EL REINO DE COREA DE GOJONG Y EL DIFÍCIL EQUILIBRIO INTERNACIONAL (1863-1910) ¿CÓMO ACABÓ COREA EN MANOS JAPONESAS?


Gojong no administraba un país; administraba una cuenta atrás. Cada vez que pedía ayuda a Rusia para frenar a Japón, o a EE. UU. para frenar a Rusia, el precio se pagaba en soberanía física: aduanas, minas y ferrocarriles. Corea pasó de ser el "Reino Ermitaño" protegido por el ritual confuciano a ser el "Estado Tapón"en una zona de guerra industrial. Gojong intentó utilizar el lenguaje del Derecho Internacional (tratados, legaciones, derecho de gentes) para protegerse, pero descubrió que esas reglas solo se aplicaban entre "potencias industriales". Para Londres o Washington, Corea era una moneda de cambio para calmar las ansias expansionistas de Japón o Rusia.

CONTEXTO GEOPOLÍTICO E HISTÓRICO


Para entender a Gojong, hay que mirar el mapa con los ojos de los imperios que iban a devorarlo. En la segunda mitad del siglo XIX, el orden internacional asiático —basado en el honor, el aislamiento y el tributo— había sido aniquilado por el motor de vapor, la artillería y los Bancos Centrales. En este nuevo ecosistema industrial, Corea, un puente montañoso de mil kilómetros de largo, estaba rodeada:

Durante 500 años, la dinastía Joseon había sobrevivido externalizando su defensa a China mediante el sistema de vasallaje tributario. Seúl enviaba plata y sumisión, a cambio, Pekín garantizaba su protección militar absoluta. Era un seguro a todo riesgo. Pero cuando Gojong subió al trono, este seguro estaba quebrado. El Imperio Qing acababa de ser humillado y drogado por los británicos en las Guerras del Opio y rematado internamente por la Rebelión Taiping (que dejó 20 millones de muertos). China ya no era un imperio protector; era un cadáver andanteSin embargo, Pekín se negaba a soltar a Corea. Los estrategas chinos definían la península como "el labio que protege a los dientes del frío". La necesitaban como su último "Estado Tapón" para amortiguar cualquier invasión terrestre hacia Manchuria y Pekín. Gojong confió la vida de su nación a un guardaespaldas en bancarrota que ya no podía defender ni sus propias aduanas, pero que intervendría brutalmente en Seúl (con el comisario Yuan Shikai) por puro pánico a perder su escudo humano.

Si China era el pasado muerto, Japón era el apocalipsis mecánico. Tras ser forzados a abrirse por los cañoneros de EE. UU. en 1853, las élites japonesas entendieron la letal regla de la modernidad: o te industrializas y te conviertes en el depredador colonial, o te conviertes en la presa. El estratega militar prusiano Klemens Meckel enseñó a Tokio la doctrina de la geografía del terror: la península coreana era "una daga apuntando directamente al corazón de Japón". Si una potencia hostil controlaba Corea, Japón estaba muerto. Para Tokio, controlar Corea era un imperativo de supervivencia nacional preventiva.

Además, Japón mutó en una máquina de guerra capitalista a una velocidad aterradora, pero el archipiélago carecía de recursos. Necesitaban hierro, carbón y, sobre todo, calorías para alimentar su explosión demográfica urbana. Japón necesitaba aspirar el arroz coreano a precios de ganga y usar su mercado para sus excedentes textiles. Japón no invadió Corea por odio cultural, la devoró por una implacable necesidad económica.

Desde el norte, el inmenso Imperio Ruso bajaba como un glaciar imparable a través de Siberia, construyendo la arteria logística más larga del mundo: el ferrocarril Transiberiano. Pero el Zar tenía un problema logístico, todos sus puertos en el Pacífico (como Vladivostok) se congelaban por el hielo siberiano en invierno, inutilizando a su flota militar y comercial durante meses. Al mirar el mapa, las costas de Corea (como Incheon o Busan) eran puertos de aguas cálidas navegables los 365 días del año. El Imperio Ruso no quería asimilar a los coreanos ni su cultura; simplemente necesitaba apoderarse de su costa para usarla como un inmenso puerto de invierno para los acorazados de los Romanov.

A miles de kilómetros de distancia, Londres y Washington operaban como los verdaderos directores económicos.

La superpotencia suprema, Gran Bretaña, tenía una única fobia geopolítica: que Rusia se expandiera hacia la India y el Pacífico. Para evitarlo, Londres tomó una  fría decisión financiera, era infinitamente más barato armar, financiar y azuzar a Japón para que operara como su perro de presa en Asia. Firmaron la alianza Anglo-Japonesa (1902) entregando Corea a Tokio en bandeja de plata para cortarle el paso al Zar.

Estados Unidos miraba a Corea simplemente como una franquicia minera de extracción rápida (concesiones de oro, tranvías). A Washington solo le importaba proteger su propia colonia recién robada a España, las Islas Filipinas. Para ello, Washington orquestó el Pacto Secreto Taft-Katsura (1905), liquidando la independencia de Corea a favor de Japón a cambio de que Tokio no tocara las posesiones estadounidenses. Para los anglosajones, la soberanía de los reyes coreanos era una broma de mal gusto. Su única función en el Derecho Internacional era ser la moneda de cambio para mantener el equilibrio mundial.

EL DIAGNÓSTICO DEL PACIENTE: UN HOLOGRAMA DE SEDA

Y en el centro de este huracán logístico de cañoneras, altos hornos y paranoias imperiales, estaba nuestro paciente: la Corea de la Dinastía Joseon.

Cuando el niño Gojong fue coronado en 1863, Corea era un espejismo letal. Una economía agraria congelada en el tiempo, basada en la extorsión fiscal del campesinado por parte de una aristocracia parasitaria (los Yangban), que despreciaba el comercio, el cobro eficiente de impuestos y la tecnología militar por considerarlos oficios vulgares de clase baja.

No tenían Banco Central, no tenían moneda fiduciaria respaldada, no tenían ferrocarriles, no tenían industria pesada y, lo más suicida, no tenían un ejército regular moderno armado con rifles de repetición.

Las élites de Seúl seguían debatiendo sobre la pureza de los poemas confucianos y la longitud correcta del moño tradicional de luto, mientras a trescientos kilómetros de distancia, las fábricas de Mitsubishi forjaban el acero de los buques de guerra y el Transiberiano acercaba la infantería europea a sus fronteras.

