BHUMIBOL ADULYADEJ, EL PACTO DEL SILENCIO. TAILANDIA (1946-2016)

 


Cómo un joven príncipe selló un pacto de sangre con dictadores, se convirtió en una deidad intocable y amasó la mayor fortuna del planeta operando como el escudo legitimador de la oligarquía.

BHUMIBOL, EL REY DEL PUEBLO

Cuando Bhumibol Adulyadej murió en octubre de 2016, tras setenta años en el trono, la maquinaria diplomática occidental, las Naciones Unidas y la prensa corporativa lo despidieron con la reverencia reservada a los santos laicos.

Si le preguntas a la diplomacia occidental, a las Naciones Unidas o a los panfletos turísticos globales, te venderán con éxito el mito del "Rey del Desarrollo". Este mito Nos ha enseñado a venerar a Bhumibol Adulyadej, como un semidiós budista, ascético y apolítico que durante setenta años (1946-2016) recorrió las selvas construyendo presas, y que solo descendía de la divinidad de su palacio para actuar como un pacificador neutral cuando los salvajes generales con los que pactaba, incendiaban y alteraban la sociedad de Tailandia.

Si pasamos la biografía de Bhumibol por nuestro implacable filtro el cuento de hadas del rey del desarrollo se pulveriza en el acto. Bhumibol no fue un rehén de los dictadores, fue el Arquitecto Jefe, el Escudo y el Director Ejecutivo de un sistema autoritario militar.


Su reinado nació de un crimen, el misterioso asesinato de su hermano mayor (el Rey Ananda) de un disparo en la cabeza, un magnicidio del que Bhumibol fue el último testigo. Acorralado y traumatizado, el joven monarca selló un pacto de fusión institucional innegociable con las élites militares. 

El trato era puro cálculo político: los generales le entregaban el estatus de Deidad Intocable y el monopolio del afecto popular, pero a cambio, Bhumibol avalaba con su firma sagrada docenas de golpes de Estado y bendecía a los paramilitares de extrema derecha que masacraban a estudiantes universitarios para evitar revoluciones populares.

Mientras le predicaba a los campesinos arruinados la resignación kármica de su "Economía de Suficiencia" —exigiéndoles conformarse con su pobreza—, Bhumibol operaba en las sombras como el oligarca más  rico y voraz del país. Utilizó su Corona (exenta de impuestos y auditorías) para monopolizar la banca y el suelo comercial, convirtiéndose, según Forbes, en el monarca más rico del planeta, con una fortuna superior a los 40.000 millones de dólares.

Pero detrás de sus inseparables gafas oscuras —usadas para ocultar el ojo de cristal que perdió en un accidente— no se escondía el peso del sufrimiento de su pueblo, sino el abismo de sus pensamientos. Bhumibol fue un depresivo crónico consumido por la culpa, inmerso en una guerra civil conyugal (que incluyó el encierro psiquiátrico de la Reina tras el presunto asesinato del amante de esta). Terminó sus días despreciando a la raza humana, amando más a su perra callejera que a su propio hijo (un heredero díscolo y extravagante al que le entregó las llaves del país por cobardía institucional), y convertido en un rehén, conectado a un respirador artificial para que el Ejército pudiera seguir usando su firma moribunda para aniquilar la democracia.

Bhumibol demostró que la dictadura más aplastante y longeva no es la que grita desde un balcón con uniforme militar, es la que avanza envuelta en rituales sagrados, habla con voz suave y te obliga a postrarte en el barro para darle las gracias por su infinita compasión, mientras su Ejército te apunta a la cabeza.

El libro prohibido dictaminó que "El Rey nunca sonríe", ¿Por qué nunca sonreía el rey en el país de las sonrisas?

EL PACTO SILENCIOSO (1946-1957)

La hagiografía tailandesa oculta la escena del crimen fundacional del reinado de Bhumibol. Nacido en Massachusetts (EE. UU.) y educado en Suiza como un joven aficionado al jazz y a la fotografía, Bhumibol no estaba destinado a reinar. Pero en la mañana del 9 de junio de 1946, su hermano mayor, el joven Rey Ananda Mahidol, apareció muerto en su cama con un disparo en la cabeza. Su propia pistola Colt .45 estaba a su lado en un ángulo imposible para un suicidio, Bhumibol (de 18 años) fue el último en verlo con vida.

