El sicario de vapor, autopsia histórica del Comodoro Matthew C. Perry
Cómo el "héroe" que encañonó a Japón masacró civiles en Veracruz, extorsionó reyes africanos, operó para la élite de Wall Street y planeó un imperio colonial secreto en el Pacífico.
EL COMPLEJO DE CAÍN Y EL AMPARO DE LOS ROTHSCHILD-SLIDELL
La megalomanía de un líder militar casi siempre nace de un trauma de inferioridad. La herida de Matthew Perry tenía nombre y apellidos, Oliver Hazard Perry, su hermano mayor.
Oliver era el hombre fuerte de la Armada estadounidense, el gran héroe nacional de la Guerra de 1812 contra los británicos. Matthew pasó toda su carrera profesional bajo la sombra de la leyenda de su hermano fallecido, necesitaba desesperadamente un teatro de operaciones histórico para borrar esa sombra. La expedición a Japón no fue un simple encargo de Estado, fue su terapia personal financiada con dinero público, su última oportunidad para alcanzar la inmortalidad al igual que su hermano.
![]() |
| Jane Slidell |
Pero su verdadero escudo de impunidad no se forjó en el mar, sino en la cama y en los despachos. Perry se casó con Jane Slidell, vinculándose orgánicamente a una de las familias más poderosas, corruptas y pro-esclavistas del Sur de EE. UU. (su cuñado, John Slidell, sería el gran arquitecto diplomático de los futuros Estados Confederados).
En 1849, Perry casó a su hija Caroline con August Belmont. ¿Quién era Belmont? El banquero más despiadado de Wall Street y el representante oficial y exclusivo de la todopoderosa familia Rothschild en Estados Unidos. Perry no fue a Asia como un explorador romántico, fue como el suegro del monopolio financiero de los Rothschild. Mientras el Comodoro amenazaba con cañones a los samuráis para forzar la apertura aduanera, el banco de su yerno preparaba líneas de crédito masivas para devorar el mercado asiático.
LA DOBLE CARA DE PERRY, PIRÓMANO EN ÁFRICA Y CARNICERO EN VERACRUZ
El mito académico sostiene que Perry fue elegido para ir a Japón por sus impecables dotes diplomáticas. La hoja de servicios demuestra que fue elegido porque era el comodoro con menos escrúpulos que tenía la Armada de los Estados Unidos.
En 1843, Perry comandó el Escuadrón de África. Su misión teórica era detener el tráfico de esclavos. En la práctica, operó como el brazo paramilitar de la American Colonization Society (un lobby supremacista blanco que quería deportar a los negros libres de EE. UU. hacia Liberia). Cuando las tribus soberanas de Costa de Marfil (como los Kru) se negaron a ceder sus tierras, Perry aplicó su "diplomacia", desembarcó a sus marines, quemó aldeas enteras hasta los cimientos, destruyó sus cosechas y masacró a sus reyes a punta de bayoneta (la masacre de Little Bereby).
El verdadero ensayo armado lo ejecutó durante la guerra contra México en 1847. Comandando la flota del Golfo, Perry recibió la orden de rendir la ciudad de Veracruz. No buscó el honor de una batalla militar contra los fuertes, aplicó la doctrina del terror. Ordenó desembarcar artillería pesada naval y ejecutó un bombardeo brutal e indiscriminado directamente contra el casco urbano. Destrozó hospitales, iglesias y mercados, provocando la masacre de cientos de civiles mexicanos (mujeres y niños incluidos). Perry descubrió allí su fórmula maestra: la forma más rápida de someter a un país no es luchar contra su ejército, es aniquilar física y psicológicamente a su población civil. Esta fue exactamente la amenaza que sufriría posteriormente la bahía de Edo.
EL VIEJO OSO CIVILIZADOR
Cuando llegó a Japón en 1853, no actuó como un embajador, diseñó una Guerra Psicológica. Sabiendo que los japoneses veneraban la jerarquía invisible, Perry se encerró bajo llave en su camarote del acorazado Susquehanna y se negó rotundamente a que ningún japonés le viera la cara durante días. Exigió tratar solo con el Emperador, presentándose a sí mismo como una deidad intocable de los mares. Para intimidar físicamente a los delegados asiáticos, se rodeó exclusivamente de guardaespaldas afroamericanos gigantescos y fuertemente armados, seleccionados por su extrema altura.