Este es el aterrador escenario geopolítico sobre el que se levantó el telón de la era Gojong. No le tocó gobernar un país soberano; le tocó gobernar una gasolinera de madera construida en la mediana de una autopista donde tres convoyes blindados circulaban en dirección contraria y sin frenos.

Y es exactamente aquí, en medio de este matadero preanunciado, donde podemos insertar la tragedia de su reinado: el funambulismo suicida de un rey que intentó sobrevivir a una guerra de aniquilación industrial comprando cámaras de fotos, bebiendo café y apelando a un Derecho Internacional escrito por sus propios verdugos.

NUESTRO PROTAGONISTA, GOJONG, EL AMANTE DE LA TECNOLOGÍA


Para entender a Gojong, hay que alejarse del mármol de las estatuas y entrar en la penumbra de las estancias privadas de Deoksugung, donde el olor a incienso coreano se mezclaba con el aroma del café recién importado. Gojong no fue un rey cobarde, sino un intelectual traumatizado que intentó comprar tiempo en una subasta donde su reino era el lote principal.

Gojong era un hombre de una inteligencia curiosa, pero con un sistema nervioso devastado por el entorno. Ascendió al trono bajo la bota de su padre y vivió bajo la sombra política de su esposa, la reina Min. Su personalidad se define por la ambigüedad. Intentaba contentar a todos (rusos, japoneses, americanos) para no ser devorado por ninguno, llevando a cabo una neutralidad desesperada.

Tras el asesinato de la Reina Min, Gojong desarrolló agorafobia política. No confiaba en su propio ejército ni en sus ministros. Su personalidad se volvió paranoíca y con motivos , convirtiéndose en un monarca que gobernaba desde el búnker de las legaciones extranjeras.

Una de sus grandes hazañas fue que Gojong fue el primer gran consumidor de café en Corea. Lo descubrió en la legación rusa. No era solo por gusto, era un ritual de seguridad (las latas selladas le daban paz ante el miedo al envenenamiento). Su pasatiempo favorito era tomar café preparado por la alemana Antoinette Sontag mientras discutía de tecnología. Estaba obsesionado con los inventos occidentales. Gastó fortunas en cámaras de fotos, gramófonos y relojes mecánicos. Introdujo la luz eléctrica en el palacio antes de que muchas ciudades europeas la tuvieran de forma masiva.

Su vida privada transcurría en edificios neoclásicos como el Seokjojeon, rodeado de muebles de terciopelo francés y alfombras de lana, intentando convencerse de que su entorno estético le otorgaba el estatus de "Emperador" moderno.

Gojong fue un monarca que entendió la modernidad como estética y tecnología, pero no como fortaleza institucional y militar. Sus intereses privados (relojes, café, palacios de piedra) eran la vía de escape de un hombre que sabía que su imperio era de cartón piedra frente al acero de los acorazados del Imperio Japonés.

La Regencia del Daewongun (1863-1873): El Búnker Confuciano

Palacio de Gyeongbokgung

Gojong ascendió al trono siendo todavía un niño, y durante los primeros años el poder efectivo quedó en manos de su padre, el Daewongun, que ejerció la regencia entre 1864 y 1873 e intentó reforzar el centro monárquico, modernizar el aparato militar y contener cualquier apertura hacia Japón o hacia Occidente. Esa primera respuesta fue defensiva: fortalecer la corte y cerrar el acceso exterior. Pero esa defensa tuvo un precio que casi quiebra al Estado coreano antes de que llegaran los japoneses. Para reforzar el centro monárquico, el padre de Gojong se obsesionó con reconstruir el gran palacio real, el Gyeongbokgung. Para pagarlo, emitió moneda de forma masiva , (la moneda de "cien valores"), lo que provocó una alta inflación  (1000%) arruinando a la burguesía comercial de Seúl.

Esta crisis económica fue la que permitió que la facción de la Reina Min (la esposa de Gojong) maniobrara para expulsar al Daewongun del poder en 1873. El "viejo orden" murió por una guerra fría silenciosa entre suegro y nuera. Pero claramente todo ello no resolvió el problema central, que era la creciente inserción forzada de Corea en un entorno regional cada vez más militarizado.

Para el Daewongun, el catolicismo no era una religión, era una quinta columna de la inteligencia occidental. Siguiendo esa línea se produjo La Matanza de Byeong-in (1866), fue la mayor operación de represión social de la dinastía. Se ejecutaron a 9 sacerdotes franceses y a miles de coreanos conversos. No fue un movimiento de carácter religioso, era político había que descabezar a la facción política pro-apertura. El Daewongun utilizó la sangre de los mártires de Byeong-in para enviar un mensaje a los clanes rivales: Cualquier contacto con el exterior es alta traición. Fue una purga que dejó al país sin intelectuales capaces de entender el mundo que venía.

Tras la matanza de sacerdotes, Francia envió una flota de castigo a la isla de Ganghwa en 1866. Los soldados coreanos, luchando con mosquetes de mecha y tácticas de emboscada, lograron que los franceses se retiraran. El Daewongun lo celebró como una victoria divina, el confucianismo parecía que le premiaba su defensa. Sin embargo, los franceses no se fueron con las manos vacías, saquearon los Oikyujanggak (Archivos Reales). Se llevaron manuscritos de seda y plata que eran el "disco duro" de la administración Joseon. Corea repelió el acero francés, pero perdió su memoria institucional, que terminó en la Biblioteca Nacional de Francia.

Cinco años después, en 1871, fue el turno de los estadounidenses, tras el incidente del buque General Sherman. En la hitoria coreana el Sinmiyangyo fue el primer contacto militar de EE. UU. con Corea. Los marines capturaron los fuertes de Ganghwa mediante una superioridad tecnológica abrumadora. Sin embargo, ante la negativa total de Corea a negociar, EE. UU. se retiró, no tenían interés en una ocupación costosa. El Daewongun interpretó esta retirada como una debilidad de Occidente. No entendió que los estadounidenses no huían, sino que simplemente estaban evaluando el coste-beneficio de un mercado que no consideraban prioritario.

EL APERTURISMO EN LA ERA DE LA REINA MIN (1873-1895)

Reina Min
El fin de la regencia del Daewongun no fue un relevo institucional, fue una operación de conspiraciones palaciegas orquestada desde las habitaciones de la Reina Min. La Reina Min (Myeongseong) no era una consorte pasiva. Detectó que el aislamiento del Daewongun estaba asfixiando financieramente a la aristocracia. Mediante el soborno y la promesa de cargos, unió a los clanes descontentos para forzar el "retiro" del padre de Gojong. A partir de 1873, el poder no residía sólo en Gojong, sino en la red clientelar de su esposa. Se instaló un sistema de nepotismo donde los cargos públicos se vendían al mejor postor para financiar una corte que quería vivir con estándares europeos en un país de economía agraria medieval.

