DELIRIOS DE LA CRUZ GAMADA. Autopsia de la política nazi en Asia (1933-1945)


De cómo el Tercer Reich diseñó el atraco del siglo en servilletas de papel, inventó el blanqueo genético, traicionó a sus proveedores, subcontrató el patriotismo nipón y descubrió que el supremacismo racial es el peor modelo de negocio del mundo.

INTRODUCCIÓN

Para entender el nivel de la geopolítica del nacionalsocialismo en Asia, no hay que mirar los inmaculados desfiles de Núremberg, hay que hacer un zoom a la Paz que regía las relaciones internacionales en esta época, la Paz de Versalles.

¿Qué hizo el Imperio Japonés cuando estalló la Primera Guerra Mundial? Atracó las colonias alemanas del Pacífico .

En el Tratado de Versalles (1919) —el mismo tratado que Hitler juró destruir porque humillaba a Alemania—, la Sociedad de Naciones legalizó el robo. Entregaron las islas alemanas al norte del ecuador a Japón bajo la figura del Mandato de los Mares del Sur (Nan'yō). Japón se tragó el imperio marítimo alemán de un bocado.

Como imperio depredador, Japón se alió con Gran Bretaña (el enemigo mortal de Alemania), le declaró la guerra a Berlín y aprovechó que la flota del Káiser estaba atrapada en el Mar del Norte. En una operación relámpago y sin apenas derramar sangre, la Armada Imperial Japonesa saqueó y ocupó militarmente absolutamente todas las posesiones alemanas en el Pacífico Central y China, expulsando a los colonos germanos a patadas.

El Ejército Imperial Japonés acababa de invadir China a gran escala. En las calles destrozadas de Shanghái, la infantería de élite china resiste el avance nipón. Si miramos de cerca a esos soldados chinos (las famosas 87.ª y 88.ª Divisiones del Generalísimo Chiang Kai-shek),visten el inconfundible Stahlhelm (el casco de acero nazi), disparan rifles Mauser alemanes y ejecutan tácticas prusianas para matar japoneses.

Mientras tanto, a pocos kilómetros de allí, en la capital china, los japoneses desatan la atroz Masacre de Nankín (300.000 civiles asesinados, decapitados y violados). En medio de este matadero, ¿Quién era el hombre que se juega la vida para crear una inmensa "Zona de Seguridad" y salva personalmente a 200.000 civiles chinos de las bayonetas niponas?

Era John Rabe, el orgulloso director corporativo de la multinacional Siemens en China y líder del Partido Nazi local. Rabe camina por las calles chinas utilizando su brazalete con la esvástica nazi como un escudo humano intocable para frenar a los escuadrones de la muerte de Tokio.

Soldados chinos con cascos nazis masacrando japoneses, y un líder del Partido Nazi protegiendo a los asiáticos del genocidio perpetrado por los propios aliados de Hitler. Esta escena demuele la historiografía romántica, en Asia, la ideología de sangre pura de Hitler siempre se arrodilló ante la lógica logística.

EL RACISMO NAZI Y LA RIVALIDAD CON EL IMPERIO BRITÁNICO

Para entender qué pensaba realmente Hitler sobre Asia, primero hay que abrir el Mein Kampf. En su delirio darwinista, Hitler no veía naciones o tratados diplomáticos, veía un zoológico de especies en competición biológica. Dividió a la humanidad en tres categorías estrictas de las que nadie podía escapar:

  1. Creadores de Cultura (Kulturbegründer): Exclusivamente la raza aria blanca. Los únicos genéticamente capaces de inventar la ciencia y el arte.

  2. Destructores de Cultura (Kulturzerstörer): Los judíos (el virus diseñado para aniquilar naciones desde dentro).

  3. Portadores de Cultura (Kulturträger): Aquí metió de golpe a Japón, China, India y al resto de Asia.

Hitler en su libro escribió textualmente que los asiáticos eran genéticamente incapaces de inventar nada original. Según su autopsia racial, si la influencia blanca desaparecía, el Japón moderno "se secaría y volvería a caer en el sueño del que fue despertado", retrocediendo a la Edad Media. Para él, los asiáticos eran simples monos buenos en imitación tecnológica que usaban cañones occidentales, pero que biológicamente carecían del gen del genio creador. Entonces, si Hitler odiaba al Imperio Británico y quería destruirlo... ¿por qué no armó a los 400 millones de indios para reventar a Inglaterra desde dentro?