Cuando los japoneses capitularon y firmaron el tratado en 1854, Perry decidió ofrecerles un banquete a bordo del USS Powhatan para mostrarles "la superioridad de la cultura estadounidense". ¿Qué espectáculo organizó? Ordenó a sus marineros blancos pintarse la cara de negro con corcho quemado (blackface) y montar un "Minstrel Show", cantando canciones de plantación que ridiculizaban a los esclavos afroamericanos. Frente a los atónitos y refinados samuráis, Perry exhibió el supremacismo racial esclavista como la cúspide artística de Occidente.
LA REBELDÍA DEL COMODORO, EL ASUNTO DE TAIWAN
La sombra más inconfesable del Comodoro es que, en Asia, cometió alta traición a la Casa Blanca.
El presidente Millard Fillmore le había ordenado estrictamente limitarse a pedir un puerto para pbtener carbón y evitar a toda costa conquistas territoriales. Pero Perry, envanecido por su poder de fuego y devorado por la doctrina del Destino Manifiesto, operó como un "Señor de la Guerra" autónomo. Elaboró un plan imperialista secreto para anexionarse Asia Oriental:
Invadió militarmente el castillo de Shuri en Okinawa (Islas Ryukyu), obligando al rey local a firmar tratados bajo amenaza de bombardeo.
Ocupó las Islas Ogasawara (Bonin), expulsó a las autoridades locales, compró terrenos a título personal e izó ilegalmente la bandera de EE. UU.
El Memorándum de Taiwán fue la prueba documental de su delirio napoleónico. Este documento es un informe secreto que envió a Washington en 1854, suplicando autorización formal para invadir, anexionar y colonizar militarmente la inmensa isla de Taiwán (Formosa). Quería usar sus minas de carbón para crear una megabase desde la cual dominar a China. Washington, aterrorizado por la insubordinación de su almirante y al borde de su propia Guerra Civil, le ordenó abortar inmediatamente sus fantasías imperiales y volver a casa.
LOS ÚLTIMOS AÑOS DEL COMODORO
En su intimidad, Perry sufría de alcoholismo. Su dieta poco cuidada le había provocado una artritis severa y ataques de gota hiperalgésicos. El gran secreto de las tensas negociaciones de 1854 con el Shogunato es que la supuesta "inmovilidad " del Comodoro no siempre era una táctica teatral de intimidación, a menudo, el dolor articular era tal que le impedía literalmente ponerse de pie, y tenía que ser transportado a escondidas por sus oficiales o pasar semanas postrado en su cama, ciego de dolor e ira.
Al regresar a EE. UU., su ego exigió un último cobro. Presionó al Congreso para que le entregaran 20.000 dólares (una inmensa fortuna de la época) solo para publicar su informe oficial. Para garantizar que nadie manchara su leyenda, ejecutó un secuestro histórico: confiscó bajo amenaza de consejo de guerra todos los diarios privados, cartas y cuadernos de bitácora de sus oficiales y marineros. Prohibió que nadie escribiera una sola línea sobre la expedición. Él fue el único autorizado para redactar la historia, creando una hagiografía donde aparecía como un semidiós civilizador y filántropo.
CONCLUSIONES, EL MITO DEL COMODORO PERRY
Matthew Calbraith Perry no fue un explorador romántico, ni un ilustrado mensajero del progreso. Fue el sicario del complejo industrial, esclavista y financiero de Estados Unidos de mediados del siglo XIX.
Su expediente está regado con la sangre de aldeanos africanos acribillados por la especulación de tierras, los escombros de civiles mexicanos volados por los aires en Veracruz, y las espaldas de una tripulación sometida al látigo.
Washington no lo envió al Pacífico por su diplomacia intercultural, sino porque la banca Rothschild, los magnates del carbón y la flota ballenera necesitaban a un extorsionador profesional sin escrúpulos. El hombre que "abrió" Japón pacíficamente era un creyente de que la raza anglosajona tenía el derecho divino de reventar a cañonazos cualquier país que se interpusiera en el balance de cuentas trimestral de su Imperio.
La biología, implacable como la historia, no le perdonó sus excesos. Murió en Nueva York en 1858, apenas cuatro años después de su triunfo, devorado por el colapso de sus riñones, la gota agravada y la cirrosis hepática. El arquitecto del Pacífico murió ahogado en sus propios fluidos, convertido en la prueba clínica perfecta de que los imperios no se construyen con valores morales, sino con matones a sueldo.
.jpg)
.jpg)



.jpg)
Comentarios
Publicar un comentario