En septiembre de 1875, Japón envió a la cañonera Un’yō  para ejecutar una operación de provocación a Corea. El buque japonés entró en aguas restringidas cerca de la isla de Ganghwa con la excusa de "buscar agua potable". Sabían perfectamente que la guarnición coreana, bajo las órdenes de disparar a cualquier invasor, abriría fuego. Tras el primer disparo coreano, el Un’yō (un buque de vapor moderno con artillería industrial) aniquiló las defensas costeras, desembarcó tropas y masacró a la guarnición local en la isla de Yeongjong.  

El objetivo final de la misión japonesa no era la isla de Ganghwa, sino el Tratado de Ganghwa (1876) que vendría después. Japón necesitaba definir a Corea como un "Estado independiente" para invalidar legalmente el estatus de Corea como Estado tributario de la Dinastía Qing, su rival histórico.Japón aplicó con Corea la misma diplomacia de cañoneras que el Comodoro Perry había usado con ellos en 1853. 

Fue un ejercicio de mimetismo imperial: para no ser devorados por Occidente, Japón decidió convertirse en el depredador de su vecino, utilizando las mismas tácticas de presión naval que las potencias occidentales. Como hemos dicho, con el Tratado de Ganghwa, el interés de Tokio no era el comercio de seda o arroz, sino el desmantelamiento del orden regional.

El Artículo 1 del tratado declaraba que Corea era un "Estado Independiente" con los mismos derechos que Japón, esto no fue por humanidad. Si Corea es independiente, deja de ser un Estado tributario de China. Japón rompió legalmente el paraguas de protección de los Qing para dejar a la península coreana desnuda y lista para ser devorada. Se impuso además, una cláusula que permitía a los japoneses delinquir en suelo coreano sin ser juzgados por leyes locales. Fue la amputación de la soberanía judicial de la dinastía Gojong sobre su reino. Además se abrían los puertos de Busan, Wonsan e Incheon al comercio japonés. No se convirtieron en puntos de intercambio, se convirtieron en puntos logísticos para la futura invasión militar japonesa de Corea. 

Gojong aceptó el tratado influenciado por la Reina Min, quien creía que Japón podría ser un contrapeso a la asfixiante tutela china. Parte de la nobleza coreana vio en el tratado una oportunidad para importar bienes de lujo europeos y tecnología (telégrafos, cámaras) que Japón ya distribuía. Priorizaron su estatus sobre la integridad territorial de Corea a largo plazo.

El Tratado de Ganghwa permitió a Japón instalar asesores militares en Seúl, lo que llevó a Gojong a crear la Byeolgigun (Fuerza Especial de Élite) en 1881. Aquí nació una fractura dentro de Corea. Mientras los cadetes de la Byeolgigun lucían uniformes modernos de corte prusiano, botas de cuero y rifles japoneses de última generación, las tropas tradicionales del Gureyong languidecían con mosquetes de mecha y túnicas desgastadas. El presupuesto nacional, ya anémico por los tratados desiguales, se priorizó para la nueva unidad "moderna". Las tropas tradicionales pasaron 13 meses sin cobrar. Cuando finalmente se les entregó el salario en arroz, el suministro estaba mezclado con arena, piedras y salvado podrido. Los funcionarios corruptos se habían embolsado el dinero del arroz limpio para pagar el lujo estético de la nueva guardia y las importaciones japonesas. ¿Por qué había escasez de arroz?

El Tratado de Ganghwa abrió los puertos de Busan, Wonsan e Incheon al comercio japonés sin arancelesprotectores. Japón, en pleno proceso de industrialización, necesitaba alimentar a sus ciudades. El arroz coreano empezó a fluir hacia los barcos japoneses en cantidades industriales provocando una escasez interna catastrófica y una inflación en el precio de los alimentos básicos en Seúl. Para el soldado de a pie y el campesino, el Tratado de Ganghwa no significaba "progreso", sino el secuestro de su comida por parte de una potencia extranjera con la complicidad de la Reina Min.

INCIDENTE IMO Y EL CONTROL DE CHINA

Ante tal situación surgió una rebelión de 1882 que fue aprovechada por El Daewongun, el padre de Gojong que había sido expulsado en 1873. Daewongun vio en el descontento militar la herramienta perfecta para recuperar el trono. Sus agentes se infiltraron en los cuarteles, azuzando el odio contra los japoneses y la facción de la Reina Min. El mensaje era claro: El Tratado de 1876 nos ha convertido en esclavos hambrientos. El 23 de julio de 1882, la turba no solo atacó los depósitos de grano; se dirigió a la Legación Japonesa. Incendiaron el edificio y asesinaron al teniente Horimoto Reizo, el instructor de la fuerza de élite. La Reina Min tuvo que huir del palacio disfrazada, mientras el Daewongun volvía al poder brevemente mediante un mar de sangre.

Incidente de Imo

Ante el caos y el ataque a la legación japonesa, China (la Dinastía Qing) envió 3.000 soldados liderados por Yuan Shikai. Secuestraron al Daewongun y lo llevaron a China como prisionero. Esta rebelión, provocada por las humillaciones del tratado de 1876, terminó convirtiendo a Corea en un protectorado militar de China, con una presencia japonesa cada vez más agresiva y armada.

Un joven y ambicioso Yuan Shikai (de apenas 23 años) se instaló en Seúl. No actuaba como embajador, sino como un comisario político chino. Controlaba el palacio, controló la guardia real y dictó quién podía entrar o salir de las estancias de Gojong. Seúl se convirtió en una oficina de Pekín.

Durante estos dos años, la élite intelectual coreana (Gaehwapa) sufrió una metástasis. El debate ya no era modernizarse o no, sino cómo, surgiendo así dos facciones:

La Facción Moderada (Sadaedang), liderada por el clan Min cuyo lema era el Dongdo Seogi (Ética Oriental, Tecnología Occidental). Querían mantener el Hanbok, el ritual confuciano y el moño Sangtu, pero comprando barcos de vapor y rifles Krupp. Era una modernización "de fachada" que buscaba preservar los privilegios de clase bajo el paraguas protector de China.

La Facción Radical (Gaehwadang), liderada por Kim Ok-gyun. Estaban fascinados por el éxito estético de Meiji. Veían en la ropa y las costumbres el lastre del atraso. Empezaron a vestir trajes occidentales en secreto y a abogar por la eliminación total de las jerarquías de clase. Su lema era la ruptura absoluta con China, a la que consideraban un "cadáver andante".