Hitler no odiaba al Imperio Británico; lo idolatraba con una envidia enfermiza. Consideraba que el dominio de apenas 50.000 burócratas ingleses blancos sobre millones de indios de piel oscura era una obra de arte de la biología, siendo el modelo del Raj Británico el modelo económico esclavista que él soñaba replicar en Rusia y Ucrania (donde las SS serían los amos coloniales de los eslavos).

Por eso, cuando los nacionalistas indios buscaron la ayuda del Reich para liberarse, Hitler sintió asco infinito. Veía a los movimientos de liberación asiáticos como chusma subhumana rebelándose contra la sagrada aristocracia blanca. En 1937, en una reunión oficial, le dio al ministro británico Lord Halifax un consejo sobre cómo lidiar con las protestas en la India: "Fusile a Gandhi. Y si eso no basta para reducirlos a la sumisión, fusile a doscientos de los líderes del Congreso". Prefería perder la guerra mundial antes que ver al hombre blanco siendo humillado y expulsado de Asia.

EL ACERCAMIENTO TOKIO-BERLIN. Expansionismo. Salida de la Sociedad de Naciones.

Para entender la frialdad diplomática de las primeras relaciones nipo-alemanas, hay que dinamitar el mayor mito de la Segunda Guerra Mundial: Cuando Adolf Hitler llegó al poder en 1933, no tenía el más mínimo interés estratégico en el Imperio Japonés. Es más, Japón le resultaba una profunda y peligrosa molestia que humillaba al hombre blanco.

No eran dos superpotencias arrogantes eligiendo aliado, eran dos parias geopolíticos aislados en la cuarentena global. Japón acababa de dar un portazo humillante y abandonar la Sociedad de Naciones tras ser condenado por invadir Manchuria en 1931. Hitler, al tomar el poder, también retiró a Alemania de la organización para rearmarse en secreto. Su primer acercamiento no fue la unión de dos conquistadores, fue el abrazo de dos parias diplomáticos rodeados de potencias hostiles que necesitaban que alguien, cualquiera, les cubriera la espalda en caso de conflicto bélico, además les unía el descontento ante la Paz de Versalles.

LA TRAICIÓN NAZI A CHINA. La Armada Imperial Japonesa.

La realidad forense es que la República de Weimar (y el primer Tercer Reich) ya estaba aliada en Asia, y su amante era el peor enemigo de Tokio: la República de China del Generalísimo Chiang Kai-shek.

Para la vieja aristocracia prusiana y los industriales alemanes, los japoneses eran simples oportunistas que les habían robado sus colonias en el Pacífico durante la Primera Guerra Mundial y que ahora inundaban el mercado asiático con manufacturas baratas, haciendo una competencia mercantil feroz que arruinaba las exportaciones alemanas.

Alemania, descontenta con Versalles, iba en contra de dicha paz ejecutando un rearme masivo ilegal. Para endurecer el acero de los cañones y blindajes de los futuros tanques Panzer, corporaciones como Krupp y Siemens necesitaban una inyección masiva de minerales críticos: wolframio y antimonio. Japón no tenía esos minerales, China, en cambio,  poseía las reservas más grandes del mundo.

Mediante la corporación tapadera alemana HAPRO, firmaron un negocio redondo: miles de toneladas de minerales chinos viajaban a Hamburgo a cambio de que generales alemanes (como el brillante Alexander von Falkenhausen) modernizaran el ejército chino y le vendieran miles de fusiles Mauser y cascos de acero. Cuando en 1936 Japón exigió que Alemania dejara de armar a China si querían firmar un pacto, el Ministerio de Economía alemán estalló en cólera. Advirtieron a Hitler con los libros de contabilidad en la mano: "Japón es un mercado cerrado que nos copia las patentes; China es nuestro salvavidas logístico". Pero Hitler, cegado por la ilusión de conseguir una marina de guerra en el Pacífico que amenazara a la URSS, ordenó el giro. Cambió un proveedor de materias primas indispensable por un socio militar que, logísticamente, acabaría siendo un peso muerto.

