin de la I Guerra Mundial, con la polémica Paz de Versalles, el presidente estadounidense Woodrow Wilson y su idealista "autodeterminación de los pueblos" no fueron una inspiración para Asia, sino la mayor estafa diplomática del siglo XX. En la Conferencia de Paz de París de 1919, las élites asiáticas descubrieron que la democracia liberal era un club exclusivo para blancos (Wilson vetó la cláusula de Igualdad Racial propuesta por Japón y entregó territorios soberanos chinos a Tokio).
Al verse traicionados, los intelectuales asiáticos (el Movimiento del 4 de Mayo en China, el del 1 de Marzo en Corea o el joven Ho Chi Minh) tiraron a Rousseau a la basura y abrazaron a Lenin. Rusia no les atrajo por la doctrina económica marxista, sino porque les ofrecía tecnología del poder, tácticas de guerrilla asimétrica, fusiles y la estructura del Partido (una máquina dictatorial centralizada, diseñada específicamente para movilizar a las masas y expulsar al extranjero mediante el terror de Estado).
Afirmar que Japón "abrió las puertas a la realidad y concedió la independencia" a naciones como Indonesia es creerse sin cuestionar la propaganda fascista de la Esfera de Coprosperidad. Japón no fue un libertador panasiático, operó bajo un totalitarismo imperialista extractivo brutal. Reemplazó el colonialismo blanco por un imperialismo industrial nipón infinitamente más letal, esclavizando a millones de coreanos en minas subterráneas y matando de hambre a la población de Vietnam e Indonesia para saquear su arroz y su caucho.
Cuando el Imperio Japonés "independizó" a Birmania o Indonesia al final de la Segunda Guerra Mundial, no lo hizo por un despertar nacionalista, sino como una táctica militar de tierra quemada: armaron a las milicias locales para dejarlas como escudos humanos y bombas de relojería ante el inminente y vengativo regreso de los imperios europeos.
EL NACIONALISMO COMO UNIÓN DE MASAS
El nacionalismo asiático nunca fue un poema de liberación, fue una herramienta de supervivencia.
Durante milenios, a un campesino del delta del Mekong o del río Amarillo le daba igual qué dinastía cobrara los impuestos en la capital, su lealtad terminaba en los lindes de su aldea. Pero los imperios industriales europeos demostraron que solo podían ser derrotados oponiéndoles ejércitos de millones de hombres dispuestos a morir en las trincheras.
¿Cómo logras que un campesino analfabeto, que solo quiere cultivar su parcela, se inmole voluntariamente frente a una ametralladora Maxim británica o francesa? Fabricando el mito de la nación, diseñando banderas sagradas y adoctrinando mediante la educación estatal. El nacionalismo fue la herramienta definitiva para convertir a la masa agraria en infantería nacional.
LA ANIQUILACIÓN DE LAS RAÍCES HISTÓRICAS
Si analizamos la adopción del nacionalismo desde la filosofía política material de un antiguo estadista chino, del burócrata coreano, del shogun japonés o del khan mongol, el nacionalismo no representa una victoria del orgullo asiático, sino la mayor humillación intelectual y el colapso absoluto de su cosmovisión milenaria.
Bajo la lupa de la antigüedad imperial china, rebajarse a ser una "nación" fue una derrota cósmica. Durante milenios, el Imperio del Medio no operaba con fronteras modernas igualitarias, sino bajo el concepto del Tianxia (Todo bajo el Cielo). China se consideraba el centro geométrico y moral del cosmos. Aceptar el modelo de Westfalia (el nacionalismo europeo) obligó a China a cometer el peor sacrilegio a su creencia histórica, aceptar que ya no era el centro absoluto de la creación, sino un simple pedazo de tierra confinado en un mapa de colores, obligado a sentarse en igualdad de condiciones jurídicas frente a los "bárbaros" occidentales. El nacionalismo empequeñeció a China.
Esta misma analítica de los antiguos destruye las fábulas mitológicas sobre la "cobardía" frente al mar. Cuando la Dinastía Ming ordenó desmantelar las inmensas Flotas del Tesoro del almirante Zheng He en 1433 y cerrarse a los océanos, no respondió a miedos a "dragones marinos". Fue un cálculo fiscal y burocrático de la historia militar. El Ministerio de Finanzas y el Ministerio de Guerra Ming auditaron el imperio y concluyeron que malgastar millones de toneladas de plata navegando hacia África o la India carecía de valor estratégico o beneficios. La verdadera amenaza de aniquilación biológica no venía del mar, sino de la caballería pesada nómada mongola agrupándose en la frontera norte. Detuvieron los barcos para reasignar todo el presupuesto militar a la reconstrucción de la Gran Muralla y asegurar la logística del Gran Canal. La geopolítica antigua no sabía de dragones, solo de asignación eficiente de recursos escasos.