Durante 1883, Corea empezó a modernizarse y a abrirse, pero cada apertura o modernización irónicamente la hacía depender más del exterior. En estas fechas se creará el Hansong Sunbo (1883), el primer periódico de Corea, publicado en caracteres chinos. Fue la herramienta de propaganda de los reformistas para intentar crear una opinión pública moderna. En el mismo año Corea firmó tratados comerciales con Gran Bretaña y Alemania. Gojong creía que estos tratados le darían aliados, para Londres y Berlín, estos tratados eran solo licencias de pesca rentables para extraer materias primas y vender excedentes industriales; ninguno tenía la menor intención de defender a Corea de China o Japón, tan sólo explotarla.

Este equilibrio de fuerzas bajo control chino se rompió por un evento a miles de kilómetros, la guerra entre Francia y China por el control de Vietnam. China, presionada por Francia en el sur, se vio obligada a retirar a gran parte de su guarnición en Seúl (la mitad de los 3.000 hombres de Yuan Shikai). La inteligencia japonesa en Seúl detectó la debilidad del Imperio Qing. El embajador japonés Takezoe Shin'ichiro contactó con los radicales coreanos (Kim Ok-gyun) y les prometió apoyo militar y financiero si daban un golpe de Estado inmediato.

El golpe se programó el 4 de diciembre de 1884, durante la inauguración de la Oficina Central de Correos (Ujeong-guk). Kim Ok-gyun y sus seguidores llegaron vistiendo trajes occidentales (frock coats) y luciendo cortes de pelo cortos, desafiando el tabú confuciano de no cortar el cabello heredado. Frente a ellos, los ministros del clan Min lucían sus Dallyeong de seda con insignias de rango bordadas, representando el orden agrario-chino. El banquete no fue coreano. Se sirvió una cena al estilo occidental, con vinos franceses y etiqueta europea. Era una exhibición de "cosmopolitismo" que pretendía abrumar a los invitados. Mientras los comensales intentaban manejar los cubiertos de plata, los golpistas esperaban la señal, un incendio provocado en un edificio vecino.

Cuando el incendio comenzó, Min Yeong-ik, el sobrino de la Reina Min y hombre clave de la facción pro-China, salió a investigar y fue atacado a sablazos por los golpistas. Sobrevivió de milagro gracias a la intervención del doctor estadounidense Horace Allen (la primera vez que la medicina occidental salvó a un alto cargo en Corea).

Los golpistas corrieron al palacio y convencieron a Gojong de que los chinos se habían rebelado y que debía refugiarse bajo la "protección" de los soldados japoneses. En medio del caos, redactaron un programa radical: igualdad de clases, fin de la influencia de los eunucos, abolición del tributo a China y reforma agraria. Eran reformas necesarias, pero impuestas sobre un mar de sangre y con el apoyo de una potencia extranjera (Japón) que el pueblo coreano odiaba.

El golpe duró apenas 72 horas. Yuan Shikai, demostrando una frialdad táctica absoluta, dirigió a sus 1.500 hombres contra el palacio de Changdeokgung. Cuando los japoneses vieron que los chinos iban en serio además de su superioridad numérica, Takezoe ordenó la retirada. Abandonó a los reformistas coreanos a su suerte. Los líderes radicales tuvieron que huir a Japón disfrazados de marineros. Los que se quedaron fueron linchados por la turba de Seúl, que veía en el golpe una traición pro-japonesa. La Reina Min recuperó el poder absoluto, esta vez con una sed de venganza que destruiría cualquier intento de reforma durante la siguiente década.

El Incidente Gapsin fue el suicidio de la clase ilustrada coreana. Al intentar traer la modernidad de la mano de Japón y mediante el asesinato político, los radicales coreanos regalaron a China la excusa perfecta para ocupar el país de forma militar y administrativa.

Una consecuencia de dicho incidente fue la Convención de Tientsin, la cual creó un condominio sobre la península coreana. Ambas potencias acordaron retirar sus tropas de Corea en cuatro meses. Ni China ni Japón enviarían oficiales para entrenar al ejército coreano. Corea debía contratar a asesores de una tercera potencia (lo que permitió la entrada de oficiales estadounidenses y alemanes). Si en el futuro alguna de las dos potencias decidía enviar tropas a Corea por disturbios internos, debía notificarlo por escrito a la otra parte antes de actuar.

LA DÉCADA DE PLOMO (1884-1895) EL GOBIERNO DE YUAN SHI KAI

Yuan Shi Kai
Tras el fracaso del Incidente Gapsin, China no volvió a confiar en la "autonomía" de Gojong. Enviaron a al joven de 26 años, Yuan Shikai, con el título oficial de "Residente en Corea". Yuan no era un diplomático, era un interventor. Tenía línea directa con Li Hongzhang en Pekín. Ningún tratado, nombramiento ministerial o compra de armamento por parte de Gojong se hacía sin su sello. Yuan Shikai impuso una jerarquía visual humillante. Obligaba a Gojong a recibirlo en audiencias donde él, un simple oficial chino, se sentaba a la misma altura que el Emperador coreano, rompiendo mil años de protocolo neoconfuciano. Siguiendo la geopolítica china, Yuan bloqueó sistemáticamente los intentos de Corea de establecer legaciones en Europa y EE. UU. Su misión era "re-sinizar" la península para mantenerla bajo la influencia de la esfera del Imperio Qing.

Mientras Gojong estaba paralizado por la prepotencia de Yuan, la Reina Min (Myeongseong) operaba en la penumbra. Ella fue la verdadera arquitecta de la supervivencia de la dinastía. La Reina Min utilizó a la chamán Jinryeong-gun como su principal espía y agente. Las mudang tenían acceso a todas las casas nobles y a las habitaciones de las esposas de los ministros. Eran la red de espionaje más sutil de Seúl, detectando conspiraciones pro-japonesas antes de que llegaran al cuartel. La reina leía vorazmente los periódicos extranjeros y los informes de inteligencia que su red captaba. Ella convenció a Gojong de que, si China los asfixiaba, debían empezar a coquetear con Rusia. Fue ella quien inició los contactos secretos con la legación rusa, utilizando a la alemana Antoinette Sontag como correo humano. Para poder financiar su red de espías y su seguridad personal, la Reina consolidó el monopolio del clan Min sobre las aduanas y el comercio de exportación, creando una estructura de poder paralela a la de Yuan Shikai. 