Avanzamos a la década de 1930. Adolf Hitler llega al poder. El núcleo radiactivo de su ideología en Mein Kampf y su promesa innegociable era el Kolonialirredentismus (Irredentismo colonial): la exigencia de que TODAS las colonias robadas a Alemania en 1919 debían ser devueltas.

Dentro del Partido Nazi existía un lobby fanático y poderosísimo: la Oficina de Política Colonial (Kolonialpolitisches Amt), dirigida por el viejo general Franz Ritter von Epp. Estos veteranos exigían a gritos recuperar el Pacífico. Consideraban una aberración imperdonable que una "raza asiática oportunista" gobernara un territorio regado con sangre alemana.

¿Por qué Japón estaba dispuesto a dinamitar su alianza con Alemania si Hitler les pedía las islas de vuelta? Porque la economía no tiene sentimientos. Japón encontró en esas islas (especialmente en Angaur y Nauru) inmensos depósitos de fosfatos. Sin los fertilizantes de las excolonias alemanas, la agricultura japonesa colapsaría y sus ciudades obreras morirían de hambre. Devolverlas era un suicidio alimentario. Pero el verdadero robo fue geoestratégico (Foreign Affairs). Violando todos los tratados de la Sociedad de Naciones (que prohibían militarizar los mandatos), la Armada Imperial Japonesa vertió millones de toneladas de hormigón sobre las antiguas playas alemanas. Convirtieron atolones como Truk (el "Gibraltar del Pacífico"), Saipán, Kwajalein y Peleliu en "portaaviones inhundibles". Construyeron pistas de aterrizaje masivas y bases de submarinos. Japón construyó un muro de contención absoluto de 5.000 kilómetros contra la Marina de Estados Unidos operando ilegalmente sobre los títulos de propiedad de Alemania. Sin estas bases, Japón jamás habría podido lanzar su invasión hacia Filipinas e Indonesia en 1941.

EL PACTO ANTIKOMINTERN (1936) 

El resultado de estas negociaciones clandestinas fue el primer documento fundacional del Eje: el Pacto Antikomintern, firmado el 25 de noviembre de 1936.

La propaganda lo vendió al mundo como un pacto de acero de caballeros blancos y samuráis unidos en una cruzada sagrada contra el comunismo global de Stalin. El Pacto Antikomintern no era una alianza militar ofensiva ni defensiva. Era un simple acuerdo público para "intercambiar información policial" sobre espías comunistas. Sin embargo, escondía un protocolo secreto que estipulaba que, si uno de ellos entraba en guerra con la URSS, el otro simplemente se comprometía a "no hacer nada para aliviar la situación soviética"Hitler firmó el pacto no porque amara a los japoneses, sino porque le salía completamente gratis. El objetivo real de Hitler y Japón en 1936 no era invadir Rusia al día siguiente, su objetivo era el terror diplomático. Querían hacerle creer a Stalin que si atacaba a Japón en Manchuria, Hitler lo invadiría por Europa (y viceversa), obligando a Moscú a dividir sus tropas. Además su estrategia no quedaba ahí, el objetivo era amenazar simultáneamente las colonias británicas en Asia (por Japón) y su seguridad en Europa (por Alemania).

Ambos usaron el pacto para asustar a terceros, pero en privado, la desconfianza era absoluta. De hecho, tras firmar el pacto en 1936, el Alto Mando alemán siguió enviando armas y asesores militares a China durante dos años más para que Chiang Kai-shek matara japoneses.

RIBENTROP. El golpe diplomático.

Si el Ministerio de Asuntos Exteriores alemán oficial (el Auswärtiges Amt, dirigido por el conservador Konstantin von Neurath) odiaba a Japón, ¿cómo se firmó la alianza?

Hitler tenía a su lado a Joachim von Ribbentrop, un exvendedor de champán, un arribista arrogante que quería monopolizar la política exterior pero era despreciado por los diplomáticos de carrera. Para puentearlos, Ribbentrop montó su propia agencia de inteligencia paralela (la Dienststelle Ribbentrop), financiada con fondos opacos del Partido Nazi. Buscaba un golpe de efecto espectacular para impresionar al Führer, y decidió que Japón sería su trofeo personal. 