En la visión antigua, Corea tampoco era un "héroe mitológico paralizado frente a los dragones". Corea era un Estado brillante, cínico y ultrapragmático que practicaba la doctrina diplomática del Sadae (Servir al Grande). Reconocer formalmente la superioridad del Imperio Chino y pagarle tributo anual no era un acto de sumisión humillante, era el pago de una póliza de seguro geopolítica. A cambio de unas cuantas misiones tributarias, Corea obtenía el paraguas balístico y militar del mayor imperio de la Tierra, disuadiendo así a las agresivas castas samuráis japonesas de invadir la península. El nacionalismo moderno rompió ese paraguas de vasallaje pactado y dejó a Corea expuesta a las superpotencias.
Para el antiguo guerrero japonés, el concepto igualitario del Estado-Nación era una aberración antinatural que subvertía el Karma. Crear un "Ejército Nacional" requería conscripción universal. Para sobrevivir al imperialismo occidental en la Era Meiji, el Estado japonés tuvo que expropiar y masacrar a su propia casta divina y aristocrática (los samuráis) para poder armar a millones de campesinos plebeyos con fusiles de repetición europeos. El nacionalismo exigió nivelar la sociedad a la baja, destruyendo siglos de jerarquía marcial.
Desde la perspectiva nómada mongola, el concepto mismo de derramar sangre por una línea imaginaria dibujada en un papel (una frontera) era incomprensible. El poder en la estepa no consistía en proteger un mapa rodeado de alambre de espino, burocracia o aduanas; el poder era la movilidad balística absoluta y la recolección del tributo. El nacionalismo obligó a Asia a encadenarse a la tiranía de la topografía sedentaria europea.
LOS GRANDES LÍDERES NACIONALISTAS ASIÁTICOS
INDIA: Mahatma Gandhi y el apoyo multimillonario
La maquinaria de relaciones públicas más exitosa del siglo XX convirtió a Mohandas Gandhi en el icono global del pacifismo y la victoria del alma india frente a las armas británicas. Su revolución de la no violencia (Ahimsa) fue el movimiento antibritánico más rentable de la burguesía industrial india
¿Quién estaba detrás? Gandhi hizo voto de pobreza, pero como decía con cínica brillantez su propia aliada, la poetisa Sarojini Naidu: "Cuesta una inmensa fortuna mantener a Gandhi viviendo en la pobreza". Su gigantesca red de ashrams, sus viajes en trenes fletados, sus imprentas y la colosal logística del Partido del Congreso fueron financiados casi en su totalidad por los cárteles de la casta mercantil Marwari, liderados por megamillonarios como G.D. Birla (algodón) y la familia Tata (acero).
Los hombres más ricos de Asia no financiaban a un asceta por iluminación espiritual. Lo financiaban por dos motivos. Primero, el boicot a los textiles británicos impulsado por Gandhi era el ariete perfecto para destruir la competencia de Mánchester y asegurar a los oligarcas indios el monopolio de un mercado de 400 millones de consumidores. Segundo y más oscuro: en los años 20 y 30, las masas campesinas indias, muertas de hambre, coqueteaban con la revolución marxista armada (liderada por figuras como Bhagat Singh). Si estallaba una revolución violenta, a los primeros que colgarían sería a los multimillonarios indios. Los oligarcas financiaron a Gandhi porque su pacifismo era el antídoto perfecto contra el comunismo; canalizaba la rabia de las masas hacia marchas inofensivas, garantizando que, al irse los británicos, las fábricas seguirían intactas en manos de la élite local.
Su gran rival interno, Subhas Chandra Bose, huyó de la India y se alió formalmente con Adolf Hitler y el Imperio de Japón. Reclutó la Legión Tigre en Europa —soldados indios que juraron lealtad a las Waffen-SS nazis— y lideró el Ejército Nacional Indio armado por Tokio, demostrando que en el despiadado mercado de la independencia, el fascismo genocida era un proveedor logístico tan válido como cualquier otro.
VIETNAM: Ho Chi Minh, el camaleón de la OSS y el Komintern
El "Tío Ho" es venerado por la izquierda mundial como el abuelo bondadoso, el maestro rural que solo quería liberar Vietnam y que "se vio obligado" a pedir ayuda a los comunistas porque Washington lo ignoró.