Escena de campesinos coreanos

Había tensión el la corte Joseón entre el "atraso forzado" por China y el deseo de modernidad de la Reina. La Reina Min, aunque nunca se dejaba ver por extranjeros por rigor confuciano, vestía las sedas más finas traídas de China pero ordenaba que su lencería y perfumes fueran franceses. En los banquetes, se mantenía el Hanbok y el Chokduri (tocado), pero en las mesas empezaban a aparecer los servicios de té de porcelana inglesa. La dieta real se volvió un campo de batalla. Yuan Shikai introdujo chefs de Shandong en Seúl, popularizando platos chinos que mutarían en la cocina coreana (como el origen del Jajangmyeon). La Reina Min, temerosa del veneno, mantenía un rigor absoluto en la preparación del Kimchi y los caldos reales, supervisados por su círculo de confianza.

Yuan Shikai estableció su residencia en el distrito de Imo-dong, creando el primer asentamiento chino moderno en Seúl. Allí se respiraba el opio y el comercio de telas chinas, un enclave de soberanía Qing en el corazón de Corea.

Entre 1885 y 1894, Corea vivió una tranquilidad artificial. Yuan Shikai creía que había "estabilizado" el país eliminando a los reformistas pro-japoneses. Sin embargo, su arrogancia y el nepotismo del clan Min crearon un vacío de legitimidad en las provincias. Mientras Yuan y la Reina Min jugaban al espionaje en los palacios de Seúl, el campesinado coreano se estaba hundiendo en la miseria absoluta. Fue este descontento el que estalló en la Rebelión Donghak (1894).

LA REBELIÓN DONGHAK, 1984

Esa rebelión fue la excusa que Japón estaba esperando. Japón sabía que, ante una revuelta campesina, Gojong pediría ayuda a China, y China enviaría tropas, violando el espíritu de la Convención de Tientsin. Esta  tregua terminó cuando la Rebelión Donghak obligó a Gojong a pedir ayuda a China. Pekín envió tropas siguiendo el protocolo de Tientsin, y Japón, con el papel firmado en 1885 en la mano, activó su "derecho" de invasión.

Antropológicamente, el Donghak ("Aprendizaje Oriental") fue la respuesta inmunitaria de la psique coreana frente a la infección del Seohak ("Aprendizaje Occidental" o Catolicismo). Movimiento fundado por Choe Je-u, mezclaba chamanismo, budismo y confucianismo con un mensaje peligroso para la élite: la igualdad ante el Cielo. El General Haba, líder de la facción militar. Se le llamaba así por su baja estatura, pero operaba con una astucia táctica que puso en jaque al ejército de Gojong. Su interés no era derrocar al Rey, sino acabar con los ministros corruptos del clan Min.

Miembros de la sociedad secreta japonesa Genyōsha (Sociedad del Océano Negro) se infiltraron entre los rebeldes Donghak. Proporcionaron mapas, inteligencia y, en algunos casos, armas. Japón necesitaba que la revuelta fuera lo suficientemente grande como para que Gojong, incapaz de controlarla, pidiera ayuda a China. Era la "trampa de consentimiento" perfecta para activar la Convención de Tientsin.

Los campesinos luchaban con el Hanbok de algodón blanco (símbolo del "pueblo vestido de blanco") y bandas en la cabeza con encantamientos mágicos que, según creían, detenían las balas occidentales. Frente a ellos, el ejército del gobierno lucía uniformes de gala europeos, pero carecía de moral de combate. Picas de bambú, hoces y mosquetes de mecha robados lucharon contra los rifles Snider y Krupp del ejército real. Fue una guerra de la era de la seda contra la era del acero. 

Cuando los Donghak capturaron la fortaleza de Jeonju, Gojong entró en pánico y cometió el error estratégico que Japón estaba esperando: pidió la intervención militar china. China envió 2.500 hombres a Incheon. Siguiendo el protocolo de Tientsin, notificaron a Japón. Japón, que esperaba el momento respondió enviando inmediatamente 8.000 soldados de élite. Cuando la rebelión se calmó mediante un pacto entre Gojong y los campesinos, China propuso la retirada mutua. Japón se negó, alegando que Corea seguía siendo "inestable". Seguidamente, los japoneses entraron en Seúl, asaltaron el Palacio Gyeongbokgung, tomaron a Gojong como rehén e instalaron un gobierno títere pro-japonés. La Guerra Sino-Japonesa había comenzado sin que se hubiera disparado un solo cañón contra China todavía. 

La Rebelión Donghak fue la tragedia de un pueblo que luchaba por el pan y la dignidad, solo para terminar siendo la "alfombra roja" sobre la que desfiló el ejército de Meiji para expulsar a China de la península. Los campesinos fueron masacrados meses después en la batalla de Ugeumchi, donde las ametralladoras Gatling japonesas demostraron que los encantamientos mágicos no eran rival para la balística moderna.

EL ASESINATO DE LA REINA MIN, 1895

Ocupación japonesa de Seúl

Tras el Tratado de Shimonosheki, Japón tenía libre para actuar a su antojo sobre Corea, pero tenían un obstáculo, la reina Min. Para la inteligencia japonesa, la Reina Min no era una monarca; era un objetivo que debía ser neutralizado, o eso pensaba Miura Gorō, el nuevo enviado japonés en Seúl, un militar de línea dura que despreciaba la diplomacia de salón. Para acabar con su objetivo, los japoneses no usaron tropas regulares, contrataron a los ronin (samuráis sin señor), agentes de la Sociedad del Océano Negro (Genyōsha) y periodistas japoneses que operaban como informantes. Los asaltantes entraron en el Palacio Gyeongbokgung ayudados por la facción coreana pro-japonesa. Masacraron a la guardia real —que aún portaba mosquetes obsoletos— y registraron las habitaciones de las damas de honor. 

¿Por qué asesinarla en ese momento exacto? Tras ganar la guerra contra China en 1895, Japón fue obligado por Rusia, Francia y Alemania a devolver la península de Liaodong. Japón se sintió humillado. La Reina Min, quizás la mente más ágil de la corte, detectó la debilidad japonesa y decidió jugar la "carta rusa". Empezó a negociar con el embajador ruso, Karl Waeber, para expulsar a los asesores japoneses. Para Tokio, una Corea bajo influencia del Zar era una amenaza existencial para el archipiélago. La Reina Min era el único obstáculo intelectual y estratégico que impedía la anexión total de Corea a Japón.