En el otro lado del tablero, el gobierno civil de Tokio quería evitar provocar a Gran Bretaña. Pero el Ejército Imperial operaba como un una institución independiente y envió a Berlín como agregado militar al coronel Hiroshi Ōshima. Ōshima no era diplomático, era un halcón militar radical, fanático anticomunista y fascinado por el nazismo. Ribbentrop y Ōshima se encontraron en las sombras. Ambos ignoraron, puentearon y engañaron a sus respectivos gobiernos oficiales. Empezaron a diseñar un tratado en cenas exclusivas a espaldas de la diplomacia profesional. Fue una externalización de la política exterior, un pacto orquestado por dos extremistas que fabricaron un "hecho consumado" para obligar a sus naciones a aliarse.

Pero cuando el ministro Ribbentrop empezó a cortejar a Japón en secreto, la diplomacia nipona impuso una condición gélida y sociopática: "Si queréis ser nuestros aliados contra los británicos y los rusos, tenéis que renunciar oficial, legal y permanentemente a recuperar vuestras islas. Ahora son nuestras".

¿Qué hizo como respuesta Hitler? La realpolitik le obligó a arrodillarse, Fuhrer necesitaba desesperadamente la flota japonesa para asustar a Inglaterra y a EE. UU. En un acto totalitario, para demostrar su poder, Hitler amordazó a su propio partido ordenando al general Von Epp que se callara la boca, desmanteló la propaganda imperial en Asia y, al firmar el Pacto Tripartito, cedió oficial y jurídicamente cualquier reclamación territorial alemana sobre Oceanía a favor del Imperio Japonés. El supremacista blanco supremo le regaló las escrituras de su propia casa robada al ladrón para comprar una alianza de papel.

LA FARSA IDEOLÓGICA. Los Arios Honorarios.

Al firmar el Pacto Tripartito (1940) con Tokio, el Tercer Reich sufrió un cortocircuito institucional, ideológico y de creencias. ¿Cómo le explicas a las fanáticas SS de Himmler, a las que llevas años lavando el cerebro con las Leyes de Núremberg para aniquilar a los "inferiores", que tus nuevos hermanos de sangre tienen los ojos rasgados?

Para resolver este problema de coherencia, el Ministerio de Propaganda de Goebbels y los ideólogos de raza) inventaron la mayor aberración pseudocientífica del siglo XX. Dictaminaron por decreto que los japoneses, debido a su estricto código marcial (Bushido) y su pureza dinástica inquebrantable, eran "Arios de Oriente" o "Arios Honorarios" (Ehrenarier). Fue un indulto burocrático, una maniobra legal diseñada para que los diplomáticos nipones no sufrieran el racismo en Berlín. La prueba forense de que el racismo de Estado fascista es un simple modelo de negocio maleable, si necesitas los acorazados de un pueblo al que desprecias, le imprimes un certificado de pureza racial falso y sigues adelante. 

Aún así el racismo de Hitler nunca desapareció. La prueba de ello ocurrió el 15 de febrero de 1942. Japón acababa de tomar la inexpugnable fortaleza británica de Singapur. Más de 80.000 soldados blancos británicos se rindieron de rodillas ante tropas asiáticas. Oficialmente, la radio de Berlín enloqueció de alegría. pero en privado (según las actas de las Tischgespräche o Charlas de Sobremesa), el Führer se deprimió profundamente. Le confesó a su círculo íntimo que sentía un dolor atroz al ver a la raza blanca humillada, aplastada y paseada como prisionera por "soldados amarillos". El triunfo militar de su aliado activaba su peor fobia genética: el "Peligro Amarillo" (Gelbe Gefahr).

EL PLAN MAESTRO. El Meridiano 70.

Si buscas el "Plan Maestro" del Eje para dominar el planeta, los estrategas militares de Berlín y Tokio firmaron un documento militar secreto el 18 de enero de 1942, trazando una línea vertical que cruzaba el mundo por el Meridiano 70º Este (cruzando India y el Océano Índico).

  • La Esfera Nazi: Europa, África, Oriente Próximo y la India occidental.

  • La Esfera Japonesa: Siberia, China, el Sudeste Asiático, el Pacífico y la India oriental.

Este mapa no era una estrategia, era una alucinación de dictadores embriagados por las victorias militares, pero tuvieron un gran fallo táctico jamás establecieron un mando militar conjunto.