¿Quién estaba detrás? Nguyen Sinh Cung (su nombre real) nunca fue un campesino, fue un cuadro de élite formado en la Universidad Comunista de los Trabajadores de Oriente en Moscú y agente a sueldo de la Komintern (la Internacional Comunista de Stalin) desde 1923. Sin embargo, su brillantez táctica no tenía ideología. En 1945, quienes armaron con ametralladoras, curaron de malaria y financiaron a su guerrilla (el Viet Minh) no fueron los soviéticos, sino la OSS estadounidense (predecesora de la CIA), que lanzó a su equipo encubierto Deer Team en la selva para usar a Ho contra los japoneses. Cuando EE. UU. le dio la espalda, Ho subastó su país a la China de Mao Zedong, que le envió la artillería pesada para masacrar a los franceses en Dien Bien Phu en 1954.
Antes de disparar un tiro contra el imperialismo blanco, Ho Chi Minh aniquiló a toda la competencia nacionalista vietnamita. Su policía secreta asesinó a los líderes republicanos del partido VNQDD y masacró a los trotskistas. A los rivales que no podía matar directamente, los delataba en secreto a la policía colonial francesa (Sûreté), cobrando recompensas en francos mientras los franceses guillotinaban a sus compatriotas. Una vez en el poder en el Norte (1954-1956), aplicó la "Reforma Agraria" maoísta, sus tribunales populares ejecutaron a sangre fría a entre 50.000 y 100.000 campesinos acusados falsamente de ser terratenientes, simplemente para inocular el terror paralizante en la población antes de la guerra contra el Sur.
INDONESIA: Sukarno, el locutor del Fascismo Nipón
Sukarno es recordado como el titán del Movimiento de Países No Alineados, el carismático león que expulsó al Imperio Holandés y unificó el gigantesco archipiélago. Su ascenso revela a un maquiavélico colaboracionista que pagó su trono entregando a su pueblo al matadero.
¿Quién estaba detrás? Durante la década de 1930, el colonialismo holandés tenía a Sukarno encarcelado y neutralizado. Quien lo elevó al poder supremo, le proporcionó escolta armada, emisoras de radio y legitimidad fue el Ejército Imperial Japonés cuando invadió Indonesia en 1942. Sukarno hizo un pacto de sumisión total con la sádica policía militar nipona (Kempeitai).
A cambio de que Tokio le prometiera ser el futuro dictador de una Indonesia independiente, Sukarno se convirtió en el capataz en jefe de la ocupación. Mediante sus encendidos discursos en la radio, engañó y reclutó a millones de campesinos indonesios como Romusha (trabajadores forzados para la maquinaria bélica fascista). Los japoneses los usaron como esclavos prescindibles para construir el "Ferrocarril de la Muerte" en Birmania y búnkeres de carbón en todo el Pacífico. Entre 2 y 4 millones de indonesios murieron de inanición, enfermedades tropicales y palizas. Sukarno canjeó la sangre de millones de compatriotas para comprar su billete a la presidencia bajo el paraguas militar de Tokio.
COREA: Los Kim Il-sung y Syngman Rhee
La narrativa de la liberación coreana de 1945 es una farsa diplomática. Ni Kim Il-sung liberó el Norte ni Syngman Rhee liberó el Sur. Ambos fueron "franquicias políticas" empaquetadas, financiadas e importadas directamente en aviones de transporte militar por Moscú y Washington, que dividieron la península trazando una línea en un mapa en 30 minutos sin consultar a un solo coreano.
KIM IL-SUNG (El Títere del Ejército Rojo): No era el dios guerrero de la propaganda norcoreana que liberó el país a lomos de un corcel. Era un guerrillero menor que pasó la Segunda Guerra Mundial seguro en Rusia, vistiendo el uniforme de Capitán del Ejército Rojo soviético. Stalin y Lavrenti Beria (jefe del KGB) lo instalaron en Pyongyang porque era el testaferro más dócil que pudieron encontrar. Purgó, ejecutó y borró de la historia a los verdaderos líderes comunistas coreanos que sí se habían quedado en la península sufriendo la brutal tortura japonesa (la facción doméstica del Sur y la facción de Yan'an).