La Reina fue capturada en el pabellón Okho-ru. Los ronin no sabían quién era ella entre las damas de honor (todas vestían el Hanbok de seda blanca). La identificaron por la finura de su piel y su porte, y la asesinaron a sablazos. Para borrar las pruebas y no convertirla en un símbolo de resistencia, llevaron su cuerpo al bosque de pinos de Hyangwonjeong. Allí, utilizando queroseno importado, quemaron el cadáver hasta que solo quedaron unos pocos huesos.

Tras el asesinato, Gojong no volvió a probar comida que no viniera en latas selladas traídas de la legación europea. La cocina tradicional de palacio (Surasang) murió esa noche, sustituida por la paranoia del veneno. Tras el escándalo internacional que provocó este magnicidio, Japón se vio obligado a realizar un juicio en Hiroshima. Miura Gorō y los ronin fueron absueltos por "falta de pruebas", aunque la evidencia de su participación era abrumadora. En realidad, el juicio fue una operación de relaciones públicas para calmar a las potencias occidentales mientras Japón consolidaba su control sobre el Rey Gojong, un hombre roto y aterrorizado.

El asesinato de la Reina Min fue el punto de no retorno. Con ella murió la capacidad de maniobra diplomática de Corea. Gojong, paralizado, terminó huyendo a la legación rusa meses después, pero el daño ya era estructural: Japón había demostrado que podía decapitar a la nación coreana en su propio dormitorio sin consecuencias reales.

EL IMPERIO DE GWANGMU (1897-1905)

Gojong entendió tras esta serie de acontecimientos que en el nuevo orden mundial, el poder se proyectaba a través de la estética. Si quería ser tratado como igual por el Káiser o el Zar, debía abandonar la estética del mandarín y abrazar la del autócrata prusiano.

Se creó el Ihwanmun (Emblema de la Flor de Ciruelo) para sustituir a los antiguos dragones de influencia china. Corea necesitaba un símbolo nacional que pudiera estamparse en monedas, pasaportes y vajillas de porcelana para competir con el Crisantemo Meiji. Gojong cambió radicalmente su armario. En las fotos de la época, lo vemos con uniformes militares de estilo occidental, cargados de charreteras de hilo de oro y medallas. El Sangtu (moño) fue cortado, y el Myeonbok (túnica de 12 símbolos) quedó relegado a rituales privados. Era el rigor estético de quien se disfraza  para evitar que lo devoren.

Gojong creó el Naeyongwon (Departamento de la Casa Imperial), una caja B que operaba fuera de cualquier presupuesto oficial. El dinero para iluminar Seúl no venía de una economía sana, sino del desvío de los monopolios del ginseng y de la venta de recursos. Ese dinero se usaba para pagar a lobistas en Washington (como Horace Allen) y agentes en Europa que vendían la imagen de una "Corea Moderna" mientras el campesinado moría de hambre. En el palacio de Deoksugung, Gojong instaló la luz eléctrica antes que nadie para vigilar sus pasillos de noche, aterrado por otro magnicidio. El café, servido en porcelana fina, era el lubricante de reuniones con agentes dobles rusos y alemanes.

Corea era el escenario de una modernización alquilada. Seúl tenía tranvías de la Seoul Electric Company antes que Tokio, pero el precio de ese "escaparate" fue el embargo del futuro del país.

ConcesiónBeneficiarioEl negocio Geopolítico
Mina de Oro de UnsanEE. UU. (James R. Morse)Gojong la entregó por una miseria. Se convirtió en la mina más productiva de Asia, pero los beneficios fluían a Nueva York, no al Tesoro coreano.
Ferrocarril Seúl-IncheonJapón / EE. UU.Una arteria logística diseñada para mover tropas, no para el comercio local.
Bosques del YaluRusiaDerechos madereros masivos que permitieron a los rusos instalar bases, provocando la ira de Japón.

Al declararse "Imperio", Gojong argumentaba que Corea ya no era un protectorado de nadie.

Sin embargo, el error de Gojong fue creer que las potencias occidentales respetarían la legalidad coreana. El Acuerdo Taft-Katsura (1905) demostró que para Washington y Londres, la "soberanía" de Corea era una moneda de cambio para mantener a Japón satisfecho y lejos de sus propias colonias. Gojong construyó un palacio neoclásico (Seokjojeon) para recibir embajadores, pero cuando estos llegaron, lo hicieron para entregarle el acta de defunción de su imperio.

El Imperio de Gwangmu fue una "burbuja" estética que estalló con la Guerra Ruso-Japonesa de 1904. Con la derrota del Zar, Gojong perdió a su último protector y se quedó solo frente al tiralíneas de Itō Hirobumi.

1905, LOS CINCO TRAIDORES DE EULSA Y LA TUTELA JAPONESA

El enviado japonés, Itō Hirobumi, no llegó con propuestas, sino con un ultimátum. La inteligencia japonesa (Kempeitai) tenía la intención anular la voluntad de Gojong. El palacio de Deoksugung fue rodeado por tropas japonesas fuertemente armadas. La artillería apuntaba directamente a las estancias reales. El mensaje de Japón estaba claro: Firma o el palacio arderá con todos vosotros dentro.

La respuesta de Gojong, No. Alegó problemas de salud y agotamiento, por ello, se negó a asistir a la reunión final. Sin embargo, Itō Hirobumi ignoró el protocolo y presionó a los ministros para que actuaran sin el sello real, un acto de piratería jurídica sin precedentes. Estos traicioneros ministros coreanos no eran fanáticos pro-japoneses por convicción ideológica, eran ministros ambiciosos que detectaron que el "socio" ruso había quebrado y el "cliente" japonés era el nuevo dueño del mercado.

Ye Wanyong (El Cerebro). Originalmente pro-estadounidense y pro-ruso, cambió de bando en cuanto vio los acorazados japoneses hundir la flota del Zar. Era el Ministro de Educación, pero actuó como el arquitecto del acuerdo.

Yi Geun-taek (Guerra): El hombre que debía defender el palacio y terminó abriendo la puerta trasera.

Yi Ji-yong (Interior): Un pariente lejano de la familia real que legitimó la traición desde la propia sangre de los Yi.

Bak Je-sun (Exteriores): Quien puso el sello oficial a la renuncia de la diplomacia.

Gwon Jung-hyeon (Agricultura e Industria): El encargado de tasar los activos materiales que se entregaban a Tokio.

Los "Cinco de Eulsa", sabiendo que Corea estaba huérfana y podían convertirse en los padres de la nación, firmaron el tratado. Ellos ya conocían El Pacto Taft-Katsura, pacto que el secretario de guerra de EE. UU. (Taft) le dio el visto bueno a Japón en cuanto a sus ambiciones sobre Corea. Sabían que nadie iba a venir al rescate. Su lógica fue: "Si el barco se hunde, mejor ser los oficiales que consiguen un bote salvavidas de lujo".