Mientras Churchill, Roosevelt y Stalin integraban su logística naval y aérea para ganar la guerra, compartían radares y se inundaban de camiones mediante la Ley de Préstamo y Arriendo (Lend-Lease), Alemania y Japón operaron tácticamente por separado. No compartían códigos de cifrado, no unificaban armamento y se ocultaban las fechas de invasión., se consideraban racialmente inferiores el uno al otro.

EL CHOQUE ECONÓMICO. La doble traición del Eje (1941)

Si el Eje hubiera tenido un plan real, habrían atacado a la Unión Soviética en dos frentes simultáneos (Europa y Siberia). Habrían triturado a Stalin en seis meses. No lo hicieron por un choque brutal de prioridades económicas.

Hitler necesitaba desesperadamente que Japón invadiera Siberia (Hokushin-ron) para distraer al Ejército Rojo y dejarle a él vía libre hacia el petróleo del Cáucaso. Pero Japón no necesitaba el hielo siberiano, la hiper-militarizada máquina nipona necesitaba petróleo, estaño y caucho y esos recursos estaban en el Sur: en Indonesia (holandesa) y Malasia (británica). Japón activó su propia estrategia (Nanshin-ron), ignorando por completo las necesidades logísticas de Hitler. De esta desconexión nacieron las dos puñaladas por la espalda más catastróficas de la II Guerra Mundial:

En abril de 1941, Japón firmó un Pacto de Neutralidad con Stalin para proteger su espalda mientras invadía el sur de Asia. Dos meses después, Hitler lanzó la Operación Barbarroja contra Rusia sin avisar a Tokio. Atrapado en la nieve, Hitler suplicó a Japón que atacara Siberia. ¿Qué hizo Japón? Honró su pacto con los comunistas. Al saber que Japón no atacaría, Stalin retiró sus inmensas divisiones siberianas, las subió a trenes y masacró a la Wehrmacht alemana congelada a las puertas de Moscú. Japón dejó morir al ejército nazi en la nieve para proteger su propio robo de petróleo en el Pacífico.

Si esto pintaba mal para el Eje, en diciembre de 1941, Japón bombardeó la flota de EE. UU. en Hawái para blindar su invasión de Indonesia. Tokio cometió un gran error de aliado no avisó a Berlín del ataque. Hitler se enteró por la radio. A pesar del insulto, Hitler cometió su error más catastrófico, le declaró la guerra a Estados Unidos "gratis", creyendo que ese cheque en blanco de lealtad obligaría a Japón a devolverle el favor atacando a Rusia. Japón se cruzó de brazos. Hitler metió voluntariamente a EE.UU. a bombardear Alemania hasta convertirla en cenizas, sin obtener absolutamente nada a cambio de su "socio" asiático. 

EL PLAN FUGU. El holocausto en Asia.

Mientras Hitler industrializaba el genocidio en Auschwitz, la economía japonesa demostró que el antisemitismo también podía sufrir cortocircuitos delirantes.

A finales de los 30, unos 20.000 refugiados judíos escaparon del Holocausto al único lugar que no pedía visado, el Gueto de Shanghái (ocupado militarmente por Japón). En 1941, la Gestapo envió al sádico coronel Josef Meisinger ("El Carnicero de Varsovia") a Tokio para exigir a los japoneses que exterminaran a esos judíos metiéndolos en barcos oxidados y hundiéndolos en el mar.

¿Qué hizo Japón, un régimen que estaba masacrando a millones de chinos y realizando experimentos biológicos atroces en prisioneros (el temible Escuadrón 731 de Manchuria)? Se negó a matar a los judíos y los protegió.

¿Por humanidad? No. Por un delirio económico paranoico. El alto mando japonés era profundamente antisemita, habían leído el libelo ruso de los "Protocolos de los Sabios de Sión" y se lo habían creído al pie de la letra. Estaban convencidos de que los judíos tenían superpoderes financieros y controlaban secretamente Wall Street y al gobierno de Roosevelt.

Idearon el Plan Fugu, salvaron a los judíos calculando que el "todopoderoso capital judío internacional" lo agradecería invirtiendo en el Banco de Tokio y frenando el embargo petrolero de EE. UU. contra Japón. Los japoneses salvaron 20.000 vidas del Holocausto en contra de las propias órdenes de Berlín.

LA LEGIÓN TIGRE. La carne de cañón india.