La élite militar y aristocrática encubrió las pruebas forenses, ejecutó a tres sirvientes inocentes como chivos expiatorios y culpó falsamente al incipiente gobierno civil de Pridi Banomyong para justificar la aniquilación de la democracia. De esta forma, Bhumibol heredó un trono manchado de sangre, pero totalmente secuestrado por la cúpula militar tailandesa. Ese secreto lo encadenó de por vida, los militares sabían la verdad, y usaron ese chantaje para convertirlo en su rehén. La famosa melancolía del Rey no era piedad budista, era culpa.

Desde el golpe de 1932, la monarquía carecía de poder real. Durante su primera década, Bhumibol fue un rehén de lujo bajo la dictadura profascista del Mariscal Phibun. Era un prisionero en una jaula de oro, usado solo como un sello para firmar decretos.

La mutación del monarca dócil al operador letal ocurrió en 1957, cuando la geopolítica le ofreció una vía de escape. El general Sarit Thanarat (un dictador corrupto que controlaba la lotería estatal y el narcotráfico del opio) derrocó a Phibun. Sarit tenía la artillería pesada, pero carecía de algo que las balas no pueden comprar, la legitimidad moral ante los devotos campesinos budistas. Ante ello, Sarit acudió a Palacio y le ofreció al joven Bhumibol un Pacto innegociable:

"Yo te saco de las sombras, financio inmensas giras de propaganda, restauro los rituales reales donde la población debe arrastrarse a tus pies, y te convierto en una Deidad Intocable. A cambio, tú avalas mis golpes de Estado, bendices a mis escuadrones y actúas como el escudo sagrado de mis negocios".

Bhumibol aceptó. Dejó el saxofón y asumió el papel de deidad viviente. La Corona y el Ejército se fusionaron en un solo organismo: los generales ponían la pólvora, el Rey ponía la absolución teológica de los pecados.

LA RED MONÁRQUICA. El monopolio de la riqueza


Para ejercer el poder total sin mancharse las manos ni firmar órdenes de ejecución, Bhumibol construyó una arquitectura invisible que el académico Duncan McCargo bautizó educadamente como la "Network Monarchy" (Red Monárquica). 

El poder real no emanaba del Parlamento ni de las urnas, emanaba del Consejo Privado del Rey. Esta red secreta, liderada durante décadas por el maquiavélico General Prem Tinsulanonda, conectaba el Palacio con los altos mandos del Ejército, los jueces de la Corte Suprema y las inmensamente ricas familias oligárquicas Sino-Tailandesas dueñas de los monopolios comerciales. Esta junta directiva decidía en la sombra quién ganaba las licitaciones públicas, qué primer ministro civil debía caer y qué facción militar debía ascender.

Pero el mayor secreto de Estado, protegido por la censura tailandesa, es el balance contable del Rey. Mientras Bhumibol predicaba la "Economía de Suficiencia" (una doctrina moralista diseñada para que los campesinos se conformaran estoicamente con su pobreza y no exigieran redistribución de la riqueza), él operaba como el depredador financiero más voraz de Asia.

A través del Crown Property Bureau (CPB) —una agencia opaca, exenta de impuestos y libre de cualquier auditoría gubernamental— el Rey se apoderó de las acciones mayoritarias de los bancos más grandes del país (como el Siam Commercial Bank), del monopolio de la construcción (Siam Cement Group) y de las tierras urbanas comerciales más caras del centro de Bangkok. La revista Forbes calculó su fortuna personal e institucional en más de 40.000 millones de dólares, coronándolo durante años como el monarca más rico de la Tierra. El entrañable "Padre de los Pobres" era, en realidad, el mayor terrateniente intocable de Tailandia.

EL REY DEL DESARROLLO Y LA SANGRE DE THAMMASAT (1973-1976)


Durante la Guerra Fría, la CIA y la oligarquía tailandesa entraron en pánico biológico ante el avance del comunismo en Indochina. Necesitaban inmunizar a los campesinos tailandeses contra la insurgencia marxista. Bhumibol desplegó entonces la operación psicológica de relaciones públicas más brillante del siglo XX: la figura del "Rey del Desarrollo".