El tratado prohibía a Corea tener relaciones exteriores. A partir de ese momento, cualquier "queja" de Gojong al mundo debía pasar por el escritorio de un oficial japonés. Los traidores crearon una jaula diplomática perfecta a Corea, para asaltar su poder.

Mientras el pueblo coreano hervía de indignación, los traidores eran agasajados con banquetes de estilo occidental y Sake de alta gama en la residencia de Itō Hirobumi. Se les trató como a la aristocracia de Meiji antes de serlo formalmente.

Observa las fotografías de la época. Estos cinco ministros ya no vestían el Jobok (traje oficial de la corte Joseon) con sus complejos sistemas de rangos neoconfucianos. Vestían fracs europeos y lucían medallas japonesas. 

Habían sustituido la identidad cultural de 500 años por el uniforme del "empleado del mes" del Imperio del Sol Naciente. Estos ministros no solo firmaron por miedo; firmaron por un plan de pensiones imperialTras la firma, los cinco ministros (Ye Wanyong, Yi Geun-taek, Yi Wan-yong, Gwon Jung-hyeon e Yi Ji-yong) fueron recompensados con títulos de la Kazoku (la nobleza japonesa), Pasaron de ser funcionarios de un imperio moribundo, el coreano, a aristócratas del Imperio del Sol Naciente, con acceso a tierras, acciones en ferrocarriles y protección policial japonesa perpetua. Su interés era la supervivencia del linaje a costa del Estado. 

¿Por qué nadie ayudó a Gojong? Como dijimos, se firmó el Acuerdo Taft-Katsura (1905).Meses antes, EE. UU. y Japón habían firmado un "pacto entre caballeros" secreto. Washington aceptaba el dominio japonés sobre Corea a cambio de que Japón no interfiriera en la ocupación estadounidense de FilipinasEl Veredicto de Portsmouth tras la derrota de Rusia. El zar abandonó cualquier pretensión sobre Corea. El mundo decidió que la península era la "comisión" que Japón cobraba por haber frenado al oso ruso. El Tratado de Eulsa fue simplemente el papeleo administrativo de una decisión tomada en Washington y San Petersburgo. No olvidemos que el tratado de 1905 es, técnicamente, nulo de pleno derechoEl documento carece del sello estatal de Gojong (Guksae). Itō Hirobumi forzó a los ministros a usar sus sellos personales, intentando dar una legalidad a lo que era un robo de soberanía.















Con este papel, Corea perdió el derecho a tener embajadas. Todas las legaciones coreanas en el extranjero fueron cerradas y su personal absorbido por el servicio diplomático japonés. Corea se convirtió en una "isla política" sin voz en el mundo.

El Tratado de Eulsa fue el momento en que Corea pasó de ser un "sujeto" de la historia a ser un "objeto" de la administración colonial. El Imperio de Gwangmu, con sus tranvías y sus uniformes prusianos, resultó ser una armadura de cartón frente al acero de los acorazados Meiji y el cinismo de la diplomacia occidental. Gojong, sin embargo, no se rindió del todo. 

En un último acto de desesperación, planeó enviar una misión secreta a Europa. 

En 1907, Gojong vivía vigilado las 24 horas por la policía japonesa. Para enviar a sus tres emisarios (Yi Sang-seol, Yi Jun y Yi Wi-jong), tuvo que ejecutar una maniobra de inteligencia digna de una novela de espionaje. Gojong redactó cartas secretas con el Sello Imperial (Guksae) —el mismo que se negó a estampar en el Tratado de 1905— denunciando la nulidad del protectorado. 

Los enviados no salieron por Incheon (controlado por Japón), sino que cruzaron la frontera hacia Rusia y atravesaron Siberia en tren para llegar a Europa. Su misión era simple y suicida: presentarse ante las 44 naciones reunidas en la Segunda Conferencia de Paz de La Haya y pedir justicia. Los tres vestían trajes de gala occidentales, chisteras y llevaban maletines de cuero. No querían ser vistos como "orientales exóticos", sino como diplomáticos del sistema Westfaliano. Yi Wi-jong dio un discurso memorable, "Un grito por la justicia", ante la prensa internacional en un francés impecable, dejando en evidencia la sofisticación intelectual de la corte de Gojong.

La tragedia de La Haya fue que Gojong creía en las palabras escritas en los tratados, mientras que las potencias solo creían en el equilibrio de fuerzas. Cuando los emisarios intentaron entrar en el Palacio de la Paz, el comité organizador les denegó la entrada. El argumento fue gélido: "Corea no tiene derechos diplomáticos porque el Tratado de 1905 (el que ellos venían a denunciar) dice que Japón gestiona sus asuntos exteriores". Corea cayó en una trampa circular perfecta. EE. UU. y Gran Bretaña, los supuestos aliados de la modernización de Gojong, miraron hacia otro lado. El Tratado Anglo-Japonés era más importante que la soberanía de una península asiática.

El fracaso de la misión tuvo consecuencias inmediatas y sangrientas.

Yi Jun murió repentinamente en su habitación del Hotel de Jong en La Haya. Aunque la historia oficial habla de una infección, la narrativa nacionalista coreana sostiene que se suicidó (o murió de "corazón roto") como protesta. Su muerte se convirtió en el primer símbolo del sacrificio por la independencia.

Japón utilizó la misión secreta como la prueba definitiva de que Gojong había violado el Tratado de Protectorado. Itō Hirobumi no solo exigió su castigo; forzó a Gojong a abdicar el trono en favor de su hijo, el débil Sunjong. En 1907, tras la abdicación, Japón disolvió el ejército real coreano. Fue el momento en que las armas tradicionales fueron confiscadas y Corea quedó, por primera vez en siglos, sin un solo hombre armado para defender al Rey. En el campo de entrenamiento de Dongdaemun, los soldados coreanos se negaron a entregar sus armas. El comandante Park Seung-hwan se suicidó en protesta, detonando un motín urbano. Muchos de estos soldados huyeron a las montañas para formar el Uibyeong (Ejército de la Justicia), iniciando una guerra de guerrillas que duraría años. Los guerrilleros del Uibyeong eran una amalgama estética, soldados con uniformes occidentales desgastados luchando junto a campesinos con ropas tradicionales y rifles de caza obsoletos. Eran el último vestigio físico de la soberanía coreana.