El clímax de la extravagancia diplomática nazi aterrizó en Berlín en 1941 con Subhas Chandra Bose, el líder radical nacionalista indio que rompió con el pacifismo de Gandhi y huyó pidiendo un ejército para liberar su país de los británicos.

A pesar de su odio a los movimientos anticoloniales, el Ministerio de Propaganda nazi vio en él un activo de marketing favorecedor al régimen, "El Tercer Reich salva India del Imperio Británico". Le permitieron a Bose reclutar a unos 3.000 prisioneros de guerra indios (capturados a los británicos por Rommel en África) para formar la Legión India (Indische Legion o Legión Tigre) dentro de las Waffen-SS.

Jamás tuvieron la menor intención de enviarlos a liberar Nueva Delhi. La macroeconomía de la carne de cañón dictó otra cosa: los usaron como guardia costera barata, enviando a los soldados asiáticos a defender el Muro del Atlántico en Francia (Burdeos) para que recibieran las primeras balas del desembarco Aliado y ahorraran sangre alemana. Bose, visto esto, huyó de Alemania en un submarino (el U-180) cruzando el mundo para entregarse a los japoneses.

EL CONTRABANDO SUICIDA.Las Misiones Yanagi.

Separados por 10.000 kilómetros de territorio hostil (la URSS y el Imperio Británico), el único intento del Eje de crear una cadena de suministro conjunta fueron las Misiones Yanagi.

Japón enviaba inmensos submarinos de carga llenos de caucho, wolframio, quinina y opio. Hitler enviaba tecnología vital que Japón no poseía: planos de cazas a reacción (Me-262), radares, torpedos acústicos y óxido de uranio.

Pero la inteligencia aliada (Ultra y Magic) había descifrado las máquinas de códigos Enigma (alemanas) y Purple (japonesas). Los británicos y estadounidenses leían los albaranes de envío del Eje en tiempo real. Sabían la ruta, la profundidad y la carga exacta de cada submarino. Los cazaron sistemáticamente como patos de goma en el Atlántico y el Índico. La tecnología nazi que Japón necesitaba desesperadamente para evitar que los bombarderos B-29 estadounidenses incineraran Tokio acabó oxidándose en el fondo de las fosas oceánicas.

CONCLUSIONES. La ambición y descoordinación del Eje.

No hubo un plan conjunto para dominar el mundo; hubo una coincidencia de intereses destructivos a corto plazo. Alemania y Japón operaron de forma separada, negándose a usar la misma frecuencia de radio, ocultándose los planos de las cajas fuertes, y asumiendo en lo más profundo de sus manuales de adoctrinamiento, que su "aliado" era racial y biológicamente inferior.

Sobre el mapa del Pacífico, las islas Marianas, Carolinas y Palaos no son un simple apunte geográfico de playas tropicales; son la prueba de cargo definitiva que demuestra la absoluta falsedad del Eje Berlín-Tokio.

Las islas demuestran que la alianza entre Hitler y el Japón imperial nunca estuvo basada en el honor militar. Fue un contrato blindado por el cinismo, donde el perdedor (Alemania) tuvo que fingir amnesia sobre su propia amputación histórica para poder firmar con el matón que le había amputado.

Pero la ironía de la historia dictó el final forense de esta transacción. El regalo que Hitler le hizo a Japón terminó siendo la tumba de ambos.

Esas mismas islas del Pacífico que Japón fortificó sobre las antiguas playas alemanas, se convirtieron entre 1944 y 1945 en los mataderos más dantescos de la Guerra del Pacífico. Cuando los marines estadounidenses asaltaron esos atolones a sangre y fuego (Batallas de Saipán, Tinian, Peleliu), decenas de miles de hombres murieron despedazados luchando sobre territorio que legalmente le pertenecía a Alemania en 1914.

Una vez conquistadas, Estados Unidos transformó esas islas en inmensas pistas de aterrizaje. En agosto de 1945, los gigantescos bombarderos B-29 (el Enola Gay y el Bockscar) despegaron directamente desde la isla de Tinian, en el archipiélago de las Marianas, para lanzar las bombas atómicas que redujeron Hiroshima y Nagasaki a cenizas radiactivas. Japón fue aniquilado nuclearmente despegando desde las mismas islas que le había robado a Alemania en 1914.

BIBLIOGRAFÍA

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