Con su cámara fotográfica, mapas arrugados y botas de goma, recorrió las selvas y aldeas remotas patrocinando miles de proyectos agrícolas y de gestión de agua. Para las Naciones Unidas (que en 2006 le otorgó el premio Lifetime Achievement), era filantropía pura. En la doctrina militar, era un muro de contención y clientelismo. Logró un milagro social, que los campesinos culparan de su miseria a los políticos "corruptos", mientras exoneraban totalmente al Rey, percibido como un dios viviente que se sacrificaba sudando por ellos. La caridad real de Bhumibol fue el anestésico perfecto contra la lucha de clases.

El mito occidental sostiene que Bhumibol era un demócrata pacificador, citando su intervención televisada en 1973 para detener una masacre militar contra estudiantes y forzar el exilio de los dictadores Thanom y Praphas, pero había algo más detrás de este pacifismo. Bhumibol no salvó a los estudiantes por amor a la democracia, apartó a la junta militar porque su torpe brutalidad estaba a punto de provocar una revolución republicana incontrolable. Sacrificó a dos generales para salvar el sistema que se montó en 1957.

Su verdadera cara la mostró en octubre de 1976. Aterrorizado por la victoria comunista en Vietnam, Camboya y Laos el año anterior, el Palacio abandonó la neutralidad. Consideró que la incipiente democracia civil y los sindicatos estudiantiles eran la antesala de una peligrosa y futura revolución. Financió y bendijo públicamente a milicias paramilitares de extrema derecha (como los Gaur Rojos y los Exploradores de la Aldea).

El 6 de octubre de 1976, estas milicias asaltaron la Universidad de Thammasat. Fue una carnicería sádica. Estudiantes desarmados fueron fusilados, violados, ahorcados en los árboles y quemados vivos en pilas de neumáticos mientras las turbas de derechas reían y la policía miraba hacia otro lado.

¿Qué hizo el "Rey de la Paz"? Esa misma tarde, firmó el decreto avalando un nuevo golpe de Estado militar de extrema derecha, instaló a un juez ultraconservador como Primer Ministro y no procesó a un solo asesino. El mensaje fue: el Rey interviene si la violencia amenaza el monopolio del Palacio; pero si la democracia exige una igualdad que amenaza los privilegios de la Corona, el Rey ordena a los paramilitares que te cuelguen de un árbol.

LOS AÑOS 80, EL CAMBIO DE ESTRATEGIA

La represión demente del 76 fue un error de cálculo, miles de estudiantes brillantes, huyendo de los linchamientos, se refugiaron en la selva y se unieron a la guerrilla comunista, provocando exactamente la guerra civil que el Palacio quería evitar. Bhumibol, demostrando una frialdad asombrosa, ajustó la estrategia. Comprendió que depender de dictadores viscerales manchaba la marca de la Corona. Despidió a los generales y abrazó una tecnología de control mucho más sofisticada, la Red Monárquica.

El arquitecto de esta estrategia fue el General Prem Tinsulanonda, Primer Ministro desde 1980 hasta 1988. Prem fue el gobernante perfecto: austero, soltero, de una lealtad inquebrantable a Bhumibol y un genio de la extorsión institucional. Bajo la dupla Bhumibol-Prem, Tailandia vivió la década de la "Premocracia" (Semi-democracia tutelada):

Se permitieron elecciones y partidos, pero solo como una oficina de quejas para absorber la presión social y contentar a los inversores de Wall Street. Los civiles debatían sobre carreteras, pero los ministerios letales (Defensa, Interior y Finanzas) y los ascensos militares estaban blindados por Prem y el Palacio. En lugar de gastar millones en bombardear a la guerrilla con napalm, Prem y el Rey ofrecieron una amnistía total corporativa (Orden 66/2523). "Entregad las armas, volved a la universidad y os perdonamos la vida". Fue un éxito rotundo; vaciaron la selva y las guerrillas comprando a la competencia y llevando al Partido Comunista al colapso.

Cuando facciones militares ambiciosas (los Jóvenes Turcos) intentaron dar golpes de Estado contra Prem en 1981, Bhumibol rompió las reglas. Huyó a una base en Korat llevándose a Prem y salió por la radio nacional fulminando a los golpistas con su desaprobación sagrada. Las rebeliones de los tanques se disolvieron en 48 horas sin disparar un solo tiro. Por primera vez desde 1932, el Rey había subordinado físicamente al Ejército. Ya no era un rehén de los generales; los generales eran ahora su guardia pretoriana cautiva.