SYNGMAN RHEE (El Virrey del Pentágono). Llevaba 40 años exiliado en hoteles de Hawái y Washington. Hablaba mejor inglés que coreano. Fue lanzado en paracaídas político por la inteligencia estadounidense y el general Douglas MacArthur, que necesitaban un anticomunista fanático para contener a Stalin en el Paralelo 38. Al carecer de legitimidad popular, Rhee recontrató a la odiada policía secreta colonial japonesa (Chinilpa) para que trabajara para él. Bajo la protección logística de EE. UU., Rhee ordenó las atrocidades más sanguinarias antes de la guerra, orquestó la Masacre de Jeju (30.000 civiles acribillados) y la infame Masacre de la Liga Bodo en 1950, donde el Estado ejecutó en fosas comunes y minas abandonadas a entre 100.000 y 200.000 ciudadanos surcoreanos desarmados sospechosos de simpatizar con la izquierda. Los oficiales estadounidenses fotografiaron las masacres, pero el "Mundo Libre" miró hacia otro lado y clasificó los informes durante medio siglo.
CONCLUSIONES
El nacionalismo asiático no fue el retorno glorioso al honor filosófico de sus ancestros, fue la aniquilación deliberada de su Antigüedad para asegurar la supervivencia en el mundo contemporáneo.
Para expulsar a los imperios occidentales y sobrevivir a la carnicería global del siglo XX, las élites asiáticas tuvieron que adoptar el sistema de Westfalia. Tuvieron que destruir su cosmovisión milenaria del "Mandato del Cielo", erradicar a sus propios guerreros tradicionales para crear ejércitos masivos de reclutas anónimos, y perder sus antiguas identidades para convertirse en engranajes de un Estado-Nación industrial.
Asia venció a Occidente aprendiendo a jugar y dominar su propio juego, sí, pero el precio exacto, material e inconfesable de esa victoria geopolítica fue tener que desmantelar, profanar y enterrar su propio origen para convertirse en el Leviatán que hoy domina el mundo.
Las naciones asiáticas no lograron la independencia porque las metrópolis europeas sintieran remordimientos morales al escuchar los discursos filosóficos de los líderes independentistas. La lograron porque, tras 1945, Gran Bretaña, Francia y Holanda estaban en bancarrota absoluta, con sus capitales en ruinas y sin presupuesto para mantener ejércitos de ocupación a diez mil kilómetros de distancia.
Los líderes independentistas asiáticos entendieron esta grieta a la perfección. Fueron depredadores que utilizaron las instituciones de la Guerra Fría y la Segunda Guerra Mundial como cajeros automáticos y arsenales gratuitos. Aceptaron la financiación de la burguesía monopolista, del fascismo japonés, de la CIA o del KGB soviético sin que les temblara el pulso, y no dudaron en purgar, asesinar a bayonetazos, matar de hambre o vender como esclavos a millones de sus propios compatriotas si eso aseguraba la construcción del Estado que ellos iban a heredar.
Evolución histórica del nacionalismo
ResponderEliminarEl estado-nación surgió en Europa con un tratado de westfalia en 1648
Durante el siglo 19 fue cuando se propago por Europa y gano popularidad; desde entonces , el nacionalismo ha dominado las políticas Europas y mundiales
A finales del siglo 19 las ideas nacionalista se comenzaron a expandir por toda Asia
India: el nacionalismo incentivó el fin del dominio británico
China: el nacionalismo dio una justificación para el estado chino
Japón: el nacionalismo fue combinado con el excepcionalísimo japonés
En la 1 guerra mundial marco la destrucción definitva de varios estados multinacionales
El tratado de versalles fue establecido como intento por reconocer el principio nacionalismo
El siglo 20 tambien fue marcado por la lenta adopción del nacionalismo
Muy buen comentario, pero usted me habla del nacionalismo europeo, el estado nación no se puede afirmar que surgió con el Tratado de Westfalia tal y como lo entendemos hoy día, el estado-nación que entendemos en el presente es el del estado donde la soberanía recae en la población, Westfalia propone un estado en cuanto a confesión oficial relacionada con un territorio determinado dentro del poder de una monarquía y o república. En el S.XIX claramente fue la época de expansión del nacionalismo que plantó su semilla en Asia mediante el colonialismo. Esta semilla no aflorará hasta que surja el "orgullo asiático" en relación con la destrucción de la imagen del hombre blanco invencible. Las dos guerras mundiales fueron el punto de partida que hizo que el nacionalismo se implantará en la política autóctona asiática. En lo demás totalmente de acuerdo, aún así el tema del nacionalismo es un tema histórico algo abstracto que es siempre blanco de eternos debates e interpretaciones.
ResponderEliminar