En octubre de 1909, el arquitecto de la colonización, Itō Hirobumi, viajó a Manchuria para reunirse con los rusos. No sabía que estaba entrando en la zona de caza de An Jung-geun, quién no era un asesino común, era un oficial del Ejército de la Justicia y un intelectual católico. Localizó el tren de Itō, se infiltró en la estación de Harbin fingiendo ser un ciudadano japonés y esperó el momento exacto.

A las 9:30 AM, An disparó tres veces contra Itō con una pistola FN M1900. Tras el ataque, no huyó; sacó una bandera coreana y gritó "¡Corea, salud!" (Daehan mang-guk). Japón utilizó el asesinato para argumentar ante el mundo que los coreanos eran "ingobernables" y "peligrosos", y que la única solución era la integración total en el Imperio. De este modo, los "halcones" del ejército japonés (liderados por Yamagata Aritomo) tomaron el control total de la política coreana.

El 22 de agosto de 1910, se firmó el tratado definitivo. El primer ministro coreano, Ye Wanyong, firmó la entrega total de la soberanía coreana al Imperio Japonés. El clan de los Min y otras facciones aristocráticas fueron silenciadas o compradas con títulos de nobleza y tierras. La monarquía coreana fue rebautizada como la "Familia Yi de la Casa de los Pares", integrándose en la jerarquía imperial japonesa como ciudadanos de segunda clase. Se dice que Sunjong, el último emperador, pasó sus últimos días de soberanía en una apatía total, refugiándose en la gastronomía tradicional y los ritos de sus ancestros mientras los funcionarios japoneses sellaban las puertas del palacio.

Yeong y Masako
Japón aplicó una estrategia de absorción nobiliaria. No querían mártires, querían aristócratas decorativos. Los Yi fueron integrados en la Kazoku japonesa con el título de Wang-gong-jok (Familia Real y Pública). Tenían derecho a presupuestos millonarios, pero perdieron el derecho a la libre circulación. El príncipe heredero Yeong (Euimin) fue llevado a Japón a los 10 años. Se le obligó a vestir el uniforme del Ejército Imperial Japonés y a olvidar su lengua materna. Fue una operación de lavado de cerebro institucional: convertir al futuro rey de Corea en un general japonés. La hija menor de Gojong, nacida en 1912, es la pieza más trágica de esta autopsia material. Gojong, temiendo que los japoneses la envenenaran como a la Reina Min, mandó construir una guardería dentro del palacio solo para ella. Bajo el rigor de Pike, vemos a una niña rodeada de juguetes importados y sedas, viviendo en un búnker de amor paterno.

En 1925, fue enviada a Tokio. Se le obligó a vestir el Kimono y a asistir a la escuela de nobles Gakushūin. Su resistencia fue interna: empezó a sufrir de demencia precoz (esquizofrenia). La política colonial la obligaron a casarse con el Conde Sō Takeyuki, un aristócrata de la isla de Tsushima. No fue una unión, fue un experimento de mestizaje aristocrático para demostrar que coreanos y japoneses eran "un solo cuerpo" (Naeseon Ilche).

Cuando Japón perdió la guerra en 1945, la familia imperial coreana se convirtió en un estorbo político para todos.4. Rigor Material: El Final en el ciclo se cerró en el pabellón de NakseonjaeYi Bangja (Masako Nashimoto), la princesa japonesa que se casó con el heredero Yeong terminó sus días en Seúl, dedicando su vida a los niños discapacitados coreanos. Es la paradoja final de este capítulo: una japonesa que terminó siendo más amada en Corea que los propios ministros traidores del episodio de Ulsuan. La princesa murió en 1989. En sus últimos momentos de lucidez, dejó escrito: "Extrañé a mi país incluso mientras estaba en mi país". Su muerte marcó el fin físico de la era Joseon.

CONCLUSIONES, GOJONG, GÉNESIS DE LA DIVISIÓN DE COREA

Cuando Japón colapsó bajo las bombas atómicas en agosto de 1945, no había ningún Estado coreano intacto. La monarquía había sido extirpada, la élite burguesa se había vuelto colaboracionista con el capital extranjero; y la única fuerza militar con legitimidad de sangre era una guerrilla comunista radicalizada que bajaba desde Manchuria, curtida en el odio a los traidores de Seúl. Estados Unidos y la Unión Soviética simplemente trazaron el Paralelo 38 porque Corea ya era un cadáver institucional creado por Gojong y sus ministros cincuenta años antes. Hoy, la península sigue atrapada en aquel palacio de Deoksugung. Las dos Coreas son dos mutaciones ideológicas opuestas, pero nacidas del mismo pánico existencial, el volver a ser subastadas.

Corea del Sur vió el fracaso de Gojong (que compraba gramófonos mientras perdía la soberanía) y juró no repetir el error. Su hipercapitalismo no es solo economía, es una doctrina de seguridad nacional militarizada. Cuando los gigantescos Chaebols dominan los semiconductores globales y Seúl exporta tanques K2 Black Panther, están respondiendo directamente al Tratado de Eulsa. Aprendieron que la única forma de que Occidente no te venda en secreto (como en el Pacto Taft-Katsura), es siendo tú el propietario de la tecnología indispensable que sostiene el capitalismo mundial.

Pyongyang se fijó en el asesinato de la Reina Min y el rechazo burocrático en La Haya, y extrajo otra  lección. El libre mercado y los tratados internacionales son trampas letales. La política del Norte está inspirada por el búnker del Daewongun y la resistencia de las montañas, construyendo así un culto totalitario (Juche). Prefieren el hambre absoluta antes que volver a entregar sus aduanas, siendo su arsenal atómico una respuesta al Derecho Internacional, saben perfectamente que la ONU y los tratados de paz son una farsa, y que la única ley que el imperialismo respeta es un misil balístico intercontinental capaz de vaporizar su capital en veinte minutos.

Gojong intentó detener al imperialismo con tazas de café y embajadores vestidos de frac. Su fracaso dividió a su pueblo para siempre, creando a dos hermanas obligadas a apuntarse a la cabeza: un Sur obsesionado con devorar el libre mercado antes de ser devorado, y un Norte dispuesto a incinerar el mundo entero antes de volver a confiar en la firma de un extranjero.

BIBLIOGRAFÍA

-HANE, Missiko. Breve Historia de Japón. Alianza editorial. 2013
-SETH, Michael J.A concise history of modern Korea. Rowman &Littlefield. 2010
-SETH, Michael J.A history of Korea: From antiquity to the present. Rowman & Littlefield. 2010
-WHITNEY, John. El Imperio japonés. Siglo XXI. 2010

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