 EL TEATRO DE 1992 Y LA DESTRUCCIÓN DE THAKSIN (1992-2006)

Bhumibol cimentó su divinidad en 1992. Tras un nuevo baño de sangre en las calles de Bangkok provocado por el general golpista Suchinda Kraprayoon, el Rey lo convocó junto al líder opositor Chamlong Srimuang. En una escena retransmitida a todo el planeta, el monarca los obligó a arrastrarse físicamente por la alfombra hasta sus pies para exigirles el fin de la violencia. El mundo aplaudió la paz. En la anatomía del poder, esa imagen fue la demostración termonuclear del monopolio de la violencia. Bhumibol le dijo al mundo: "Mis generales pueden aplastarlos con tanques, pero mis generales se arrastran como gusanos ante mí. Yo soy el único dueño de Tailandia".

Sin embargo, el ejército toleraba la política civil tan solo si era dócil. En 1997, el Rey firmó la Constitución "del pueblo", que McCargo define correctamente como un pacto de élites para simular democracia mientras el Estado Profundo retenía el control.

Ese pacto voló por los aires en 2001 con la victoria aplastante de Thaksin Shinawatra. Este multimillonario populista cometió un pecado, implementó sanidad universal barata y microcréditos para los campesinos del norte. De repente, los pobres miraban a un político civil, y no al Rey, como su proveedor de bienestar. Thaksin estaba compitiendo directamente por el monopolio emocional de la caridad real.

Occidente aplaudía a Thaksin porque el PIB crecía al 6%, pero Gobernó con un desprecio absoluto por los derechos humanos, ahogó el país en un mar de sangre de 2.500 ejecuciones extrajudiciales para demostrar quién tenía el monopolio de la violencia en una lucha contra las drogas, atacando un monopolio del ejército a costa de inocentes, evadió miles de millones en impuestos y vendió la infraestructura crítica de su nación a potencias extranjeras.

La Red Monárquica activó la guillotina para Thaksin de inmediato. En 2006, el Ejército ejecutó un golpe de Estado contra Thaksin. Bhumibol, una vez más, bendijo a los golpistas y nombró a su propio consejero privado (Surayud Chulanont) como Primer Ministro interino. La soberanía popular en Tailandia se reveló como un espejismo, la ciudadanía tiene permiso para votar en las urnas, siempre y cuando no vote a alguien que amenace el patrimonio y negocio del Palacio. Si lo hace, el Rey anulará las papeletas enviando a los tanques.

CONCLUSIONES. Bhumibol, el protector del sistema.

La muerte de Bhumibol Adulyadej en 2016 sumió al país en un año de luto. Millones de personas lloraron desconsoladamente en las calles. Ese llanto no es devoción espontánea, tras 70 años de adoctrinamiento incesante y terror legal, el pueblo lloraba a un rey que permitía y legitimaba el golpismo militar.

Este sistema tailandés pervivió gracias al Artículo 112 (Ley de Lesa Majestad). Bajo el reinado de Bhumibol, cuestionar la historia, auditar el presupuesto real o pedir reformas constitucionales se castigaba (y se castiga hoy) con penas de hasta 15 años de prisión en tribunales militares secretos. El aura de "Dios amado" se sostenía sobre el terror penitenciario. Bhumibol Adulyadej fue uno de los arquitectos autoritarios más brillante de la historia moderna de Asia.

Su herencia no es la estabilidad, es una parálisis institucional perpetua. Bhumibol construyó un sistema que requiere que los ciudadanos sean vasallos y que las instituciones civiles sean débiles y corruptas. Para que el Rey pudiera intervenir siempre como el "sabio salvador", la nación tenía que estar constantemente al borde del colapso y la guerra civil. El caos militar y las fracturas políticas no fueron un fracaso de su reinado, fueron el modelo que justificaba su divinidad. Bhumibol no sonreía porque la gestión de un monopolio basado en la extorsión militar y el chantaje psicológico de 70 millones de personas exige la concentración fría de gobernante de acero.

Bhumibol demostró que la dictadura más inexpugnable, aplastante y longeva no es la que grita desde un balcón con uniforme fascista, es la que avanza envuelta en rituales sagrados, habla con voz suave, regala proyectos de riego avalados por la ONU y te obliga a postrarte en el barro para darle las gracias por su infinita compasión, mientras su Ejército te apunta a la cabeza.

Bhumibol no salvó a Tailandia de los militares, él le entregó las llaves del país a los militares para asegurarse de que su Corona jamás perdiera su brillo y poder.

BIBLIOGRAFÍA

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